

Fic TOLL de Cass-illusione. Temporada II
Capítulo 24
Bill POV
—Puedo caminar, novio. No estoy tan borracho.
—Bien— dijo Tom, dejándome caer frente a nuestro edificio. —Todavía estoy cansado y este ejercicio hace que quiera vomitar otra vez.
—Tal vez fue el sexy trasero en la playa— dije con una risita. —Viktor lo hizo, así que no sabes bien lo que le puso.
Vi mientras Tom caminaba hacía el lobby, sin playera y puro sexo. Me hacía feliz que todavía babeara por él, por que parecía que todos los que conocíamos se habían hartado de sus parejas después de un rato. No quería hartarme de él nunca. Quería observarlo y verlo de la misma manera que el primer día que lo conocí frente a mi casa.
Completamente abrumado y fascinado.
Tom mantuvo la puerta abierta mientras me daba una nalgada cuando pase frente a él, haciéndome gritar.
—¡Deja de hacer eso! Me salen moretones.
—Los moretones son sexys.— dijo, corriendo hacia las escaleras, adelantándose.
—Bien, entonces déjame darte uno en la cara. Se vera muy bien con tus cortadas.
Él levanto la mano, enseñándome el dedo, pero voló a su departamento sin esperarme. Me tomé mi tiempo mientras caminaba por el pasillo, en parte por que estaba un poco ebrio. También por que disfrutaba la anticipación de saber que lo iba a hacer con Tom. Especialmente desde que teníamos tan poco tiempo a solas desde que nuestros amigos estaban de visita.
La puerta estaba toda abierta cuando llegué, así que entre y la azote, antes de ir a buscar a Tom. Eventualmente lo encontré en la cocina, tomando Pepto-Bismol directamente de la botella. Me quede parado ahí viéndolo, con las manos en las caderas, impacientándome.
—¿Qué putas estas haciendo?
—Preparándome para no vomitar sobre ti mientras estemos cogiendo. En serio, no creo que te des cuenta de lo mierda que me siento en este momento. Bebí demasiado.
—No mames, en serio, Sherlock.— miré mi muñeca, pretendiendo que traía un reloj y suspiré. —¿Y cuando va a empezar este asunto de «hacérselo a Bill»?
Tom hizo su sexy sonrisita a medias que hacía que me diera cosquillas y él tomo otro trago del antiácido.
—Te puedes quitar la ropa mientras hago digestión— dijo, haciéndome señas para que me adelantara.
—Um… estamos en la cocina.
—Si, estoy consciente de cómo es mi apartamento— contestó sarcásticamente, tomando mi codo y poniéndome contra su cuerpo. Movió su mano hasta mi cintura y luego hacia la parte baja de mi espalda, empujándome hacía sus caderas. —Creo que deberíamos hacer una meta de coger en cada uno de los cuartos de este apartamento. Y creo que deberíamos empezar en la cocina por que es lo más gracioso e inapropiado. Las personas comen aquí.—
Sonreí con malicia y lo abrace por el cuello, yendo directamente por su lengua sin importarme una mierda que él sabría asqueroso.
Por supuesto, era Tom, el mejor olor y sabor en toda la puta Costa Oeste, así que me pare ahí por un par de segundos, enredando mi lengua en la suya, moviendo mis manos por su cuello, sobre sus hombros para poder sentir su cuerpo. Se había puesto más alto y delgado, pero aún así era hermoso y perfecto para mí. De hecho, no se había puesto muy alto y delgado, pero yo pasaba muchísimo tiempo viéndolo así que para mi los cambios eran drásticos.
—Sabes a duraznos.— susurró en mi boca, lamiéndola para enfatizar.
—Es por mi bebida— susurré en respuesta, tomando su labio inferior entre mis dientes y mordiéndolo ligeramente. El gimió un poco y dejo sus manos bajar por mi espalda llevándolas a mi pecho y bajándolas y se detuvo en el lazo de mi short de biquini y lo jalo. Lo ayude a sacarlo por mis piernas, empujando mi piel desnuda contra la de él para sentir el calor de su cuerpo.
—Trümper, tendré combustión espontanea si no estoy dentro de ti en menos de treinta segundos.— solté una risita sobre su hombro y puse mis manos detrás de mi espalda, tomando sus manos para que las deslizara por mi pecho, sabiendo que eso lo distraería por un momento.
