

Fic TOLL de TollWriter
Capítulo 7
—No debiste tomar tantas cervezas.
Lo regañé cuando aún bebía un energizante para que se le bajara un poco el efecto del licor.
—No fueron tantas, solo que no estoy acostumbrado a beber.
—Ya es hora de irnos —me levanté y lo hice levantarse de la arena.
El bonito outfit de Bill había quedado arruinado y sucio, el sombrero se lo había llevado una ebria Susan y ni hablar de los zapatos: estaban hechos añicos. Pero a pesar de todo fue un excelente día, y más cuando no nos separamos ni para ir al baño porque literalmente íbamos los dos. Aprovechando para darnos unos besos y uno que otro roce de entrepiernas. Me encantaba cómo Bill jadeaba al sentir mi dureza y, aunque me daba vergüenza, igual a mí también me gustaba.
Comenzamos a caminar por la orilla de la playa. Íbamos los dos, ya que mi hermano y nuestros amigos ya se habían ido a descansar. Entrelazamos nuestras manos y continuamos el camino hacia el hostal. Muchos chicos iban a la par de nosotros, riendo y jugando.
—Ey, Tom —escuché a mi lado. Era Gustav, iba medio ebrio pero igual de sucio que nosotros.
—Gus, no pensé que vendrías.
—¿Quién se perdería la mejor fiesta de verano? —dijo en modo retórico, pero igual asentí—. Ella es Linda, mi novia —me presentó a la rubia que iba a su lado.
—Él es Bill —solo pronuncié eso porque no sabía cómo presentarlo. A mi rastudo hermoso no le importó y lo saludó igual de amistoso.
—¿Dónde se están quedando?
—En el hostal Primavera.
—Qué envidia, he oído que es muy acogedor y su vista es hermosa…
—Sí, lo es. ¿Y tú?
—En el hotel —hizo una mueca—. Es lujoso, pero está demasiado lleno y ya te imaginarás el caos que es para bajar y subir.
Rieron y yo les seguí. Bill, en cambio, iba callado; solo recostó su cabeza en mi hombro, así que aproveché para abrazarlo. Se acomodó aún más en mí, iba tan cansado y eso se notaba.
La conversación trivial terminó cuando Gustav se despidió de nosotros y tuvimos que tomar caminos diferentes. Bill y yo continuamos hasta pasar la avenida que, aunque fuera de madrugada, los autos iban y venían. Entre risas logramos llegar hasta el hostal.
Bill se encerró en el baño una vez que entramos a la habitación, mientras que yo miraba mi teléfono. No había llamadas de mis padres, así que le mandé unas cuantas fotos para que nos viera. La puerta del baño se abrió y quedé de piedra al ver a Bill solo con una tanga que cubría lo necesario. En sus hombros caía una bata transparente de color negro, pero que no dejaba nada a la imaginación. Mi rastudo ni se inmutó cuando casi jadeé al verlo darme la espalda y es que ese hilo se le metía en sus dos lonjas que tenía por trasero.
—¿No te vas a dar un baño antes de dormir? —me preguntó cuando literalmente se inclinaba buscando algo en su maleta. El hilo se introdujo más, si es que se podía, y yo solo deseé ser yo quien estuviera allí.
—¿Tom? ¿Me escuchaste? —me preguntó de nuevo al ver que no contestaba. Negué de inmediato. No me iba a levantar con el problema que tenía bajo mis pantalones.
—¿Por qué no? —murmuró acercándose a mí.
—No estoy tan sucio y además estoy cansado, me baño mañana —murmuré con voz ronca. Tomé una almohada y me la coloqué en mi regazo.
Bill rió y colocó sus manos en mis hombros. Al estar yo en la orilla de la cama sentado, mi rostro quedaba justo a la altura de sus pezones adornados con unas argollas.
—Seguro que es por eso y no por otra cosa.
