

Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 20
Tom soltó una carcajada ruidosa a ojos cerrados y yo me sonrojé. Ví a todos lados menos a él que me hacía sentir así de abochornado ante lo que le había dicho.
— ¡Billy! ¿¡qué dices!?
— ¡Lo siento, olvida eso!
— ¡No! — exclamó entre risas. — ¡Ahora dámela!
— ¿En serio?
— Sí. — me miró inocentemente desde donde estaba y mi rostro se encendió mucho más.
Suelto un suspiro horrible mientras abaniqueo mi mano para liberar el calorcito que me estaba matando.
Tom espera paciente a qué yo levante mi buso y se la de ¡pero es que me daba mucha vergüenza!
— ¡Tom! — exclamé abochornado.
— Por favor, déjame ser tu bebé.
— A mi no me digas eso que te abandono.
— ¡Así no, Bill! — reía más.
— Ay… — reí y finalmente levanto el buso para dejarle ver mi pezón duro. Tom se acomodó mejor entre mis brazos y juntó sus labios, aprisionando mi pezón con ellos.
Empezó a succionarlo mientras yo lo sostengo como si se tratara de un bebé grandote.
Para el otro pezón levantó su mano y lo apretaba debajo la tela.
Sin querer me robaba un par de suspiros que trataba de evitar mordiéndome el labio inferior.
¿Cuál era la probabilidad de tener sexo al aire libre?
«Ninguna, Bill, cálmate.»
— Eres un bebote grandote y mal educado. — susurré acariciándole las rastas. — Pero está bien, todo para que dejes de llorar.
— Tú también puedes ser mi bebé… a diferencia de que yo si te puedo dar leche.
— ¡Dios! — reímos a carcajadas como un par de estúpidos. — Eres increíble, en serio. — las risas de Tom calmaron y dió paso a un silencio que no fue nada incómodo. Solamente se escuchaba cómo trataba de succionar mi pezón y el aire que me despeinó todo el cabello.
— Billy…
— ¿Mhmm?
— ¿Por qué no tomamos la conversación que quedó pendiente en el chat de sugar rush, eh?
— ¿Y qué quedó pendiente?
— Sobre el papá de Pedrito Jeremías. — la carcajada nerviosa que salió de mi garganta no la pude disimular. — ¿Lo querías mucho?
— Sí. — susurré luego de un silencio. — Lo quería tanto que quería amarrarlo con ese bebé. Quería que se hiciera responsable, que se quede conmigo.
— ¿Y por qué no se quedó?
— Porque estaba con una mujer más grande que él y tenía dinero. — respondí con cierto enojo. — Tenía una buena posición económica y yo solo fui su diversión, ¿entiendes?
Tom asintió.
— Ya cuando se dió cuenta de que la había cagado enorme y que si su mujer se enteraba de esa pequeña aventura, lo dejaba en la calle… me dió mucho dinero para que me deshiciera del bebé pero no quise por capricho y también por mis papás. Con ese dinero me compré más ropa, maquillaje, entre otras cosas. Lo estaba chantajeando un buen tiempo pero ya no pude porque dejó de dar clases en donde estudiaba y simplemente desapareció. — vuelvo a acariciar el cabello de Tom, recordando mi pasado y continué. — La pasé muy mal, verlo me hacía bien aunque sabía que no era para mí.
— Ouh, Billy… — murmura Tom sentándose a mi lado para verme luego de dejarme babeado, nervioso, caluroso y excitado.
— Ajá, pero ya es tema pasado… mi hijo no lo necesita y tampoco a mí.
Aunque de eso último no estaba seguro.
— Solo te voy a decir que ya que entraste a la uni y te encuentras con una profe que te reprueba porque le gustas… solo… no la embaraces.
— No. — sonreía de oreja a oreja y poco a poco empezó a reír a carcajadas. — Te prometo que no voy a embarazar a ninguna.
Ahora yo reí tomando ambas mejillas de Tom entre mis manos. Le brindé una mirada lasciva sin querer.
— Genial porque no quiero ser padrastro. — murmuré dando mi último suspiro.
Tom se alejó de mí para que quite mis manos de sus mejillas. Descubrí también que sus pupilas estaban dilatadas y tomó impulso para besarme los labios con brusquedad. El me mordía suavemente pero yo era más agresivo.
Terminé mordiendo su labio inferior, justo en la parte que tenía el piercing sin darme cuenta y lo lastimé.
Un hilo de sangre descendió de la perforación.
Fuera de asustarme, me emocionó mucho más.