—¿De que quieres hablar con mi papá?— pregunté estratégicamente, ganándome un suspiro de él.
—¿En serio? ¿Quieres hablar de eso justo ahora?
—Tengo curiosidad.— le dije en el oído, antes de recorrer su quijada con mi lengua. Sabía a cloro y me recordó al verano.
—¿Bill?
—¿Qué?
Él dejo caer las manos y tomo un paso hacía atrás. Obviamente yo estaba borracho y él no, lo que era raro por que creo que esto solo había pasado una vez desde que lo conocí, así que no estaba esperando algún movimiento rápido de su parte. De alguna forma, él se había dado la vuelta y me había aprisionado contra la barra de la cocina, restregándose contra mí y distrayéndome del hecho de querer saber que putas le iba a decir a Gordon.
¿Permiso para mudarnos juntos y vivir en pecado? ¿Matrimonio? ¿O tal vez le iba a recomendar algún hogar para gente loca después de ver mis cambios de humor bipolares? No tenía idea, pero me molestaba un chingo.
Sentí la punta de sus dedos cerca de la orilla de la parte baja de mi ropa interior, pero antes de que pudiera desnudarme, tomé sus muñecas y le enterré las uñas para que supiera que estaba hablando enserio.
—Dime de que putas tienes que hablar con mi padre Kaulitz, o que Dios me ayude, por que haré algo radical. Me hare… una virgen otra vez y no me voy acostar contigo hasta que te cases conmigo o algo así.
—¿Qué?— él se rió y se salió de mi agarre sin ninguna dificultad. No era tan fuerte como creí que era. —Nunca podrás hacer eso. Eres muy débil ante mis poderes sexuales.
—Lo haré— lo amenace, con voz firme.
—¿Puedo preguntarte algo?
Ladee mi cabeza para que viera que lo estaba escuchando y espere.
—¿Por qué chingados siempre tenemos estas… importantes e intensas conversaciones cuando estamos a la mitad de coger? De verdad ¿Podemos hablar de esto, como… en diez minutos? Pensar en el Jefe Trümper hace que se me quite lo duro.
—Bien— dije exasperado, golpeando la repisa con las manos. Me incline, poniendo mi trasero justo en la entrepierna de Tom para que se callara y espere. —Adelante.
—Lo estas arruinando.
Suspiré de nuevo para demostrar mi enojo y me di la vuelta, salté a la barra de la cocina y puse mis piernas alrededor del cuerpo de Tom.
—Ven aquí— lloriquee, poniendo mis dedos en el cabello detrás de su cabeza cuando él se acerco. —Un pajarito me dijo…
—Tu y tus putos pajaritos. Hazme un favor y dile a Charlie y a Viktor que si siguen abriendo la boca, los voy apuñalar mientras estén dormidos.
—No fueron ellos— dije, rodando los ojos. —Déjame hablar.
Tom levantó una ceja y asintió, dejándome seguir hablando.
—Un pajarito me dijo que le ibas a decir a Gordon que estábamos pensando en mudarnos juntos…
—Tal vez— me interrumpió Tom, encogiéndose de hombros.
—Te va a matar Tom. Ha estado muriendo, esperando por una razón desde que me mude aquí para dispararte. Por favor. Todavía no quiero que te mueras.
Tom se rió y jalo un mechón de mi cabello.
—Billy, lo tengo bajo control. No me voy a morir. Gordon no me va a matar.
Lo mire feo por un par de segundos, no entendiendo por que tenía tanta confianza en que mi padre no lo iba a despedazar.
—Bien— dije finalmente, forzando una sonrisa. —No digas que no te lo advertí.
—Tenemos cosas más importantes de las cuales preocuparnos— dijo Tom, rascando su cabeza. —Como la visita de mis padres. Sera un show de mierda.
—Tú y papi sexy Kaulitz necesitan tener una plática seria. Esto ha durado ¿Qué, 20 años? Dile como te sientes.
Tom me dio un gesto de disgusto y negó con la cabeza.
—No. No tengo nada que decir.
