Fic TOLL de TollWriter

Capítulo Final

Realmente había imaginado que la felicidad era estar en el lugar indicado con la persona indicada. Eso era lo que leía o veía en series, pero la realidad era diferente. Y sí, sí estaba en el lugar indicado y estaba con la persona indicada, pero Tom me había dado mucho más que felicidad. Tom me había dado un hogar y una familia.

Tom me salvó de todas las maneras posibles, me demostró que personas como nosotros merecemos más que vivir de las apariencias o amar a escondidas. El amor es libre y eso era lo que yo sentía cuando estaba junto a él.

En estos tres años que pasamos en Orlando, la convivencia no resultó incómoda ni mucho menos estresante. Tom es el tipo de hombre que sabe sobrellevar las situaciones más complejas, desde una rabieta hasta la más escandalosa celebración. Además de que era un buen compañero para mi hija y eso era lo único importante; los demás eran irrelevantes.

Mientras Hannah cumplía su etapa de preparatoria en el campamento estudiantil, nosotros nos encargamos de recorrer casi todo Florida. A veces, solo a veces, venían mis suegros y cuñados. Hasta Georg y Susan vinieron para visitar los parques temáticos. Era un caos esos días que teníamos visitas; la casa se llenaba de gritos y risas, pero eso llenaba mi corazón de calidez. No podía mentir: extrañaba mucho a mis padres y a Nathalie, pero esta familia, la que me dio Tom, era lo que siempre había soñado. Solo faltaba contarle la verdad a Hannah y por fin sería libre de secretos; sin embargo, se necesitaba mucho tiempo para que llegara ese momento.

El ruido de las personas que transitaban por el aeropuerto me hizo mirar en dirección a la puerta y ver la patrulla de la policía allí estacionada. Tom le había dicho a su hermano que llegaríamos hoy a Los Ángeles, pero sinceramente no pensé que nos recogería en la patrulla. Además de extraño, creo que era ilegal, pero ¿qué podía hacer yo si mi cuñado era un tantito raro?

—Vamos —me dijo Tom tomando a Hannah, que se había quedado dormida en su regazo—. Deja que Nick lleve las maletas —volvió a decir cuando intenté tomarlas para salir.

Nick tomó las maletas después de saludar a su hermano, nos siguió hasta llegar a la patrulla. Sonreí cuando mi cuñado Axel salió para darme un abrazo. Habíamos hecho una bonita amistad desde el día que pasó lo que pasó. Le agradecía a Tom por salvarme, pero Axel estuvo allí conmigo en el hospital y en mi recuperación; se había vuelto mi confidente en temas que no quería decirle a Tom. Ya saben, temas de omegas, aunque los hermanos Kaulitz no eran muy alfas que digamos, pero esa es otra historia que después contaré.

—Me alegra que por fin estés aquí —chilló en el abrazo muy extenso que nos dimos. Me dejó su brazo en mis hombros y nos subimos en la parte trasera de la patrulla.

Nick obviamente se quejó porque no quería conducir, pero Axel le dio esa mirada que hasta a mí me daba terror.

—Ok, esta vez no más —murmuró entrando en el puesto de piloto.

Tom me pasó a Hannah y la acomodé entre Axel y yo, mientras él subía de copiloto.

—¿No pudiste traer el auto de papá? —preguntó Tom viendo que las personas chismosas murmuraban de nosotros—. Es vergonzoso.

—No te quejes, Tom.

Y vaya que era vergonzoso; al estar ellos vestidos con el uniforme de policía se volvía muy cringe, la verdad.

Nick arrancó la patrulla y, para hacerlo más ilegal de lo que ya era, encendió las sirenas. Condujo por las calles a una velocidad dudosa, pero para la alegría de nosotros llegamos sanos y salvos a nuestra casa; no la de los padres de Tom, sino la que habíamos comprado para vivir allí, no tan cerca pero tampoco tan lejos. Simone había puesto el grito en el cielo porque guardaba las esperanzas de que viviéramos juntos todos, pero era muy difícil, sobre todo para Hannah y para mí, que veníamos viviendo solos los dos y ahora éramos tres con Tom. Creo que así era más que suficiente.

Estacionó en frente y tuve que despertar a Hannah para que entrara sin ser cargada. Mi bebé se desperezó un momento, pero cuando vio la enorme casa y el jardín de juegos entró corriendo y chillando de alegría.

Axel y yo entramos viendo el bonito jardín lleno de muchas flores y plantas, hasta llegar a la puerta que ya estaba abierta porque obviamente mis suegros estaban allí para darnos la bienvenida.

—Simone —saludé a mi suegra con un abrazo cálido mientras ella me daba un beso en la frente para luego separarme y saludar a mi suegro…

Sonreían en grande; habían extrañado mucho a su hijo y eso en parte fue el motivo que tuvimos para regresar a Los Ángeles.

