
Fic original de emseviltwin. Traducido por OuterSpace
Capítulo 5
—¿Y ya te lo tiraste?
Tom inhaló bruscamente y luego tosió cuando algo de la proteína que estaba ingiriendo se atoró en su garganta.
—¿Qué? —gruñó.
Georg sonrió burlonamente.
—A esa cosa… el Danachi. Lo has tenido encerrado en tu barraca por días… No me digas que no lo has tocado.
La mente de Tom inmediatamente se disparó hacia el sueño que había tenido esa mañana en el que había hecho justamente eso. O, para ser más específicos, en el que Bill había estado tocándolo a él… sus muslos habían estado apretando el torso de Tom fuertemente mientras balanceaba sus caderas, montando su pene con fuerza.
—¿Tom?
Tom dio un respingo.
—¿Qué? —estaba dolorosamente consciente de cómo sus orejas se estaban calentando—. Mira, no es de tu incumbencia lo que yo haya o no haya hecho con… mi Danachi.
Esnifó, fingiendo desinterés en un intento de desviar la atención de ambos de su bochorno. Luego se enfocó en las sobras de su proteína, raspando con su cuchara el fondo de su plato.
Gustav levantó sus cejas y Georg se rio.
—¿Tu Danachi?
Tom se encogió de hombros, esperando que mostrar un acto de jerarquía distrajera al otro soldado de discusiones específicas acerca de Bill.
—Me lo regalaron a mí.
Soltando una risotada, Georg golpeó la mesa con una de sus palmas.
—Con el debido respeto, Señor, no recuerdo al pedazo de escoria diciendo: “Aquí tienen, un Danachi para Tom Kaulitz”. Ese vehículo le pertenecía a la base, no a ti.
Tom sonrió ampliamente, empujando el plato lejos de él y doblando sus brazos sobre la mesa.
—Y yo comando la base. —dijo, simplemente.
Gustav se apoyó sobre su respaldo.
—Tiene un buen punto —dijo—. Aunque desde un punto de vista netamente científico, debo decir que estoy decepcionado de tu actitud.
—¡A la mierda con la ciencia! —chilló Georg—. Esa cosa es una bomba de sexo andante y Tom la tiene escondida en su cueva. ¡Es un puto desperdicio!
Luego señaló a Tom y, decepcionado, negó con la cabeza.
—Qué egoísta, amigo. Egoísta.
Tom se rio de eso, agradecido de que la conversación se hubiera estabilizado, volviéndose más ligera.
—¿Qué puedo decir? Mi rango tiene sus privilegios —tomó un sorbo del agua de su botella—. Además, ni siquiera le gusta eso, en serio. Él, normalmente, sólo… se queda sentado ahí. ¿Tal vez la pequeña novedad se está desgastando?
Tom decidió que lo mejor sería no mencionar los sueños que lo habían tenido despertando, quedándose sin aliento cada noche en la marea del orgasmo ni la sagaz sospecha que tenía de que el Danachi tenía algo que ver con el por qué su sueño se veía repentinamente tan inquieto. La sonrisa conocedora de Bill y su cara sonrojada en la mañana era demasiada coincidencia. En cuanto a lo que pasó en la ducha, Tom definitivamente se quedaría callado.
—Bueno, novedad o no —dijo Gustav presionando sus lentes hacia arriba de su nariz—, son una especie fascinante. Nunca había visto uno tan cerca. Para ser honesto, pensé que estaban extintos en su mayor parte.
Georg suspiró con aburrición, trazando con su cuchara un desganado rastro a través de las sobras de su cena.
—No sé cómo eso podría ser posible. Son inmunes a la mayoría de las cosas, ¿no?
—Bueno, exactamente —dijo Gustav animadamente—. ¿Te imaginas si pudiéramos emplear ese tipo de poder? No sé, tal vez el gobierno está llevando a cabo algún programa de investigación. Pero vamos, podría ser la solución a todos nuestros problemas… la inmunidad.
