

Fic TOLL de TollWriter
Capítulo 9
By Bill
Esas palabras, esas simples palabras me hicieron aterrizar en seco y hacerme estrellar con el duro asfalto. ¿Cómo podría empezar un noviazgo con Tom sabiendo que no estoy solo y que un pasado me persigue para recordarme que yo no puedo ser feliz? Había sacrificado muchas cosas y entre ellas el poder de tener una relación estable. Y aunque Tom era el hombre perfecto, yo debía alejarlo de mí. Parecía incoherente y lo era, porque no hacía ni veinticuatro horas que estuve gimiendo y dándole mi virginidad. No estaba arrepentido, pero sí estaba confuso y tenía miedo. Miedo de lo que Robert podría hacerle.
Por eso salí disparado para encerrarme en el baño y esperar. No sabía qué esperaba ya que compartíamos la misma habitación y Tom no tenía pensado irse de allí. Me senté en el inodoro y froté mi rostro con frustración. Llegué a mis rastas y noté que las tenía hechas un asco; debería pasarme por el salón de belleza, pensé. Me levanté como un resorte cuando encontré la excusa perfecta para salir de esa habitación.
Así que me di un baño extenso y salí con una bata blanca de algodón. Vi a Tom removerse de la cama y me observó en todo momento: cómo me vestía y me preparaba para salir. Obviamente entendió que no le iba a dar respuesta a su pregunta y que darme espacio era lo mejor.
Salí de allí con un sentimiento de dolor en mi pecho. Jamás me había sentido así, como si me faltara el aire y respirar se hiciera más complicado. Caminé por los pasillos del hostal y bajé hacia la habitación de Georg. Golpeé un par de veces y salió con una expresión molesta, pero al ver mi estado me abrazó. Georg era el único que me comprendía. Ambos teníamos al mismo verdugo y ambos estábamos atados a él.
—¿Qué pasó, Bill? —me preguntó cuando aún me daba ese abrazo. Mi respuesta fue más llanto y más sollozos lastimeros.
—No me asustes, ¿se trata de Robert? —Al escuchar su nombre, solo me producía asco y rencor. Continué con las lágrimas aún abrazados. Georg me sentó a un lado de su habitación; aún era temprano y los pasillos estaban completamente solos.
—¿Qué te hizo mi hermano? —volvió a hablar y esta vez negué. Mi llanto era siempre producto de él, pero esta vez ese tipo no me había hecho nada… aún no.
—Es Tom —logré decir en un hilo de voz suave—. Nos hemos acostado y me pidió ser su novio.
Georg asintió comprendiendo finalmente lo que me pasaba. Él sabía que eso era imposible y que, una vez al volver a Los Ángeles, tendría que someterme de nuevo a su hermano.
—Me quiero ir a Nueva York —fue la respuesta que me dio. Lo miré con el mismo sentimiento con el que él me miraba a mí, porque yo sabía que eso también era imposible. Robert no lo dejaría irse tan fácilmente y, si lo hacía, Geo no me dejaría solo con él.
—¿Por qué a Nueva York? —pregunté.
—Allí vive Susan y… —Lo comprendía, yo estaba igual—. Y quiero hacer cosas por mi cuenta, quiero vivir mi vida, quiero estudiar o tener un negocio. Quiero alejarme de una vez de Robert.
—¿Qué vamos a hacer, Geo? —dije con tristeza. Mi amigo solo negó con la cabeza. Pensar en una solución a nuestros problemas era en vano. Claro que lo habíamos intentado; habíamos armado muchos planes y ninguno se veía factible. Solo uno, y esa opción era imposible: ninguno de los dos era un asesino, al menos no por voluntad propia—. ¿Deberíamos irnos? —indagué con duda.
—No —exclamó decidido—. Lo que haremos es disfrutar este día al máximo: tú con Tom y yo con Susan. Seremos felices este poquito tiempo que nos queda a su lado. Después veremos qué hacemos, ¿vale?
Asentí y me levanté para caminar de vuelta junto a aquel chico que me volvía loco. Cuando entré, lo vi saliendo del baño con solo un bóxer negro. Me miró, pero guardó silencio y comenzó a vestirse.
—Si nos damos prisa, alcanzaremos el desayuno —le dije besando su espalda llena de arañazos cuando me acerqué para rodear su cintura por detrás—. Y después, si quieres, ¿podríamos ir al acuario?
Pregunté como si aquel incidente no hubiera pasado. Afortunadamente, Tom asintió sin decir nada y continuó arreglándose. Yo también me cambié de camiseta y me puse un calzado cómodo, tomé mis cosas y salimos riéndonos de un chiste malo que le decía. Tom me tomó la mano y así anduvimos hasta bajar al comedor. Por fortuna alcanzamos el desayuno y nos fuimos a sentar con los demás, que ya estaban casi terminando.
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No me gustaba los acuarios por el simple hecho de que los peces tienen que estar en su hábitat natural y no encerrados en unas cajas de cristal enormes y llenas de cosas artificiales. Se veía hermoso, claro que sí, pero eso no era vida y yo lo sabía perfectamente porque me sentía así en esa casa, la que anteriormente fue mía y a la que yo veía como mi hogar, pero ahora solo era una caja de cristal de la que podía salir, pero me obligaba a regresar cada noche.
Anduvimos todo el recorrido del guía y nos separamos del grupo cuando nos indicaron que había una merienda. No la quisimos porque yo estaba aún lleno por el desayuno y también porque quería estar solo con Tom. Así que caminamos sin rumbo por el parque donde estaban los niños jugando. Buscamos una silla y nos sentamos a ver lo libres que eran y lo felices que se veían.
—Cuéntame de Hannah —lo escuché decirme. Lo miré y sonreí. Hablar de ella me hacía bien.
—¿Qué quieres saber?
—¿Cuántos años tiene? ¿Estudia? ¿Cuál es su postre favorito? ¿Qué quiere estudiar cuando sea mayor? ¿Sus padres y los tuyos son los mismos? —calló un momento—. Quiero saber todo de ella —finalizó.
—Bueno, tiene nueve años, aún está en primaria pero está muy avanzada para su edad, tiene un coeficiente superior y de hecho espero que vaya a la universidad a los once años —Tom elevó las cejas en total asombro—. Quiere estudiar la vida silvestre, pero antes debe tener un título universitario, así que estudiará veterinaria. Asiste a campamentos con los Greenpeace y a veces con los IFAW, porque ellos no aceptan menores y han hecho una excepción con ella porque Robert se los ha pedido. Sus padres no son los míos, los míos murieron y los de ella solo su padre vive… Ah, y su postre preferido es todo lo que contenga chocolate —finalicé quedándome callado, pensando que había aclarado sus dudas, pero me hizo otra pregunta y no noté mi descuido al mencionar ese nombre.
—¿Quién es Robert?
Continúa…
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