Fic TOLL de WifesKaulitz

Capítulo 26

Efectivamente no salimos pronto de la bañera.

Me hizo un sin número de cosas como: chuparme ahí abajo, lamerme el culo, hacer que me atragantara con su increíble polla, morderme labios y pezones desquitándose por la mordida de aquella vez.

Pero yo era igual de masoquista que él. Todo me encanta.

A pesar de eso estaba asombrado.

Era increíble lo mucho que Tom podía resistir follándome solo por el culo.
Tenía las manos apoyadas en el espejo que está frente a la ducha dejando que me hiciera suyo sin el globito como barra de protección.

— Mhmm, Tom. — no saben lo mucho que me estaba controlando para no gemir como un loco porque al ser los departamentos juntos los vecinos se quejarían horrible en el grupo de WhatsApp. — Mhmm…

— Que rico tienes el culo, en serio. — me jaló el cabello hacia atrás, con una mano rodea mi cintura mientras la otra envuelve el cuello con brusquedad. Tomando impulso y chocando en mi contra tan suave para evitar hacer el ruido de piel contra piel.

— Tom, por favor. Llámame puta otra vez como en la llamada y dime qué soy tuyo. — supliqué bajando la mano hasta mi intimidad.

Él se burló de mí completamente ronco.

— ¿Ah, sí? — jadeó pegando su boca a mi oreja mientras sus dedos se apretaban con más fuerza en mi cuello, lo justo para hacerme gemir más y de repente el ritmo cambió. Ya no era suave. Ya no le importaban los vecinos.

— Ujum.

— Eres mi puta, ¿me oyes? — sentenció antes de propinarme una embestida tan profunda que sentí que me tocaba el alma. — Mío. De nadie más. Solo yo puedo darte así, Bill.

— ¡Agh, sí! ¡mhmmouhmgh! — solté un gemido desgarrador. Mis dedos resbalaban por la superficie húmeda del espejo una vez más, tratando de encontrar un punto de apoyo mientras Tom me embestía con una violencia deliciosa. Cada vez que me jalaba del cabello hacia atrás, mi espalda se arqueaba, dejándome a su merced. — ¡Tom, joder! — chillé apretando los ojos mientras sentía cómo mis piernas empezaban a temblar.

— Dilo ahora tú, Bill… di que eres mi puta. Dilo mientras te reviento por dentro. — me ordenó, aumentando la cada vez más velocidad. Su mano baja de mi cuello a mis caderas, enterrando sus dedos en mi piel. — Hazlo, maldición.

— ¡Soy tuyo! ¡s-soy tu puta, Tom! — grité entre espasmos.

Ya iba a correrme.

Él no se detuvo. Siguió dándome con fuerza, ¿qué importaba que los vecinos escuchen? ¿qué importaba si se quejaban? ¡me estaban haciendo feliz!

— Eso, sí… ¡mhmm! — Tom soltó un gemido alto, enterrándose lo más profundo posible y descargándose dentro de mí sin pudor alguno. Me quedé colgado de sus brazos, con la frente apoyada en el espejo, mientras el agua de la ducha seguía cayendo sobre nosotros. — Mierda… — susurró dándome un beso húmedo en el hombro antes de soltarme lentamente.

Me dejé resbalar un poco, exhausto y con las piernas de gelatina. Tom tuvo que volver a agarrarme entre risas por lo débil que estaba.

— Hay que ir a la cama, el cambio de horario acaba de pegarme tremendo. — asiento reiteradas veces con la cabeza. Él cerró el grifo de agua y lo luego me levanto entre sus brazos.
Salimos de la ducha desnudos, sin el albornoz que nos cubriera.
Tom me sentó en el banquito de mi tocador mientras buscó una toalla en su mochila para rodear su cintura con ella.

La imagen se me hizo muy sexy.

Ver a Tom con las rastas sueltas, cayendo a los lados de su rostro y empapadas de agua me hizo morder el labio inferior.

— Ya basta, goloso. — en medio de una sonrisa se pasaba una mano por la cara para quitarse el exceso de agua. Se veía bien en serio.

Después se acercó a mí y sin decir una palabra tomó otra toalla para empezar a secarme el cabello. Cerré los ojos disfrutando del contacto, sintiendo cómo el cansancio y la satisfacción se mezclaban en mi cuerpo.

Era tan cuidadoso conmigo.

Ahora caminamos hacia la cama, que se sentía como un pedazo de cielo en ese momento. Me dejé caer sobre las sábanas soltando un suspiro de alivio. Tom no tardó en unirse a mí, tiró la toalla a algún lugar del suelo y se deslizó bajo las cobijas, jalándome hacia él hasta que mi espalda quedó pegada a su pecho.

