Seduciendo a TK 2

Fic TOLL de Cass-illusione. Temporada II

Capítulo 2

Nunca me perdonare por haberte abandonado. Ni aunque viva cien mil años.

Tom POV

Vi a Georg y Viktor tan pronto entre a la sala de espera. Los dos pendejos ni siquiera me habían visto, ya que estaban volteados y estaban cogiendo con la mirada a unos chicos con boina que se habían bajado antes que yo del avión. Imbéciles. Así que solté mi equipaje, corrí y salte sobre lo espalda de Georg casi haciendo caer al pendejo al piso.

–¡Kauuuuuulitz!

Su voz era tan fuerte que todos a un radio de un kilometro se detuvieron para mirarnos. Me baje de su espalda y abrace a Viktor y le despeine el cabello por que no estaba lo suficientemente desordenado y esa mierda era por culpa de Charlie o LA. No estaba seguro de quien.

Después de que nos calmamos un poco, Viktor me miró de arriba abajo y levantó una ceja.

–¿Kaulitz? ¿Estas usando una puta gabardina? ¿Y… una bufanda? Por favor dime que mis ojos me están engañando.

Mire hacia abajo a mi ropa y me encogí de hombros. ¿Qué putas había de malo en mi gabardina?

–Es diciembre, puto. 

–Mejor que te quites la maldita bufanda para cuando lleguemos a mi auto o no te subes. Te ves como basura europea.

Comenzó a caminar hacia la línea de equipaje, negando con la cabeza con desaprobación. Me quite la bufanda como él me había dicho, excepto que le hice una seña con la mano a Georg y él tomó el brazo de Viktor y yo enrede la bufanda alrededor de su cuello y la apreté hasta que se estaba ahogando. Toma tu basura europea, perra.

Tomamos mis enormes maletas de la línea de equipaje y nos dirigimos al Audi. Estaba feliz de estar en casa. Y no estaba feliz de estar en casa. Por que cuando estaba en Europa podía ignorar todas las chingaderas que me estaban pasando. Fuera de tu vista, fuera de tu mente, ¿verdad? Regresar a casa me forzaba a encarar todas las mierdas que intentaba olvidar. Nos metimos al auto, Viktor no perdió tiempo en hablar de ese tema.

–Bueno, Ahora que ya estas aquí y que puedes hablar por más de tres minutos, tenemos un tema serio. Están pasando mierdas y ninguno de nosotros sabemos que pasa y eso no me gusta.

Suspiré y mire por la ventana a la nieve que comenzaba a caer.

–No hay nada que decir. 

–Hay mucho que decir– dijo Georg, girando hacia el asiento trasero para sonreírme.– No hemos podido coger a nuestros novios en tres días. Pregúntanos porque. 

Le seguí la corriente.

–¿Por qué?

–¡Por que han estado hablando con Bill para que no salte de su puto techo! Y por eso pregunto, por Dios santo ¿Qué está pasando?

–Que se vaya a la chingada– espete, moviendo mi mano en el aire.– Oh, ¿De pronto le importa? Él rompió conmigo. Solo está siendo dramático por que este chismoso me traiciono y le dijo todo—. Apunté a Viktor, al puto imbécil e hice una mueca. Si, estaba siendo cruel, pero ¿Y qué? Era mi nueva actitud. Había pasado mucho tiempo estando depresivo. Bill básicamente había arruinado todo mi tiempo en Europa con todas esas mierdas que me aventó y la única razón por la que supere todo eso sin lazarme a un río parisino para ahogarme fue gracias al chico que conocí, que me tuvo misericordia y me ayudo a salir del estado patético y depresivo en el que estaba. Y luego llego a casa y Bill esta triste, intentando hacerme sentir mal. No. A la chingada. No merezco esa mierda.

.

Principios de Agosto

Me quede después de clases para tener una clase privada con uno de los compositores así que cuando regrese al hotel ya eran casi las 11:00. Tan pronto llegue a la recepción del hostal escuche a alguien decir mi nombre.

– ¡Monsieur Kaulitz! ¡Monsieur Kaulitz! Vous avez un appel telephonique. I lest tres important, ils ont demande a trios reprises

Mi francés era de la chingada y todavía estaba tomando clases así que no tenía puta idea de lo que el tipo me estaba gritando. Me acerqué, un poco confundido y buscando a alguien con la mirada que pareciera saber inglés.

