
Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 15
Sara, Tasha y yo nos encontramos en el centro comercial luego de descansar casi toda la tarde. El viaje de regreso del lago había sido agotador y decidimos dar reposo a nuestros cuerpos.
Nuestros chicos se fueron cada uno a descansar a su casa y a hacer otras cosas con respecto a papeleos universitarios ya que mañana lunes inician sus inscripciones.
El centro comercial donde estábamos me traía muchos recuerdos de cuando salía con mis padres cada domingo a comprar cualquier cosa para pasar una tarde familiar, mirando películas entre otras cosas más.
Estaba en frente de la estantería de galletas, teniendo entre las manos unas choco chips que son mis favoritas y las de papá.
Las miraba mucho sin atreverme a poner en el carrito de cosas que llevaría para mí regreso a Los Ángeles.
— ¿Las vas a poner? — pregunta Sara. Formé una línea recta en mis labios dudando pero al final lo hice. Ella me miró con atención, analizando mi expresión y suspiró. — No he querido sacar el tema, Billy, pero… ¿crees que es prudente que vayas a visitar a tus papás?
— No lo sé, Sara… — respondí en un susurro mientras miro a Tasha, quien estaba distraída revisando unos glosses en el pasillo lateral. Luego se acercó a nosotros al notar nuestras caras amargadas. Él se apoyó en el carrito, analizando mi expresión.
— Si estoy en lo correcto… están hablando de tu pasado, ¿no es así?
— Ujum. — trato de avanzar pero ellos no me dejan.
— Corazón… han pasado años. Has hecho una vida entera en California, eres exitoso, eres libre. Pero huir de esta ciudad no hizo que los recuerdos desaparecieran, solo los puso en pausa. — suspiré pasando una mano por mi cabello con frustración y ganas de llorar.
— Es que… ¿qué les digo, eh? Ustedes no entienden que ne da miedo que verlos sea como abrir una herida que tardé demasiado en cerrar o peor, darme cuenta de que la herida nunca cerró. — Sara puso una mano suave sobre mi hombro, obligándome a mirarla.
— Tal vez no necesites decirles nada, Billy. Solo ver que estén bien y que no le falte nada a tu hijo. — apreté los ojos cuando la palabra «hijo» salió de los labios de Sara. Yo no les dije nada y dediqué mi tiempo a avanzar.
Tomé todo lo que creí necesario y después fuimos a caja para pagarlo.
Salimos del centro comercial en silencio hasta el auto y conducí rumbo al hotel en medio de un silencio incómodo.
Cuando llegamos dejé que se lleven el auto y las compras rumbo a nuestras habitaciones.
¿Será prudente que vaya a verlos?
— No lo pienses mucho. — susurró Sara.
Mierda, quizás si debo.
Quizás si debo dar una explicación del por qué me fui y quizás si debo estar presente—aunque económicamente—en la vida de ese ser que yo di la vida durante nueve meses.
Algo me impulsó para hacerlo y bajé a pedir el Cadillac con los nervios a flor de piel. Las manos me sudaban, la cara la tenía grasosa y mis ojos tenían ganas de llorar pero si no lo afrontaba nunca siempre viviría así, con ese temor.
Conducí el auto a 20km/h, demasiado lento pero llego rápido hasta la casa donde me crié. El auto de mis padres se encontraban ahí y claro, ya eran las ocho de la noche. La hora exacta en la cuál era la reunión familiar de los tres para comer galletitas mientras vemos una película o serie.
Bajé el auto ahora con piernas temblorosas.
Doy unos cuantos pasos para tocar la puerta y puedo escuchar la voz de mi madre detrás de ella.
Las putas lágrimas me traicionaron y ya comencé a llorar como todo un imbécil.
— Abre, Jörg. Puede que sea nuestro niño llegando tarde otra vez. — decía Charlotte. Los pasos detrás de la puerta se oyeron cada vez más cerca hasta que mi padre se dejó ver al fin.
Él tenía una sonrisa que se borró de un sopleton al verme parado frente a él. — ¿Es nuestro niño?
— Es alguien peor. — murmuró.
— ¿Qué pasa, Jörg? ¿Quién es? — la voz de mamá se oyó más cerca.