Así nos quedamos a dormir.

&

Me levanté de golpe por los toques duros de la puerta y del otro lado la voz furiosa de Tasha pidiendo que le abra la puerta.
Tom seguía dormido al otro lado de la cama plácidamente como si no escuchara como casi nos invaden nuestro momento de relajación.

Lentamente agarré la camisa blanca de Tom para ponerme.

— ¡Bill, abre ya!

— ¡Ya voy! — chillé con el ceño fruncido hasta que finalmente le abrí la puerta. Tasha me jaló del brazo escaleras abajo con fuerza hasta hacerme sentar de golpe en el sofá.
La camisa de Tom se me resbalaba por el hombro y la acomodaba a cada rato.

— No sé qué mierda se te pasó por la cabeza, eh. ¿¡Qué parte de que Gustav no tenía que saber la noticia no entendiste!?

— Shh, baja la voz. — me froté la cara con ambas manos tratando de despertar bien ya que me sentía aturdido. Tasha caminaba de un lado a otro frente a mí, con los brazos cruzados y una expresión de decepción. — Y no fue mi intención, cuando tú me dijiste que no debía hacerlo… Gustav, Tom y su mamá ya habían comprado el primer vuelo al hacia acá.

— Eres un completo imbécil, en serio.

— Ujum, lo soy.

— Estoy tan molesto porque nosotros hemos respetado tu decisión sobre el problema que tienes también.

— Ni siquiera entiendo a lo que quieres llegar, tengo sueño.

Tasha se enfureció más.

— ¡A qué recibí un maldito mensaje de Sara diciendo que si lo va a tener cuando ayer antes de irnos al maldito evento dijo que no! ¡Juraba y juraba que no! ¡Y después llega Gustav acá y cambia de opinión! ¡Estoy seguro que lo hizo por presión! — bufé recostando mi cuerpo en el espaldar.

Ya empezaba a irritarme la situación.

— Si Sara no hubiera querido se hubiera mantenido con esa decisión hasta el final, ¿no?

— Agh, eres una mierda, Bill.

— Ya.

— ¿Ya? ¿eso es todo lo que vas a decir?

— Tasha, por favor. Lo que Sara decida con su cuerpo y su vida es cosa de ella. — hablé más duro sintiendo cómo el sueño se transformaba en rabia.

— ¡No seas ingenuo! Está asustada. — pasé las manos por el pelo desesperado. La camisa de Tom se volvió a resbalar, revelando un par de marcas rojizas en mi clavícula que Tasha no pasó por alto. Él rodó los ojos, soltando un bufido. — Hasta ya comienzo a creer que lo hiciste a propósito solo para ver a Tom. — fruncí el ceño. Dejé escapar una risa amarga en lo que me ponía de pie. Dispuesto a enfrentarlo porque ya no iba a tolerar más.

— Ajá, ¿y qué más?

— Eres egoísta, Bill. Siempre lo has sido cuando se trata de tus caprichos. — me picoteó el pecho con sus largas uñas mientras hablaba. — Y así como fuiste de metiche con el secreto de Sara, ojalá lo fueras con… — ni siquiera le dejé terminar cuando ya le re viré la cara del manazo.

Tasha se quedó con la cara de lado, su mano subió lentamente a la zona golpeada mientras la incredulidad reemplazaba la furia en sus ojos. Yo respiraba con dificultad, con la mano todavía ardiendo y el pecho subiendo y bajando.

— ¡No me hables así!

— Supongo que la verdad duele más que la mano, ¿no, Bill? — se dio la vuelta sin decir nada más, tomó su bolso de la mesa y caminó hacia la puerta. El portazo hizo que los cristales del ventanal vibraran. Me dejé caer de nuevo en el sofá, cubriéndome la cara con las manos. Las lágrimas, que había estado reteniendo por orgullo, empezaron a empapar la tela de la camisa.

Me sentía una basura.

Tenía razón en estar enojado, pero la mención de mi hijo… eso era jugar sucio.

Sara y Tasha sabían cómo joderme.

&

Tenía a Tom junto conmigo buscando una casa en las mejores zonas de Los Ángeles. No le había dado una razón específica porque le evadía el tema dándole un beso o diciéndole lo guapo que se ve.