El tipo del escritorio repitió lo que dijo y cuando vio la expresión en mi cara rodó los ojos y me dio el teléfono. De forma grosera. Como sea, eran las once de la noche. Eso quería decir que eran las… ocho en casa. Ocho de la mañana. ¿Quién putas me estaba llamando tan temprano? Mi madre era la única que sabía dónde estaba por que había insistido en que la llamara cada vez que cambiaba de lugar, que ya habían sido cuatro veces. Y ella sabía que la única forma de contactarme era con el teléfono de la recepción y que no debía llamarme a menos que fuera una emergencia. Así que al instante me puse nervioso. Me puse el teléfono en el oído y fruncí el ceño.

–¿Hola?

–¿Tom?

Era Bill. Su voz sonaba como si estuviera resfriado y estaba llorando.

–¿Estas… bien? ¿Por qué me llamas…

–Creo que la pregunta aquí es porque putas no me has llamado tú– apreté el puente de mi nariz y maldije en mi cabeza.

Mierda.

Se suponía que tenía que haber llamado a su casa hace horas, antes de que fuera a mi primera clase del día, pero había tomado una siesta porque estaba hasta la chingada de cansancio y cuando desperté ya era tarde así que corrí directo hacía mi clase y no tuve oportunidad de hablar con él.

–Perdón. Tuve un día muy ocupado. ¿Estás bien? 

–¡No, no estoy bien!– estaba gritando por el teléfono. Escuche una voz al fondo intentando calmarlo, Charlie o Gustav, pero los intentos fueron en vano.– Sabías que estaba enfermo. Te dije que estaba muy enfermo y tú… ¡Tú prometiste que me ibas a llamar! Te necesito aquí, pero no estas aquí ¿Y ni siquiera pudiste hacer una puta llamada? ¿Estas jugando? ¿Qué tan difícil es tomar dos minutos de tu día y llamar a alguien?

–Bill, cálmate, no entiendes. Mi celular no funciona aquí. Y tengo que buscar un teléfono fijo y estoy ocupado todo el puto tiempo… ¡Y ni siquiera me dices que está mal! Te pregunte una y otra vez que pasaba y tú me dijiste que estabas enfermo y que no te sentías bien. Está bien, ¿Cómo debo interpretar eso? ¡Podrías tener alergias por todo lo que sé! Si me dijeras exactamente que está pasando y que está mal y si fuera algo de verdad serio ¡Tal vez te hubiera regresado la llamada!

Se quedo callado por el otro lado excepto por su respiración pesada y sus hipos erráticos.

–Tom… no puedo hacer esto. Esta es lo segunda vez que pasa algo desde que te fuiste. ¡Y solo ha pasado un mes! Esto… esto es mucho para mí. La primera vez que las cosas estuvieron mal, estuvo bien, me enoje por qué no me llamaste pero esto… no. Es demasiado. Hablo contigo por teléfono ¿cuánto? Cada diez días si tengo suerte. No puedo tener una relación con alguien que no tiene tiempo para mí. Especialmente cuando algo como esto pasa…

Que. Putas. Paso. – gruñí por teléfono.

–No importa. No te importo lo suficiente como para llamarme. Lo siento, Tom. Pensé que podía hacer esto, pero no puedo. Que te diviertas en Europa. Hablaremos cuando regreses. 

Y luego colgó y me dejó parado ahí, todo perplejo, enojado y confundido como la mierda. ¿Qué podía haber pasado para que él estuviera llorando como histérico por qué no lo llamé? ¿Y que terminara conmigo por eso? ¿Qué putas? Azote el teléfono y me dirigí hecho una furia a mi habitación para pensar toda esta mierda.

–De hecho, pendejo, tal vez deberías hablar con tu mejor amigo Charlie. Porque él fue el que me obligo a decirle a Bill. Yo le dije que no deberíamos decirle, que tu debiste hacerlo pero…

–No. Ni siquiera se merece una explicación. Él nunca me dio una, así que yo no tengo que darle ninguna– dije. Estaba harto. De todo.

–Sabes lo que dicen… acerca de los rompimientos y estar enojado, ¿verdad?– el estúpido de Georg dijo desde el asiento del copiloto.

