Fic TOLL de TollWriter

Epílogo

El tiempo había pasado como una suave brisa, casi sin que lo notáramos, hasta que llegó el momento inevitable de tener esa conversación con mi hija. La había aplazado una y otra vez; en esos tres años siempre surgía alguna boda que celebrar y que también servía de excusa.

Los primeros en darnos el “sí, acepto” en una reunión privada en la mitad de la festividad en San Bernardino fuimos Tom y yo. Habíamos optado por hacerlo allí porque ese lugar significaba mucho para ambos, pues en ese sitio se solidificó nuestra relación. No hubo ceremonias elegantes ni una cena en el mejor restaurante; solo estuvimos los más cercanos y con eso nos bastaba.

Además, la celebración más grande llegó al año siguiente, cuando Geo y Susan se casaron en una elegante boda que incluyó todas las tradiciones alemanas imaginables. La fiesta fue estupenda y duró casi dos semanas.

El siguiente año le tocó el turno a mi cuñado Nick, quien al principio quería una boda sencilla e íntima. Pero Axel no estuvo de acuerdo: insistió en que su matrimonio tenía que ser un evento inolvidable, de los que toda Los Ángeles recordara. Al final, la boda fue verdaderamente espectacular. Se celebró en un lujoso penthouse con vistas panorámicas a la ciudad, decorado con miles de flores importadas, luces brillantes y un ambiente de puro glamour. Hubo una ceremonia al atardecer llena de emoción, un banquete exquisito con catering de primera, una orquesta en vivo, bailes hasta el amanecer y fuegos artificiales que iluminaron el cielo. Obviamente, lo ayudé en todo lo que pude: desde la planificación hasta los últimos detalles, y salió exactamente como Axel lo había soñado.

Y así sin más pasaron esos tres años y cada día mi tiempo llegaba a su fin.

Abro la regadera para comenzar a mojar mi cuerpo cansado por los preparativos que estuve haciendo la semana pasada cuando una inesperada petición por parte de Hannah me hizo movilizarme a la velocidad de la luz porque mi hija esta vez sí quería celebrar su cumpleaños y no uno cualquiera, puesto que celebraba sus quince años.

Me extrañó un poco porque esas tradiciones no venían de Alemania, sino que venían de Latinoamérica, el lugar en el que Hannah convirtió en su hogar al hacer su especialización en vida salvaje. Fue muy difícil dejarla hacerlo, pero mi hija me había demostrado que era una persona responsable. Además, su tutora Nancy se había trasladado con ella.

Masajeo mis hombros, estirando un poco mi cuello adolorido; sin embargo, no duró mucho tiempo así, ya que mis manos han sido reemplazadas por las grandes manos de mi esposo.

Sonreí de tan solo pensar en esa palabra.

Los dos años que llevamos siendo esposos han sido la mayor experiencia de mi vida. Pensé que nuestra convivencia se convertiría en una rutina; sin embargo, me equivoqué. Ambos tratamos que nuestro día a día sea diferente, que el caos rutinario no nos consuma y que nuestro pequeño mundo sea representativo.

Tom y yo hemos cumplido nuestro sueño, ese que un día confesamos en San Bernardino. Nos inscribimos en una escuela de música; mientras yo tomaba clases de canto, él tomaba clases de guitarra. Ambos éramos buenos y con honores nos graduamos; sin embargo, eso no se quedó allí y queríamos más, así que ambos decidimos abrir un bar karaoke en un sitio exclusivo en California donde todas las noches podíamos cantar y animar las reuniones. Con eso pude también hacer que Georg se mudara de nuevo a Los Ángeles para que pudiera administrarlo, haciendo que estuviera más que feliz por mi decisión.

—Estás muy tenso —me dijo cuando sus manos bajaban por mi espalda. Asentí y cerré los ojos disfrutando de su tacto—. No debes preocuparte, todo saldrá bien —me dijo después, besando mi cuello y haciendo que mi espalda tocara su pecho.

—¿No es extraño que quiera decirle después de la fiesta? —pregunté mientras disfrutaba ahora de su mano y su movimiento en mi erección bastante dura.

—Si lo decidiste así, hazlo así, cariño —asentí y jadeé cuando el movimiento de su mano se aceleró. Me guio despacio hasta que pude colocar mis manos en la pared; el agua aún caía en nuestros cuerpos haciendo el momento más erótico. La respiración de Tom sobre mi cuello, sus manos abriendo mis nalgas y el empuje que dio para entrar me volvió loco.

Habían pasado años, pero el deseo estaba allí intacto.

Los calambres en mi parte baja anunciaron mi orgasmo seguido por el de Tom cuando mi entrada se contrajo. Su gemido inundó el baño que compartíamos siempre.

Mi esposo salió de mí con mucho cuidado para seguir bañándonos juntos.

Tom fue el primero en salir. Lo vi alejarse tomando una toalla para secar su pelo largo y castaño. Solté un suspiro de enamorado: ese hombre me tenía loco de amor y estaba seguro de que yo lo tenía a él también así de loco.

Salí después de unos minutos y comencé a cambiarme de ropa. Tom ya estaba prácticamente vestido, solo intentaba recoger su cabello, así que me acerqué, le quité el cepillo y empecé a hacerle su famosa coleta media alta que le gustaba hacerse. Cuando estuvo listo se levantó para quedar frente a mí; le arreglé su camisa negra y tomé la loción que me encantaba que se pusiera. Me sonrió tiernamente y besó mis labios para luego besar mi frente.

