Fic TOLL de TollWriter

Capítulo 13

By Bill

Muchas veces pensé en salir de esa casa, alejarme lo más posible de Robert era lo único que quería, pero estaba Hannah de por medio y dejarla con él jamás lo haría. Así que había soportado todo lo que él quisiera hacerme y había tratado de pedir ayuda; sin embargo, el miedo siempre estaba presente.

Desde que sostuve en mis brazos a Hannah por primera vez me juré a mí mismo que siempre la iba a proteger, que le daría la mejor educación y que trataría de alejarla de ese infierno en el que me había empezado a acostumbrar. Mi madre jamás se imaginó que al casarse con Robert me condenaría a esa vida. Ella pensó siempre que al darme un nuevo hogar y la protección de un hombre como él, me serviría para afrontar mis nuevas responsabilidades; sin embargo, estuvo equivocada y no estaba enfadada con ella, estaba enfadado conmigo mismo por permitir todo aquello. ¿Pero qué podía hacer yo? Un niño de doce años, con la reciente muerte de su madre y con una bebé a quien proteger. Robert aprovechó todo eso para quedarse con lo que era mío.

—Y bien, princesa, ¿te está gustando lo del campamento? —La pregunta de mi padrastro me sacó de mis pensamientos. Aún recogía los vidrios del suelo de la cocina y aún mis movimientos eran erráticos y torpes.

—Es lo que quiero hacer.

—¿No has pensado en estudiar otra carrera? —dijo Robert, ignorando su comentario—. Por ejemplo, puedes ser doctora o psicóloga, ¿una profesión que genere ingresos?

—No he pensado nada más que no fuera ser veterinaria silvestre.

Robert resopló con evidente molestia. Para él, el futuro de Hannah era que ingresara a una buena universidad y estudiara una buena profesión. No una donde la mayoría de su tiempo estaría rodeada de apestosos animales, una donde debería estar alejada de Los Ángeles y en especial de él.

—Aún hay tiempo para que decidas —expresó, volviendo su atención hacia mí—. ¿Te vas a quedar toda la maldita noche limpiando esa mierda? —me preguntó; sin embargo, sabía que era una pregunta retórica, solo la hacía para que me diera prisa. Así que no contesté y seguí recogiendo los vidrios—. Muévete, que tengo hambre.

—¿Podemos comer pizza? —murmuró bajito Hannah—. Tengo mucha hambre, papá —finalizó con una sonrisa.

La miré extrañado. Ella nunca lo llamaba papá, a ella no le gustaba la comida chatarra y nunca, pero nunca, le sonreía.

—Todo lo que mi bella princesa quiera. Y al ver que el inútil de tu hermano no puede preparar una cena decente, pediremos pizza.

Me levanté recogiendo los últimos trozos para luego echarlos a la basura. Cuando intenté tomar el teléfono, Robert me lo quitó de las manos.

—Tú no vas a llamar —me advirtió. Luego giró para ver a mi hermana y tenderle el teléfono—. Pide dos extras familiares de pollo y carne y unas bebidas.

Hannah se levantó y lo tomó para retirarse un poco y comenzar a teclear los números. Robert me miraba como siempre lo hacía, con desprecio y asco, pero había algo diferente en sus ojos y el cadáver de Fred en el cuarto de insumos no ayudaba mucho como para pensar que todo iba a seguir con normalidad.

—Sé que nunca llamaste a la pizzería —comenzó a decir, apoyándose en la barra—. Sé que hacías llamadas al 911, por eso conociste al tal Tom, ¿cierto?

Fruncí el ceño, completamente confundido porque no tenía ni la menor idea de qué me estaba hablando. Tom y yo nunca habíamos hablado de nada personal, y por más que repasaba mentalmente nuestras conversaciones, él jamás dio a entender que me conociera de antes del gimnasio. De hecho, esa fue la primera vez que nos vimos en persona. Miré a Robert, que notó mi confusión al instante y estalló en carcajadas.

—Eres tan estúpido que no te diste cuenta que ese chico se aprovechó de ti —negó con la cabeza y sacó el arma de nuevo para ponerla en la barra—. Así es, Tom Kaulitz es operario del 911. Seguramente atendió alguna de tus tantas llamadas y sintió pena por el inútil que nunca ha podido defenderse como el hombre que es. Eres tan patético y ese chico lo notó. Te llevó a esa fiesta solo para meterte la verga como la perra que eres, sintió tu desesperación y te partió el culo. Eso fue lo que pasó y tú creíste que se había enamorado. Oh, pero vaya que sí eres imbécil.

Rió de nuevo y bebió de una botella de vodka ya que la cerveza se había acabado.

—No deberías tomar —murmuré bajito—. Deberías sacar a Fred de aquí, la policía…

—¡Nadie va a llamar a la puta policía! —me interrumpió, bebiendo grandes cantidades de su botella—. Lo que tengo preparado no dejará rastro de Fred… y ni de ti —finalizó con una sonrisa perversa, esa misma que hizo cuando me quitó a lo que yo más quería. Sabía que era una amenaza de muerte, pero no temía por mi vida sino por la de ella.

—Con Hannah aquí…

—Mi hija y yo nos iremos al cine o a comer en un restaurante, para ya sabes, tener una cortada —pasó sus manos por su cabello negro lleno de canas tratando de calmar su visible nerviosismo.

—No te vas a llevar a mi hija —expresé con todo el odio desde el fondo de mi ser.

—¿Tu hija? —rió a carcajadas de nuevo—. Es legalmente mía y de tu madre.

—No puedes, Robert.

—Ay, por favor… —rió con desprecio—. Nunca velaste por ella ni por su madre. Tanto, que terminaste asesinando a la pobre Natalie.

