
Fic original de emseviltwin. Traducido por OuterSpace
Capítulo 8
Con los ojos entrecerrados por la intensa luz, Tom gruñó y tiró nuevamente con su brazo, jalando de la cuerda que estaba conectada al gran generador debajo de él. El trozo de metal chilló y zumbó cuando la maquina dentro de él intentó girar. Décadas de exposición al sol caliente y a la arena rasposa habían dejado a la estación más café que el metal negro, debido a la oxidación. No había forma de saber si funcionaría o no. Se suponía que algún tipo de poder nuclear debía mantener las estaciones de comunicación en funcionamiento, pero ésta no tenía vida y ahora el regenerador de repuesto parecía estar estirando la pata también. Se suponía que debía funcionar con baterías, pero la máquina de diésel debía encender primero para lograr que funcionaran.
—Vamos, hijo de puta —masculló Tom, pero la máquina sólo crepitó y volvió a quedarse en silencio—. ¡Maldita sea!
—¿Y por qué es tan importante esta cosa? —preguntó Bill desde su lugar en el asiento de la cuatrimoto de Tom.
Tom pasó una mano sobre su cabeza de forma irritada.
—¡Comunicación!
Se suavizó un poco cuando Bill hizo una mueca.
—Lo siento —dijo—. Es que en verdad no necesito de esto, ¿sabes?
Bill hizo un sonido de empatía y pateó con sus piernas.
—¿Y por qué te mandaron a arreglar esto? ¿No eres como el general de la base? —preguntó, bajando su voz a un tono serio y luego soltando una risa.
La boca de Tom se frunció.
—Mi rango no es tan alto como piensas —dijo, sonrojándose un poco—. Es sólo que en este lugar de porquería no hay nadie con un puesto tan alto como el mío.
Por alguna razón se sintió avergonzado y se ocupó a sí mismo tomando el cordón del motor con su puño y jalándolo rápidamente. Una vez más, el motor se quejó fuertemente pero se rehusó a encender. Tom suspiró derrotado.
Bill, aparentemente despreocupado, saltó de su asiento y caminó hacia Tom, mirando casualmente por encima de su hombro.
—Entonces, ¿qué rango tienes?
Tom se encogió de hombros, frotando su nuca.
—Soy como capitán, o teniente primero.
Bill sonrió.
—¿Cómo capitán? —preguntó—. ¿O teniente primero?
—Capitán —repitió Tom, rodando los ojos. Luego hizo una mueca—. Bueno, o sea, técnicamente soy teniente primero, ¿bien? Pero no se supone que puedas comandar una base a menos que seas un capitán como mínimo, así que… Se supone que van a promoverme. Digo, me promovieron, sólo que no formalmente. Las cosas están un poco frenéticas en este momento.
Terminó su explicación tontamente, consciente de que su rostro estaba rojo.
—Entonces… —dijo Bill, ladeando su cabeza hacia un lado—. ¿Teniente-capitán?
Tom se encogió de hombros, incómodamente.
—Supongo.
Los ojos del Danachi destellaron.
—¿Eso si quiera existe?
—¡Sí, existe! —gritó Tom—. Por dios. Mira, ¿por qué no te callas y me dejas arreglar esto?
Bill se empujó con los hombros de Tom y retrocedió hasta que pudo sentarse nuevamente en la cuatrimoto: una cosa polvorienta y vieja que solía ser roja.
—De todas formas, ¿por qué enviarían a un capitán hasta acá para arreglar esta cosa?
Tom tiró del cordón nuevamente.
—Bueno —gruñó, resistiendo el deseo de patear el generador cuando se negó a funcionar—. No sabía que estaba descompuesto cuando salimos. Necesita revisiones de rutina y no sé… pensé que tú… que nos haría bien salir de la base un poco.
Miró sobre su hombro y vio al Danachi sonriendo un poco; sus botas se columpiaban y golpeaban contra una de las grandes llantas.
—Gracias, Tom.
Las palabras hicieron que algo suave comenzara a revolotear en el estómago de Tom y luego se volteó hacia el generador para no evidenciarlo en su rostro. Bill había estado zumbando con una energía alegre desde el momento en el que Tom había encendido el motor de la cuatrimoto en la base. El viaje a través de la arena y la piedra nunca antes se habían sentido tan bien como cuando el cuerpo delgado del Danachi se había presionado totalmente contra su espalda, pero ahora estaban aquí, afuera, en medio de la nada sólo con piedras duras y escarpadas como compañía. A su izquierda, una cordillera de piedra lisa se destacaba en el desierto y rasgaba el cielo con sus puntas duras. El sol ya estaba bajando.