Con eso lograba sonrojarlo y hacer que se olvide lo que estaba por decir.
Lamentablemente no encontraba una que estuviera a mi gusto.
Todas se veían iguales por fuera, el mismo color, mismo modelo, todo…

— ¿En serio ninguna te gusta? — pregunta Tom subiendo hacia el auto, en la parte del copiloto y yo en la del chofer. Hice una mueca negando con la cabeza. — Creo que ya conocí todo en Los Ángeles en un ratito.

— ¿Qué te parece si vamos a comer y seguimos?

— Bueno… — conduje el coche hasta un restaurante cercano.
Estacioné el auto en el garage y nos tomamos de la mano para caminar. Yo iba delante de Tom, prácticamente arrastrándolo a mis espaldas hasta que él se detuvo quiero, me inmovilizó un rato y regresé a verlo.

— ¿Qué?

— ¿Qué tienes? Camina suave.

— Oh. — reí avergonzado. Tom apartó un mechón de cabello de mi rostro, colocándolo tras la oreja y me besó la punta de la nariz. — Lo siento.

— Está bien, no hay prisa. — esta vez si caminé a la par con Tom hasta adentrarnos al restaurante.
Nos sentamos en una de las mesitas y de inmediato el mesero se acercó.

— ¿Qué se van a servir?

— Un café. — susurró Tom con pena.

— Está bien, pide lo que quieras.

— Es que no traje tanto dinero.

— Agh, Tom. Yo lo pago. — rodeo los ojos y mi novio se sonrojó. — Adelante…

— Uhm… quiero café en leche y unas tostadas de jamón y queso.

— Yo quiero lo mismo pero que sea chocolate y sin azúcar.

— De acuerdo. — susurró el mesero con una sonrisa y desapareció de nuestra vista.
Yo tenía la maldita costumbre de cuando salía con mis amigos ponerme a revisar el teléfono sin darme cuenta.
Entonces en el rato menos pensando ya lo tenía en manos justo en la página de Instagram donde estaban publicadas todas las imágenes del evento.

Después hubo una notificación de sugar rush e ingresé, era un nuevo usuario.

>@_fernando: hola! 👋🏻

>@billKchonda: hola 👁️👁️

>@_fernando: cómo estás? 😅

>@_fernando: bonita foto de perfil, parece que te he visto en algún lugar.
✓✓

Le iba a responder a ese Fernando pero Tom me arrebató el teléfono de un solo.

— Bill, ¿es en serio?

— Lo siento. — susurré colocando ambos codos sobre la mesa, tapé mi rostro con las manos y suelto un suspiro pesado.
Tom estaba mirando mi teléfono, seguramente el chat que había con ese Fernando y también suspiró.

— Yo sé que está bonita la foto de perfil pero me estresa mucho que no me hables, ¿qué es lo que te sucede? — levanté la vista hacia Tom. Él estaba apoyado en la silla con los brazos cruzados observándome preocupado y a la vez celoso.

— Creo que no debiste venir con Gustav.

— ¿Por qué?

— Tasha me gritó que era mi culpa que Sara quiera tener ese bebé cuando antes se rehusaba a hacerlo y tal vez tiene razón. — Tom se apoyó en la mesa enojado. El mesero llegó con la comida que no fue tocada ya que la atención de Tom estaba en mí y viceversa. — Me llamó metiche y de igual forma trató de joderme con mi pasado.

— Sara es adulta. Si ella decidió seguir adelante con eso es porque algo cambió en ella, no porque tú seas un metiche y es horrible que para todo tengan que sacarte en cara lo de aquel. Ya me molesta eso.

— Toda la noche pasé pensando en que… tal vez voy a regresar contigo y me haré presente en la vida de ese chico y por fin dejen de meterlo en cada discusión. Le debe arder la oreja.

— Eso sí sería obligación.

— Es que ya me cansé, Tom. — admití mirando a cualquier lado menos a él. — Me cansé de lo mismo.

Tom asintió lentamente, acercando mi mano a sus labios para dejar un beso suave en el dorso.

— Te sugiero que lo pienses bien, no lo hagas por ellos, si no porque quieres tú. — inhalé y exhalé aire aclarando mi mente, gracias a ello la tensión se iba de a poco dando paso a la relajación y pude darle mi primer bocado a la tostada.

— Gracias, Tom. En serio… no sé qué haría sin ti ahora mismo.

— Probablemente seguirías peleándote con desconocidos en Sugar Rush. — bromeó devolviéndome el teléfono con una ceja levantada. — Por cierto, ya bloqueé a ese tal Fernando. — reí con gracia y guardé el móvil en el bolsillo de mi chaqueta.

— Eres un celoso.

— Maybe.

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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