

Fic TOLL de TollWriter
Capítulo 1
Dos meses laborando en el panal y un sinfín de llamadas de emergencia había recibido, y basado en mis pocos conocimientos, pude resolver la mayoría de ellas. Me sentía a gusto aquí y por ningún motivo lo iba a abandonar.
El timbre que indicaba que el receso había acabado se escuchó. Tomé los platos desechables y los tiré a la caneca para después limpiar un poco la mesa. Salí con mi agenda de apuntes y relevé el turno de mi compañera.
—Nos vemos mañana, Tom —se despidió de mí, y junto con otro grupo salieron del panal.
—Te vi, te gusta la chica, ¿eh? —preguntó Nick, mi molesto hermano, que siempre venía al panal cuando terminaba de hacer sus rondas en la patrulla.
—¿Qué haces aquí, Nick? —le pregunté.
—No tenía nada que hacer y pasé para verte un rato —sonrió y se sentó en mi escritorio. —No respondiste, ¿te gusta tu compañera? —insistió.
—Estoy ocupado, Nick —
—Si no puedes hablar, entonces te veré trabajar —dijo, y se cruzó de brazos.
—Ay, no, quítate —lo hice levantar de mi escritorio. —¿Dónde está tu compañero? —le pregunté al verlo solo por allí.
—Está en supervisión —
—¿Otra vez? Vaya joyita de novio que te conseguiste —dije bromeando.
—No es mi novio y no es una joyita —susurró para que yo solo lo escuchara.
—Sí, como no —le dije, y me puse los auriculares para atender una llamada que entraba.
No era muy importante, solo una pelea de borrachos en un bar cercano. Di el reporte y miré a mi hermano.
—Vamos este fin de semana a San Bernardino —
—No —
—No seas aburrido, Tom, harán una fiesta increíble, debemos ir —insistió.
—Ve tú —
—Tienes que ir —me dijo jalando una silla vacía y sentándose.
Miré a mi alrededor, por suerte Gustav no estaba cerca.
—Llevas dos meses trabajando y no te han dado días de descanso. Según mamá, llevas como una semana acumulada —dijo—. Axel y yo también hemos acumulado nuestros días de descanso para irnos a ese viaje.
—¿Qué voy a hacer yo allí? —le pregunté.
—Puedes encontrar una novia o… un novio —me dijo, y me tensé al escuchar el tema que había estado evitando desde que era un niño. —No puedes negar lo que eres —
—Y según tú, ¿qué soy? —le pregunté.
—Tom, eres gay, igual que yo. e igual que muchos hombres.
—No lo soy —le dije, dudando. Claro que lo era, pero mi padre siempre me recalcaba que debía ser un hombre y casarme con una mujer.
—Me gusta Lina —
Mi hermano me miró incrédulo, pero asintió quedándose callado.
—Solo digo… —y allí estaba otra vez. Puse los ojos en blanco y él continuó—. Solo digo que tu padre era un imbécil machista y por eso asesinó a tu mamá. No fue tu culpa.
—Nick, Robert la mató porque ella prefirió a su hijo anormal, al que le gustaban los hombres.
—Te gustan los hombres, Tom. No hables en pasado porque sé que aún te gustan.
—Déjame trabajar, Nick.
Mi hermano comenzó a teclear en su teléfono hasta que su compañero salió de la oficina del director. Se despidió de mí diciéndome que nos veríamos en casa. Los vi marcharse y pude continuar con mi jornada laboral, que se trató básicamente de llamadas un poco tranquilas y muchas equivocaciones. La tarde terminaba y era casi el final de mi turno.
Pero entonces recibí una llamada…
—… Escucha, Jeremy —le dije al niño de cinco años que no encontraba a su mamá en el parque. Se había perdido al perseguir un perro y ahora estaba rodeado de árboles, y la luz del día ya iba desapareciendo. Miré la hora y eran las cinco de la tarde. Tenía una hora para ayudarle.
—Sé que tienes frío y estás nervioso, pero necesito que te quites la camiseta y la rasgues en tiras. ¿Puedes hacerlo?—
En sollozos, dijo que sí, así que procedió a hacer lo que le decía. Hundi el botón donde anexaba con la patrulla más cercana.
—Oficial García, Jeremy está dejando rastro por el camino que él piensa que tomó. Dice que escucha las risas de los niños, pero ya ha pasado de las cinco. ¿Sabe lo que significa?—
—Sí, muy pronto el parque quedará solitario.
Asentí, aunque el oficial no me viese. Solo podía continuar tranquilizando a Jeremy. El oficial dijo que entraría de inmediato al parque, así que retomé la llamada de Jeremy.
—Tom… tengo frío…
—Lo sé, cariño, pero sigue caminando. Un oficial estará gritando tu nombre. Si lo escuchas, por favor, no tengas miedo y responde a su llamado.
—Está bien.
Jeremy fue valiente en toda la llamada, estuvo diciendo que veía y que escuchaba. También cantó una canción, me dijo que cursaba en primaria, que tenía muchos animales y que sus padres peleaban mucho, y por eso permanecía en ese parque. Me dio tristeza por él.
Miré de nuevo el reloj y ya pasaban de las nueve de la noche. En ningún momento pensé que otra vez me pasaba de mi horario de salida, pero escuchar la risa de Jeremy cuando se reencontró con sus padres fue gratificante. El oficial lo había encontrado por el rastro de tiras de tela.
Gustav me felicitó y me ordenó que saliera de inmediato, y en eso estaba cuando una nueva llamada entró. No podía dejarla sin contestar, mi compañero de relevo aún estaba en la cafetería, así que oprimí para contestar.
—911, ¿cuál es su emergencia?—
Silencio.
Oh no, otra vez… Había olvidado aquella llamada.
—¿Sabes que es un delito muy grave hacer estas llamadas? —
—Yo… —dijo inaudible, pero escuché que era la misma voz tierna y delicada.
—¿Cómo te llamas? —
—No puedo decir.
—¿Por qué? ¿Alguien te amenaza? ¿Estás en peligro? —
—El… —
—¿Qué tanto hablas? ¡Pide la maldita pizza! —esa voz de nuevo. Esa voz me producía asco.
—Me equivoqué de número —dijo tan bajito. ¿Acaso siempre hablaba así?
—Entonces cuelga el teléfono y marca el número correcto, ¡rápido! Tengo hambre.
—Oye… yo puedo… —
—Lo siento, me equivoqué —y otra vez cortó la llamada.
Bufé molesto y me quité los auriculares con rabia. No sabía por qué no pedía ayuda, y aunque estaba preparado para esto y además sabía los protocolos, sin poder evitarlo me frustré.
Miré a mi alrededor, todos en el panal estaban sumergidos en sus asuntos, y una idea loca me surgió. Abrí el registro y tecleé la última llamada, busqué en su historial y vaya fue mi sorpresa cuando hallé muchas llamadas de ese número.
Tomé papel y lápiz para anotar los dígitos. Cerré todas las páginas abiertas y busqué en la base de datos el número, y entonces lo vi por primera vez: allí estaba su licencia de conducción, su foto, sus datos.
Miré su nombre y lo susurré, porque era hermoso.
—William Trümper.
Continúa…
Gracias por la visita. No olvides dejar un comentario 😉