
Fic TOLL de WifesKaulitz
Capítulo 13
Le estábamos buscando cualquier excusa para no tener que llegar al punto de todo esto. Se notaba lo nerviosos que estábamos que ninguno se atrevía a dar el siguiente paso de tener algo…
Yo era atrevido cuando estaba un poco pasado de copas y por eso estaba bebiendo demás.
Tom en cambio bebia poco y desconocía la razón pero ya no podía aguantar mucho.
La sola presencia de Tom me ponía acalorado.
— Voy al tocador. — hablé fuerte para que el rubio me oyera. — ¿Me acompañas? es que no conozco. — Tom sonríe mientras se levanta de la silla para tomar mi mano y guiarme rumbo al baño, en el trayecto algunas miradas se posan sobre nosotros.
Supongo que muchas de ellas también pasaron por la cama de Tom.
«Pero qué miren… esta noche será mío.» — pensé.
— Te espero, ¿va? — me dice Tom al llegar y yo suspiré. Entré al interior del baño únicamente para asegurarme de que no haya nadie y para mí suerte si estaba vacío.
Luego vuelvo hasta donde está él, arrimado en la pared con los brazos cruzados.
— Oye. — susurro llamando su atención y cuando la tengo, tiro de su enorme ropa al interior del baño.
Parecía que no entendía nada de lo que estaba por pasar.
— Y-yo…
— Shhh. — silencié sus palabras rodeando su cuello entre mis brazos, plantando un beso en sus labios con urgencia. Tom deja salir un suspiro en cuanto mi bolsa cae al suelo y doy un salto rodeando su cintura con mis piernas.
Él se deja llevar por mis besos.
Guío sus pasos torpemente hasta sentarme en el lavamanos. Aproveché para descender por su mandíbula, bajando al cuello dónde lamo y muerdo su piel. El perfume que usa me embriaga por completo y suspiré, encantado.
Tom tiene los ojos cerrados, tocando mi cintura en todo momento. Realmente lo sentía apenado porque no hacía nada más que eso.
Para darle la confianza suficiente coloqué sus manos en mi trasero. Tom se sobresaltó y se alejó de mí.
— ¿Qué? — pregunté por lo bajo, mirando sus ojos brillantes por la excitación. Él no me responde con palabras. Guia sus manos para quitarse la chompa y luego la camisa.
Relamo mis labios observando su torso desnudo que no dudo en tocarlo a manos llenas. — Me encantas. — susurré.
Tom mordió su labio inferior volviendo a mí. Hizo presión en mi pecho para que me recueste sobre el lavamanos mientras se encarga de desabrochar el cinturón y el botón.
— Oh, no es cierto. — susurra al ver que traía solo unos panties de encaje, donde dejan ver descaradamente la piel suave de mi sexo.
Inconscientemente le abro un poquito más las piernas para que vea más.
Tom se inclinó justo en ese lugar, aspirando mi aroma.
Cerré las piernas de golpe, atrapando su cabeza entre ellas y Tom rió.
Yo me había sonrojado.
— Hueles bien.
— Tom… — se me fue el aliento solo con decir su nombre.
El rastafari se reincorporó con la intención de bajar mi cuerpo del lavamanos y hacer que le de la espalda. Apoyé los brazos, quedando inclinado y mirando a través del espejo como la cara se le vuelve roja por la calentura.
Veo como toca su entrepierna por encima de la tela del jean y se los baja. Su pene solo cubierto por los boxers me hizo temblar porque se le marcaba de lo lindo.
«Ya quería que me lo entierre.»
— ¿Lo quieres?
— Todo. — supliqué señalando mi bolsa en el suelo. — Ahí hay preservativos. — Tom la agarra de inmediato mientras busca con ansias entre mis cosas aquella protección tan necesaria.
Al encontrar un preservativo de chocolate sonrió divertido mientras lo abre con manos expertas y se lo pone.
Para desesperarme, desliza su masculinidad entre mis piernas formando un hot dog. Yo sentía bien la dureza de aquel gusanote que estaba a punto de someterme.
Casi mojo mis panties más de lo debido.
— Tom… por favor…
— Si, yo también te la quiero enterrar pero también quiero ver cómo te desesperas por mi polla. — habla con voz ronca. — ¿Te los puedo romper, Billy? ¿mhmm?