—¿Qué otra cosa podría ser? —reí con timidez. Sin embargo, Bill ya miraba mi entrepierna abultada, demasiado dura y pegajosa. Me levanté de la cama y le di la espalda—. Es que no quiero parecer un indecente.
—¿Indecente? ¿Solo porque te puse duro?
Rayos, Bill no tenía filtro para hablar. Asentí dando aún la espalda. Sin embargo, Bill me rodeó para quedar frente a frente.
—¿Es normal, no? Me molestaría mucho que no lo hiciera. Verte así tan nervioso me hace pensar que sí te atraigo.
Bill caminaba hacia mí, empujando con su mano sobre mi pecho, mientras que yo retrocedía.
—Claro que me atraes y me gustas mucho, Bill, pero nosotros ni siquiera sabemos nada del otro y solo llevamos un día en San Bernardino.
Cuando terminé de decirlo, mis rodillas tocaron la orilla de la cama.
—No pienses tanto y vive el momento, tal vez mañana yo no esté aquí.
Logró que me sentara de nuevo en la cama con lo que me dijo. Fue tan extraño.
¿Acaso al volver sería nuestro final?
—¿Por qué dices eso? —no obtuve respuesta a mi pregunta, solo obtuve sus labios en los míos en un beso necesitado. No era igual a los que nos habíamos dado en el día: era desesperado y caliente. Me despojó de la camiseta muy rápido para tirarla a estilo vaquero. Reí por eso, no obstante me sorprendió al verlo montarse en mí.
—Necesito montarte.
Tragué mi nudo. No era que no quisiera, sin embargo no sabía cómo hacerlo.
—Bill… —traté de apartarlo de la tanda de besos y succiones que dejaba en mi cuello—. Espera —expresé apretando más sus caderas, donde tenía mis dedos lastimando su piel.
—¿Qué? —medio susurró, separándose un poco pero siguió con su labor.
—¿Estás seguro? Bueno, es que no quiero lastimarte — jadeé cerrando los ojos por la sensación de sus labios en mi cuello… y allí pensé que tal vez Bill no era virgen como yo.
—No me lastimarás —dijo continuando chupando mi manzana de Adán.
—Ya tú…
—Oh no, soy virgen. ¿Y tú?
—También —mi rastudo rió bajito.
—Es mejor, así tendremos la misma experiencia.
—Pero no sé cómo hacerlo.
—Déjate llevar —susurró y movió su culo en mi dureza. No aguantaba más, quería continuar; sin embargo, mi educación no era de un salvaje que quería solo sexo. Al menos debía saber algo de él aparte de su nombre.
—¿Cómo se llaman tus padres? —pregunté sobre su cuello donde dejaba unos bonitos chupetes. Bill se detuvo para verme, sin embargo me contestó.
—Charlotte y Bernard —me dio un beso en los labios—. ¿Y los tuyos? —preguntó enterrando su cabeza en mi cuello.
—Gordon y Simone —asintió y creyó que me quedaría callado pero obviamente no—. ¿Te esperan en casa?
—No, ellos murieron hace muchos años, solo me queda mi hermana.
—¿Cómo se llama?
—Hannah.
—¿Vive contigo? —Bill asintió. Hablar de su hermana lo había detenido de su tanda de besos—. Debe ser hermoso tener una hermana… bueno, quiero decir que a Nick lo quiero pero él no es mi hermano de sangre…
—Hannah sí es de mi sangre y de mi carne.
—¿La quieres mucho?
—Es mi vida entera. Por ella es que estoy aún vivo —Bill frunció el ceño y se perdió con su mirada, veía a la nada, a un punto específico en el suelo y por un momento se ausentó.
Cuando recobró conciencia me sonrió mirándome y juntó de nuevo nuestros labios como si no hubiera pasado nada. Le seguí porque no podía con mi entrepierna, y vamos, soy humano y este hermoso ser me traía loco.
Continúa…
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