— No es nadie, mujer, ve a la cocina. Yo me encargo. — pero ya era tarde. Ella me había visto y su expresión fue de horror puro.
— Oh, dios. — tapó su boca con ambas manos, dejando que las lágrimas cayeran por sus mejillas igual que las mías. — ¿Qué hace él aquí, Jörg?
— Y-yo… — traté de hablar pero simplemente no.
No podía.
— Dile que se vaya, no lo quiero ver… ¿¡a qué ha venido, eh!?
— No lo sé. — papá abrazó a mi mamá sin dejar de mirarme con odio y me lo tenía bien merecido. — Bill, por favor. Vete.
— Es que yo…
— Vete. — repitió.
— Ay, mierda. — eché la cabeza hacia atrás, mirando al cielo con los labios apretados. Después veo a mi papá y decido buscar en mi bolsa algo de dinero. — Yo… ahm, esto para él. — extendí un fajo de dinero. — Supongo que está grande y necesita muchas cosas para la edad que tiene.
— ¡No! — dijo Charlotte dando un golpe en mi mano, que hizo caer los billetes al suelo. — ¡Mi niño no necesita nada de ti! ¡tú no eres nadie para él! ¡nosotros somos su padre y madre! ¿¡entendiste!? — y luego de gritarme ellos me cerraron la puerta en la cara.
El llanto de mamá aumentó cuando estuvieron dentro y también pude escuchar el de papá.
En cambio yo… solo tuve que recoger los billetes del suelo, volver al auto e irme rumbo al hotel en medio de un trance.
Ni siquiera sabía cómo reaccionar.
Encargué el auto para que lo guarden y subí hasta mi habitación, dónde estaba Tom esperándome sentado en la cama, mirando televisión.
— Oh, Billy. Llegaste. — habló en medio de una sonrisa. Yo dejé la bolsa y me adentré al baño para ver mi cara al espejo. — Traje comida para los dos. Georg hizo lo mismo con Tasha y Gustav con Sara… ¿te gusta el arroz chino? — pregunta desde dónde estaba.
— Sí. — respondo mojando mi cara para borrar el maquillaje. Después coloqué una mascarilla y me quito la ropa, misma que fue reemplazada por un albornoz.
Caminé descalzo hasta sentarme junto con él, que me rodeó el cuerpo entre sus brazos y suspiré.
— Tasha me dijo a dónde fuiste… no quisiera preguntar cómo te fue pero tu cara de tristeza me lo dice todo, Billy. — cerré los ojos con fuerza.
— Tom… ¿tú qué harías en una situación así?
Él se volvió pensativo.
— Mhmm… desde la perspectiva de tus papás actuaría de la misma forma porque no debió ser fácil para ellos cargar con un bebé. Desde tu perspectiva creo que con la edad que tienes deberías madurar en ese sentido aunque sé que no es fácil y si fuera tu hijo exigiría explicaciones, buscaría respuestas y te obligaría a compartir este tiempo que no estuviste. Quisiera que me lleves contigo y que no vuelvas a abandonarme.
— Menos mal que no estás en mi posición y no eres mi hijo. — bromeo sacándole una risa divertida a Tom. — Ay… — suspiré con tristeza. — Ellos me odian pero está bien.
— ¿Viste a tu hijo?
— No estaba en casa y mejor así.
No quisiera verle la cara porque ¿qué tal y se parece al desgraciado de Nick Trümper en una versión más joven?
Cuando conocí a Nick tenía el cabello siempre recogido en un moño, una barba escasa, unos aretes en forma de aro en las orejas y lo veía muy guapo.
Él tenía en ese entonces veinticinco y su esposa unos cuarenta más o menos.
La perra se llamaba Heidi y él nunca la iba a dejar por mi ya que lo tenía bien económicamente.
Él no era estúpido.
Yo sí.
Nick Trümper siempre va a ser mi amor frustrado de toda la vida.
— Entiendo…
— ¿Puedes quedarte esta noche conmigo, Tom? — pregunté levantándome de la cama, caminando hasta donde estaban las bolsas de comida e inhalar su aroma delicioso.
— Sí, solo déjame llamar a mis papás porque deben estar preocupados. A estas horas ellos ya están en casa. — asiento con una sonrisa mientras lo veo adentrarse al baño.