—Dile que la razón por la que no se llevan bien es por que sientes que él no esta orgulloso de las cosas que haces.— sugerí.
—¿De que tiene que estar orgulloso? ¿De que era un delincuente que se metía en problemas a diario? ¿Que robaba su gabinete de licor? ¿De que les metí mano a todas las hijas e hijos de sus amigos? Por que, antes de que llegaras aquí, de eso se trataba mi vida.
Reprimí el enojo que sentía cada vez que pensaba en Tom con otros chicos y me aclaré la garganta.
—No— dije. —Eso no es todo. Tuviste excelentes notas durante toda la preparatoria. Te aceptaron en universidades de prestigio. Diste lecciones de piano gratis a niños pequeños. Tienes un buen corazón detrás de toda esa facha de me-importa-una-mierda.
—De acuerdo, suficiente— miró a la alacena detrás de mi cabeza y la golpeó dos veces con su mano. —De verdad tengo que hablar de esto. No me hagas enojar.
—El enojo es una emoción destructiva, Tom.
—¿Qué putas significa eso?— preguntó, entornándome los ojos.
—Significa que no vas a arreglar nada al estar encabronado, solo empeoraras las cosas. Imagínate todo el estrés que te ahorrarías en la vida si tuvieras una mejor relación con tu padre— cruce los brazos sobre mi pecho y sonreí. —Siento que esta es una conversación que no debería tener en topless.
—Si, así que no la tengamos— propuso. —No te forzó a que hables de tu madre.
—Si, bueno… no me enojo cuando alguien la menciona.— el me miró como diciendo, si, claro, mentiroso, pero no dijo nada. —Bien, suficiente de hablar de nuestros padres deficientes.— accedí. —Házmelo en la barra de la cocina, ahora.
—Necesito ayuda— dijo, viendo su entrepierna. —Como dije. Padres es igual a que se me quite lo duro. De inmediato.
—Mentiroso— dije, saltando de la barra y bajando su traje de baño. —Solo puedes decir «Hermoso novio, por favor mámamela antes de que cojamos.» Creo que ya pasamos las formalidades.
—Hermoso novio, por favor mámamela antes de que cojamos.
Rodee los ojos tan fuerte que me dolió y lo tome con las dos manos mientras me ponía de rodillas en el suelo, riendo a lo innecesario que era lo que estaba a punto de hacer. En el segundo en que lo toque, su paquete cobro vida, por que siendo sinceros, Tom no podía resistirse a mi magia.
Y si, ahí estaba yo en el suelo, intentando no reír por que me había imaginado a Viktor haciendo sus estúpidos panquecitos justo donde Tom estaba parado y todo era tan inapropiado, pero como sea. Provoque a Tom durante un par de segundos, solo pasando mi lengua de arriba abajo, de un lado a otro, sin usar las manos y el estaba gimiendo un poco, así que sabía que mi trabajo sería fácil.
Entonces, lo sorprendí, puse mis labios alrededor de él rápidamente y moviendo la cabeza de arriba abajo, haciendo exactamente lo que sabía que le gustaba. A pesar de todo el tiempo que pasamos separados, él no había cambiado. En lo absoluto. Hice un poco de movimiento de lengua, y él estaba respirando pesadamente y maldiciendo lo normal, y comencé a usar mis manos, y después de unos segundos de hacer eso y de el moviendo mi cabeza, se salió, se puso de rodillas y me cargo para ponerme en la barra de la cocina.
—No me dejaste terminar…
—Si, lo sé— masculló. —Solo cállate.
Hice un puchero y me levante un poco para que el pudiera quitarme mi bóxer y lo tiro al suelo encima de su ropa. Después, me acercó a él y comenzó a chupar mi cuello, rozando su punta contra mí para provocarme, haciendo que brincara. Y gemir. Y querer golpearlo.
—Vamos— pedí, intentando empujarme contra él. Se movió y tomo mi cintura mientras intentaba quitarme de su agarre.
—Solo espera un segundo— dijo contra mi cuello antes de mover su lengua por mi clavícula, hacía mi pecho y por supuesto justo en mi pezón perforado por que el pervertido estaba obsesionado con mis pezones.
