Fic TOLL de WifesKaulitz

Capítulo 14

— Billano, por favor más cuidado. — dijo Tasha con los ojos bien abiertos sobre mí.

— ¿Pero qué? — entonces Sara empezó a reír a carcajadas desde el asiento de atrás. Siempre se ponía así de contenta cuando se pegaba solo dos contadas. — ¿¡Cómo le has dicho!?

Miré al Tasha de soslayo y este tiene una sonrisa que me provocó una sonrisa a mi y terminó con una carcajada horrible porque la risa de Sara era contagiosa.

Si solo con un sixpack ya estábamos así… uff…

Era entendible porque la cerveza que venden en los supermercados de Leipzig son 100% artesanales y esas te marean rápido.

— ¡Me ha dicho Billano este atrevido! — exclamé entre risas, pegando mi frente de golpe en el volante hasta que las risas cesaron y por fin pude bajar del auto. Sara bajó cargando el pack de cervezas como si su vida dependiera de ello y Tasha bajó retocándose el brillo labial, listo para devorarse a Georg (o a quien se le cruzara).

Mi vista se clavó nuevamente en Tom, qué gracias a que Sara chilló el nombre de Gustav con emoción y corrió a abrazarlo, el rastafari se dió cuenta de que habíamos llegado.
Con una sonrisa deja de abrazar al rubio y camina hacia mí.

— Yo voy a buscar esa cabellera castaña, él no lo sabe pero mi cama ya lo extraña ¡wooh! — gritó levantando los brazos y corriendo hasta perderse entre la multitud de estudiantes.
En cambio yo crucé mis brazos, fingiendo que no veo a Tom caminar hacia mí y ponerse a mi delante, colocando sus manos en mi cintura.

— Creí que no llegarían.

— Conozco Leipzig como la palma de mi mano, Tom. — el mencionado sonrió. Levantó su mano derecha para ponerla en mi barbilla y hacer que mire sus ojos. Se me olvida como respirar cuando hacemos contacto visual. Eso causa un leve sonrojo en mis mejillas que Tom no duda en besar.

Cómo un idiota sonrío y trato de esconder mi rostro en el hueco de su cuello, inhalando su aroma.

— Que rico hueles, joder.

Tom suspiró.

— Uhm, ¿quién es tu amigo? — pregunté señalando al chico rubio que nos miraba con curiosidad. Tom aclaró su garganta y yo levanté la cabeza, para verle a los ojos.

— Ah… — rascaba su nuca sonrojado. — Él es Andreas, ¿recuerdas que…?

— Sí. — interrumpí haciendo una mueca de disgusto.

¿Cómo no me iba a acordar del famoso Andreas que Tom decía que era guapo y que iba a follar con él?

¿¡Cómo olvidarlo si llegué a sentir envidia de la buena porque se iba a follar con él y no conmigo, eh!?

— Pues bueno, es él.

— Ah, nos mira mucho… — digo enredando mi mano izquierda en su cuello mientras que mi derecha se encarga de acariciarle los labios. — Supongo que con lo regalado que eres ya te salió coito con él por segunda vez.

— Ouh. — Tom se rió ofendido. — Ya te dije que no soy regalado, solo aprovecho las oportunidades que me presenta la vida… ¡auch! — se quejó ante el golpe que le doy en la nuca y yo reí con gracia mientras me aparto de él, tomando su mano para integrarnos con los demás chicos.

Desde ya puedo observar como Tasha pasa está tratando de sacarle el alma a Georg por medio de un beso.
Sara únicamente está de la mano con Gustav hablando de cualquier cosa me imagino.

— ¿Sabes qué Georg está encantado con Tasha? ¡no para de hablar de Tasha todo el rato! nos tiene cansados a Gustav y a mí.

— Oh, eso es cierto. — agregó Gustav estrechando su mano con la mía cuando estamos junto a él. Tom llegó por la espalda, rodeando mi cuerpo entre sus brazos y apegándome a su pecho. Puso su barbilla sobre mi hombro luego de dejar un beso húmedo en mi cuello que me erizó la piel. — Dice que nunca nadie le ha echo los movimientos de borde interno en la cama.

