
Fic original de emseviltwin. Traducido por OuterSpace
Capítulo 7
Tom estaba plenamente consciente de que Bill lo estaba observándolo mientras él se ataba una prenda protectora alrededor del cuello. El Danachi estaba sentado sobre sus rodillas en medio de la cama de Tom y las sábanas estaban enredadas alrededor de su casi desnuda figura. Sólo una camisa peligrosamente holgada cubría su torso y se resbalaba muy por debajo de un hombro, dejando a la vista la mitad de su pecho. El cabello de Bill estaba desordenado como siempre, esponjándose alrededor de su cara y cayendo en forma de nudos blancos y negros. Apoyaba sus manos en sus muslos y cada cierto tiempo, abría su boca y exhalaba un pequeño suspiro antes de volver a cerrarla abruptamente.
Habían pasado unos dos o tres días sombríos desde que Tom había removido la esposa de la muñeca de Bill, la esposa que ni siquiera estaba seguro de que pudiera retener al Danachi. Esa idea lo había aterrado… el prospecto de tocar a Bill en verdad y adentrarse en él. Sin embargo, sucedió, y no había sido como la rendición que había imaginado que sería. El Danachi había necesitado algo, y al final, Tom no había podido negárselo.
También había sido genial, no podía negarlo. Se había encontrado a sí mismo volviendo a su barraca más y más temprano por las noches porque ya no tenía miedo de ver a Bill. No había dormido mucho en los últimos tres días; en lugar de eso se recostaba en su cama, contento y adormecido, mirando a Bill mientras éste dibujaba imágenes con luz en el aire sobre ellos. De alguna forma, se sentía más energizado de lo que había estado en mucho tiempo. Su barraca se sentía cómoda y cálida al tener a Bill ahí y el pequeño espacio se llenaba con la risa o los gemidos de éste. Tom se preguntaba cómo había podido vivir ahí sin esos sonidos.
Bill dejó salir un pequeño suspiro desde la cama.
Finalmente, Tom se giró hacia él con una leve sonrisa en su rostro.
—¿Hay algo que quieras decir, Bill?
Nuevamente, Bill abrió su boca, sólo para vacilar. Arrugó su nariz, torciendo su boca hacia un lado.
Tom esperó.
—¿Y bien?
—Es sólo que… —Bill torció sus manos sobre su regazo, jugando con el borde de la camisa sin mangas que estaba usando. Sus movimientos inquietos la arrastraron peligrosamente hacia arriba, permitiéndole a Tom confirmar que era lo único que el Danachi se había puesto esa mañana.
—¿Sólo qué?
Hubo una pausa y después Bill lo soltó:
—¿Puedo salir a la base?
Tom dio un respingo, sorprendido.
—¿Qué?
—¡Quiero ir afuera! —confesó Bill—. Quiero un poco de aire fresco. ¡Quiero ver el cielo!
Hizo una pausa antes de añadir:
—Y bueno… es aburrido estar aquí todo el tiempo. No te ofendas, pero ¿sabes? Me estoy volviendo loco por estar encerrado aquí adentro.
Tom se sonrojó. Hacer que Bill se quedara ahí dentro había sido un intento suyo para asegurarse de que Bill estuviera aislado de los otros hombres en la base. No se le había ocurrido que Bill pudiera estar cansándose de ello.
Se rascó su oreja.
—Ah… lo lamento, creo que… —dijo, sin convicción—. Realmente no pensé en eso. Supongo… quiero decir, supongo que podría estar bien. Yo sólo…
—Estás preocupado por mí. —proveyó Bill, sonriendo.
Tom se sintió sonrojar nuevamente.
—No… Algo así.
Bill ladeó su cabeza hacia un lado, sonriendo ampliamente. Tom lo había visto hacer una expresión similar la primera vez que fueron presentados en el desierto y había sido apabullante, sin embargo, en esta ocasión, esa expresión hizo que su estómago se inundara con una suave calidez.