Tom arrugó su nariz, pensando en la delgada y pálida criatura que estaba actualmente recostada en su barraca.
—No estoy seguro de eso.
—Honestamente —dijo Georg ruidosamente—. No estoy interesado en saber si puede curar el cáncer, o el virus, o cualquier otra cosa. A mí lo que me interesa es saber qué tan bien puede chuparme la verga y el señor Kaulitz, aquí presente, se está comportando como una nena y no quiere decirnos.
Tom levantó sus manos, riéndose.
—¡Oye! Nadie va a chupar nada, ¿entendiste?
—¡Ese es precisamente el punto! —se quejó Georg—. Eres una monja y esa cosa se desperdicia contigo.
—No soy una monja. —protestó Tom.
—¿Ah, no? ¿Cuándo fue la última vez que tuviste sexo?
Tom dejó caer sus manos sobre la mesa.
—Por si no lo habías notado, ¡hay una clara escasez de parejas sexuales decentes por aquí!
—¡¿Lo ves?! —gritó Georg—. No te quieres follar nada de lo que hay por aquí y ahora que llega algo tan apetitoso como eso, que fue diseñado únicamente para el sexo, debo añadir, ¡aun así dices que no!
Tom suspiró, teniendo suficiente de esa conversación.
—¿Tienes algo más que agregar? —preguntó.
—Sólo vete al carajo —dijo Georg, no sin algo de humor. Y luego añadió rápidamente: —Señor.
Georg sonrió burlonamente.
—Regresa cuando tengas algo decente para contarnos.
Tom se puso de pie, empujando su banco debajo de la mesa y tomando su botella de agua.
—No contengas la respiración, Listing.
Mientras Tom se volteaba para ir hacia la barra del comedor para tomar algo de comida para Bill, Gustav gritó:
—O si estás listo para dejarme examinarlo más… únicamente con fines de investigación. —añadió con un ceño fruncido cuando Georg le dio un codazo.
Tom se despidió con la mano sin darles una respuesta. Por alguna razón se sentía extremadamente indispuesto a dejar que cualquiera de sus amigos se acercara siquiera a la misma habitación en la que estuviera el Danachi. Sus bromas socarronas o peticiones para tener más contacto con la criatura hacían que la piel de Tom se plagara de irritación. Era vergonzoso sentirse como un niño que no quería compartir uno de sus juguetes, lo cual era ridículo. Pero a pesar de todo, al regresar a su barraca, mientras más pensaba en eso, más irritado se sentía con los comentarios obscenos de Georg que parecían estar timbrando en sus oídos.
—Imbécil. —murmuró para sí mismo.
Cuando regresó a su habitación con la comida y la botella de agua extra en mano, encontró a Bill sentado en su lugar acostumbrado en el suelo. Lo cual no era sorprendente ya que seguía encadenado a la pared, pero la escena cuando abría la puerta y veía la cabeza de Bill volteando hacia él, expectante, siempre era una descarga de alivio para Tom.
Bill había atado su cabello hacia atrás en un nudo desordenado y tenía una pierna atraída enfrente de su pecho. Miró a Tom con sus ojos grandes, silenciosamente haciendo que Tom se sintiera incómodo. Se sonrojó, sintiéndose como se había sentido los primeros días después de que Bill hubiese llegado a la base.
—Te traje algo de comida. —dijo bruscamente, extendiendo la comida hacia Bill. Era lo mejor que había podido encontrar: una de esas mezclas raras que contenían un poco de huevo en polvo.
Mientras Bill se estiraba para alcanzar el plato, su camisa se resbaló de uno de sus hombros, revelando su desnuda piel y Tom tragó saliva. Movió sus ojos a otro lado y entonces notó algo de metal destellando en la mano libre de Bill. Bill pareció notarlo y, conscientemente, llevó su mano y su premio a su pecho mientras ponía la comida en el suelo enfrente de sí mismo.
—¿Qué es eso? —preguntó Tom.
La mano de Bill se cerró fuertemente.