Sara, Gustav, Tom y yo nos reímos a carcajadas, mirando hacia donde estaban esos dos.

— Yo también me muero por succionarte la boca así. — veo a Tom de soslayo mordiendo mi labio inferior e iba a decir algo pervertido, pero no lo hice porque mis ojos se toparon con los del tal Andreas.

¿Qué tanto me veía?

— ¡Chicos! — llamó un tipo a lo lejos. — ¡Vengan a ayudar a prender la fogata!

— ¿Será de ir? — pregunta Tom a su amigo.

— Un ratito.

— ¡No! — exclama Sara en un puchero, tomando las mejillas de Gustav para darle un beso. Yo fruncí el ceño bastante extrañado por su actitud.

— Un ratito, nena, y vuelvo contigo. — ella asintió.

Qué melosa, dios.

— Yo también vuelvo, Billy. — dice Tom quitándose detrás de mí y poniéndose frente a frente conmigo. Yo asentí con la cabeza, dejando que me besara suavemente en los labios y me aferrara a su camisa por unos segundos.

— Y dile a ese Andreas que deje de mirarme… — el regresa a ver en dirección a Andreas que se hace el tonto cuando este lo ve y vuelve a mirarme a mí, asintiendo con la cabeza.

— Vamos. — Gustav y Tom se llevaron un par de enlatadas antes de ir corriendo hasta donde llamó aquel chico. En el trayecto se llevaron a Georg dejando a Tasha con un aspecto de tristeza y luego vino corriendo hacia nosotros.

— Ay. — limpió una lágrima falsa, después se acomodó la entrepierna dura en el jean y nos miró. — Lo voy a extrañar. — me crucé de brazos riendo.

— Nuestra amiga también. — hice un gesto con la boca, señalando a Sara que estaba triste bebiendo de su cerveza.

— Sí… pero mhmm, yo solo quiero decir una cosa.

— ¿Qué?

— Ese tipo rubio no te quita la vista de encima Bill, ¿qué mierda pasa, eh?

— Es cierto. — agrega Tasha mirando en la misma dirección que Sara y yo. — ¿Quieres que le pegue, Bill?

— ¡No! — exclamé sonrojado. — Solo entiéndanlo… él fue la última pareja sexual de Tom. Debe ser difícil ver que ya consiguió alguien más. — Tasha y Sara se encogieron de hombros, restándole importancia al asunto a pesar de que su mirada acosadora me estaba haciendo sentir incómodo.

— Traje unos lindos trajes de baño en hilo, ¿nos ponemos uno y entramos al agua? — los tres dejamos escapar una risa antes de ir corriendo al auto.
Al llegar abrimos la cajuela y Tasha sacó de su bolsa tres trajes de baño. Entre nosotros nos apoyamos para poder desvestirnos y ponernos las diminutas prendas. Cuando estamos listos nos pusimos unas chanclas y vamos hasta la orilla del lago. Contamos hasta tres y saltamos tomados de las manos.

— ¡JODER, ESTÁ HELADA! — grité en cuanto mi cuerpo hizo contacto con el agua, soltando una carcajada que casi me hace tragar esa agua puerca.
Salí a la superficie sacudiendo mi melena, apartando el pelo de mi cara mientras Tasha y Sara chapoteaban a mi lado, riendo como desquiciadas.

— ¡Miren allá! — señaló Tasha apuntando hacia donde estaban los chicos.
A lo lejos pude ver cómo la actividad se detenía en seco. Tom, Gustav y Georg estaban paralizados, mirando hacia estos tres locos en hilos dentales desafiando la hipotermia.
Yo me centré solo en Tom, quien tenía la mandíbula casi en el suelo y quizás estaba excitado por verme en una prenda tan diminuta.

Estaba seguro que incluso quería romperla.

— Georg se está ahogando sin entrar al agua. — se burló Tasha mordiendo su labio inferior.

— Pienso lo mismo de Tom. — susurré saliendo del agua a pasos lentos, dejando que me viera bien el trasero.
Ahora ya no solo eran esos tres, era todo un grupo de chicos que miraban al lago silbando, puede que hasta incluso provocando algo de celos en Tom.