— Estás loco, Billy. — susurró Tom, pasando el dorso de su mano por su labio para limpiar la gota roja, aunque la sonrisa que apareció en sus labios no se le borraba.
— Lo digo en serio.
— No, no. Eso nunca… porque te voy a embarazar a ti y entonces seremos una familia feliz. — dicho eso Tom se alejó de mí riendo. Me quedé con la boca bien abierta, escuchando desde donde estaba sus carcajadas. — Y recoge eso que ya nos vamos. — le escuché decir.
Oh, joder.
Yo lo mataba.
&
By TOM
Gustav, Georg, Sara, Tasha, Bill y yo nos encontramos en Elsterartig, un bar de prestigio en toda la ciudad. Es muy famoso por sus bebidas caras, buena música entre otras cosas.
Ya era jueves por la noche, un día previo al regreso de Bill a Los Ángeles y estaba distante conmigo…
Después del intento de picnic en aquel lugar Bill fue oyendo música en silencio todo el trayecto y cuando llegamos al hotel ni siquiera se despidió de mí.
No me centré a cuestionar el por qué ya que mis padres me llamaron para darme la puteada del siglo.
Según ellos decían que pasé fuera de casa toda la bendita semana y que si es que ya me sacaban las cosas a la calle porque la calle era mas mi casa que mi propia casa.
La cena fue incómoda.
Mi padre a penas me dirigió la palabra y era muy feo porque parecía que no compartía mi crecimiento…
No siempre iba a esperar a que ellos me dieran todo pero en fin, es algo que no le quiero dar mucha mente, más bien debo centrarme en Bill.
Mañana ya se va y quién sabe cuando vuelva a verlo.
— Voy al tocador. — dice él con voz ebria. Me sorprendió mucho verlo beber y fumar al mismo tiempo de una forma descontrolada.
Yo quería seguirlo si no fuera porque la mano de Tasha se interpuso en mi camino.
— ¿Qué les pasa? — me pregunta a punto de matarme con la mirada. Observo a Georg buscando refugio… ¡incluso a Gustav! pero los cuatro están esperando una respuesta de mi parte.
— ¿Me creerían si digo que tampoco sé? — sonreí rascando mi nuca con nervios.
— Hombres. — murmura Tasha rodeando los ojos.
O quizás sé pero no estaba seguro.
— A ver. — rodeo los ojos con irritación. — Estaba por ir a hablar con él pero no me has dejado, ¿cómo pretendes que lo sepa, Tasha?
— Ah, pues ve.
— Gracias. — murmuré haciendo una mueca al mismo tiempo que me pongo de pie, dejando a esos cuatro en su mundo de fantasía.
Voy a buscar a Bill justo al tocador de mujeres, ganándome miradas asesinas de algunas chicas que están ahí de la misma forma en la que se encuentra él.
Se retoca los labios torpemente con un labial transparente y se burla de ello. Mi corazón latió desesperado, incitándome a entrar al baño de las hembras pero no.
Porque soy un caballero.
Entonces espero arrimado en la pared a qué saliera.
Puedo jurar que pasaron exactamente diez minutos cuando él salió y me vió.
Me di cuenta que estaba dispuesto a ignorarme.
¿Tanto así le afectó una broma?
— Bill. — pronuncié su nombre. Veo como se detiene en seco, dándome la espalda y suspiró.
— No quiero hablar contigo, Tom.
— Por favor. — doy unos cuantos pasos hasta posicionarme detrás de él.
Hice el intento de rodear su cintura entre mis brazos pero me dió vergüenza.
— Uhm. — se cruza de brazos volteando a verme muy serio. — ¿Qué?
— Yo… yo quiero decirte que siento mucho si la broma de ayer te ha disgustado, mi cielo. No quería hacerte enojar. — Bill observó mis ojos fijamente por unos segundos y un puchero tan tierno se formó en sus labios.
Fue tan lindo que me provocó uno a mí y terminé abrazándolo.
— Tom… y-yo no quiero otro hijo. — sollozó aferrado a mi pecho, poniéndose a llorar como un niño por culpa del alcohol.
— Oww, mi amor. — reí estrechándolo más entre mis brazos, acaricié su cabello negro con fuerza y le beso reiteradas veces en la cabecita. — No vas a tener otro hijo, ¿está bien? solo era una broma y además yo estoy muy chico.
— Me hiciste asustar, tonto.
— Oh, dios…
Yo ya casi lloraba también.
— Perdóname por hacer una broma así de estúpida. Soy un imbécil.
— Sí…
— Ya no llores, ¿está bien? a mí también me duele verte así, Billy, ¡y más si es por mi culpa! — el pelinegro asintió con lentitud.