Tom arrugó la nariz y un nudo se le formó en el estómago. Sintió repentinamente una brisa fría que se deslizó sobre su piel, provocando piel de gallina en su cuello. Luego creyó escuchar un extraño chasquido en la distancia.
—Mierda —masculló. Su buen humor se evaporó cuando le echó un vistazo a la luz—. Tenemos que apresurarnos.
El generador seguía negándose a encender y algo en el fondo de la mente de Tom le recordó que podría pedirle ayuda a Bill, pero se detuvo. Odiaba la idea de que Bill pudiera pensar que lo había llevado ahí únicamente para aprovecharse de la magia del Danachi.
—¿Por qué? —preguntó Bill.
Tom miró sobre su hombro para encontrarse con que el Danachi se había sentado a horcajadas en la moto y estaba ahora agarrando los manubrios con ambas manos, inclinándose hacia adelante como si estuviese manejando. El ángulo le dio a Tom una vista particularmente buena del trasero de Bill cubierto con cuero.
—¿Qué? —tosió.
Bill giró su cabeza.
—¿Por qué tenemos que apresurarnos?
—En la noche no estamos a salvo en el desierto —dijo Tom. Se agachó para tener una mejor vista del motor y metió su dedo por donde salía el cordón. El índice salió cubierto con arena y aceite y Tom lo limpió en sus pantalones—. Sólo… no es seguro. Hay cosas aquí afuera.
Bill estaba a punto de decir algo cuando de pronto, un extraño sonido rasposo cortó a través del aire que, de lo contrario estaría calmo La cabeza de Tom se levantó de golpe y se congeló, intentando escuchar.
—¿Qué fue eso?
En el vehículo, el Danachi se encogió de hombros.
—No sé, ¿un ave?
Tom hizo una mueca. No podía sacudirse la extraña sensación que se había apoderado de su estómago. Jaló frenéticamente de la cadena una vez más y maldijo en voz alta cuando obtuvo el mismo resultado.
Luego, una mano ligera tocó su hombro.
—¿Quieres que yo lo haga?
Tom miró hacia atrás y se encontró con el rostro de Bill muy cerca del suyo. Nuevamente hizo una mueca.
—¿No te… importa?
El Danachi sonrió.
—Por supuesto que no —luego hizo una expresión seria y burlona—. Si no te conociera mejor, creería que me sacaste sólo para aprovecharte de mí.
El doble significado en sus palabras hizo que Tom sonriera, muy a su pesar.
—Sí.
—Conoces mi tarifa, ¿no? —preguntó Bill.
Tom se sonrojó.
—¿Qué? …¿Un beso?
El Danachi sonrió más ampliamente y se hincó junto a Tom, cerrando sus ojos.
—Anda.
Los labios de Bill estaban ligeramente separados y cuando Tom acunó su mejilla y presionó su boca ligeramente contra la de Bill, el Danachi hizo un sonido de felicidad. El beso sabía a la luz caliente del sol y a arena, austero como el paisaje que los rodeaba. Tom pudo sentir las manos de Bill tocando levemente la bufanda alrededor de su cuello.
Se separaron rápidamente cuando un fuerte sonido les hizo sobresaltarse y luego Bill hizo una mueca.
—¡Vaya, debe ser tremenda ave! —dijo y sus ojos destellaron un poco.
Tom miró a su alrededor, pero no pudo divisar nada bajo la luz tenue. El cielo estaba tornándose de un color naranja dorado en contraste con las oscuras cadenas de montañas, cosa que hubiese sido hermosa de no ser por el recelo trepidante en su estómago.
Se volteó para decirle a Bill que continuara.
—Tenemos que…
Pero el Danachi ya estaba concentrándose en el generador. Sus ojos estaban cerrados y estaba exhalando un suspiro profundo. Colocó ambas manos sobre la máquina decrépita y uno o dos segundos después, Bill se sacudió ligeramente y el motor dentro del metal oxidado comenzó a girar. En segundos, las luces del panel del sistema se encendieron.
Rápidamente, Tom le echó un vistazo a algunas de las pantallas, pero los sistemas parecían estar bien. No había indicaciones del tiempo que la estación había estado fuera de servicio.
—Ok —dijo, levantándose y ofreciéndole una mano a Bill—. Gracias. Mira, será mejor que nos vayamos de aquí.