Eso solo hizo que lo deseara más, y estaba alcanzando el punto donde comenzaría a morderlo para obtener lo que quería. Estoy seguro que Tom pensaba que todo el asunto era entretenido, pero los juegos de resistencia sexual mientras todo lo que quería hacer durante los últimos días era que mi novio me calentara, no estaba en mi lista de las cosas que quería.
—¿Tom?
—¿Mmm?— dijo sin perder la concentración.
—¿Por favor?
—Dime que me deseas— dijo, mientras hacía la puta sonrisita. Me distraje al ver su cara, con todas las cortadas y se veía rudo y rebelde y… todo lo que quería era lamerlo por todos lados. —Y que suene sucio.
—No voy a decir nada.— dije, terco.
—Puedo esperar todo el día.
—OH POR DIOS— grité, enterrando mis uñas en su espalda. —Solo cógeme.
—No hay necesidad de gritar— dijo con una sonrisita, puso su cara de serio y finalmente, finalmente se metió en mí. Intento moverse y lo atrape para que se quedara dentro de mí por unos segundos.
—Eh… ¿Trümster? No puedo moverme…
—Shhh— dije, deslizándome más hacia la orilla de la barra, intentando tomar tanto de él como pudiera. —Déjame disfrutar esto.
Apretó los labios y me miró, con una ceja levantada, esperando mi permiso para continuar.
—Esta bien— susurré, tomándolo de la nuca y empujándolo hacía mis labios con fuerza. Sus dientes chocaron con los míos, el se rió un poco en mi boca, probablemente por nuestra total disfunción. Nuestra perfección, dependiendo de cómo lo veías. Yo veía perfección en nosotros.
La experiencia sexual de Tom era una bendición y una maldición. Era una maldición por que me ponían tan putamente celoso de que fuera tan maravilloso debido a la cantidad de putas con las que practico antes de mí. Pero era una bendición por que cada vez con él era diferente y me volvía loco. Y eso parecía ganarle a todos los puntos negativos.
Había veces como ahora, cuando él no estaba haciendo nada fuera de lo ordinario, pero sabía exactamente que era lo que nos hacía sentir bien a los dos. Había veces en las que cogíamos contra una pared y rompíamos cosas y teníamos moretones y contusiones cuando terminábamos. Había veces cuando él era lento y romántico. Como fuera, siempre era lo ideal para la ocasión.
Tom me abrazo y me empujaba contra él en cada embestida, y sonreía por unos segundos cuando no estaba demasiado concentrado y frunciendo el ceño todo serio. Tenía que mover mi boca contra un lado de su cuello por que a veces, para mi, el solo observarlo era abrumador.
Me sentía con demasiada suerte y que no lo merecía. Eso me hizo querer llorar y llorar mientras tienes sexo significa que algo anda mal, pero no pasaba nada malo entre nosotros, todo estaba tan, tan bien, y no quería que él pensara de otra manera. Así que, cerré los ojos, lo besé en el cuello y hombro y sobre el pecho, debajo de la barbilla y su escasa barba me raspaba los labios, pero lo amaba.
—¿Tom?
—¿Ahora que?— gruño, todavía entrando y saliendo de mí, sin desconcentrarse. Le hable entre mis jadeos y respiración pesada.
—Cuando… nos mudemos a nuestro propio lugar… ¿podemos hacerlo en cada cuarto… la primera noche?
No dijo nada por unos momentos, y luego lo escuché reír.
—No más charla.
—Tomaré eso como… un si.— dije entre suspiros y risitas contra su pecho.
Decidí dejar de bromear, y solo poner toda mi atención en él, y fue solo cuestión de tiempo antes de que comenzara a sentirme sensible y con cosquillas.
—Tom… me voy a…
—Shh— dijo, soltando mi espalda y presionando su mano contra la alacena. Puso su frente contra la mía y sentí el aliento salir de su boca con rapidez sobre mi cara.
Intente bajar la cabeza, por que tenía este problema de autoestima y estaba avergonzado de que Tom me viera cuando estaba retorciéndome y contrayéndome por todo lo que él le hacía a mi cuerpo, pero movió su mano y la puso debajo de mi barbilla, manteniendo mi cabeza arriba para que viera sus malditos ojos hipnotizadores.
—Mírame— demando, su voz sin ningún tipo de humor.