—Nada.
La irritación anterior de Tom volvió, mezclándose con una ligera inquietud.
—Anda, no seas así. ¿Qué? ¿Crees que vas a abrir la cerradura con algo como eso? Dámelo.
Bill negó con la cabeza, pegando más su brazo a su pecho, si es que eso era posible. Su cuerpo entero se hizo bolita, protectoramente. Irritado, Tom se lanzó hacia adelante y sin pensarlo realmente, asió el puño de Bill, jalándolo hacia él.
—No vas a librarte de esa esposa, ¿entendiste? —espetó—. Sólo suéltalo.
Agarró los dedos de Bill, separándolos hasta que el objeto en la palma de Bill cayó libremente en la mano de Tom. Bill se quejó, gritando, y Tom se detuvo, mirando en silencio la cosa que estaba en su mano, la cual no era un fragmento de metal o un pasador improvisado como había asumido, sino un pequeño colgante de plata y una delicada cadena.
—¿Qué es esto? —preguntó.
Bill se había echado para atrás, envolviendo sus brazos alrededor de su torso. Había un profundo ceño fruncido torciéndose en su frente.
—Mío —dijo con su voz tensa—. No… No iba a hacer nada con él. Lo juro. Por favor. Es mío…
Tom trazó el pequeño diseño torcido sobre la superficie del colgante, notando el broche que tenía a un lado.
—Un medallón.
Lo abrió, sorprendiéndose al ver una pequeña fotografía dentro de él. La imagen estaba borrosa y descolorida, pero Tom podía ver algo de cabello oscuro y ojos grandes. Pudo adivinar que era Bill.
—Era de mi madre. —explicó Bill.
Tom sintió una punzada de dolor atravesándolo y levantó su cabeza.
—¿De tu madre?
Bill asintió, bajando la mirada y los intestinos de Tom se retorcieron. Inmediatamente, le ofreció el relicario de vuelta al Danachi.
—Perdón. —murmuró.
Las facciones de Bill emitieron alivio y sólo le arrebató el collar, estirándose un poco para abrocharlo alrededor de su cuello.
—¿Siempre lo usas? —preguntó Tom, sin haberlo notado antes.
Bill estaba acariciando el collar de plata con dos dedos. Asintió.
—Es todo… es todo lo que tengo de ella.
Tom hizo un gesto, agachándose al piso al lado del Danachi. Se ruborizó por la culpa, recordando la forma tan tosca en la que había arrebatado el medallón del puño cerrado de Bill. Era raro pensar que Bill tenía una madre, o una familia en algún lugar. Lo hacía mucho más humano de lo que Tom lo había considerado…
—¿En dónde está? —se encontró a sí mismo preguntando.
Bill se movió, incómodo.
—En ningún lugar —dijo—. Murió.
La culpa se retorció más en su interior y Tom rascó su nuca.
—Mi madre también murió —admitió—. Se contagió con el virus.
Tom parpadeó rápidamente, intentando alejar la imagen que las palabras habían provocado inmediatamente: su madre, con piel pálida y cabello trepidante, con lágrimas en su rostro mientras era llevada lejos por el personal de intervención médica para ser puesta en cuarentena. Sólo la había visto una vez después de eso, y había sido a través de una cortina de plástico de protección que hacía que su figura, atada a tubos, se viera borrosa. Sus manos habían sido encadenadas a los costados de la cama en caso de que presentara síntomas de violencia, que comenzaban a ser asociados a la enfermedad. Tom recordaba haber querido abrazarla, pero su mano había sido golpeada al tratar de tocar la cortina de plástico.
—Se la llevaron —se encontró a sí mismo diciendo en voz alta—. A algún hospital. No sé. Nunca regresó a casa después de eso.
No la había vuelto a ver y la vida familiar había dejado de existir para Tom. Se había unido al ejército y el padre con el que nunca había sido unido, fue enviado a cuarentena poco después.
Para distraerse a sí mismo, Tom tosió.
