

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 32
— ¡Esa botella costaba más que tu auto! — exploté dándole manotazos en el pecho. — ¡Maldito impulsivo de mierda!
— Quítate o no respondo. — Tom me agarró de las muñecas con brusquedad, fue tanta que me hizo soltar un gemido. Sus ojos estaban rojos, estaba ido, molesto y daba miedo. Me empujó contra la pared, acorralándome con su cuerpo mientras su respiración agitada golpeaba mi rostro.
— Suéltame… — sollocé empezando a llorar. — ¡Me estás lastimando, idiota! ¿¡qué carajos te pasa!? ¡respétame!
— ¿Que qué me pasa? Ja. — cada vez apretaba su agarre en mí. — ¡Pasa que me dejaste plantado en la cena con mis papás! — ahora soltó mis muñecas, pero no se apartó. Golpeó la pared justo al lado de mi oreja, haciendo que me estremeciera y abriera los ojos demás. — ¡Pasa que te busqué bajo la lluvia como un imbécil mientras tú te dejabas besar por el tipo que más mal me cae en este mundo! — y me mira de arriba abajo con asco. — Con razón traes su ropa.
Me dió un empujón que me hizo caer al piso. Lloraba sin consuelo y salió de la casa dando un portazo. Para finalizar solo escuché la puerta del Cadillac cerrarse de la misma forma y dió un acelerón al pobre auto…
Él iba enojado y eso me preocupó mucho.
Cómo puedo me levanté rápido en busca de mi teléfono para llamar a Nick y me hiciera el favor de buscarlo porque no quería que le pase nada.
— Bill, estoy en clase. — susurró.
— ¡Me importa una mierda tus clases, Nick! ¡Tom acaba de salir de mi casa enojado! ¡tienes que buscarlo! ¡es tu hijo también!
— Está bien. — colgué la llamada y busqué en la mesita las llaves de la casa para salir corriendo como un loco. La borrachera que me puse en un ratito me tenía tan mal que terminé cayéndome como un estúpido sobre el césped del parque donde me recogió Nick. Solté una maldición pero aún así seguí corriendo…
Y no sé por qué lo primero que se me ocurrió fue ir a la casa de mis papás.
Toqué la puerta con la palma de mi mano reiteradas veces. Ya ví que no estaba el Cadillac pero no quería descartar la posibilidad de que ellos supieran alguno de sus muchos paraderos que pudieran ayudarme.
Del otro lado de la puerta se deja ver Charlotte con el rostro encendido de la rabia.
No llegué a pronunciar ni una palabra cuando mamá ya me dió el primer golpe en el rostro, haciendo que mi cabeza girara hacia un lado con violencia. Me tambaleo gracias a la fuerza y el estado de embriaguez en el que me encontraba. No sentí dolor por el golpe, sentí dolor por el desprecio que emanaba de su mirada.
Pronto llegué a sentir el sabor metálico de la sangre en mi labio y suspiré.
— ¿Cómo te atreves? — la voz de Charlotte me estaba envenenando el alma. — ¿¡Cómo te atreves a poner un pie en esta casa después de la escena tan ridícula que montaste, eh!?
— Mamá… por favor… — intenté decir, pero las lágrimas no me dejaban.
— ¡No me llames mamá! — gritó, dando un paso hacia adelante obligándome a retroceder. Volvió a golpearme en la otra mejilla y me jaló del cabello haciéndome caer al suelo. — Tú dejaste de ser mi hijo el día que te largaste de ese hospital como un cobarde sin poder afrontar las consecuencias ¡y ahora vuelves para seducirlo! ¡Para meterte en su cama! ¿¡qué clase de padre eres!?
— Uno muy malo. — susurré colocando mis manos para que me suelte el cabello. — Pero mierda, luego me regañas. Solo dime un lugar donde pueda encontrar a Tom porque se fue enojado conmigo. Estoy preocupado.
En ese momento, Jörg apareció detrás de ella para ejercer presión en la mano de su mujer. Charlotte me soltó medio de un llanto horrible. En cambio yo me hice bolita en el suelo, mirando un punto fijo. Seguramente papá estaba decepcionado de ver en lo que se volvió su hijo ahora.