—No lo entiendes —dijo, apresurándose a justificarse—. Quiero decir, claro, no estoy diciendo que todos por aquí son animales o algo parecido, pero no han tenido compañía por un largo tiempo. Hombre o mujer. Y tú sabes… tú eres, en cierto modo, irresistible.
Bill levantó una ceja, pero no dijo nada.
Tom se apresuró a continuar.
—Sólo no creo que sea seguro —finalizó débilmente, de pronto avergonzado de haber mantenido a Bill encerrado—. O sea, no es como que eres mi prisionero, es sólo que…
—Soy irresistible.
La boca de Tom formó una sonrisa renuente con eso.
—Estoy seguro de que estás acostumbrado a que cada sujeto en un perímetro de ochenta kilómetros intente hacerte algo.
—Bueno, a veces resulta conveniente —dijo Bill—. Ya sabes, cuando necesito un aperitivo.
Bill chasqueó sus dientes, sonriendo, y después volvió a hablar en serio.
—¿Por favor? ¿Qué tal si voy contigo? Así puedes cuidarme, ¿cierto? Podría ser como cuando me llevas a la ducha y eso.
Tom dudó. Se sintió tonto, pero no podía sacudirse el deseo de mantener a Bill alejado del resto de los soldados. Escoltaba a Bill a bañarse sólo hasta después de que la base quedara en silencio, para evitar gente; además, el Danachi estaba bajo estrictas indicaciones de quedarse en la barraca de Tom cuando éste no estuviera.
Cada noche cuando Tom iba al comedor, sentía los ojos de los otros soldados sobre sí mismo, escuchaba sus conversaciones en voz baja referentes a Bill e incluso soportaba sus preguntas inquisitivas. La fascinación y, ciertamente, el deseo por Bill, no habían cesado ni una pizca desde su llegada.
Bill se veía tan esperanzado, alzándose con sus manos en sus muslos, que Tom estaba seguro de que si tuviera una cola, estaría moviéndola en ese momento.
—Supongo que si te quedas conmigo no habrá problema. —cedió.
Bill hizo un sonido de emoción y revoloteó sus manos para aplaudir. Las luces sobre ellos tiritaron por un momento.
—¡Sí! ¡Oh, genial!
Su goce fue tan efusivo que Tom no pudo evitar sonreír.
—Pero no puedes vagar por tu cuenta, ¿entendiste? —dijo, intentando ser serio—. Sólo no creo que sea seguro.
Bill asintió obedientemente y al hacerlo, un tirante de su camisa se deslizó más abajo de su hombro.
—Y es verdaderamente necesario encontrarte algo de ropa decente —dijo Tom—. Esa cosa no ayudará a nadie.
Bill sonrió burlonamente, agachando su cabeza para mirar a Tom con ojos astutos.
—¿Es… irresistible, Tomi?
—¿Puedes parar? —dijo Tom, intentando ocultar su sonrisa—. Sólo vístete o te voy a dejar aquí.
Bill se levantó rápidamente sobre sus rodillas y se sacó la camisa por sobre su cabeza, quedándose desnudo.
—¡Sí, señor! ¿Qué voy a ponerme, señor?
Tom se ocupó a sí mismo hurgando en su armario para no reaccionar ante la piel desnuda de Bill o al título con el que lo había llamado. Era mejor que “amo” pero Tom se dio cuenta de inmediato de que su productividad en el trabajo podría comenzar a irse cuesta abajo si Bill lo seguía por la base.
—Toma —dijo, entregándole al Danachi unos pantalones de piel y una nueva camisa. Luego se volteó para buscar un chaleco—. Te quedarán un poco grandes, lo siento.
—Está bien. —dijo Bill. Tom pudo escucharlo moviéndose inquietamente para ponerse la ropa.
Cuando se volteó con un chaleco negro y un pañuelo protector en sus manos, vio que Bill se había puesto la camisa de nuevo; estaba volteado y se estaba poniendo los pantalones para cubrir su piel desnuda. Tom tragó saliva al observar cómo el material de la prenda se deslizaba por el trasero desnudo de Bill, quien palmeó sus piernas para checar la talla. Parecía no tener idea de que Tom lo observaba. Eran los pantalones más pequeños que Tom había podido encontrar, pero seguían colgando holgadamente en la esbelta figura de Bill.