Me lanzaron comentarios de «puedo ayudarte con una toalla», «ofrezco mi cuerpo por si tienes frío» o «¿quieres que te ponga bloqueador solar?»

¡Pff!

Pendejos.

— Oye, oye, oye. — Tom vino hacia mí con pasos largos, sacándose la camisa para cubrir mi cuerpo del deseo.

— ¡Qué aburrido, Tom! — gritaron esos chicos en coro, sacándome una carcajada.

&

La noche cayó y con ella el momento donde nos encontramos sentados en círculo alrededor de la fogata, comiendo del asado que prepararon los chicos.

Yo tenía atenciones de todos lados mientras Tom, Georg y Gustav seguían de cocineros en el asadero, dando los últimos detalles a su salchicha asada.

— ¿Entonces eres de aquí pero te fuiste a vivir a Los Ángeles? — asentí con la cabeza, comiendo de la papa asada que sabía más o menos a quemado.

— ¿Quieres que te traigamos bebida, Bill? — pregunta un pelirrojo.

— Oh, sí por favor. — reí. — Me estoy atragantando con esa papa. — el pelirrojo dió un salto yendo hasta donde estaba el balde de refresco.
Tom miraba desde donde estaba parado asando su salchicha. Él tenía una sonrisa que no supe descifrar y que yo la tomé como si estuviera incómodo por las atenciones que me daban sus compañeros. — ¿Me ayudan a levantar, por favor? — le dí mi plato a Tasha que parecía un chico de la calle comiendo de su plato con ansias.

Me dió mucha gracia verla así.

— Sí. — hubo un par de chicos que me ayudaron a poner de pie de un tirón y sonreí, agradeciendo a cada uno con un toque en el hombro y caminé en dirección a Tom. Pasé por el pelirrojo aceptando la bebida con una sonrisa y le doy un sorbo.

— ¿Falta mucho? — pregunté mirando la salchicha.

— No mucho, ya casi está. — respondió Georg, a lo cuál yo asiento con la cabeza.

— ¿Puedo robarme a Tom un momento? — les pregunté a sus amigos ya que el rastafari fingía no haberme visto llegar.

— Sí, claro. Nosotros nos encargamos de eso. — habló Gustav arrebatándole la espátula a Tom para que yo pudiera llevármelo de la mano hasta un lugar dónde pudiera hablar con él a solas.
Ese lugar fue el Cadillac, dónde le obligo a subir a los asientos traseros.
Cerré la puerta después de subirme y suspiré.

— ¿Todo bien?

— Supongo que sí…

— ¿Seguro?

— Bueno… no. — finalmente puso sus ojos en mí y puedo ver lo nervioso que está. — Después de verte salir de ese lago con ese hilo ¡ahora tengo a medio instituto queriendo robarte! y me causa algo de…

— ¿Celos? — pregunté con curiosidad, arqueando una ceja y tratando de ocultar una sonrisa de picardía.

— Oh, no son celos. Yo nunca he sido celoso.

— Ay, Tom. — rodeo los ojos mientras le pongo una mano en la pierna, acariciando de arriba abajo su pantaloneta. Tom quita mi mano con suavidad ¡negándose a mi caricia! pero yo la vuelvo a poner nuevamente. Ya no en su pierna, si no en su pene.

Tom soltó un suspiro y trató de quitarla.

No lo hace porque apreté mi agarre sintiendo cómo esa anaconda crecía debajo de mi toque y sonreí.

— Es por los nervios. — trata de excusarse.

— Yo no dije nada.

— Ujum. — no le hago mucho caso porque me concentro en desabrochar el botón y meter la mano por debajo. Acaricio su miembro caliente por unos segundos antes de sacarlo al aire. Tom se acomodó automáticamente en el asiento y me agaché para rodear su glande entre mis labios.

Le provoqué un gemido ahogado, echó la cabeza hacia atrás contra el respaldo del asiento. Esas manos que hace un segundo intentaban fingir desinterés, bajaron de golpe para enredarse en mi cabello guiando el movimiento con desesperación.