Bill no hizo más preguntas cuando Tom hizo que ambos se apresuraran de regreso a la cuatrimoto. Tom la encendió incluso antes de que el Danachi tuviera tiempo de pasar su pierna sobre el asiento. Su cuerpo se sintió caliente contra la espalda de Tom cuando arrancaron y su voz, se escuchó ensordecida por la bufanda protectora cuando dijo en la oreja de Tom:
—¿Está todo bien?
Tom aceleró, esperando poder huir de la sensación atemorizante que se había asentado alrededor de ellos. La arena se levantó en forma de olas cuando Tom presionó su pie pesadamente en el pedal de gas.
—¡No deberíamos estar afuera tan cerca del anochecer! —gritó por encima del sonido del motor.
Aceleró más, repentinamente al tanto del vasto espacio que los rodeaba y en lo imprudente que había sido sacar a Bill hasta ese punto. Tom sólo llevaba una pistola de carga y el Danachi ni siquiera estaba armado.
—¡El desierto no es seguro!—dijo—. ¡Especialmente por la noche!
Bill no dijo nada en respuesta, pero Tom sintió los brazos del Danachi apretándose alrededor de su estómago, y por un momento, el rostro de Bill se presionó contra su cuello. Tom se encorvó más hacia adelante y presionó su pulgar con más fuerza sobre el acelerador.
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Los ojos de Tom parpadearon al abrirse.
El reloj junto a su cama le dijo que eran casi las tres de la mañana. Miró el techo por un momento, preguntándose qué era lo que lo había despertado y fue hasta un momento después que se dio cuenta de que estaba solo. Se sentó derecho y sus ojos escanearon rápidamente las esquinas de la habitación en busca de Bill, pero no había rastro del Danachi. Una oleada de miedo inundó el estómago de Tom y rápidamente se puso de pie. Entonces supo qué lo había despertado: el sonido de su puerta cerrándose.
Rápidamente, Tom tomó su ropa y sus botas y se las colocó a tirones. En cuestión de segundos salió por la puerta, apresurando su paso por los corredores de metal en dirección hacia el aire frío. El cielo estaba de un color púrpura oscuro y sobre la línea del muro podía observarse un tinte color naranja del fuego que ardía más allá en el horizonte. Había pasado mucho tiempo desde que la noche había sido completamente oscura.
—¿Bill? —siseó, preguntándose en dónde podría estar el Danachi y con quién podría toparse en la oscuridad. Cada soldado en la base todavía ojeaba a Bill cuando seguía a Tom por la base.
No hubo respuesta y Tom se dio vuelta, escaneando el área. De repente dio un respingo cuando distinguió, en contraste con el cielo oscuro, la silueta de una sombra negra con cabello alborotado en el borde del muro de protección que rodeaba la base.
—¡Bill!
La sombra se tiró sobre el borde de la pared hacia el desierto y Tom, aterrado, se tambaleó hacia adelante, como si estuviesen conectados por una cuerda. ¿Qué demonios estaba pensando Bill al salir sin protección a la mitad de la noche? Tom le había dicho lo peligroso que era estar fuera del muro de protección.
Tom se echó a correr tan rápido como pudo hacia unos escalones que llevaban hacia la parte de arriba del muro. Hubiera podido ir a una de las puertas, pero estaban demasiado lejos. Llegar a ellas y volver hasta donde estaba Bill hubiera tomado mucho tiempo. Los pies de Tom derraparon contra el concreto escarpado mientras bajaba por la pared y el aterrizaje estremeció sus huesos cuando se dejó caer al suelo del otro lado.
El desierto se extendía frente a él, quebrándose sólo con los ocasionales arbustos pequeños y los escombros de metal que contaminaban el paisaje. La arena gris se deslizaba hacia el horizonte que brillaba con un color naranja y en el que resaltaban nubes nebulosas. No pudo ver a Bill de inmediato. Era como si el Danachi hubiera desaparecido en el fino aire y por un momento, Tom temió que hubiese sido así.
De repente, un sonido atravesó la oscuridad y Tom se paralizó.
Giró su cabeza hacia la izquierda. En algún lugar en la distancia se escuchó un chillido tortuoso y una fisión de miedo frío lo atravesó. Era un sonido metálico sobre roca y aun así, sonaba como algo orgánico. Nunca antes había escuchado algo similar en la base.
—¿Qué mierda fue eso? —siseó.
Aguzó su oído, queriendo que el sonido fuese sólo algo irrepetible, pero al mismo tiempo quería escucharlo de nuevo sólo para comprobar que se trataba de un sonido normal y explicable.