Giré para verme al espejo y cepillar un poco mi cabello.

—Me gusta el rubio —me dijo mirándome a través del espejo—. Tenías razón, es mejor que el negro. —Asentí.

Claro que era mejor el rubio; con él me veía más joven. Unos golpes en la puerta y la voz de Axel llamándonos me hizo agilizar más mis movimientos. Tom tomó mi saco y me esperó en la puerta para finalmente salir.

Hannah quería que la fiesta se realizara en la parte trasera de nuestra casa que prácticamente era la playa. Así que hasta allí caminamos. Lo primero que vi fue a mi niña en su elegante vestido verde selva, hablando con sus compañeros y amigos que por obvias razones eran un poco más mayores que ella, pero que se entendían a la perfección.

&

La fiesta no fue muy extensa y no se salió de control como temía; sin embargo, se acercaba el tiempo para conversar. Apenas sus amigos se marcharon, le dije a Hannah que quería tener un tiempo a solas, por lo tanto tomé su mano y caminamos por la arena. La luna estaba en todo su esplendor, así que Tom podía verme a la distancia. Se ofreció a estar a mi lado, pero me negué porque realmente era algo que tenía que hacer solo; sin embargo, me dijo que estaría pendiente de nosotros.

—Entonces, ¿de qué querías hablar, Bill? —me preguntó tan inocente. Hannah podría tener el coeficiente intelectual elevado, pero su esencia seguía siendo de una niña—. Hace frío aquí —se quejó abrazando mi abrigo que había colocado en sus hombros.

—Lo siento, pero esto ha demorado y necesito decirte lo que realmente sucede —murmuré mirando sus ojos verdes, iguales a los de Nathalie.

—¿Qué sucede, Bill? No me asustes.

—No tienes por qué asustarte.

—Entonces —frunció el ceño—, ¿por qué estás tan nervioso?

—Porque es difícil para mí hablar de mi pasado.

—¿Robert ya no está para que hablemos de eso?

—Porque hay una verdad que aún no sabes.

—¿Lo de tu hija? —inquirió con seriedad, mientras yo palidecía—. Lo sé, sé que tuviste una hija y murió en un accidente.

Negué de inmediato con la cabeza y tragué grueso.

—No, no murió en el accidente.

—¿Está viva? —dijo alegremente—. ¿O sea que tengo una sobrina que podría tener mi misma edad?

—No es tu sobrina.

—No entiendo, Bill. Dices que está viva, pero no es mi sobrina.

—Mira, Hannah, mi hija está viva, no murió en ese accidente y no es tu sobrina porque tú… tú eres…

—¿Yo qué?

—Tú eres esa niña. Tú eres mi hija.

—¿Qué? —rió nerviosa—. No estés con esos juegos, Bill.

—No son juegos —tomé sus manos, acariciando su dorso—. Eres mi hija, solo que yo era un adolescente de doce años y no sabía qué hacer. Además, con mi problema con el alcohol y las drogas, no pude tenerte a mi lado.

Hannah negó y se soltó de mi agarre para luego alejarse un poco.

—¿Por qué no me lo dijiste?

—No sabía cómo actuar, además Robert te había registrado como su hija y podría separarte de mi lado.

—¿Entonces Robert no era mi padre biológico? —negué con la cabeza y Hannah suspiró aliviada—. ¿Sabes cuántas veces deseé que ese señor no fuera sangre de mi sangre?

—Lo sé, sé que no querías tener vínculos con él, pero entiéndeme…

—¡Ay! No importa —mi hija se arrojó a mis brazos y como pude la cargué—. ¿Sabes cuánto lo deseé? Y ahora sé que nada me une a Robert y que el hombre que más admiro y amo sea mi padre. Estoy feliz, Bill… —gritó y se apartó un poco aún subida en mi cintura—. ¿Debo llamarte papá? —Ambos soltamos una carcajada.

—Puedes llamarme como quieras, mi niña.

Hannah volvió a abrazarme, me dio un beso en la mejilla y se bajó para correr de nuevo hacia el lugar donde nos esperaban los demás. En el camino se cruzó con Tom, le dijo un par de cosas —intuyo que fue la información que le dije— y siguió hasta llegar donde mis suegros. Mientras tanto, Tom se acercó y me tomó en brazos para juntar nuestras frentes.

—¿Ya ves? No tenías por qué preocuparte —expresó sonriendo. Asentí y besé sus labios. Bajé de él y nos devolvimos tomados de las manos—. Ahora deberíamos ir pensando en adoptar nuestro propio bebé.

Lo miré confundido. Ese tema lo habíamos tenido un tiempo atrás, pero no lo habíamos tocado de nuevo. Pensaba que era un tema irrelevante; sin embargo, ahora Tom lo estaba reconsiderando.

—Después vemos —fue lo que le dije para seguir caminando. Obvio que quería tener un bebé con él, pero por el momento solo quería recuperar el tiempo con mi hija.

Seguimos avanzando hasta que mi Hannah me recibió en mitad del camino. La abracé y la besé en su cabello rubio para seguir caminando los tres.

Ese día había terminado, pero seguramente venían más días en nuestras vidas. Ya no tenía importancia, ya no, cuando todo lo que quería y me importaba estaba a mi lado.

F I N

Ahora sí hemos llegado al final. Espero les haya gustado. Gracias por leer 😉

por TollWriter

Escritora del Fandom

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