— No sabemos dónde podría estar y así lo supiera no dejaría que te acercaras a él otra vez, ahora vete de aquí antes de que llame a la policía. — papá me cerró la puerta en la cara. Doy un golpe fuerte con la mano sobre la madera.
— ¡Es mi hijo!
— ¡No lo es!
— ¡Sí! ¡y le voy a decir la verdad! — me pongo de pie con dificultad y camino lento rumbo a mi casa. Ya eran altas horas de la noche y me sentía cansado.
Quería dormir y a la vez no.
Nick no me llamaba, no daba señales de vida. Sin pensar con claridad decidí desbloquear el chat de Tom para poder llamarle pero no contestaba.
Mi última opción era ese tal Fernando.
>@billKchonda: hey tú👁️👁️
>@ferrrr_: hola😱
>@billKchonda: sabes dónde está Tom? llevo buscándolo mucho rato.
>@ferrrr_: si sé 😅
>@ferrrr_: el profe de física nos llevó a buscarlo a cambio de una buena nota.
>@billKchonda: dime, por favor.
ferrrr está escribiendo…
No alcancé a leer su mensaje porque me estaba llamando otra persona.
[LLAMADA ENTRANTE: @tasha_backyardigan]
— ¿Tasha? — arqueo una ceja. — ¿Qué quiere este perro ahora?
[CONECTANDO…]
— ¿Qué quieres, Tasha? Estoy muy ocupado buscando a…
— Ya estamos con Tom, sus amigos y el imbécil de Nick fuera de tu casa, mueve ese culo. — ay, mierda. Qué jodido alivio sentí. El aire que respiré en este instante me aclaró la cabeza y sonreí. Corté la llamada sin responderle a Tasha y apuré el paso, tropezando con mis propios pies hasta que divisé los autos frente a mi hogar.
Pero más me importaba el Cadillac.
Veo a Nick recostado contra su auto, a Tasha que fumaba un cigarrillo con impaciencia, a los amigos de Tom que miraban la escena apenados por su amigo…
Y en medio de todos, sentado en la acera con la cabeza entre las rodillas, estaba Tom.
— Gracias, gracias, gracias. — corrí a agradecer a Nick con un fuerte abrazo.
Y gran error.
— ¡No lo abraces! — explotó Tom con molestia. Me separé al instante con nervios y Tom me jaló la mano desde donde estaba. Los dos caímos al suelo sin equilibrio porque estábamos ebrios.
— Creo que es mejor que nos vayamos. — sugiere Tasha.
— ¡Sí, largo todos! — decía Tom aferrándose a mi cuerpo. — Quiero estar con él a solas, lo quiero solo para mí.
— Está bien, nos vemos. — sus amigos empezaron a irse uno por uno. Tasha lo hizo con Georg y se acercaron a Nick para hablar con él ya que al parecer no tenía intenciones de moverse. No sé que tanto le habrá dicho Tasha pero finalmente lograron convencerlo.
Entonces se fue dándome una mirada de compasión antes de subir al coche e irse.
Al fin quedamos solos.
— Billy, ¿por qué me mentiste? — veo a Tom a los ojos tratando de descifrar en qué le había mentido. — Le pregunté al imbécil de Nick… si era cierto que se habían besado pero me dijo que no. Que en ningún momento lo hizo y que quizás querías hacerme enojar… mierda, lo conseguiste.
— Vamos, hay que entrar. — Tom asintió aflojando su agarre en mí cuerpo. Con torpeza los dos nos pusimos de pie para poder entrar al interior de la casa. Cierro con el pie la puerta y subimos hasta la habitación.
Dejé caer el cuerpo pesado del rubio a la cama y yo a su lado, muy cerca de su rostro.
— Te quiero mucho, Billy.
Ay…
— Yo también, Tom… — susurré aunque lo pensé mucho. El rastafari colocó sus labios calientes contra la curva de mi cuello, enterrando su rostro en mi piel. Las manos frías de él ascienden por mis muslos, buscando desesperadamente un contacto que lo anclara a mí.
Yo no hice nada, me quedé inmovilizado dejando que me lamiera en el cuello y me arrebatara gemidos de excitación.