—No
—Si. Quiero ver tu cara cuando haga que te vengas.
Mi boca se abrió por que él nunca me había hablado sucio antes o me había dicho mierdas como esas, y esa oración de principiante solo… lo hizo. Cerré los ojos y me importo una mierda sentirme incomodo o verme estúpido o lo que sea que me preocupaba, por que solo era él, y amaba lo que podía hacerme. Además, también me gustaba verlo. De hecho, ver a Tom venirse dentro de mí era probablemente una de mis cinco actividades que más disfrutaba.
Después de que terminamos, Tom solo se quedo quieto y me beso un par de veces, murmurando algo acerca de estar en un coma sexual, presione mis labios contras su sudada frente, sintiéndome como un millón de dólares. El alivio me hacía sentir como si saltara la cuerda en un prado o algo igual de idiota, y todo en lo que podía pensar era en querer hacerlo otra vez.
—Tomemos un poco de desinfectante y limpiemos esta pendejada— dije finamente, golpeando la barra y haciéndolo reír. Él se salió de mí y tomo su traje de baño del suelo y corrió al baño para lavarlo o algo. Yo me quede ahí y mire su culo desnudo antes de saltar al suelo y comenzar a vestirme. Luego, fui al refrigerador y escribí Cocina en el pizarrón y a un lado puse una marca. Nos íbamos a divertir mucho cuando Viktor nos preguntara de eso. Tom entro a la cocina un minuto después, vestido, con el las trenzas húmedas y fuera de su cara.
—Estoy bien— dijo, dejándose caer en una de las sillas que estaban alrededor de la mesa. Palmeo su pierna y yo camine hacía ahí para sentarme en su regazo.
—Estoy locamente enamorado de ti, Tom Kaulitz— le dije al oído con una risita, abrazándolo tan fuerte como podía. Él sonrió y golpeteo mis labios con sus dedos y se me quedo viendo por unos segundos, sumido en sus pensamientos.
—El sentimiento es mutuo, Bill Trümper.— le di una sonrisa y jalaba de sus trenzas al azar mientras estábamos sentados en silencio, solo disfrutando la compañía del otro.
—¿Crees que estoy vaya a cambiar?— pregunte nervioso.
—No— dijo, sin dudar. —Lo siento cada vez más. Cada día.
—Por mucho que odie decirlo, creo que haber terminado nos unió más. ¿Tú que crees?
Se encogió de hombros y su expresión cayó un poco. Claramente, aún estaba sensible al tema.
—Creo que… nos hizo ver lo mal que estamos el uno sin el otro. Y definitivamente nos apreciamos mucho más.
—Exactamente— dije, estando de acuerdo con él. —Estoy feliz de que la Época Oscura haya terminado. Pero no la voy a olvidar.
—Definitivamente tampoco la olvidare— dijo Tom, sacudiendo la cabeza. —Por mucho que quiera.
Después hubo más silencio. Más de Tom pensando, y de mí solo viéndolo, lo que era algo que podía hacer por horas.
—A coeur vaillant rien d’impossible.
Lo miré y fruncí el ceño, antes de besarlo suavemente.
—¿Eso fue francés?
—Si— dijo, riendo. —Era pésimo en la clase de lengua. Al final del libro estaba una lista de proverbios y ese era el primero. El único que recuerdo.
—¿Qué significa?
Se aclaró la garganta y miró el suelo antes de suspirar.
—Significa… Nada es imposible para un corazón con voluntad. Viví de esas palabras cuando estuvimos separados. Incluso cuando todo parecía una causa perdida… no quise rendirme. Que bueno que no lo hice, ¿verdad?
Sonreí y asentí.
—Si— estuve de acuerdo. —Que bueno que no lo hiciste.
—Pronto iré a visitar a Gordon— le dije al oído a Frank, sin romper el abrazo. —Te veré entonces.
—Esta bien— dijo, apretándome con fuerza antes de soltarme. Sonrió y miró sobre su hombro a Tom, que se estaba despidiendo de Georg, casi con lágrimas. —Bill, fue muy bueno verte de esta manera. Tan feliz. Estoy muy contento de que todo haya salido bien. Tom es un completo idiota, pero también lo eres tu la mayor parte del tiempo, así que son perfectos el uno para el otro.
