Fic TOLL de TollWriter

Capítulo 15

By Tom

horas antes…

Al llegar al panal, lo primero que vi fue a mi hermano obligando «amablemente» a un detenido a bajarse de la patrulla. El hombre, visiblemente borracho, se negaba y Nick, con muy poco humor, tiró de él y lo estrelló en el capó del auto. Axel, por su parte, salió del vehículo con una bolsa y pasó de ellos, ignorando el mal trato que mi hermano le hacía a ese criminal.

Negué con la cabeza, bajando de mi auto que había dejado en mi lugar del estacionamiento, para comenzar a acercarme a la puerta.

Nuestros trabajos, aunque parecieran similares, no lo eran. Mi hermano estaba entrenando para ser violento y cruel con los criminales, y yo estaba entrenando para ser empático y amable con las personas, aunque fueran criminales.

Atravesé las puertas y me sumergí en el caos del turno de la noche. Subí al ascensor y, una vez en el piso del panal, me dirigí primero a la oficina de Gustav. Toqué un par de veces y, cuando me permitió entrar, así lo hice.

—Oh, Tom —se levantó para saludarme con un apretón de manos, luego me invitó a sentarme en una de las sillas para él hacer lo mismo en su sillón—. Gracias de verdad por cubrir a Jane y más cuando volvías de tus vacaciones —me dijo.

—No hay problema, Gustav —concluí, tomando la tablet de Jane para ojear un poco.

—Esperemos que esta noche sea calmada y que tengamos un buen turno.

Asentí y me levanté. Ya no tenía que hacer nada en la oficina de Gustav, así que bajé de nuevo al piso del panal para ubicarme en el puesto y comenzar con mi turno.

Me detuve en la zona de descanso y me preparé un café cargado; sería el primero de muchos que seguramente me iba a tomar esa noche. Cogí un sándwich para acompañar y salí de nuevo para buscar ahora sí el puesto de Jane. Nada más al llegar, mi hermano subía las escaleras y se acercaba a mi cubículo. Puse los ojos en blanco y lo ignoré, tratando de comenzar a recibir llamados, pero Nick no le veía problema en sentarse en mi escritorio y hablar sin parar aunque estuviera en mitad de una llamada de emergencia, como lo hizo cuando tuve que guiar a un joven en hacer RCP a su madre mientras llegaba la ambulancia al lugar. Nick oprimió el altavoz y solo le gritó que tenía que calmarse porque si no su madre iba a morir. Claramente el joven se desesperó más y tuve que intervenir. A los pocos minutos tomó el control de sus nervios y logró mantener a su madre consciente hasta que los paramédicos llegaron. Me agradeció por supuesto y finalmente colgó la llamada.

—¿Qué haces aquí, Nick? ¿No tienes que hacer rondas? —pregunté, recibiendo de manos de él otro café.

—Axel está hablando con el capitán.

—¿Y tú por qué no?

—Axel es el encargado de esos asuntos —sonrió—. Y yo me encargo de traerlos aquí por su voluntad o no.

—Sí me di cuenta —ironicé mis palabras, elevando las cejas y negando con la cabeza.

—Bueno, pero de eso no quería hablarte —miró por el pasillo para asegurarse de que Axel no viniera y sacó de su pantalón un cofre.

—Ese es el mismo… —no terminé la frase porque Nick asintió, abriendo el cofre y mostrando un reluciente anillo, el cual yo ya conocía perfectamente.

Mi madre nos había dado unos anillos, ya saben cómo herencia, para dejarlos a nuestros hijos y ellos a sus hijos. A mí me había dado el anillo de mi madre y a Nick le había dado su anillo. Así que al verlo supe que Nick sí estaba pensando en tener una relación formal. Así que me levanté y le di un abrazo.

—Felicidades —le dije, me aparté un poco y miré su hermosa sonrisa.

—Gracias, pero felicítame cuando Axel diga que sí.

—¿Y lo dudas? —bufé, volviéndome a sentar en mi escritorio—. Si ustedes ya pasan de lo cursi que son.

—No te voy a negar que mi hermoso bebé me ha enamorado.

—Lo sé, Nick. Y espero que sea pronto la boda porque necesito presentar oficialmente a Bill como mi novio.

—¡Lo sabía! —chilló, riéndose ruidosamente, ganándose unas quejas por parte de los demás que sí estaban trabajando y no como yo.

—Es que sabía que ustedes iban a terminar juntos —susurró luego.

—Me gusta, no lo puedo negar, y creo que él es el indicado para darle mi anillo.

—¿Qué anillo? —preguntó Axel, que no lo habíamos visto venir y ahora nos miraba con ansias por saber el chisme.

Nick tosió y se volvió un manojo de nervios, sonriendo como un demente y mirándome para que lo salvara.

—Es que quiero mandar a brillar mi anillo, bueno, el anillo que me dejó mi madre.

—Wow, eso es muy tierno.

A veces me preguntaba por qué un ser tan lindo y tierno como Axel podría estar con mi hermano que era un guarro de primera. Tal vez mi cuñadito escondía su lado pervertido. Quién sabe.

—¿Y tú? ¿A ti no te dejaron un anillo para mí? —le preguntó a Nick, que negó enseguida.