Algo que fuera mejor que lo que estaba pensando.
Se hizo para adelante un poco, buscando la silueta de Bill bajo la luz tenue. El fuego que se mezclaba con el ocaso tardío enviaba disparos de color rojo y naranja a través del cielo, haciendo que la arena se viera gris y fría. Debería ser hermoso, pero lo único que Tom podía sentir era un miedo creciente que se deslizaba por su columna y se estancaba en su estómago de manera enfermiza.
A lo lejos divisó al Danachi hincado junto a un pequeño arbusto y Tom se agachó y se apresuró hacia él. Se sintió como un idiota por correr encorvado, como si un enemigo pudiera localizarlo, pero se alegró de haberlo hecho cuando llegó junto a Bill y el sonido volvió a escucharse, con más fuerza.
Agarró el brazo de Bill cuando un poco de arena espolvoreó los pies desnudos del Danachi y pudo ver que Bill tenía un manojo de hojas en su mano. Tom jaló de su brazo.
—Vamos —murmuró—. Tenemos que volver.
Bill giró su cabeza y sus ojos lucieron muy grandes y oscuros en la luz débil.
—Espera. —su voz fue un extraño susurro que pareció flotar por el aire quieto. Tom ni siquiera estaba seguro de haber visto que los labios del Danachi se movieran.
—¿Esperar? —siseó Tom. Se estremeció cuando escuchó el extraño grito gutural nuevamente—. ¿Estás demente? ¿Qué mierda estás haciendo acá afuera?
Bill se levantó un poco, mirando a su alrededor sobre el hombro de Tom.
Tom, frustrado, exhaló pesadamente y apretó su agarre en el brazo de Bill, tirando de él nuevamente e intentando que Bill se pusiera de pie.
—¡Vamos!
Repentinamente, Bill dejó salir un siseo sutil y Tom sintió cómo lo jalaba al suelo nuevamente. La mano de Danachi cubrió su boca y el rostro de Bill quedó justo frente al suyo.
—Silencio.
Tom se heló. Los ojos de Bill estaban oscuros y demasiado grandes. Los irises parecían inflados, escurriéndose por lo blanco de sus ojos y dejando sólo unos pequeños espacios en cada lado. Su mano se sentía fría contra la boca de Tom y parecía estar pegada. Tom sintió una nauseabunda necesidad de alejarse. Podía sentir los dedos insidiosos del poder de Bill deslizándose por su cuerpo, sólo que no estaba tintado con la usual calidez que lo distinguía.
Hizo un pequeño sonido.
—Shhh. —exhaló Bill.
Entonces Tom lo escuchó. Un ligero sonido de algo pesado raspando la arena justo detrás de él y ligeramente a su derecha. Una exhalación pesada vino después y luego hubo un gruñido estremecedor que hizo que el vello de su nuca se erizara. Sonó fuerte, tal vez justo junto a su oreja y él hubiera saltado para ponerse de pie si Bill no hubiera estado sujetándolo. Maldijo el hecho de haber seguido al Danachi sin cargar una arma.
Los ojos de Bill taladraron los suyos y a pesar de su deseo de alejarse lo más posible de lo que fuera que estaba haciendo ese sonido, no hubiera podido moverse incluso si hubiera querido. Los labios del Danachi estaban separados y Tom podía sentir en su rostro los ligeros soplos del aliento de Bill.
—No te muevas. —le dijo Bill, y de nuevo, fue como si hubiera sentido las palabras en vez de haberlas escuchado.
Pudo escuchar la arena rasposa detrás de él, pero el sonido se desvanecía mientras la mano de Bill presionaba su boca con más fuerza. De súbito, Tom se estremeció violentamente cuando sintió un frío envolviéndolo como el agua de la ducha o una manta deslizándose sobre su cabeza, sólo que esto era frío en vez de cálido. Frente a él, los ojos de Bill se veían ahora más oscuros.
Un pequeño roce de aire atravesó la manta fría y se deslizó hasta su nuca, haciéndolo estremecerse una vez más. Tom se dio cuenta de que lo que fuera que había hecho el sonido estaba ahora tan cerca de él, que incluso podía sentir su aliento. ¿Cómo podía estar tan cerca sin intentar comérselos? No lo sabía. Era como si la cosa estuviera sólo vagamente consciente de que estaban ahí.