— Sí, por favor… hazlo. — me estremeció todo el cuerpo sentir sus dedos ahí abajo buscando un punto donde agarrar y romper la tela con brusquedad.
Tom soltó un gemido de satisfacción cuando consiguió lo que quería y me empezó a tocar en mi punto débil con el dedo índice. — Mhmm…
— Me encantaría manosearte todo pero no tenemos tiempo. — y sin previo aviso se adentró en mi de lleno, hasta el fondo. Eché la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados y la boca abierta, fascinado por lo lindo que me llenó.
— Ay, Tom… sí… qué grande eres.
— Y tú… — habló entrecortado. — Estás… e-stas jodidamente estrecho, no quiero salir de ahí.
— Mueve. — supliqué sintiendo que me venía ahí mismo.
Tom dejó salir una risa malvada y excitada a partes iguales, retirando su miembro de mi interior.
Yo iba a protestar con molestia hasta que se vuelve a entrar en mí de golpe.
Y entonces empieza a mover sus caderas con ganas. — ¡Ah, si!
— Mhmm. — el sonido de sus caderas chocando contra las mías retumbaba en el baño mezclándose con el eco de la música que venía de la fiesta.
Él no estaba siendo cuidadoso por ese simple detalle y creo que era lo más normal del mundo follar en un lugar así.
«No lo culpo.»
Tom me tenía aferrado al borde del lavamanos con tanta fuerza que mis nudillos estaban blancos y no dejaba de embestir como un animal, haciéndome gritar como loco.
— ¡Ahhh! ¡Tom! — colocó sus manos en mis caderas para apretar mientras se impulsa hacia adelante, gimiendome al oído y mordiendo el lóbulo de mi oreja.
— Joder, Billy… — jadeó. — Eres… eres demasiado. No puedo… mgh… sé que dije que por el culo pero uff… tendremos tiempo, ¿sí?
— Sisisisisisi. — hablé como podía.
Sus estocadas se volvieron desesperadas a medida que el placer aumentaba en mi vientre como una ola. Estaba tan cerca, tan jodidamente ido, fuera de sí, que empecé a mover mis caderas hacia atrás para encontrarlo, esperando que me llenara todavía más de lo que se podía. — ¡Más! ¡No pares! — supliqué, ladeando la cabeza para verlo por el espejo. Sus ojos oscuros están fijos en cómo nuestros cuerpos se unían y esa imagen estaba por acabar conmigo.
Me encargué de quitarme los zapatos y como pude también el pantalón, lanzandolo lejos de mi vista.
Tom puso su mano derecha en mi botón, haciendo movimientos solo para que me corriera y lo logró.
Me hizo venir a chorros, ¡joder!
— ¡Dios!
— Agh, Billy. — Tom soltó un gemido alto, apretándome contra el lavamanos mientras daba las últimas embestidas fuertes y profundas. Su pene se puso más duro por unos segundos y supe que acabó por como se dejó caer encima de mí.
Nos quedamos así unos segundos, jadeando y sudorosos.
— Mierda…
— Dios mío… tenemos que salir de aquí. — asiento con la cabeza dejando que Tom saliera de mi. Yo termino de sacar la pantaleta rota, misma que Tom me arrebató para guardarla en el bolsillo trasero de su pantalón.
Ganándose una mirada de sorpresa de mi parte.
— Para el recuerdo. — reí con gracia.
Busqué en mi bolsa unos pañitos para limpiar mi desastre y ponerme los pantalones sin ropa interior. Finalmente me pongo los zapatos y mientras me lavo las manos veo mi aspecto en el espejo.
Era un desastre.
Tom está a mi lado también lavandome las manos y ambos nos secamos con el aire caliente de la máquina.
Siento que no estuvo tan mal para ser nuestro primer encuentro y como había dicho, ya tendríamos más tiempo.
Salimos del baño juntos. Tom llevaba mi bolsa en su mano en lo que yo ignoro el sentimiento tembloroso de mis piernas y llegamos a la mesa donde están Gustav y Sara de pie.
— Chicos. — habló el rubio llamando nuestra atención. — Voy a llevar a Sara al hotel, ¿está bien?
— ¿Por qué? — pregunté mirando a mi mejor amiga, que tenía la cabeza agachada pero con un leve sonrojo en las mejillas.
— No me siento bien. — susurró.
Jum… a mí no me engañan.
¡Esa perra iba a coger!