—¡Fue un accidente!—grité, con la voz quebrada.

—Un accidente que provocaste por ir borracho.

—Era joven… Creía que el licor era la solución a todos mis problemas.

—Entonces no debiste conducir. Tenías edad suficiente para tener sexo y para tener una hija, pero no la tenías para entender que manejar ebrio podía matarlos a todos.

—Estaba en labor de parto. Tenía que llegar a la clínica como fuera.

—Eso ya no importa. Lo único que cuenta ahora es que Hannah es legalmente mía… y que tú tienes que desaparecer antes de que cumplas veintiuno.

—Si lo que quieres es el dinero, te lo doy todo. Solo déjanos irnos.

—Claro que me quedaré con tu dinero… y con tu hija. Pero sobre todo, me quedaré con la satisfacción de no volver a verte nunca en mi vida.

—¿Por qué me odias tanto, Robert? —pregunté después de que un tortuoso minuto de silencio transcurriera.

Robert rió irónico como si yo conociera la respuesta de mi pregunta.

—Porque eres un estorbo en mi vida y porque me haces sentir cosas que no debería sentir, porque al estar en el mismo sitio que tú me hace desearte y querer… —se detuvo viendo la magnitud de su confesión—. ¡Yo no soy un maldito maricón! Pero tú… tú me haces sentir que sí lo soy. Por eso te odio tanto y por eso vas a dejar de existir, porque contigo fuera del mapa volveré a ser normal. Me iré con Hannah, tendré sexo con mujeres y me olvidaré de ti.

—Yo no tengo la culpa de que tú…

—¡No lo digas! —riñó alzando la voz, dándome la espalda como si al evitar mirarme se convenciera él mismo. Mientras tanto, yo había mirado un par de veces hacia la dirección por donde Hannah había salido, pero no la veía y agradecía que Robert estuviera muy distraído conmigo—. Sí es tu culpa. Mírate, Bill, pareces una mujercita, delicada y muy hermosa. Si tan solo no tuvieras eso entre tus piernas, serías la mujer perfecta para mí.

—¿Estás escuchando lo que dices?

—¡Lo hago! —gruñó apuntándose con la punta de su arma sobre sus sienes—. Y trato de callar esta maldita voz que me pide una y otra vez que te haga mío.

Negué con la cabeza y, con el frío recorriendo mi cuerpo, retrocedí un par de pasos hasta tropezar con la estufa. Robert jamás me había tocado o insinuado nada. Jamás se le había notado que sentía todo eso por mí. Pero ahora, al verlo como me observaba, sabía lo que planeaba hacer.

Mi reacción fue nula y ni siquiera tuve tiempo de reaccionar. Robert me sujetó del cabello para sostenerlo con firmeza. Jadeé por el terrible dolor. Colocó su arma en mi estómago y me obligó a descalzarme.

—No tienes por qué hacer esto —murmuré sollozando e intentando que no me desabrochara mis pantalones.

—Esto es lo último que tengo que hacer para quitarme esta maldita obsesión que tengo contigo, Bill —colocó su frente en mi sien y soltó mi cabello para bajar su mano hasta mi nuca—. Eres tan bonito, eres perfecto, Bill —intentó besarme, pero lo esquivé, provocando que mordiera mi cuello.

—Tú no eres gay, Robert, y yo te doy asco. No puedes hacer esto, ¡piensa en Hannah! —grité con desespero.

—Tú me has provocado desde el primer momento en que te vi —dijo a su vez, ignorando que pronto Hannah volvería a la cocina junto a mí.

—Eso no es verdad, yo te veía como a mi padre.

—¡No soy tu padre! Y esta es la única solución que encuentro para no pensar en ti. Porque incluso cuando estés muerto siempre estarás aquí en mi mente. Necesito probarte, necesito escuchar cómo son tus gemidos.

Robert me tenía aprisionado contra la estufa, moviéndose contra mi pelvis dormida. No sentía deseo, solo asco, mientras él estaba muy duro. De pronto me tomó de los hombros y me arrastró hasta la barra para subirme en ella. Estaba bastante asustado, gritaba, me defendía como podía y forcejeaba para liberarme. Pero un golpe seco con sus nudillos me hizo parar en seco; me dejó aturdido y la sangre empezó a salirme por la boca y la nariz.

Aprovechó ese momento de inconsciencia para bajarme los pantalones y meter la mano dentro de mi ropa interior, empezando a masturbarme mientras yo recuperaba poco a poco los sentidos. Me tumbó sobre la barra y con la mano libre me tomó por el cuello, apretando hasta que el aire se me iba y casi perdía el conocimiento otra vez.

De repente se escuchó un golpe fuerte y vidrios rompiéndose. Robert me soltó el cuello y retrocedió llevándose la mano a la cabeza para detener la sangre que le salía por la herida que Hannah le acababa de abrir con la botella de vodka. Me bajé de la barra como pude, me subí los pantalones a toda prisa y corrí hacia la puerta principal. Intentamos abrirla, pero estaba completamente cerrada con llave.

Me giré para subir las escaleras y me encontré de frente con Robert otra vez. Había perdido la cordura por completo; sus ojos eran dos orbes oscuros, sin vida, llenos de furia. Mi niña lloraba mientras él me sometía de nuevo, esta vez en el piso del salón. Se subió encima de mi estómago y con sus brazos fuertes me apretó el cuello con rabia, sin darme tregua para respirar. La visión se me nublaba, la respiración era cada vez más errática. Poco a poco fui perdiendo el conocimiento. No quería irme y dejar a Hannah ni a Tom… pero Robert me estaba quitando la vida.

Continúa…

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por TollWriter

Escritora del Fandom

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