—¿Cómo… cómo murió tu madre?
Bill le pestañeó.
—También se infectó con el virus.
Hubo un silencio por un momento después de eso y Tom frunció el entrecejo.
—Espera… pensé que ustedes eran inmunes.
Bill se encogió de hombros elegantemente al apartar la mirada.
—Bueno, supongo que no todos lo somos, ¿no? —enroscándose un poco más, Bill puso un mechón de su cabello tras su oreja—. Al menos, no en ese entonces… Sólo que para ella no hubo hospital.
Una punzada de terror hizo cosquillas en el cuello de Tom pero antes de que pudiera decir algo, Bill continuó, con una voz distanciada.
—No había ningún hospital o doctor para los Danachi —dijo—. También se llevaron a mi madre. La ataron en la parte trasera de un camión porque una vez que se enteraron de que estaba enferma, pensaron que lo había hecho a propósito para infectarlos.
Bill tosió una risa llena de resentimiento.
—Como si no lo hubiera hecho si hubiera podido… con la forma en la que la trataron.
Tom extendió su mano, deteniéndose justo antes de tocar el brazo del Danachi.
—Yo me escapé —Bill continuó, aferrando su pierna más cerca de su pecho. Un tono feroz entró en su voz y su mano libre se cerró sobre el relicario—. Y no me importa lo que tenga que hacer, pero no dejaré que eso me pase a mí. De ninguna manera.
Su mandíbula se apretó fuertemente por un momento y Tom estaba seguro de que pudo ver un color negro fluyendo de los ojos del Danachi por un momento. Después, los músculos apretados de su mejilla se relajaron y dejó salir un suspiro.
—De ninguna manera.
Hubo un silencio por un momento. Tom no estaba seguro de qué decir.
—¿Por eso vas al norte? —preguntó finalmente, con vacilación.
Bill levantó la vista, con una mirada desafiante.
—Voy a llegar —dijo, con una clara determinación enfatizando las palabras—. Ya llegué hasta aquí.
Tom no replicó. Sintió un dolor en su pecho y desesperadamente deseó aligerar la atmosfera. Deseaba poder volver a entrar a su barraca, y esta vez ignorar el medallón que Bill sostenía desesperadamente en su puño. Tom se sintió aún más insensible por la forma en la que Georg y Gustav habían estado actuando en el comedor. Nunca se le había ocurrido que Bill había perdido una familia en las guerras y la infección, y la repentina comprensión había hecho que Tom se encogiera bajo su propia falta de consideración.
—No te preocupes por eso. —dijo el Danachi, interrumpiendo sus pensamientos.
Tom se sobresaltó, sonrojándose, pero había una leve sonrisa en el rostro de Bill.
—Está bien dijo Bill—. Fue hace mucho tiempo.
Tom hizo un sonido de leve concordancia.
—Sí.
Habían pasado muchos años desde la muerte de su propia madre, aunque se sentían como décadas estando ahí en el desierto. El ambiente a su alrededor los había apartado completamente de la vida que Tom había conocido cuando era niño, y en ocasiones, tenía que preguntarse si eso en verdad había ocurrido o si todo lo que había conocido era arena y humo.
Tom miró al Danachi, observando sus dedos moverse ligeramente sobre el medallón. La revelación de Bill lo hizo sentir extrañamente afectuoso. Tenían algo en común. ¿Quizá Bill había estado sólo tanto tiempo como Tom?
—¿Cuánto tiempo has estado… viajando? —preguntó Tom mientras jugaba con un lazo de una bota, plegando el borde más abajo.
—Mucho tiempo —respondió Bill—. Realmente no tengo mucho poder para decidir a dónde ir cuando alguien me da un aventón, ¿sabes?
Se rio, pero las palabras enviaron un sobresalto a través de Tom que le hizo ponerse de pie.
—¿No puedes usar magia para, ya sabes… influenciar a la gente?
Bill se estiró hacia atrás, apoyando su peso en sus manos, claramente más relajado ahora que Tom se había calmado.
