Fic TOLL de TollWriter

Capítulo 3

—Vamos, Tom, tienes que ir —La fila no avanzaba para entrar al lugar que Nick me rogó que viniera. Acepté por dos cosas: una, porque hacía mucho que no tomaba licor, y dos, porque quería despejar mi mente del trabajo y de Bill.

Desde que comencé a ir al gimnasio de su propiedad, solo lo había topado un par de veces, y cuando lo hacíamos, me contestaba el saludo entre dientes y sin tener contacto visual conmigo. Pero yo, con tan solo verlo, me sentía completo. Sin embargo, eso no ayudaba en nada en mi tarea de convertirme en su amigo y confidente.

—¿Y por qué en San Bernardino? ¿Qué es de especial?—

—Celebran nuestro día.

—¿Qué día, Nick?—

—El orgullo gay. Ese día es el de nosotros; tenemos que ir a celebrar.

—Yo no…

—Sí, sí… Ya sé que no eres «gay» —hizo comillas con los dedos—. Pero hay muchos heteros que asisten para apoyarnos… Tú debes apoyarme, hermano.

—Te apoyaré desde la comodidad de mi cama y de un buen libro.

—Aburrido. 

—Listo, ya podemos entrar —Axel nos dice que el de seguridad es un viejo conocido que se libró de la cárcel por su ayuda. Asentimos y caminamos, pasando de los demás que chiflan porque el tipo nos abre la cinta y nos deja pasar.

—Gracias, Milton. Te debo una —Axel le palmea el hombro de modo amistoso, pero Milton se acerca para hablar.

—Sam está dentro con Bill —me calenté y me enfrié en un segundo cuando supe que el hermoso ser de rastras blancas estaba adentro.

—¿Qué hace esa mocosa aquí?—

—¿Sabes que son mayores de edad?

—Lo sé… Pero en estos lugares y Bill, ¿qué hace aquí? Oh, por Dios, ¿Bill es gay?—

—Deja de ser chismoso, Axel, y mejor se lo preguntamos a él —murmuró Nick.

Rieron entre sí y entraron para comenzar a buscarlos. Por mi parte, también los busqué, pero era más por necesidad de verlo y contemplar su hermoso rostro.

—Allá, Axel —escuché decir, y mis ojos fueron a parar hasta la barra donde estaban Sam, Bill y otra chica hablando muy de cerca. No sé por qué me molestó, pero lo hizo, y se sintió terrible.

Nos acercamos. Axel y su hermana comenzaron una pequeña y boba discusión. Nick ya estaba pidiendo cerveza, y yo solo me senté a su lado, tratando de ignorar su conversación, pero era imposible, aunque agradecía al cielo que la escuché.

—Tienes que ir, será divertido —le dijo ella, bebiendo de su cóctel.

—Trataré de ir, pero tengo que organizar quién se queda en el gimnasio —respondió Bill.

—Todos los miembros de tu gimnasio van a esa fiesta. Créeme que si lo abres esos días estará solo. Mejor vamos por estos tres días a divertirnos —insistió la chica.

—¿Dónde dejo a Hannah?—

—Bill, Hannah puede irse a ese campamento que tanto le gusta. El que me preocupa es… 

—No estará esos días —mi hermoso rastudo contestó con un poco de molestia a esa pregunta.

¿Quién diablos era él? ¿Y por qué se tensaba al hablar de él? Estaba seguro de que esa persona era el causante de esas llamadas. Ya lo odiaba sin conocerlo, y si tuviera la oportunidad, me aseguraría de molerlo a golpes para que nunca se atreviera a tocar a mi… ¿a mí qué?

—¿Vas a tomar algo o solo te quedarás allí viendo a la nada? —mi hermano me pasó una bebida que tomé de un solo sorbo. Pensar en ese maldito me dio coraje.

—¿Entonces, cuándo nos vamos? —Sam y Axel se acercaron cuando terminaron su tonta pelea.

—Creo que deberíamos irnos mañana y regresar el lunes —opinó la rubia.

—¿Tú qué piensas, Bill?—

—Sí, deberíamos irnos mañana.

—¿Y tú, Tom, estás de acuerdo con irnos mañana?— Axel me preguntó.

