

Fic TOLL de TollWriter
Capítulo 5
—Sanos y salvos —expresó mi padre cuando detuvo el auto en el parking del aeropuerto. —Espero que se comporten —riñó viéndonos intercaladamente entre Nick y yo.
—Seremos buenos, ¿cierto, Tom? —bromeó mi hermano que tomaba sus cosas para salir. —¡Axel! —gritó cuando vio a su novio en la entrada con un montón de equipaje. Lo vi acercarse y discutir por el sobrecargo que le costaría eso. Mientras que yo tomé mis cosas, no era mucho equipaje, así que podía llevarlo en el avión.
—Toma esto, Tom. —Mi padre me dio un fajo de billetes. Y yo fruncí el ceño.
—Estamos bien —negué. —Hemos ahorrado entre Nick y yo.
—Pero tu hermano debe costear todo lo que su presumido novio quiere, por ejemplo. —Señaló las cantidades de maletas que ahora Nick empujaba para entrar. —Y tú puedes hacer lo mismo con algún… —Dudo en decírmelo. —¿Con un chico?
Me quedé en silencio; pareciera que todos estuvieran seguros de mi sexualidad, menos yo. Y no era para menos si desde que descubrí que me gustaban más los chicos que las chicas fue un tormento para mí. Robert me golpeó durante años para corregirme y solo bloqueé ese sentimiento hasta que lo conocí a él. Al mismo que ahora veía llegar a la entrada del aeropuerto con un escaso equipaje y con un chico. Mi mirada lo siguió hasta que entró e hice una mueca desagradable. No conocía al chico que venía con él, pero ya me caía pésimo.
—Es hermoso —habló mi padre de nuevo, lo que me hizo dejar de mirar a Bill y prestar atención a él.
—Quien?—
Mi padre rio y negó con la cabeza.
—Solo te diré esto, Tom. Robert ya no está y, aunque es cruel de mi parte. Siento alivio por eso. —Se detuvo y me entregó de nuevo los billetes. —Así que ve a disfrutar todo lo que quieras, y comprarle algo bonito a ese chico.
—Bill —susurré.
—¿Se llama Bill? —preguntó y yo asentí con cara de tonto. —Ve por ese chico y pídele que sea tu novio.
—¡Papá! —Me sonrojé al escuchar sus palabras, pero eso era lo que quería, ser su novio y protegerlo de quien sea que lo esté agrediendo.
Mi padre se rio, pero me echó de su auto aunque ya se me hacía tarde para pasar el control de seguridad.
Caminé por la multitud de viajeros y llegué donde estaban reunidos. Lo primero que hizo Bill fue sonrojarse; seguramente se acordó de que me besó en mi auto. Bajó su rostro mientras se acomodaba sus rastas.
¿Estaba nervioso por mí?
Sonreí de tan solo imaginarlo.
—Ya podemos ir a hacer el check-in o te quedarás mirando a Bill todo el día—
El bocón de Nick siempre con sus imprudencias. Lo empujé y lo golpeé con el bolso, pero él solo soltó una carcajada encaminándose hasta la fila, que era enorme y que en la mayoría eran personas LGBTQ+. Muy poco había convivido con personas como yo y realmente se sentía perfecto; yo me sentía normal y entonces supe que este era mi sitio.
&
Fue una tortura, pero finalmente descansaba en mi asiento cerca de la ventana; a mi lado iba una chica rubia llamada Susan; lo sabía porque se había presentado miles de veces, adjudicado que era su primer viaje y estaba muy nerviosa. Era agradable, pero quería que otra persona estuviera ocupando su lugar.
—Yo quiero la ventanilla —gritó alguien atrás, exactamente a dos filas de la mía. Miré por qué era un chismoso y me topé con el chico que venía con Bill. Este se negaba a darle el asiento y el tipo de pelo castaño oscuro en verdad estaba molesto; parecía un bebé haciendo un berrinche, así que vi mi oportunidad y me levanté.
—Puedes tomar mi lugar y yo puedo irme junto con Bill —propuse mirando a ese bello ser, que se volvió como un tomate, pero su amigo lo aceptó de inmediato y yo me acerqué a mi nuevo asiento. —Hola —susurré porque estaba realmente nervioso; no había coqueteado con nadie y menos con un chico como Bill.
—Hola —río bajito. Y jugó de nuevo con sus rastas.
—Estás muy bonito hoy —le susurré porque muy cerca iba mi hermano con Axel y más atrás Sam con Sarah.
—¿Solo hoy? —bromeó también susurrando.
—A decir verdad, todos los días está hermoso, Bill.
—Tú también eres muy guapo.
—Debo sentirme halagado de que una persona irreal como tú me vea guapo.
Bill otra vez se sonrojó y me atreví a tomar su mano que descansaba en su muslo. No me rechazó; en cambio de eso entrelazó sus dedos con los míos.
Todo el viaje fue hablando de nuestras vidas; claramente yo le conté todo; en cambio, él solo hablaba de su trabajo y que quería ser cantante. Le propuse que después de nuestro viaje hiciéramos averiguaciones para una academia o algún instituto para estudiar los dos. Si bien me sentía a gusto con mi trabajo en el panal, mi verdadera afición era tocar la guitarra. No se lo quería decir a mi madre, pero con tal de seguir a Bill y a mi sueño tendría que hablar con ella y ser sincero.
Las cuatro horas de viaje pasaron y Bill estuvo muy cercano; hasta descansó en mi hombro unos minutos que dejamos de hablar. Cuando por fin aterrizó y salimos del aeropuerto, un auto nos esperaba; según mi hermano, lo había rentado para movilizarnos esos tres días que estuviéramos de turismo en San Bernardino.
Las calles estaban llenas de un sinfín de chicos, parejas gays y también parejas heteros. Sin duda era la mejor fiesta del año. Llegamos al hostal y, cuando vino el momento de escoger las habitaciones, fue otra discusión.
—Solo hay tres habitaciones y yo no voy a compartir la nuestra —expresó mi hermano abrazando a su novio. —Queremos privacidad.
—Pues nosotras tampoco. —Sarah tomó la otra llave, así que quedaba una y éramos tres personas. Bill, su amigo y yo. Ni loco la iba a compartir con ellos.
—Yo puedo conseguir otro hostal —dije tratando de solucionarlo, pero su amigo, que ya me caía bien, propuso algo mejor.
—Susan me invitó a su habitación.
Bill alzó sus cejas en asombro. Esa chica lo había conocido en el avión y ya lo estaba invitando a su habitación, y créanme que para rezar el rosario no era. Mi hermoso rastudo trató de hacerlo entender; sin embargo, su amigo se fue con la rubia.
—Bien, Bill y Tom compartirán la habitación.
Mi hermano comenzó a caminar por los pasillos hasta dar con el nuestro. Entramos cada uno en total silencio; por mi parte estaba un poco cansado, así que me tiré en la cama, pero Bill quedó estático. Me sostuve de los codos para mirarlo.
—¿Qué sucede? —pregunté; sin embargo, Bill se mordió un dedo con su rostro sonrojado, pero aun así pronunció:
—Es que hay una sola cama.
Continúa…
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