«Es tu hijo, Bill.» — me regañó una voz interna. Cerré los ojos tratando de aclarar mi mente, estando consciente de que ya sabía la verdad pero… cada beso de Tom en mi garganta, subiendo hacia mi mandíbula era una traición a la naturaleza, a la moral, a todo lo que quería hacer en ese instante.
Sobre decirle la verdad.
En el momento que sus dedos se entrelazaron con los míos y me obligó a mirarlo, solo vi a ese hombre que me hacía feliz.
— Billy, hazme tuyo. — murmuró sobre mis labios. — Me encanta sentirte. — se posicionó encima de mí sin darme tiempo a replicar. Su peso fue lo único que me impedía salir corriendo nuevamente.
Su boca busca la mía con necesidad.
Por un segundo intenté poner mis manos en su pecho para apartarlo, para gritarle la verdad y terminar con esta locura.
Pero…
Me rendí.
Empujé a Tom para que se acostara de nuevo en la cama y ser yo quién se colocara encima. Le beso la boca, bajo hacia el cuello dónde le doy lamidas y muerdo sin una pizca de delicadeza. Me quito la camisa de Nick tirandola para cualquier lado y continuo besando a Tom en el pecho.
Él se desespera, me acaricia de arriba abajo como un loco. Aprieta mi trasero en contra de su erección y me restriego en él de forma circular.
Era sucio, muy sucio que esté así de excitado sabiendo que es mi hijo pero no me importó.
Al menos no por esta noche.
— Mételo, Billy. Úsalo para ti… — jadeó arqueando la espalda cuando mis labios bajaron hacia su abdomen.
Tuve que ponerme de pie para quitarme el calentador y quedar expuesto ante sus ojos lascivos.
Tom en cambio baja las manos hacia el botón de su pantalón para bajar lo suficiente y sacar su polla dura.
Relamo mis labios y me acaricio el cuerpo por unos instantes.
Él me encantaba, no había duda.
— Ven aquí. No me hagas esperar más… — rogó con la voz ronca. Me arrodillé posicionándome entre sus piernas. Incliné mi cuerpo hacia adelante, atrapo su miembro con mi boca. — Mhmm. — Tom gime cerrando los ojos. Llevó las manos a mi cabello, guiando el ritmo con una desesperación que me cortaba la respiración. Sus dedos se apretaban contra mi cuero cabelludo, tirando con suavidad cada vez que mis labios lo envolvían hasta la base y sacaba. — Mhmm… Dios, Billy…
Lo estaba dando todo a garganta profunda por un buen rato. El sabor de su líquido pre seminal se sentía delicioso y me enfocaba más en succionarle la puntita como si fuera un bombón con tal de sentir su sabor.
— No puedo más… póntelo… — obedecí poniéndome de pie con agilidad. Me siento sobre Tom dándole la espalda y guié su miembro hacia mi entrada. Lo muevo de arriba abajo sabiendo que a mi debajo Tom estaba temblando con ansias. Quería divertirme un momento de tenerlo así tan brillante y deseoso. — Por favor… ¡mhmm!
— ¡Mhmm! — los dos gemimos al mismo tiempo cuando me dejé caer de lleno sobre su masculinidad.
Cerré los ojos dejando que las lágrimas que había estado conteniendo finalmente rodaran por mis mejillas. Me movía desesperado. De adelante hacia atrás, de arriba abajo y con movimientos circulares sin descanso.
Tom sostenía mis caderas entre sus manos, dejándose de mí.
— ¡Más rápido! — suplicó. — Más, muévete más. Quiero sentirte más. — por supuesto que aceleré los movimientos de mis caderas pero parecía que no era suficiente para él.
Empujó mi cuerpo hacia adelante y caí sobre la alfombra a cuatro patas.
No tardé en sentir como su pene entró y ahora él se movía como un salvaje.
— ¡Ay, Tom! — gemía sin control.
Aruñé la alfombra a dos manos. Empiné más el culo para que lo tuviera a su disposición y me nalgueaba. El desgraciado pegaba duro.
No es un error si se siente así de necesario, ¿verdad?
Continúa…
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