Un cinturón pesado evitó que los pantalones se deslizaran muy por debajo de las caderas de Bill, y a pesar del pobre ajuste, Tom no pudo evitar admirar la forma en la que la piel se adhería al Danachi justo en los lugares correctos. Su estómago era suave y plano, y sus piernas se veían larguísimas al estar cubiertas con cuero negro. Tom tosió. No estaba seguro de que el atuendo fuera mucho mejor que la casi desnudez anterior de Bill.
—Te dará frío sólo con esa camisa. —dijo gruñonamente, apuntando hacia los hombros desnudos de Bill.
—No —protestó Bill—. Tengo calor, yo no siento el frío como ustedes.
Bill había remetido la camisa en sus pantalones, pero los tirantes amenazaban constantemente con resbalarse por sus hombros desnudos. Tom se sacudió a sí mismo.
—Ponte esto. —dijo, encorvándose un poco al entregarle el chaleco a Bill para disimular la forma en la que su miembro se endurecía dentro de sus pantalones.
Sin duda, Bill estaba al tanto de los comienzos de la erección que había generado dentro de los pantalones de Tom.
Poniéndose el pañuelo sobre su boca y su nariz, Bill preguntó con una voz amortiguada:
—¿Bien?
Tom dudó. Por un momento, quiso preguntarle a Bill si estaba seguro de querer salir… si no preferiría que él lo encerrara ahí, sano y salvo. Pero en lugar de eso, respondió:
—Bien.
&
Bill iba aferrado fuertemente del reverso de su chaleco tan pronto como salieron de la barraca, escucharon un estruendo. Tom giró su cabeza rápidamente hacia un lado y se encontró con un soldado raso de cabello rubio, que ahora estaba agachándose para recoger los recipientes que había dejado caer. Su cabello platinado cayó sobre su rostro, escureciendo todos sus rasgos a excepción de su mentón; lo hizo hacia atrás al levantarse y sus ojos se fijaron a Bill.
Detrás de Tom, Bill se presionó un poco contra su cuerpo y su agarre a su camisa se apretó con fuerza.
—¿Soldado? —ladró Tom mientras su buen humor se evaporaba.
El muchacho no respondió. Su boca se abrió, aflojándose mientras observaba al Danachi firmemente.
—¡Soldado!
El chico dio un respingo, quitando sus ojos de Bill por un momento.
—¿Señor? Lo siento, señor. Yo sólo…discúlpeme.
Con una última mirada de deseo hacia donde estaba Bill, el soldado se apresuró a irse, con los recipientes asegurados bajo sus brazos. Al observar la retirada del soldado, Tom se dio cuenta de que su quijada estaba fuertemente apretada y se obligó a sí mismo a relajarse, sintiendo a Bill aún presionándose contra su espalda.
Bill hizo un sonido de desaprobación y Tom se ruborizó, consciente de que el Danachi también podía sentir la irritación y los celos que se retorcían dentro de él.
—¿Crees poder… tú sabes, apagarlo? —preguntó.
Los labios de Bill se presionaron suavemente contra la oreja de Tom por un momento.
—Es tu culpa —dijo—. Yo no estoy haciendo nada, todos sienten curiosidad. Me has mantenido alejado por mucho tiempo.
Tom hizo una mueca.
—Hmm. Bueno, bájale un poco, ¿quieres? Vamos —comenzó a caminar por el corredor y Bill lo siguió muy de cerca por detrás—. Tengo que hacer inventario en una de las unidades de almacén, puedes ayudar.
Sintió unos ligeros dedos aferrándose al reverso de su chaleco nuevamente y escuchó un suave y pícaro:
—Sí, señor.
&
De hecho, Bill no fue de mucha ayuda en absoluto. Caminaba entre los estantes del gran almacén, recogiendo varios objetos y girándolos en sus manos mientras Tom estaba de cuclillas en el suelo, tomando nota del número de unidades polvorientas de suministros en un bloc de notas. Constantemente le preguntaba a Tom qué eran esos objetos y cómo iba el conteo, pero cuando Tom le pedía que buscara un artículo en específico, la reacción era particularmente opaca.