Le doy una cucharada grande al arroz chino, deleintandome con su sabor y cerrando los ojos por la sensación tan increíble. — Listo… sonaban algo extraños pero bueno.
— ¿Qué hacen el fin de semana, eh?
— Cuidan una casa en el campo, les pagan bien. A veces suelo ir pero es muy aburrido.
— Entiendo. — reí un poco luego de tragar. — ¿Y si fueron a tu graduación? no los ví en la fiesta ahora que recuerdo.
— A la ceremonia nada más, ya en la fiesta si estuve bien acompañado como tú prenderás. — sonreí de lado, dejando que Tom me abrace por atrás y me de un beso en la mejilla.
— Veremos una película mientras comemos, ¿está bien?
— Va. — Tom se encargó de prepararlo todo mientras yo me iba a lavar la cara antes de acostarme a su lado.
&
El día empezó demasiado lindo para mí gusto.
El paisaje se veía despejado, el sol brillaba como nunca a través del enorme ventanal del hotel y la cabeza de Tom se encontraba de lo lindo entre mis piernas, dándome un increíble oral que me hace retorcerme entre las cobijas.
— Mhmm… — mis manos estaban enredadas en esa multitud de rastas que están recogidas en una moña descuidada y guiaba sus movimientos con ansias, buscando acabar. — Tom, sí… — suspiraba.
Agregó sus dedos a la acción y los metió de golpe. Ese fue el detonante para que yo me dejara venir en su cara con un poco de vergüenza.
— Eso fue delicioso. — dijo al quitarse de ese lugar y verme con una sonrisa de oreja a oreja que me estremeció.
Relamo mis labios inclinándome como un gato a punto de atacar y Tom dió un brinco hacia atrás. — ¡Shu, Shu! ¡Gatito malo!
— ¡Meeeowww! — doy un brinco nuevamente hasta él. Tom me atrapó en el aire entre risas mientras yo rodeaba su cuerpo con brazos y piernas, riendo de igual forma. — Agh, Tom. Quiero que me hagas el amor. — digo besando su cuello. — No me es suficiente, amor.
— Me encantaría pero debo ir a la universidad…
— Ow. — hice un puchero. — Tom, ¡por favor! solo la puntita.
— Billy. — empecé a darle besos por toda la cara mientras soy llevado de nuevo a la cama. Sus manos resbalaron por su enorme camisa hasta ponerlas en mi trasero, dónde manosea apegándome a su entrepierna, haciéndome sentir su dureza.
— ¿Sí? — gemí mordiendo ahora su labio inferior. Tom sonríe con maldad, empezando a quitarme su camisa. Cuando estoy desnudo se apega a mi oído y me susurró.
— No. — y salió corriendo a toda prisa hacia la salida mientras coge sus zapatos Nike.
— ¡Tom! — grité dando patadas en la cama, cruzando mis brazos con un puchero en la boca. Mis labios se fruncieron a más no poder y suspiré. — Idiota. — digo rodeando los ojos.
No me iba a detener a joderme el día, así que solo entré a la ducha para darme un baño. Después me puse una ropa cómoda sin maquillarme y salí rumbo a la habitación de Tasha a pasos lentos.
Toqué la puerta tres veces antes de que Tasha se dejara ver en albornoz, maquillándose con música de fondo.
Dentro también estaba Sara, acostada entretenida en su teléfono.
— Mi amor. — saludé a Tasha con un beso en la mejilla antes de pasarte a saludar a Sara de la misma forma.
Después me senté en la mesita que había cerca de la cama y suspiré. — ¿Cómo te fue ayer, Bill?
— Algo que era de imaginarse… mis papás me odian, rechazaron el dinero para el chico que ya debe estar grande y me pidieron que me vaya. Que ese chico es más hijo que yo… en pocas palabras.
— Entiendo. — dijo Tasha. — Me imagino que debió ser duro.
— Lo fue, lloré mucho pero después ya no sabía cómo sentirme al respecto.
— De acuerdo. — intervino Sara. — Ya no hablaremos más de ese tema hasta que tú decidas que hacer, ¿está bien?
Tasha y yo miramos a Sara con sorpresa.
¡Cuando decía algo bueno era porque estaba de buen humor!
Seguramente Gustav le dió hasta por las orejas.
Continúa…
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