Fic original de emseviltwin. Traducido por OuterSpace

Capítulo 4

Apenas había luz cuando Tom se levantó en la mañana. Se vistió rápidamente, ignorando al Danachi mientras se ponía sus pantalones y su camisa, envolviendo una capa de cuero alrededor de sus muñecas y de su cuello para protegerse de la arena y un humo que ahora vagaba por el desierto constantemente desde algún lugar desconocido. La criatura se incorporó, parpadeando y frotando su cara. Tom estaba muy al pendiente de la criatura que lo observaba atarse su bandana alrededor de su frente, sin embargo, no le habló.

El alcohol y los cigarros de la noche anterior lo habían dejado con una resaca y un sabor amargo en la boca, pero no se detuvo ni siquiera para cepillar sus dientes antes de escurrirse fuera de su habitación tan rápido como pudo. Había dormido muy mal, al ser incapaz de calmar su mente y sin poder detenerse a sí mismo de mirar a la figura acurrucada del Danachi que estaba al otro lado de la barraca. Finalmente cayó dormido y sus sueños se vieron plagados con la criatura. Las manos de Tom se paseaban por todo su cuerpo, dentro de él, y una ducha caliente había llovido sobre ellos.

Había despertado con sus bóxers pegándose a su entrepierna, con un gruñido en el fondo de su garganta y el placer punzando debajo de su estómago. Al otro extremo de la barraca, el Danachi había cambiado de posición cuando Tom lo miró, rodando sobre su espalda y arqueándose ligeramente. Tom creyó haber visto a la criatura lamiéndose sus labios, pero no podía estar seguro bajo la luz tenue que iluminaba la habitación.

Una vez vestido, Tom se dirigió directamente al comedor para tomar un desayuno de proteína. Comió más lento de lo normal, considerando el hecho de que todavía era muy temprano para que la mayoría de la compañía despertara. No obstante, intentó ignorar el recuerdo de la noche anterior y los mojados dedos del Danachi bombeando ante sus ojos e instalándose en el punto bajo su estómago. Cuando terminó, tomó una segunda porción, sabiendo que el Danachi probablemente se rehusaría a comer nuevamente.

Cuando regresó a su barraca, encontró a la criatura sentada, aparentemente habiéndose arreglado en su ausencia. Estaba usando una nueva camisa, una de las de Tom, y su cabello estaba medio atado en la parte de atrás, alejando los hebras de su rostro. Sus ojos sobresalían filosamente de su cara, siendo anillados con un color negro ahumado que hizo que Tom recordara el maquillaje que chicos y chicas usaban en la ciudad, cuando era más joven. Cubría la forma en la que las marcas de cada esquina de sus ojos se esparcían, creando una línea que se desvanecía por sus pestañas y las unía creando un anillo ahumado. Sin embargo, las líneas filosas sobre sus parpados seguían visibles. En general, parecía exagerar la extrañeza de sus ojos, atrayendo más atención hacia ellos, pero aun así, Tom tuvo un extraño pensamiento: la criatura realmente se veía… bonita.

El Danachi levantó la vista cuando Tom entró

—El desayuno. —dijo Tom, poniendo el plato y la cuchara en el suelo frente a él.

Para su sorpresa, el Danachi inmediatamente tomó lo que Tom le ofreció y comenzó a comerse la comida gris y desagradable, inclinándose sobre el plato.

—Creí que no comías comida humana. —observó Tom, ladeando su cabeza hacia un lado.

El Danachi se encogió de hombros al tragar.

—Por supuesto —dijo, pausando por un momento—. Pero tampoco puedo morirme de hambre, ¿o sí?

Tom estaba atónito. Negó con la cabeza y retrocedió para sentarse en su cama, colocando sus antebrazos sobre sus rodillas mientras observaba a la criatura tragando la comida bocado tras bocado.

—Pero… la otra noche —dijo con vacilación, torciendo sus manos entre sus piernas—. Dijiste que… dijiste que no comías estas cosas. Que sólo necesitabas… ya sabes.

El Danachi ya estaba raspando el plato con el tenedor, pescando lo último que quedaba de la mezcla. Soltó el contenedor en el piso y lamió sus dedos.

—Sí, bueno, eso también es verdad. O sea, necesito ambos. —el Danachi sonrió ampliamente.

Tom estaba un poco asombrado. Esta criatura frente a él parecía completamente humana para su gusto, no como la cosa alienígena que se había retorcido sobre el piso, masturbándose. No como la brillante y gimiente criatura que tenía dos dedos metidos profundamente dentro de sí, cuando se suponía que debía estar duchándose. Tom sacudió su cabeza.