–¿Qué? ¿Que las chicas y los pasivos son unas perras y que no te les acerques a menos que quieras que te aplasten las bolas? Ya sabes, como tus… bolas… emocionales.

–Mhmm, no, eso no es lo que dicen– murmuro Viktor, sacudiendo la cabeza. –Hay una línea muy delgada entre el odio y el amor. Si de verdad fueras tan duro por dentro y no te importara nada como aparentas, no estarías tan enojado.

A la chingada Viktor que se creía filosofo. Claro que me importaba. Amaba al chico. Todavía lo amaba. Y él me había sacado el corazón del pecho, lo había pisoteado y escupido. Y no merecía eso. Así que no iba a ser la mejor persona. Iba a ser terco, desagradable y grosero como la chingada. Y de verdad iba a intentar que las cosas funcionaran con el nuevo chico por que una vez una persona muy inteligente dijo que un clavo saca a otro clavo… y cuando digo una persona muy inteligente me refiero a mí. Y no sabía que tan cierto era, pero estaba dispuesto a darle una oportunidad, porque si Bill me rompió el corazón una y otra vez, ¿Cuáles eran las posibilidades de que permaneciéramos juntos por mucho tiempo y ser felices? No me iba a exponer a la tortura.

–Solo cállate— suspiré, rindiéndome a la pelea.– Solo cállense la puta boca, los dos.

–Bien– dijo Viktor, rindiéndose también.

– ¿Y cómo es el chico?

–No se– masculle pasándome los dedos por el cabello. Me sentía raro hablando de él aquí, en mi otra vida, con mis amigos. Porque no tuve amigos donde estaba. La mayoría no hablaba inglés y como que me cerré con los demás, esa fue la razón por la que él y yo nos hicimos muy cercanos.– Se llama Adriel. No sé, irá a la UCLA, así fue como comenzamos a hablar. Tiene 18, toca el puto chelo, ¡No sé!

–Eh– Georg se dio la vuelta y me vio con curiosidad.– ¿Cómo se ve?

–Como un chico pasivo. No quiero hablar de esto

–¿Qué, tiene que usar una bolsa de papel en la cabeza?

–No, no tiene que usar una puta bolsa– dije, sacudiendo la cabeza. El chico era hermoso. No importaba. Él podía ser el pinche… Mitch Hewer o una mierda así y aún así no me hubiera importado. Él no era Bill y ese era el problema más grande de nuestra relación.

–¿Y están saliendo o solo son amigos con derecho?– preguntó Georg.

–Nada de eso. En realidad no estamos saliendo, solo… la pasamos bien. Y no lo cojo.

Georg y Viktor comenzaron a reírse a carcajadas. Se rieron tanto que las ventanas se empañaron y Viktor casi choca con un camión estacionado.

–Si, está bien–dijo Viktor dijo entre carcajadas.– ¿No te lo cogiste? Encuentro eso muy, muy difícil de creer. Un Tom soltero en Europa sin ningún amigo excepto por esta polla toca chelo y no lo cogió. No, no me la creo. 

–Bueno, entonces eres un idiota– dije, ignorando su acusación a mi promiscuidad. Era verdad. No había dormido con él. Era como si eso fuera la única cosa que me mantenía unido a Bill y yo… no podía hacerlo. No todavía.

– ¿Qué, estas esperando a que Bill regrese a ti?– Viktor me miró.

–No. Solo no lo he hecho. ¿Cómo lo… tomo él? ¿Cuándo le dijiste? ¿Se enojó? ¿Se va a poner todo loco cuando me vea?

Viktor suspiró y se rascó la cabeza.

–Bueno, la pregunta es otra. ¿De verdad te importa cómo reaccionó?

–No se…

–Entonces eso quiere decir que si. Y por lo tanto no, no quieres saber cómo fue. Enojado ni siquiera lo describe.

No debió ponerme feliz, pero lo hizo. Porque ahora que Viktor me lo había dicho, sabía que tan enojado se había puesto. Bill estaba enojado por la misma razón que yo. Y por más que intentara negarlo, todavía lo amaba. Y eso quería decir que él todavía me amaba y todavía había una oportunidad de que esta mierda funcionara.

Pero no ahora. Justo ahora, él necesitaba ver lo que me había hecho cuando estaba lejos.

Continúa…

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por Cass-illusione

Escritora del Fandom

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