—No realmente —respondió—. Bueno, sí. Hasta cierto punto, pero sólo en cuanto a, bueno… al sexo. En realidad, todo lo demás está fuera de mi control. Y si consigo un aventón con algunas personas, como esos gitanos, pues en cierto modo debo ir a donde ellos van.
La imagen de Bill en la parte trasera de un camión gitano hizo que el estómago de Tom se apretara dolorosamente con una extraña torsión provocada por algo semejante al enojo.
—Pero los hiciste dejarte. —recordó.
—Sí —dijo Bill—. Pero bueno… eso también tuvo que ver con el sexo, ¿no?
‘¿Lo fue?’ La boca de Tom se curvó.
—Te hiciste menos atractivo. —suplió.
Bill sonrió ampliamente.
—Sí.
Tom sacudió una imaginaria partícula de polvo de sus pantalones.
—¿Eso es… es eso lo que haces de la otra forma? —preguntó Tom, con titubeo—. ¿Hacerte más provocativo?
El Danachi se quedó callado por un momento. Por tanto tiempo que de hecho Tom levantó la mirada. Los ojos de Bill estaban abatidos.
—No —contestó finalmente, y algo en su voz sonó pesaroso—. No tengo que hacerlo. Ser tentador no es problema… eso sólo sucede. El esfuerzo se requiere para hacer que funcione de la otra forma. Es difícil ocultar esto.
Movió una mano, señalándose a sí mismo.
Tom arrugó su nariz, pensando en la forma en la que había sido atraído hacia Bill en la ducha y se había encontrado a sí mismo tocando la piel mojada del Danachi. Se preguntó cómo debía ser para él el tener que esforzarse para ser poco atractivo, a diferencia de todos los demás que debían esforzarse para verse más atractivos. En cualquier momento que bajara la guardia, la gente estaría ahí… deseándolo.
—Eso es raro. —fue todo lo que Tom pudo pensar para decir y cuando el Danachi se rio, sus mejillas se ruborizaron.
Tom se entretuvo doblando sus camisas que acababan de llegar de la lavandería. Estaban delgadas y desgastadas. Como todo lo demás en ese lugar, los uniformes se habían dejado de matizar y usar por falta de remplazos. Mientras los soldados se vistieran esencialmente, a Tom no le importaban las estrictas formalidades militares que habían definido su primera etapa de su carrera como soldado. De todas formas, ¿quién estaba ahí para juzgarlos?
Mirando sobre su hombro hacia donde Bill estaba tumbado en el piso, Tom se encontró a sí mismo deseando tener algo más interesante que cuero negro y camisas grises. Se concentró en el montón que tenía en su pequeño armario, acomodándolas hasta que formaron un ángulo acorde al borde del estante.
La presencia de Bill era como la luz de sol caliente que quemaba a través del reverso de su camisa. Tom se movió, incómodo y luego se aclaró la garganta.
—Y entonces, ah… ¿qué tipo de cosas puedes hacer? —preguntó. Su voz sonó demasiado fuerte en la habitación silenciosa y Tom inmediatamente sintió que sus orejas se calentaban—. Además de hacerte a ti mismo no atractivo.
No hubo respuesta por el Danachi, y por un momento, Tom tuvo el pensamiento irracional de que no lo había dicho en voz alta. Volteó su cabeza y vio a Bill mirándolo con una sonrisa apenas perceptible. Sus ojos resplandecían en la luz tenue.
—¿Quieres que te muestre algunas cosas? —preguntó.
Tom se ruborizó nuevamente. ¿Cómo podía Bill lograr eso? Se encogió de hombros para ocultarlo y respondió a la pregunta.
—Claro, ¿por qué no?
Bill pareció pensativo.
—Bueno —dijo—, pero tendrás que ayudarme un poco.
El revoloteó en el estómago de Tom aumentó.
—¿Cómo?
—No es gran cosa.
Bill seguía sonriendo como si pudiera leer los pensamientos de Tom. Y por lo que Tom sabía, probablemente era así.