—Él no va a San Bernardino —mi hermano expresó, y por poco le cierro la boca a golpes. Si iba Bill, claro que yo iba a ir.

—Prefiere un libro y un café —se burló, haciendo que todos rieran, incluyendo a mi sexy rastudo.

—Voy a ir, Nick— aseguré.

—¿En serio? —preguntó con entusiasmo, y yo asentí. Mi hermano chilló de gusto y me abrazó. Mis ojos no los podía quitar de ese chico que me tenía embelesado, y más cuando nuestras miradas se cruzaron. La apartó, mirando su bebida; se notaba que yo lo descolocaba y lo ponía nervioso.

—Vamos a bailar —dijo Sam, jalando a Bill y a la pelinegra, mientras que Nick me jalaba y me llevaba a la pista de baile.

—Yo no voy a bailar.

—Deja de ser aburrido y baila con Bill —el idiota de mi hermano me empujó, llevándome con él, y de paso quedar estampillados en el piso, yo sobre él. Nuestros pechos se tocaron, nuestras piernas se enlazaron, e inevitablemente nuestras entrepiernas se rozaron. ¡no! corrijo nuestras entrepiernas se estaban tocando una con la otra, Bill estaba tan rojo que me hizo reír bajito, pero mi tonto hermano me tomó por los hombros y me levantó.

—Rayos, Tom, casi aplastas a Bill.

—Fue tu culpa, idiota —me sacudí y vi que Axel levantaba a Bill.

—Es mejor que vaya a casa —dijo Bill, muy incómodo y nervioso.

—Está bien —Sam lo acercó para decirle algo en el oído; este negó repetidamente hasta que Sam se me acercó para hablarme al oído.

—… claro, yo lo llevaré, no hay problema.

—Tranquilo, quédate; puedo tomar un taxi —se excusó, esquivando a las personas y saliendo del bar. Lo seguimos todos, y Sam lo detuvo.

—No voy a dejarte ir solo a tu casa, y menos a esta hora. Georg me mataría.

—Le puedo explicar a Geo.

—Deja que te lleve; me queda de camino— pedí.

—¿Acaso sabes dónde vivo?—

—Oh… no… pero seguramente es cerca.

—Es lejos.

—Y por eso no debes tomar un taxi desconocido. Tom te llevará hasta la puerta, ¿de acuerdo?— La rubia intervino nuevamente.

—De acuerdo —finalmente aceptó.

Sonreí y me despedí de mi hermano para caminar hasta donde estaba el auto de mi padre estacionado. Bill me siguió en silencio y se subió apenas le abrí la puerta. Rodeé el auto y me subí para arrancar por la carretera. Tenerlo en un espacio tan pequeño y con el olor de su perfume era demasiado tentador, al igual que incómodo. El silencio estaba reinando y decidí romperlo.

—Bill, si ese día te incomodé con mis palabras, te pido disculpas.

Mi rastudo hermoso no dijo nada, solo miraba la carretera.

—No tienes por qué evitarme cuando voy al gimnasio.

—Yo no te evito, solo estoy ocupado.

—De acuerdo, solo quería dejarlo en claro.

—Está claro —dijo él sin ni siquiera mirarme.

—Ya estamos llegando… Si quieres, vengo por ti mañana para ir al aeropuerto.

—Geo me llevará —sacó su cinturón apenas estacioné frente a su casa.  —Gracias por traerme.

—Es un placer —Bill miró las rejas abrirse y cómo el hombre que lo esperaba entraba de nuevo a la propiedad. También quedé mirando ese punto, pero el agarre del cuello de mi chaqueta y de los labios de Bill besándome con desespero me hizo reaccionar para corresponderle y comerme su boca.

Mis manos se enredaron en su cabello; era como me lo suponía: suave y con olor a rosas. Una de mis manos pasó por su hombro hasta colocarse en su espalda, en cambio él solo me sostenía de mi chaqueta, aferrándose a ella. No quería que terminara, pero cuando mis manos sujetaron su cintura, se separó para salir del auto sin siquiera mirarme y caminar hasta perderse detrás de las rejas que de inmediato se cerraron.

Quedé allí sentado en mi solitario auto, sorprendido, sin aliento y con un problema entre mis piernas.

Continúa…

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por TollWriter

Escritora del Fandom

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