—Sabes que eso del matrimonio no es conmigo.

—Y por eso te voy a terminar.

No lo creía, pero Nick palideció más de lo que estaba al escucharlo.

Por desgracia, un llamado entró y tuve que atender, ignorando las llamadas de mi teléfono personal que recibía en ese momento.

La urgencia era un incendio en los suburbios y aunque no duré mucho en el llamado, sí lo hice haciendo el reporte. Miré la información y me detuve en seco en la posible dirección, ya que solo la dio un transeúnte que había visto el incendio de lejos.

—¿Qué sucede? —preguntó mi hermano, mirando cómo buscaba en el Maps Earth de la computadora.

—Creo que…

—¡Tom! —me llamó Gustav, apresurando el paso para bajar las escaleras y llegar corriendo hasta mí—. Es una niña —comenzó a decir, mostrando su teléfono—. Dice que se llama Hannah y que tú le dijiste que preguntara por mí si no te encontraba a ti.

No esperé más explicaciones y tomé el teléfono. Efectivamente eran los sollozos de Hannah; podía escucharla, pero no había más ruidos al fondo.

—Hannah, soy Tom —expresé como pude, tratando de no enloquecer.

—Tom, es el… mi padre… están en la cocina y está actuando extraño.

—¿Bill está bien?

—No lo sé, estoy escondida como dijiste y te llamé.

—De acuerdo, ya salgo para allá. Hay un informe de un incendio, posiblemente es en tu casa.

—Sí, es mi casa —sollozó por última vez y cortó la llamada.

Tomé de nuevo el teléfono, remarcando el número, pero ya daba a buzón.

—Tom, cálmate —pidió mi hermano al verme revolver mis cosas para hallar el teléfono.

—No puedo, ese hombre maltrata a Bill —pude decir antes de tomar mi teléfono para llamar, pero daba a apagado—. Tengo que ir.

—Espera —me detuvo Axel, chocando conmigo por meterse en mi camino—. Te vamos a acompañar —decidió, comenzando a salir para tomar el ascensor y bajar al estacionamiento.

—Debes dejarnos proceder a mí y a Nick, Tom —me dijo mientras íbamos en carretera. La distancia era bastante, sin embargo, por ir en una patrulla era mejor la movilidad a esa hora.

Cuando llegamos a esa casa me temí lo peor. Los bomberos estaban haciendo todo lo posible para apagar las gigantescas llamas. Fue el momento más agónico de mi vida. Cuando piensas que has perdido a un ser que amas es lo peor; lo viví con mi madre y ahora lo vivía con Bill.

Escuché a mis espaldas los gritos de mi hermano, de Axel y de los bomberos, pero mi meta era entrar. Cuando lo hice, subí deprisa las escaleras y comencé a buscar la habitación. Sabía que Hannah se escondería en el clóset; yo le había dicho que lo hiciera allí. Me había salvado de mi padre por entrar al mío, así que le había pasado esa información. Cuando la hallé y entré, lo primero que vi fue a este hombre jalando los pies de Bill, así mismo como lo hizo Roberth conmigo. Esta vez no fue mi madre; esta vez fui yo salvando al amor de mi vida.

Tomé la navaja que le había dado a Hannah —por alguna razón estaba tirada en el piso— y después de eso me desconecté. Descargué el resentimiento y la rabia en aquel hombre. No me arrepentía de nada; más sin embargo, una parte de mí deseaba haber manejado las cosas de otra manera. No pude parar, no podía hacerlo. El filo de esa navaja salía y entraba del cuerpo de Roberth y por un momento descansé pensando que era mi padre.

Los brazos de Bill rodeando mi cuello fue lo que me hizo volver de mi letargo. Él estaba bien, con algunos moretones, pero sano y salvo.

Me levanté y salimos de allí, esquivando a los bomberos que venían entrando para completar su trabajo. Claro que recibí un jalón de orejas, pero eso no me importaba nada si tenía lo más importante junto a mí.

—Viniste por mí —susurró cuando lo revisaban en una camilla—. ¿Cómo fue que supiste?

—Hannah —dije, mirando a la pequeña que estaba dando su declaración a un enfadado Nick y a un profesional Axel. Miré de nuevo a Bill y tomé su mano—. Soy operador del 911 y había recibido unas llamadas de tu parte. Busqué información y hallé tu nombre, dirección; te seguí unos días y supe del gym —me detuve y tragué mi nudo—. La primera vez que nos vimos fue porque te había seguido hasta allí y pensé que si me acercaba a ti podría ayudarte.

—¿Solo tenías lástima de mí? —eso fue lo que dijo después de un buen rato de estar callado.

—No, no, claro que no —negué enseguida.

—¿Lo que pasó en San Bernardino fue real?

—Claro que fue real —lo tomé de las mejillas para acercarlo a mí—. Yo te quiero, Bill, mucho, demasiado, y quiero estar contigo.

Bill asintió y me abrazó. Por ahora estábamos bien y, aunque no sabíamos qué nos esperaba en el camino, decidimos seguirlo juntos.

Continúa…

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por TollWriter

Escritora del Fandom

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