—No quiero echar a perder tu trabajo —argumentó Bill desde un barril de gasolina en donde se había sentado—. Ya sabes, no quiero entrometerme cuando ya has sido lo suficientemente amable como para dejarme mirar.
Bill podría haber estado tratando de hacerse a un lado, pero era difícil para Tom concentrarse con el Danachi andando de aquí para allá, hablando o explorando, rozando sus dedos ocasionalmente en su nuca cuando pasaba.
La esencia de Bill llenó la nariz de Tom, en lugar del polvo habitual, y cuando giró su cabeza pudo ver los delgados muslos de Bill y su estrecho trasero cubierto con cuero negro. Se removió, incómodamente; su pene se encontraba, aparentemente, en un permanente estado medio empalmado.
Después de cerca de una hora de trabajo improductivo, fueron interrumpidos por el chirriar de la pesada puerta abriéndose. Algo de luz entró a al almacén y Tom alzó la vista, encontrando a Georg de pie bajo el portal.
—¿Qué pasó?
Georg echó su cabello hacia atrás por encima sobre su hombro, al caminar hacia el frente. Se veía renuente pero eventualmente habló.
—Tenemos que abrir otro lote de alimentos —explicó—. Nos terminamos la mercancía de la semana pasada y se nos está agotando el paquete actual, en el comedor dicen que ni siquiera va a alcanzar para el resto de la semana. ¿Está bien?
Tom suspiró pesadamente. La falta de uniformes era algo con lo que podía lidiar, pero quedarse sin comida era otra cosa.
—Sí, por supuesto. Tenemos que comer.
Georg asintió; iba a decir algo, pero luego se paralizó con una extraña expresión en la cara. Tom volteó para seguir la mirada del otro soldado y vio a Bill observándolos desde atrás de una rejilla de tubos de metal. La cara del Danachi estaba medio oscurecida por las sombras, pero incluso así, sus ojos oscuros y su piel débilmente luminiscente seguían siendo visibles.
Georg dejó salir un ligero sonido que fue una mezcla de tos y risa.
—Aún conservas a esa cosa, ¿eh?
Tom se encrespó ligeramente.
—Sí. —respondió, cortante.
Miró a Georg de arriba abajo lentamente pero con firmeza, observando al otro hombre mientras éste cambiaba de posición sobre sus pies. Hubo un silencio incómodo por un largo momento; Tom tuvo la impresión de que Georg esperaba algún tipo de explicación, pero él permaneció callado defensivamente.
—Muy bien —dijo Georg de mala gana después de un momento, antes de negar con la cabeza—. Bueno, ¿entonces podemos proceder con el lote?
Tom asintió y Georg hizo lo mismo en señal de agradecimiento, disparando una última mirada de gran amplitud hacia los estantes que estaban detrás de Tom. La puerta chirrió ruidosamente cuando Georg se fue y Tom volteó, sin encontrar rastro de Bill espiando detrás de los estantes.
—¿Bill? Ya puedes salir.
Tom brincó cuando Bill apareció a su lado, agachándose para acurrucarse junto a él
—No le agrado. —comentó Bill y Tom hizo una mueca.
—No lo sé —dijo, incómodamente, recordando los comentarios groseros que Georg había hecho acerca de Bill en el pasado—. No creo que sea eso. Tú sabes… tiendes a asustar a la gente un poco.
Los labios de Bill se presionaron contra el rostro de Tom.
—¿Por qué? —preguntó, con una voz suspirante y caliente—. ¿Porque soy… irresistible?
El Danachi retrocedió, riendo y poniéndose de pie, aplaudiendo con sus manos.
Tom se le quedó viendo desde su lugar en el suelo, divertido.
—Creo que todo el polvo le está haciendo daño a tu cerebro.
—A mi cerebro no, Tomi. —dijo el Danachi, lamiendo su labio inferior.