Un sudor frío se deslizaba por los costados del rostro de Tom. Se sentía ligeramente nauseabundo y un asqueroso aroma de putrefacción inundó sus fosas nasales. Quería voltear y ver lo que era. Quería arrancarse del suelo y correr a la base, pero Bill lo sostenía con firmeza. Escuchó un pequeño “shhh…” en su mente y justo cuando pensó que había sentido unos dientes afilados cerrándose en su nuca, la arena volvió a moverse y sintió un ligero roce de aire contra su espalda.
La cosa se había ido, Tom pudo escucharla gritar nuevamente hacia la oscuridad. Se derrumbó y una de sus manos se hundió en la arena. Bill quitó su mano de su rostro, pero de inmediato tomó la suya y lo jaló hacia arriba.
—¿P-por qué esa cosa no pudo vernos? —preguntó, tropezándose ligeramente.
Bill no contestó.
—Vamos —siseó, jalando a Tom hacia la base—. No hagas ruido, todavía no se va.
El estómago de Tom dio otro retorcijón cuando comenzaron a correr, agachados. La misma sensación fría se deslizaba por todo su brazo iniciando desde donde la mano de Bill tomaba la suya. De repente, Tom se dio cuenta de que era un residuo o una evidencia del poder del Danachi.
—¿Nos estás escondiendo? —murmuró.
—Sí —Bill se volteó brevemente hacia él y Tom dio un respingo al ver la luz naranja del fuego reflejándose en sus grandes y oscuros ojos antinaturales—. Pero no puedo hacerlo por mucho tiempo, así que apresúrate.
Tom notó entonces que incluso en la luz tenue, Bill lucía increíblemente pálido; sus labios estaban de un rojo oscuro y unos anillos profundos delineaban sus ojos. El grito gutural volvió a escucharse cuando llegaron al punto más cercano del muro de la base y Tom rápidamente se agachó, poniendo sus manos debajo de los pies descalzos de Bill para impulsarlo hacia arriba. El borde estaba muy alto, debía estarlo, y los dedos de Bill se revolvieron para intentar alcanzarlo. Tom lo empujó más arriba, encontrando que el peso de Bill era ligero y fácil de manipular con sus manos.
Una vez que Bill se sacudió para alcanzar el borde y el contacto físico entre ellos se rompió, Tom sintió que la manta fría que lo envolvía se desvanecía inmediatamente. Un miedo se apoderó de él y maldijo, saltando tan alto como pudo. Sus botas, inútilmente, se resbalaron contra el concreto y luego el grito volvió a escucharse. Tom saltó una vez más intentando alcanzar el filo del muro desesperadamente. Cuando se sintió resbalar de nuevo, escuchó un gruñido desde arriba y de repente sus dedos encontraron el borde. Se montó sobre la pared y luego encontró a Bill agachado a su lado. El Danachi estaba temblando.
Tom bajó la vista. El piso estaba a poco más de tres metros de distancia debajo de él, lo suficiente como para evitar que alguien pudiera saltarlo. Normalmente…
—Gracias. —dijo Tom, sin aliento.
El Danachi sólo asintió; parecía estar a punto de colapsar y Tom lo ayudó a ponerse de pie, colocando una mano debajo de su antebrazo.
—Vamos. —dijo, guiando a Bill por la orilla de la pared hasta unos escalones de metal que llevaban abajo.
Bill se inclinó pesadamente sobre él cuando caminaron por los silenciosos corredores de la base hasta la habitación de Tom. Parecía estar dormido, aunque seguía temblando. Tom lo empujó con gentileza en el borde de la cama cuando entraron a la barraca y entonces se dio cuenta de que Bill todavía tenía en su mano el manojo de hojas que había recolectado.
Un destello de irritación lo atravesó. ¿Por eso habían arriesgado sus vidas?
—¿Qué diablos estabas haciendo allá afuera? —exigió saber. Sintió una extraña mezcla de apreciación por el hecho de que los poderes de Bill los hubiesen salvado y de irritación porque Bill había sido lo suficientemente estúpido en primer lugar como para salir de la base cuando era de noche—. ¿No te lo acababa de decir esta tarde? ¡Te dije que es peligroso!
Bill estaba mirando sus manos y no respondió. Seguía temblando ligeramente.
—¿Qué es esa cosa? —preguntó Tom, señalando el manojo de Bill.
Al final, el Danachi levantó la mirada. Su rostro estaba pálido y su expresión era una de leve vergüenza.
—No era mi intención ponerte en peligro —dijo, renuentemente—. Es sólo… sólo que necesitaba un poco de esto, eso es todo.
Tom sacudió su cabeza.