—Un beso.
Tom exhaló. Alejó la sorpresiva aparición de decepción que le llegó.
—Un beso —la idea lo espantaba y lo emocionaba al mismo tiempo—. Bien, puedo hacer eso.
Bill serpenteó para sentarse, llevando sus largas piernas debajo de él.
—Ven aquí. —dijo, simplemente, ofreciéndole su mano.
Cuando se encontró a sí mismo cruzando la habitación y sentándose sobre la sábana, enfrente de Bill, Tom se preguntó si Bill ya estaba trabajando en su magia. Una parte de su mente pensó que era conveniente, se dio cuenta de que Bill le estaba dando una auténtica excusa para tocarlo. El pensar en la reacción de Bill al aceptar su oferta tan rápidamente hizo que sus orejas y su cuello hirvieran. Aun así, no cambió de parecer. Sus botas se arrastraron sobre el piso mientras se colocaba sobre las almohadas, y sus rodillas se tocaron.
—Cierra los ojos —instruyó Bill—, y respira profundamente.
Tom hizo lo que se le ordenó, sobresaltándose ligeramente cuando sintió el ligero toque de las manos de Bill en su cara. La cadena atada a su muñeca golpeó ligeramente el hombro de Tom y los dedos de Bill se sintieron fríos y secos mientras trazaban una línea a través de la mandíbula de Tom, sus pómulos y arriba de sus cejas. Podía sentir el cálido aliento de Bill sobre su rostro y cuando inhaló, sintió un gusto dulce.
Bill dejó escapar una ligera exhalación.
—Shhhh…
Y entonces Tom sintió los labios del Danachi tocando los suyos.
Tom abrió sus ojos por un momento. No estaba seguro de lo que había estado esperando, pero los labios de Bill se sentían como los de un humano… al menos como Tom podía recordar. Había pasado mucho tiempo desde que había besado a alguien.
Bill chupó muy ligeramente el labio superior de Tom, atrayéndolo a su boca. Los parpados de Tom volvieron a cerrarse. El labio inferior del Danachi era carnoso y suave. No hubo una chispa eléctrica o una luz centellante, pero cuando los labios de Bill se separaron y Tom sintió la mojada lengua del Danachi contra la suya, Tom sintió una flecha blanca y caliente atravesándole su entrepierna.
Gimió.
Bill retrocedió y Tom se dio cuenta de que, inconscientemente, se había movido hacia adelante, intentando seguir esos suaves labios. Abrió sus ojos y se encontró con el rostro del Danachi cerca del suyo. Los ojos de la criatura se veían pesados, y sus párpados estaban medio cerrados sobre sus oscuros ojos. Un cálido rubor coloreaba sus mejillas y esto hizo que el corazón de Tom se acelerara.
La boca de Bill volvió a los labios de Tom nuevamente, apenas rozándolos y Tom cerró sus ojos nuevamente. Esto en verdad era algo increíble… Magia. Locura.
—¿Listo?
Bill lo besó levemente otra vez y de repente una explosión de música llenó el silencio. Tom dio un respingo, volteando para localizar el origen del sonido.
En la esquina, un viejo y pesado estéreo estaba encendido y música de rock retumbaba de sus polvorientas bocinas.
—¿Qué carajo? —gritó Tom, poniéndose de pie—. ¿Qué? Esa… ¡esa cosa no ha funcionado en años!
Aun en el suelo, Bill se dejó caer hacia atrás, carcajeando, y aplaudiendo como un niño feliz.
—¿Tú hiciste eso? —preguntó Tom, atónito y extrañamente eufórico—. ¿Con ese beso?
Bill volvió a sentarse, entrelazando sus manos bajo su mentón. Sus ojos bailaban y sonrió ampliamente.
—¡Magia!
Continúa…
Ésa es la magia de Bill… ¿es lo que se imaginaban? :3
En el próximo capítulo: Hambre. :s
¡Un abrazo a todos!