Dirigió ambas manos a su rostro para limpiarse el maquillaje que seguramente se le corrió y rió.
— Ahora tengo que arreglarme otra vez.
— Anda, yo te espero.
— Está bien pero no vayas a verme que te pego. — cubrí mi rostro con ambas manos. Sentí como Bill se alejó de mí y cerró la puerta del baño de un portazo. Volví a arrimar mi cuerpo en la pared luego de soltar un largo suspiro.
¿Quién iba a pensar que Bill era tan grandote y mimado?
¡Me encantaba!
— Ya.
«Al menos esta vez si salió pronto del baño.»
— Vámonos. — extendí la mano para tomar la suya, planté un besito suave en el dorso y Bill suspiró. — ¿Qué pasa?
— Desde que estoy aquí no me has pedido ni una foto, Tom, ¿por qué?
— Ah… no soy tan fotogénico pero ¿quieres tomarte una foto conmigo?
— Sí. — dice extendiéndome su teléfono abierto en la aplicación de la cámara. Sonreí de lado y dejé que Bill se posicionara junto a mí.
Me sostuvo de la barbilla y me pegó a su rostro. Él se veía fotogénico desde cualquier ángulo, en cambio yo no mucho.
Traté de dar una media sonrisa ya que se me dificulta por el lastimado de mi labio inferior. Entonces solo saqué la foto como vaya y le entregué el móvil a Bill.
— La veré cuando esté sobrio. — guardó su teléfono en la bolsa, después me agarró de la mejilla con delicadeza y besó mi boca haciendo un «muuuuuaaack» grandote. — Espero que la hayas tomado bien, chico precioso. Vámonos. — ahora fue él quien me toma de la mano.
Volvimos a la mesa donde estábamos y vemos que los chicos se encuentran bailando una canción de perreo, restregándose entre ellos.
— ¿Quieres bailar? — pregunté en por si acaso ya que Bill estaba viendo en la misma dirección que yo.
— Claro que no. — frunció el ceño.
Me obligó a sentarme en la banca con él encima y empieza a darme besitos cortos por toda la cara luego de quitarme la gorra. — Tengo que estar muy mal para hacer eso.
— En por si acaso nada más.
— No, tonto. Lo único que quiero hacer ahora es ir a acostarme contigo y estar abrazados.
— Oh, yo también.
Bill y yo nos miramos con complicidad.
La única neurona funcional del pelinegro y dos mías conectaron al instante. Eso me gustó mucho para decir verdad. Entonces salimos corriendo del bar entre risas hasta llegar donde está estacionado el auto y nos fuimos al hotel.
Al llegar dimos las llaves y subimos por el elevador muy ansiosos. Nuestras manos nunca se soltaron hasta que finalmente llegamos, nos pusimos cómodos y nos acostamos en la cama muy abrazados.
Bill ronroneaba ante las caricias que le brindo a su cabello y vemos en la tele un programa cualquiera que no prestamos atención.
Solo éramos Bill y yo en ese rato.
— No quiero irme, ¿sabes? — plantó un besito tierno en mi pecho desnudo. — No te quiero dejar. Me haces sentir tan bien, Tom. Nadie me mira como tú.
— Yo tampoco quisiera que te vayas… pero sé que tienes una vida allá.
— Que mierda. — bufó con tristeza.
Me quedé callado un momento ahora observando el techo. Siento una tristeza agridulce por saber que no lo tendría entre mis brazos otra vez.
Saber que al despertar mi destino ya no sería este hotel, sino la jodida universidad.
Quería echarme a llorar como un crío y rogarle que no se vaya aunque sea por mí pero no tenía ese derecho.
— Prométeme algo, Tom. — Bill se separó apenas unos centímetros para mirarme. Tenía los ojos un poco rojos, el maquillaje corrido a causa del sudor pero brillaba con una intensidad que me desarmaba.
Estaba enamorado de él…
— Lo que quieras.
— Prométeme que no te vas a olvidar de este viejito caprichoso que vino a ponerte el mundo de cabeza por una semana. — dijo muy serio, recorriendo el contorno de mi mandíbula con su dedo índice.
— ¿Viejo? — solté una carcajada suave, atrapando su mano para besarle la palma. — Eres lo más joven y lleno de vida que he conocido en años, Bill. Y no te voy a olvidar… es imposible porque vamos a seguir hablando.
Él sonrió. Se acomodó de nuevo en mi pecho, cerrando los ojos.
— Te quiero, Tom.
— Y yo también te quiero a ti, Billy.
Continúa…
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