—¿Qué te parece? ¿Te gusta? —me preguntó Simone por la decoración y los colores. Le había pedido que se encargara de todo y, viendo los resultados, no me arrepentía en lo absoluto.

—Es hermosa —expresé sonriendo—. Gracias de verdad.

—Te van a encantar las habitaciones…

Y así me dio una larga charla de todo lo que había hecho y remodelado. Yo la escuchaba atentamente porque se le daba el don de explicar muy bien, además de que era entretenido.

Después de recorrer la casa, de subir las maletas a nuestras habitaciones y de comer la pizza que habíamos pedido, ahora estábamos en la cocina para limpiar un poco el desastre. Hannah ya se había retirado a su habitación. Tom, Nick y mi suegro estaban charlando en la sala. Mientras Simone lavaba los platos, Axel los secaba para guardarlos en la alacena. No me habían dejado participar porque creían que estaba cansado por el viaje y, en parte, tenían razón.

—La próxima semana es el festival en San Bernardino —comenté tomando mi café.

—Sí, lo es —dijo vagamente Axel cuando guardó los últimos vasos.

—Quiero ir de nuevo con Tom —susurré más para mí que para ellos, pero Simone sonrió y asintió.

—Nosotros también vamos —dijo Axel sentándose a mi lado—. Ya pedimos las vacaciones para esos días —finalizó secándose las manos con una toalla.

—Sí, pero no sé dónde dejar a Hannah.

—¡Yo la cuido! —se ofreció mi suegra con un alto grado de entusiasmo. Ella siempre había querido tener una bebé y creo que le había tomado aprecio a Hannah por esa razón.

—¿Segura?

—Sí, nos vamos a divertir. Iremos al salón de belleza y la llevaré de compras —dijo entusiasmada dando golpecitos con sus manos—. Mañana le decimos y verás que querrá quedarse con nosotros.

Asentí y los acompañé a la puerta. Ya estaba muy tarde y ya no me quedaban fuerzas para mantenerme en pie; solamente quería estar bajo las sábanas con mi hombre.

Suspiré cuando mi espalda tocó el suave colchón. Me había dado una ducha, me había puesto solo un pantalón y, con el torso descubierto, me tumbé en la cama. Miré cómo Tom salía desnudo del baño secándose con una toalla; la dejó en una silla y se acercó para meterse bajo las sábanas conmigo. Me atrajo hacia él e hizo que mi cabeza quedara en su pecho. Suspiré de nuevo cerrando los ojos cuando sus dedos se enterraron en mi cabello corto para acariciarlo.

—Deberías dejarlo crecer —susurró entredormido.

—Creo que lo haré —dije también cayendo por la somnolencia del cansancio.

—¿Estás bien? —murmuró después de un tiempo. Casi pensé que estaba dormido—. Lo digo por la casa y la remodelación.

—Ah, eso. No, tranquilo, todo me gusta, quedó perfecto para mí.

Tom sonrió, aún con sus ojos cerrados. Me levanté un poco y le di un beso en los labios. Suspiró y me pegó más a su cuerpo.

—Quiero ir a San Bernardino —comenté antes de que se durmiera de verdad.

Tom abrió los ojos con interés y asintió.

—Dejaré con los suegros a Hannah, así que solo serán los mismos tres días.

Tom no habló, pero sabía que estaba despierto. Aún así, estaba a punto de dormirse o al menos eso pensaba yo, pero no era así. En lugar de hacerlo, lo que dijo me dejó pasmado.

—Deberíamos casarnos —expresó así sin más. Yo me separé de él y me arrodillé a su lado sobre la cama. Tom sonrió de lado y abrió un solo ojo—. ¿Qué? —indagó al verme totalmente en shock.

—¿Es en serio? —pregunté con mis mejillas coloradas—. Dime que no es mentira, Tom.

—No lo es. Llevamos tres años, creo que es tiempo suficiente como para saber que esto es lo que queremos ambos, ¿o no?

—Claro que sí, tonto.

—Entonces deja esa cara de shock y dime que sí.

Carcajeé duro, como solía hacerlo, y me subí a horcajadas sobre él.

—Claro que sí quiero ser tu esposo.

Lo besé y lo besé hasta que me dolieron los labios, pero Tom tenía otras intenciones. Lo supe cuando sus manos bajaron a mi trasero para amasarlo a su antojo.

Jamás habíamos hablado de matrimonio y sinceramente no creía que fuera necesario; sin embargo, el término “esposo” me resultaba tan atractivo. Y que me dijeran “¿tú eres el esposo de Tom?” me llenaba de orgullo.

Cuando el orgasmo vino a nuestros cuerpos, pude descansar encima suyo y él abrazándome con ternura.

Si tuviera que pasar de nuevo todo lo que pasé para volver a estar con un hombre como Tom, sin duda lo pasaría. Porque con él descubrí lo valioso que soy y lo que verdaderamente importa: amar sin limitaciones.

F I N

Queda un final extra 😉 Gracias por la visita.

por TollWriter

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!