Bill puso sus manos sobre sus caderas, haciéndolas a un lado, y Tom no pudo evitar que sus ojos se deslizaran sobre el cuero negro.
Bajó la vista y Bill suspiró.
—Tu trabajo es muy aburrido, Tom —dijo—. ¿Esto es lo único que haces en todo el día?
Tom sintió un destello de vergüenza.
—No realmente… A veces.
De cualquier forma, Bill ya no lo estaba escuchando. El Danachi desapareció detrás de uno de los anaqueles de metal y luego su voz flotó a través de los varios contenedores y montones de objetos que alineaban los estantes.
—¿Tienes que contar todo lo que está aquí? —preguntó.
El almacén era un laberinto de encajonamientos de metal e innumerables objetos polvorientos. Tom sabía que la próxima tarea después del inventario sería algún tipo de reorganización. Definitivamente era un trabajo que tendría que dividirse.
Estiró el cuello para ver en dónde estaba Bill y después de un momento vio las botas del Danachi arrastrándose a través del concreto entre dos estantes.
—Algo así —contestó—. O sea, supongo que todos sabemos muy bien lo que hay aquí, pero debemos ser cuidadosos con todas nuestras provisiones. Si hay cosas almacenadas que podemos utilizar, debemos estar al tanto de ello.
Levantó la vista y vio a Bill mirándolo a través de uno de los estantes. El Danachi levantó una ceja.
—Entonces, ¿sabes lo que es esto? —Bill levantó una caja cubierta de polvo con una etiqueta que estaba muy desvanecida como para poder leerse. La sacudió y el contenido sonó ruidosamente.
Tom sacudió la cabeza.
—¿Me vas a dejar trabajar?
Bill apretó sus labios fingiendo docilidad y luego bajó el contenedor. Después sonrió ampliamente y un momento después desapareció detrás de otro estante. Tom podía escucharlo moviéndose y examinando los objetos, pero no hizo más preguntas por un largo rato. Tom regresó a su hoja de datos y continuó trabajando.
Tiempo después, un grito de Bill cortó a través del silencio polvoriento.
—¿Qué es esto?
Tom se sentó.
—¿Qué es qué?
—Ven aquí. —llamó Bill y Tom gruñó, usando una mano para ayudarse con un estante a ponerse de pie. Sus rodillas protestaron con el cambio de posición.
—¿Qué? —preguntó.
—Tom, si no sabes lo que es esto, tú te lo pierdes —la voz de Bill flotó de regreso—. Sólo ven aquí.
Poniendo los ojos en blanco, Tom siguió el sonido de la voz de Bill a través de la estantería hasta la entrada trasera del almacén. Respingó cuando de repente una ruidosa bocina retumbó a través del aire.
—¡Hey! Ya basta, ¿bien?
La bocina volvió a sonar y cuando Tom pasó el último estante, vio a Bill sonriéndole burlonamente desde atrás del volante de un viejo vehículo que estaba estacionado justo enfrente de las puertas traseras encadenadas del almacén. Bill tamborileó sus manos en el volante felizmente.
—¡¿Qué es esto?! —gritó
Tom estaba entretenido.
—Es un auto, Bill.
Bill hizo una mueca.
—Eso ya lo sé —dijo—. No soy estúpido. Lo que quiero decir es, ¿qué está haciendo aquí? ¡Es hermoso!
‘Hermoso’ era difícilmente el adjetivo que Tom hubiera usado para describir el aspecto del polvoriento vehículo que estaba frente a ellos. Quizás algunas personas hubieran pensado que se trataba de un clásico; sus dos puertas y su posicionamiento bajo lo hacían lucir elegante. No obstante, era muy viejo; probablemente había salido de una línea de ensamble décadas antes de que Tom naciera, antes de que el consumo en el mercado automotriz se disolviera. Estaba tan viejo y descolorido por el tiempo, que el brilloso color azul brilloso que una vez había tenido, se había deslustrado en un color casi gris, como si la arena del desierto lo hubiera raspado. El parabrisas estaba manchado con la edad e incluso los focos delanteros estaban empañados con manchas que parecían cataratas.