— Mierda, Bill… — susurró con la voz entrecortada, mientras sus dedos se tensaban contra mi cabello.
Me detuve un segundo, solo para mirarlo desde abajo, relamiéndome los labios con lentitud mientras disfrutaba de ver su autocontrol desmoronarse.

Sus pupilas estaban dilatadas, fijas en mí.

— Eres un manipulador de lo peor. —dijo con una sonrisa que expresa lo mucho que le encantaba y me jaló del brazo para que me sentara con las piernas a cada lado de su cuerpo quedando a centímetros de su rostro.

Siento como su erección húmeda presiona contra la tela de mi short, creando una conexión deliciosa y gimo. Tom se bajó más los pantalones y yo torpemente me quito el short para tener más contacto con su dureza.

Estiré la mano hacia mi bolsa que está a la vista en la cajuela para sacar un preservativo y yo se lo puse esta vez.
Después ensalivé mis dedos para guiarlos hasta mi centro con intenciones de lubricarme pero Tom no me lo permitió.

— No, precioso. Hoy si te daré por el culo. — sonreí con picardía, guiando yo mismo la punta de su pene a mi entrada prohibida e hice presión.
Era un maldito masoquista que le gustaba sentir como le entraba por atrás.

Tom se aferra a mi, observando mi expresión con detalle mientras se controla de no explotar ahí mismo.
Me toma de la nuca y estampó mis labios contra los suyos en un beso hambriento, de esos que te dejan sin aliento. Apretó mis nalgas con fuerza antes de nalguearme a manos llenas.

Inicio un ritmo desesperado, cabalgando en su polla y apoyándome en sus hombros sin romper el beso. Sabiendo que con cada movimiento sentía su miembro más y más duro.
Él gemía como un loco y yo también, los dos desesperados entregándonos al placer.

— Dios, sabía que tenías un magnífico culo. — susurra contra mi boca, yo apego la frente sudorosa contra la suya dando todo de mí.

Cada vez que mis nalgas chocaban contra sus muslos, el sonido de la piel era lo único que llenaba mis oídos junto con su respiración pesada.

Y pensaba que era lo único que quería escuchar de hoy en adelante, ¡joder!

— No tienes idea de cuánto tiempo llevo imaginando esto desde que te vi en el lago, Bill. Me excité mucho cuando te vi en hilo. — masculló entre besos, bajando su boca a mi cuello para dejar una marca roja ahí. — Joder, Bill… estás tan bueno, amor.

Arqueo mi espalda, echando la cabeza hacia atrás y dejando que mis dedos se enredaran con fuerza en sus rastas. El ritmo era desenfrenado.
Tom empezó a empujar hacia arriba con sus caderas, encontrándose con mis movimientos en un baile perfectamente coordinado y sucio. Sentía cómo su miembro me llenaba por completo, rozando un punto exacto que me hizo ver estrellas y soltar gemidos que ya no intentaba reprimir.

— ¡Tom, más… más! — supliqué. — ¡Mhmm!

— Sí… te lo voy a dar. — y vaya que se movía como un loco. Casi quería reír de lo bien que me sentía y por las ganas intensas que tenía de acabar sobre él a chorros.

— ¡Agh, Tom! — el Cadillac se balanceaba suavemente por nuestra culpa, los cristales ya estaban empañados, aislándonos del mundo exterior, el calor era insoportable y el placer me nublaba el juicio. Tom aceleró el ritmo, sus estocadas se volvieron más cortas y rápidas a la vez, llevándome al borde del abismo.

— Bill… voy a… — balbuceó, apretándome contra él. Yo me aferré a su nuca, abrazándolo y mordiendo el hombro para liberar mi excitación de tal forma. — Mhmm, Bill…

— ¡Hazlo, Tom! ¡Ahora! — grité mientras sentía la explosión de placer recorriendo cada parte de mi cuerpo.

— Joder. — gimió Tom exhausto, acabando en el interior del preservativo.
Nos quedamos jadeando por unos minutos, con los corazones latiendo a mil por hora y el sudor pegando nuestros cuerpos. Tom me rodeó con sus brazos, hundiendo su cara en mi cabello mientras recuperaba el aliento.

Continúa…

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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