Pestañee un par de veces, solo viéndolo sin ninguna expresión.
—Buen cumplido con doble sentido. Solo diré gracias por que… estoy seguro que es lo mejor que puedo tener de ti.
Él se rió y jalo de mi cabello antes de agacharse para recoger sus maletas del suelo.
—Hablo en serio. Estas mucho mejor ahora. Me siento bien por eso.
—Me siento así— dije, sonriéndole. —Llámame tan pronto llegues. Y que tengas un vuelo seguro. Como que te quiero algo y no quiero que te mueras.
—Gracias. Yo también como que te quiero. Me voy a despedir de… ¿Cómo era? ¿Fucktom?
—Es un hombre con muchos nombres— contesté, apuntándolo. Georg lo tenía en un abrazo mortal y estaba jodiendo su cabello. Cuando se paró, me vio a los ojos y me guiño y yo le hice como que le mandaba besos. Y luego el me enseño el dedo.
—Bill, llámame antes de que hagas algo drástico con toda esta situación de mudarse.— dijo Gustav, abrazándome por los hombros y besando mi frente. Arrugué la nariz y me limpie el gloss que me había dejado, y asentí con la cabeza. —Y no escuches a Charlie. Tal vez parezca normal pero es igual de estúpido que Viktor.
—Ya me había dado cuenta de eso yo solo— le dije. Él sonrió y camino hacía Frank para despedirse de Tom. Georg corrió hacía mí y me arrojo sobre su hombro, dándome vueltas en medio del maldito aeropuerto, haciendo que todos se me quedaran viendo.
—Me divertí Trümper. Cuida a mi chico. Él es un hijo de puta pero tú eres todo su mundo, que no se te olvide.
Sonreí e intente mantener el equilibrio cuando me dejo caer.
—Lo sé. También se bueno con Gusti. Te estoy usando como motivación para que al mudarme con Tom no nos separemos.
—Eventualmente se odiaran el uno al otro, estoy seguro. Como sea. Te veré en el verano. B Star.
Muy alentador.
Georg le dio una última despedida con la mano a Tom antes de ir a la seguridad, sin esperar a los chicos. Me quede ahí parado, viendo a Gustav y a Frank hablar con Tom, sin parecer que se estuvieran insultando o bromeando el uno con el otro, lo típico en ellos. Cuando finalmente terminaron, Tom los abrazó a los dos y camino hacía a mí, forzando una sonrisa.
—Quiero llorar— dijo, sacando las llaves de sus bolsillos. —Necesito más de Georg en mi vida.
—Estamos a más de la mitad del semestre— le dije, rodando los ojos. —Y luego tendrás tres meses seguidos con él. Podrán salir todo el día y hacer enojar a sus padres igual que en los viejos tiempos.
—Lo sé, espero con ansias eso.— puso su brazo alrededor de mis hombros mientras caminábamos y se puso sus Ray Bans antes de salir. —Frank debería mudarse aquí.
—Lo sé— asentí, estando de acuerdo con él. —Quiero que este aquí.
—Solo otra cosa que tendré que discutir con Gordon.
—Si, por que no te odia lo suficiente por tirarte a su único hijo, ahora te vas a tirar a su futuro hijastro.
—Gordon me ama un chingo.— dijo Tom con una carcajada. —Ya lo verás.
Cuando llegamos al auto, tomé la mano de Tom y la apreté. Él volteo hacía a mí y se quito los lentes por un segundo y pasó su dedo pulgar por el costado de mi mejilla.
—No empieces.— dijo, poniéndose de vuelta los lentes y metiendo la llave en el contacto del auto.
—Esto será una chingadera, Tom— le dije, refiriéndome a nuestro siguiente destino. —Solo espero que estés listo.
—Estaré bien— dijo rápidamente. Podía darme cuenta que estaba intentando ser duro, pero su voz temblaba.
—Esta bien— pasé saliva y me puse el cinturón de seguridad, antes de mirar directo hacía el parabrisas. —Solo recuerda que esto fue tu idea.
—Los dos necesitamos esto, Bill. No te preocupes por mí.
No dije nada, solo seguí viendo hacía afuera, temiendo lo que estaba por pasar.
Continúa…
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