—Es igual que toda la basura de aquí —dijo Tom, inclinándose para barrer un dedo a través del capó del auto. Una línea de polvo se juntó en su dedo, pero el carro permaneció opaco—. No ha funcionado en años.
A regañadientes, Bill se bajó del auto, cerrando la puerta con un fuerte empujón.
—Eso es una pena. —dijo, haciéndose camino hacia donde estaba Tom.
Cruzó sus brazos, apoyando su peso sobre una cadera mientras observaba el auto.
—Creo que es sensual. —dijo después de un momento. Las palabras hicieron nacer un acaloramiento en el estómago de Tom.
—Tú crees que todo es sensual. —murmuró Tom, bajando su cabeza y rascando su nuca con una mano.
Bill sonrió levemente, una ceja suya se levantó y eso sólo causó que el calor en el estómago de Tom se solidificara como una excitación definitiva. Su pene dio un tirón en sus pantalones.
—Basta —masculló—. Tengo que trabajar.
—Anda, Tom… —ronroneó Bill, girando para descansar su trasero en el capó del auto—. ¿No crees que es sexy? Es suave y elegante…
El Danachi volvió a girar, inclinándose esta vez para pasar una mano sobre el capó del vehículo, a través de la delgada capa de polvo que descansaba ahí. Su espalda se estiró y los ojos de Tom fueron atraídos hacia abajo donde los pantalones de piel se pegaban al trasero de Bill.
…su trasero desnudo, Tom no pudo evitar recordarlo.
Sin saber cuándo se movió, Tom de repente se encontró a sí mismo presionándose contra el Danachi, deslizando sus manos sobre las caderas de Bill. Bill hizo un sonido complacido y luego se enderezó, presionando su trasero fuertemente hacia atrás, contra la creciente dureza en los pantalones de Tom. El Danachi levantó una mano hacia atrás y tomó la nuca de Tom, incitando los suaves besos que éste había comenzado a presionar contra su cuello.
—Me estás distrayendo de mi trabajo. —se quejó Tom, apretando las caderas de Bill con sus manos.
Movió sus caderas hacia adelante y Bill dejo salir un gemido leve. La velocidad en la que la excitación de Tom crecía, lo tenía temblando.
—¿Cómo haces esto? —musitó. Mordió el lóbulo de la oreja de Bill y el Danachi gritó, cerrando sus dedos en las trenzas de Tom—. Es tan rápido… estoy fuera de control. Tu magia…
Bill exhaló temblorosamente.
—Digamos que no es magia, ¿ok? —jadeó. Sus caderas giraron en un círculo enloquecedor al presionarse nuevamente contra Tom—. Digamos que es porque me deseas. Nos deseamos mutuamente, y eso es todo.
—Eso es todo —coincidió Tom, sintiendo una extraña mezcla de nervios y alivio. Quería tanto creer en eso—. ¿Po- podemos?
Bill gimió, asintiendo. Tom se sintió contento de que Bill no protestara y luego sus manos se deslizaron al frente de la figura delgada del Danachi presionándolo contra su estómago y sosteniéndolo con firmeza contra su cuerpo. Bill sólo gimió cuando una de las manos de Tom se deslizó hacia abajo para tocar su erección por encima de sus pantalones. El Danachi movió sus caderas hacia atrás y volteó su cabeza para atrapar torpemente la boca de Tom con la suya. Jadeó cuando Tom jaló toscamente del cinturón y los botones que sostenían sus pantalones.
Bill gimió fuertemente cuando Tom liberó su erección, deslizando sus dedos en torno a ella y bombeándola suavemente.
—Sí, sí, sí. —suspiró Bill, cambiando de posición para descansar sobre el pecho de Tom.
Tom se sentía casi obsceno por estar jalando fuertemente los pantalones de Bill para quitárselos y gruñó cuando la piel desnuda del Danachi se hizo visible. No debió agarrar el trasero de Bill; eso alentó al Danachi a descansar su peso en el capó del auto y luego las manos de Tom lo separaron para deslizar un pulgar dentro de su cálida entrada.