—¿Eso es todo? Te dije que no debíamos estar afuera de la base cuando anochecía, ¿no? No eres estúpido. ¿Qué tienen de importante esas tontas hojas?
Bill se sonrojó; el color rojo inundó su rostro para encontrarse con los anillos oscuros debajo de sus ojos.
—Las necesito, ¿bien? —desvió la mirada—. Terminan con… ayudan a que el deseo se detenga.
Deseo… los ojos de Tom se ampliaron.
—¿Te refieres al… sexo? —preguntó.
Bill hizo un sonido de incomodidad.
—¡Sí, ¿ok?!
Tom rascó su nuca. Ahora era su turno de sentirse avergonzado. Era obvio que Bill había estado sintiéndose mal, o al menos que había tenido la sensación de que su necesidad por el sexo había sido una inconveniencia para Tom. Lentamente, Tom se sentó a su lado.
Sintió cómo el Danachi, que seguía temblando por las secuelas que habían quedado al haber usado su poder, se tensaba. Gentilmente, Tom tocó el reverso de la mano de Bill que agarraba las hojas.
—No necesitas eso —dijo, bruscamente—. ¿Ok? No te preocupes por eso. Y no salgas así nuevamente para conseguirlas. Te daré lo que necesites. ¿Está bien? Yo te daré lo que necesites.
Bill giró su cabeza y Tom pudo ver por primera vez el borroso rastro de las lágrimas humedeciendo sus mejillas pálidas. Su mano libre se movió para tocar con ligereza los pliegues de los pantalones de Tom sobre su muslo y se agarró de ellos. Su rostro estaba pálido y sus labios entreabiertos.
Tom sonrió un poco y agachó su cabeza. Se inclinó hacia adelante y puso su boca sobre la de Bill, besándolo con suavidad. De inmediato, el Danachi dejó escapar un leve sonido de alivio y se desplomó un poco. Tom puso su brazo alrededor de los delgados hombros de Bill y lo acercó mientras continuaron besándose. Pudo sentir cómo lentamente los temblores en el cuerpo de Bill se desvanecían.
Cuando se separó, tocó la mejilla de Bill con suavidad y la sintió cálida contra sus dedos. El color había vuelto a la piel de Bill y sus labios habían bajado su tono.
—¿Mejor? —preguntó.
El Danachi asintió tímidamente.
—Gracias.
Tom se rio un poco.
—Gracias —dijo—. Pensé que íbamos a morir allá afuera.
Bill sonrió débilmente.
—Por poco.
Tom dudó.
—Pensé que te habías ido —admitió—. Cuando desperté.
Bill se limitó a mirarlo con ojos grandes y permaneció callado mientras Tom continuaba.
—Tú no… no quieres irte, ¿verdad?
Bill negó con su cabeza.
—No.
Tom exhaló.
—Oh, qué bien. Eso es bueno… me estoy acostumbrando a tenerte por aquí.
Entonces Bill sonrió y su sonrisa inundó sus ojos, ahuyentando todo rastro de cualquier extraña profundidad.
&
A la mañana siguiente, Tom despertó con un salto debido a un fuerte golpe en la puerta. Se sentó, alejándose del cuerpo cálido que estaba a su lado para frotar su rostro. El golpeteo continuó y Tom se levantó a regañadientes. Descansó una mano en el hombro de Bill por un momento cuando el Danachi hizo un pequeño gimoteo y se movió un poco bajo las mantas.
—Ya basta, carajo —murmuró Tom, poniéndose una camisa sobre su cabeza mientras trastabillaba cruzando la habitación.
El metal pesado raspó fuertemente cuando abrió la puerta y se encontró con Georg, esperando del otro lado. Tom notó cómo miraba por encima de su hombro hacia el interior de su habitación y luego notó cómo su expresión se volvía austera. Tom frunció el ceño cuando Georg no habló y giró su cabeza para ver lo que tenía la atención del otro hombre. Encontró a Bill sentado en la cama, con el pecho desnudo y con los ojos adormilados. Entonces sintió un destello de irritación protectora.
Dio un paso adelante, en un intento por bloquear la vista de Georg para que dejara de ver al Danachi.
—¿Qué quieres? —preguntó Tom, irritado.
Georg lo miró.
—Tenemos un problema.
Continúa…
¡¿Qué fue lo que pasó?! D:
Así es, gente, a partir de ahora comienza la acción. Espero que eso no los desanime o aburra, pero vamos, no todo puede ser sexo y miel sobre hojuelas. D:
Muchas gracias por todas sus visitas. <3