— Yo también quiero ir al hotel. — murmuro apegando mi cabeza al hombro de Tom. El rastafari me rodea con su brazo, dando un beso suave en la sien que me hace suspirar.
— Pues vamos, Billy. — asentí dejando que fueran Sara y Gustav primero hasta la salida. En el camino busqué a Tasha con la mirada pero la zorra ya no estaba en el lugar, ¡no habían ni sus luces!
— Sara irá en mi auto, ¿está bien? — asentí con la cabeza sin darle tanta importancia por la felicidad que sentía.
«Ojalá se la follen bien.» — rogué cruzando los dedos, avanzando hasta el Cadillac negro que estaba estacionado y me subí.
Esperé a que Tom termine de hablar con su amigo y venga para que conduciera el auto.
Yo tenía mucha pereza y sueño por el cambio de horario.
— Vámonos. — dijo él subiendo finalmente y sonreí.
Me acosté bien en el asiento, abrazándome a mi mismo mientras veo el increíble paisaje con un sentimiento de melancolía.
Todo se veía igual, nada ha cambiado.
&
Tasha y yo estábamos en la habitación de Sara, arreglándonos para salir mientras teníamos una… calurosa charla ¡y se sabe que es buena cuando hay demostración incluida!
— ¡Entonces Georg me puso así! — decía Tasha colocándose en cuatro sobre la cama de nuestra amiga. — ¡Uff! ¡Y era dele y dele a esta pobre alma con hambre!
Me emocionó mucho ver reír a Sara a carcajadas junto conmigo.
¡Por fin no estaba cuidando de mi entrepierna!
— Yo en cambio follé con Tom en el baño de esa recepción, ¡su polla se ve más grande que en las fotos!
— ¡Descarado! — gritó Tasha con una sonrisa de oreja a oreja. Ya los dos contamos nuestra experiencia, quizás no lo hice explícito como Tasha lo hizo pero bueno.
Era el turno de Sara.
— ¿Y tú? — dice Tasha tomando su bolsa para salir ya que todos estábamos listos.
Tom y los chicos nos invitaron al after de la fiesta de su graduación que se llevaría a cabo en un lago que yo conocía bien porque de dónde yo estudiaba también nos llevaban al mismo lugar.
Sara fue pensativa todo el camino hasta que salimos del hotel.
El chico que recibía los autos ya nos tenía listo el Cadillac que yo iba a conducir esta vez y nos subimos.
Lo puse a andar rumbo al centro comercial para llevar bebidas y si hacía falta algo de comida extra.
— ¿Sara?
— ¿Qué?
— ¡No te hagas la loca! — exclamó Tasha, rodeando los ojos. Sara suspiro con pesadez tomando una botella de vino que había en el mostrador, haciendo un silencio largo.
¡Aumentando mis ganas de saber si sí o no!
— Sí, también cogí con Gustav. — Tasha y yo nos abrazamos emocionados, dando saltos de felicidad. En cambio nuestra amiga solo tenía una sonrisa de pena. — Él tiene un miembro muy grande… creí que era aburrido cuando lo ví pero es todo lo contrario.
— ¡Wooo! — gritaba Tasha. — ¡Nuestra chica coronó, Bill!
— ¡Lo sabía!
— ¡Shhh! — trataba de silenciarnos.
Aún contentos fuimos hasta la caja para pagar las cosas que elegimos en el carrito y volvimos al Cadillac para tomar pista hacia el lago.
— Cuéntanos como fue, nena. Por favor.
— Dale una. — propuse señalando las cervezas enlatadas. Tasha me hizo caso y nos dió una a ambos ya abiertas. Le doy un sorbo a la mía y apreté los ojos porque me congeló el cerebro.
— Gustav fue muy lindo, fue cuidadoso en todo pero a la vez muy rudo, ¿me entienden?
— Perfectamente, mi amor. — respondí con una sonrisa de picardía.
— Pues eso…
— ¿Lo volverías a repetir, Sara?
— Sí. — y la escuché reír con gracia.
— ¡Esa es mi nena! ¡Salud!
— ¡Salud! — respondimos todos levantando las enlatadas.
El resto del viaje no duró mucho porque íbamos entretenidos conversando cualquier cosa hasta llegar.
Metí el auto en un espacio vacío, junto con los demás y dí un frenon en seco cuando veo que Tom estaba abrazando a un rubio.
¿Quién era ese?
Continúa…
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