—¡Mierda! —exclamó Tom.
Quería jalar a Bill contra él, con fuerza. Quería follar al Danachi hasta que ninguno de los dos pudiese caminar. Pudo ver fácilmente a Bill extendiéndose sobre el capo del auto, aceptándolo dentro de su cuerpo y eso hizo que la cabeza de Tom girara.
El hecho de que Bill estuviera penetrándose a sí mismo contra el pulgar de Tom y gimiendo, no fue de mucha ayuda. Tomi intentó recordar lo que el Danachi había dicho, que no se trataba de magia, que era algo que ambos querían, pero si esta era magia de Bill, estaba en una posición en la que no podía hacer mucho.
—¿Podemos… está…?
Bill jadeó, levantándose un poco con sus manos.
—¡Sí! —gritó—. Por favor, Tom. Por favor.
Y de inmediato Tom comenzó a bajarse los pantalones, gruñendo con alivio y entrando en Bill con un simple movimiento fluido. Gruñó en voz alta y apenas pudo escuchar el gemido de placer que Bill emitió cuando movió sus caderas hacia adelante con fuerza.
El Danachi se tumbó sobre el capo y su pecho se presionó contra el metal polvoriento, dejando que su cabello negro y blanco se esparciera sobre la superficie lisa. Tom agarró sus caderas y deslizó una mano por la espalda baja de Bill sobre la piel que había quedado expuesta cuando su camisa se había levantado. Su estómago ardió con algo feroz y el sudor ya estaba acumulándose para amortiguar los golpes donde sus cuerpos se conectaban.
Bill dejaba escapar gritos repentinos cada vez que Tom impulsaba sus caderas hacia adelante. Agitó una mano hacia atrás y se aferró con fuerza a la mano de Tom que descansaba en su cadera.
—Se siente tan bien…
En su visión periférica, Tom notó un parpadear, a través de la niebla de placer que los chupaba rápidamente hacia el orgasmo. Giró su cabeza y notó que los faros opacos delanteros del auto destellaron con luz. Cada vez que Bill gemía, las luces se encendían.
—¿Qué carajo? —jadeó Tom.
Bill chilló, arqueando su espalda aún más para encontrar los movimientos de Tom.
—¡No pares! —gritó.
El éxtasis de Tom creció en la base de su columna y dentro de sus bolas y esto fue acompañado por un extraño y estruendoso sonido mecánico. Fue sólo hasta un momento después, que Tom se dio cuenta de que el vehículo debajo de ellos era el que estaba volviendo a la vida, ronroneando, como si se tratara de algún espejo al placer de Bill. El auto tembló más que por las embestidas de Tom y cuando Bill gritó su orgasmo, las luces se prendieron y el motor finalmente encendió.
Tom maldijo, impresionado. Apenas fue capaz de registrarlo antes de que su propio orgasmo lo atravesara, haciéndole agarrar a Bill con fuerza mientras bombeaba su alivio.
—Mierda…
El auto estaba ronroneando debajo de ellos cuando Tom se separó finalmente de Bill, ayudando al Danachi a levantarse. Bill secó su rostro, quitándose el sudor con una mano y haciendo su cabello hacia atrás. Lucía sonrojado y vigorizado, lo cual sólo logró que Tom se sintiera más mareado.
Tom sentía como si todo el contenido de su torso se hubiera descargado con el orgasmo, dejándolo con nauseas. El lugar del auto encendido frente a ellos tampoco le hacía ningún favor.
—No lo puedo creer —dijo, mirando el auto mientras se volvía a colocar sus pantalones—. Durante todo el tiempo que he estado en la base, esa cosa no ha sido nada más que un pedazo de basura.
Sacudió su cabeza, maravillado y luego volvió a mirar al Danachi sonrojado.
Bill abrió su boca para hablar, pero Tom levantó sus manos.
—Lo sé, lo sé —dijo—. Magia, ¿no?
Bill sonrió.
Continúa…
Les agradezco a todos sus visitas y espero que se animen a comentar más en esta historia, así no podré tardar mucho en actualizar. 😉
¡Linda semana!