Rette mich Prólogo

Fic TOLL de TollWriter

Prólogo

Recuerdo la oscuridad de esa noche. Mi respiración agitada era la única que se escuchaba en mi habitación. Mi madre me había ordenado que me escondiera en nuestro lugar especial, como tantas veces me había instruido para que, cuando el hombre malo viniera por nosotros, supiera qué hacer. Yo era un niño de diez años, pero aún así creía que eran cosas de mi mamá para asustarme cuando era desobediente. Pero no esa noche. Se hizo realidad: el hombre malo entró por la ventana de la cocina. Al escuchar los vidrios, mi madre me ordenó subir y esconderme. No quería dejarla sola con él, así que me detuve antes de subir las escaleras. Lo que vi fue tan aterrador que me heló la sangre. Mi grito alertó al hombre malo y fue tras de mí. Cuando mis pies reaccionaron y lograron subir las escaleras, corrí por el pasillo y me encerré en mi habitación.

Los golpes que ese hombre daba a mi puerta la hacían estremecer. Muy pronto la derrumbaría. Así que tomé el teléfono y abrí la puerta de mi armario. Saqué las cajas que mi madre ponía para ocultar otra puerta, que abrí con desesperación. Cuando el hombre malo pudo entrar a mi habitación, me deslicé por ella para poder entrar, pero mis pies fueron sujetados para sacarme. Luché, pataleé y le pegué en su rostro, pero no podía zafarme. Hasta que su grito me alertó. Miré hacia atrás: mi madre estaba allí, luchando con él. Me ordenó que cerrara la puerta y que llamara rápido. Así lo hice. Tomé el teléfono y marqué al 911.

—911, ¿cuál es su emergencia? —La voz de esa mujer era igual a la de mi madre: tranquila y tierna. Ella me ayudó a dar la dirección, a decir lo que sucedía y a señalar al culpable.

—… Es mi padre —dije con voz temblorosa. Ya los ruidos habían cesado. Pero Simone me ordenó no salir de mi escondite.

No sé cuánto tiempo pasé allí, pero finalmente los bomberos me sacaron del lugar. Un hombre mayor con uniforme me alzó. Estaba tan asustado de no ver a mi madre por ningún lado que me sujeté de su cuello. No quería separarme de él, así que tuvo que ir conmigo al hospital. Allí me atendieron y pasé la noche en recuperación con el bombero.

A la mañana siguiente, una enfermera me levantó para darme el desayuno, que devoré con ansias. La puerta de mi habitación se abrió y entró el bombero, pero ya no tenía el uniforme. Venía vestido con su ropa y se veía diferente, pero igual lo reconocí. Jamás podría olvidar su rostro. Se acercó a mí y me sonrió.

—¿Cómo amaneciste? —preguntó, y se sentó a mi lado. Allí noté a la mujer que estaba detrás de él. Ella me sonrió como si fuera mi madre, y entonces recordé lo último que vi y me dio temor.

—¿Mi mamá? —susurré.

—Hola, Tom. ¿Te acuerdas de mí? —Esa voz… la reconocí enseguida. Le sonreí y asentí.

—¿No te duele nada? —me preguntó de nuevo, y negué con la cabeza.

—Simone, mi mamá está… —comencé a decir.

—Sí, desafortunadamente no pudimos hacer nada por ella —

—Ella me salvó —dije entre sollozos. Simone me abrazó y me consoló hasta que me tranquilicé.

—Quiero decirte algo, y es tu decisión. Haremos lo que tú quieras —dijo Simone. Asentí a su pedido.

—Nosotros queremos cuidarte mientras que el estado decide a quién darle tu custodia —explicó.

Me sorprendió un poco que decidieran ayudarme, pero era eso o estar en un refugio. Así que les dije que sí. Sonrieron y Simone salió a firmar los papeles y todo lo demás.

—Gracias —le dije al bombero.

—No te preocupes, Tom… En nuestra casa serás bienvenido. Tenemos un hijo. Se llama Nick y es casi de tu edad. Irás a la escuela, tendrás nuevos amigos… Te aseguro que serás feliz junto a nosotros —dijo con una sonrisa.

Y aunque fue un proceso largo, al final sí pude ser feliz con esa pareja que se cruzó en mi camino cuando había perdido a lo que más quería.

—¡Tom! Baja, cariño, ya es tarde —mi hermosa madre, Simone, me grita desde la parte baja. Salgo de mi baño, tomo mi bolso y una coleta, y bajo sujetando mi cabello, pero fallando en el intento. Mi madre sonríe y me hace sentar en la silla. Toma con cuidado mi cabello y hace un moño desprolijo. Me besa la cabeza y se aleja para servir el desayuno.

—¿Estás listo? —mi padre me pregunta, y asiento, pero trato de que no vean mi nerviosismo. Al comenzar una nueva etapa de tu vida, siempre es temeroso, y más cuando vas a comenzar a trabajar como operario del 911, que es una enorme responsabilidad por ser la primera respuesta inmediata. Por ser la persona que estará allí para ti cuando el caos llegue a tu vida. Así como Simone y Jorg me salvaron ese día, también quiero ayudar y salvar vidas.

Mi padre me deja en las instalaciones del panal, así le dicen por ser una red de ayuda y por qué trabajamos sin descanso. Subo al quinto piso, donde será mi lugar de trabajo, y me presento con mi supervisor. No dice nada, solo su nombre, y me lleva al cubículo central donde haré mi primera prueba.

—Bien, Tom —dice, jalando la silla y haciéndome un gesto para que me siente. Teclea un código y la pantalla de la computadora se abre. Reconozco el sistema, pero aún así, Gustav me hace un pequeño recordatorio.

—Ya sabes mantener la calma, hablar pausadamente y pedir muchos detalles para colocar en el reporte —me entrega mis auriculares y, por fin, me siento.

—¿Cómo está Simone? —pregunta sonriente. Mi madre es muy querida en este lugar, claro, si es el mismo donde ella trabajó por más de 35 años.

—Bien, saludable y hermosa —respondo.

—Se le extraña por estos lados… Espero tenerte con nosotros por mucho tiempo —toca mi hombro y se aleja, dando indicaciones con su tablet. Miro la pantalla y veo el color verde iluminarse con su número de teléfono correspondiente. Suspiro sonoramente y tomo la llamada, hundiendo el enter de mi computadora.

—911, ¿cuál es su emergencia?— expreso con firmeza, pero obtengo silencio.

—Hola, ¿necesita ayuda?—

Más silencio.

—Dígame, si no puede hablar, por favor, presione una tecla—

Una respiración anormal llega a mis oídos y sé que está allí, pero no quiere decir nada.

—Si llamó al 911 es porque necesita ayuda… Yo puedo ayudarle… Puedo…—

De repente, escucho un grito a través de la bocina: —¿Qué haces, imbécil!?—

—Oye, yo puedo…—

—¡Respondé! ¿Qué mierdas haces con el teléfono?— vuelve a gritar ese sujeto.

Mantengo silencio y entonces escucho esa voz tan angelical y dulce: —No lo sé… Ellos me llamaron.—

—Entonces cuelga, idiota—.

—Disculpa, no llamé de nuevo—.

—Espera…— pronuncio, pero era tarde. La luz roja se iluminó. Él había colgado.

Continúa…

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por TollWriter

Escritora del Fandom

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