El Danachi se sentó derecho.

—¿Hay más? —preguntó.

Tom frunció el ceño.

—No —dijo—. No realmente, no tenemos muchas provisiones. La comida está racionada.

El Danachi hizo una mueca y después se encogió de hombros.

—Está bien.

Aturdido, Tom respiró profundamente. Pasó una mano sobre su cabeza y después sobre su cara, y luego entrecerró sus ojos al ver a la criatura. A pesar de que acababa de comer por primera vez, el Danachi se veía más saludable que cuando había llegado; de alguna forma lucía más lleno y los círculos oscuros que habían orbitado alrededor de sus ojos ya no estaban. Sus labios seguían viéndose hinchados y Tom no pudo evitar recordar los sueños que había tenido las noches anteriores ni esa sensación imaginaria de la boca del Danachi sobre su miembro. Tom se sacudió, volviendo a la realidad y encontrando al Danachi observándolo con una leve sonrisa en esa misma boca.

—Como sea, ¿cómo te llamas? —preguntó Tom, irritado—. Quiero decir, ¿siquiera tienes un nombre?

El Danachi ladeó su cabeza a un lado.

—Bill. —dijo, simplemente.

—¿Bill? —Tom arrugó su nariz—. Eso es muy…

Normal’.

—Yo soy normal. —Bill se rio.

La cabeza de Tom se levantó rápidamente ante el comentario. No estaba tan seguro de eso…

Miró a Bill cautelosamente.

—¿Puedes leer mi mente o algo así?

Bill sonrió. La forma en la que sus labios se separaron y se curvaron para mostrarle a Tom el interior húmedo de su boca le recordó a Tom a algo secreto. Sintió que el calor comenzaba a retorcerse un poco en su estómago.

—No sé —dijo Bill—. ¿Qué harías si pudiera?

Por alguna razón inexplicable, Tom se encontró sí mismo sonrojándose.

—Yo soy Tom —dijo, en lugar de responderle al Danachi. Rascó su cabeza, donde la bandana estaba amarrada—. Así que ya puedes cortar esa mierda de “amo” ¿ok?

El Danachi pestañeó lentamente con una leve sonrisa en su rostro, pero no dijo nada.

Tom rascó su oreja.

—Mira, no sé qué vamos a hacer contigo, ¿bien? Y la verdad es que no te quiero vagando por la base.

Bill sólo se encogió de hombros.

—Ok.

Tom vaciló. Se sentía mal teniendo al Danachi encadenado a la pared. Especialmente ahora que tenía un nombre y parecía hospitalario y, pues… normal. Haciendo a un lado lo de leer la mente, claro. Pero Tom no tenía idea de qué podría pasarle a él si soltaba a la criatura. Dudaba que el numerito de Bill de la noche en la que había llegado hubiera sido algo único si no lo hubiera encadenado y, honestamente, Tom no sabía si podría sobrevivir otro show como el que había presenciado en la ducha. No sin fumarse todos los cigarros de la base.

Tom estaba seguro de que la mayoría de los hombres en su base ya habrían aceptado la oferta del Danachi y a pesar de la pequeña molestia que sentía cuando estaba con él, Tom se estremeció con la idea.

—¿No te importa? —preguntó, vacilantemente. Sentía una extraña necesidad  de explicarse por temor a que el Danachi pensara que le tenía miedo. Lo cual era más o menos cierto—. No creo que sea seguro que salgas con los otros hombres rondando por ahí, ¿sabes?

—¿No confías en ellos? —preguntó Bill, mirando a Tom con sus ojos oscuros. La misma sonrisa secreta apareció en su rostro.

—Sí… No… —Tom negó con la cabeza. ‘No confío en ninguno de ustedes’—. Sólo quédate en donde te ponga hasta que sepamos qué hacer, ¿de acuerdo?

El Danachi se estiró nuevamente sobre las almohadas y la camisa gris que usaba se deslizó sobre sus muslos. Tom miró hacia otro lado, enfocándose en la pila de revistas viejas que estaban apiladas impecablemente a un lado de su cama. Deseó poder ignorar a Bill, pero el Danachi era una presencia rara y llamativa en su barraca; era como el zumbido que creaba la energía que conservaba la luz en los focos: constante, incluso cuando Tom le daba la espalda.

Nervioso, Tom rascó su nuca.

—¿Qué es esa cosa en tu cara? —soltó abruptamente, agitando una mano en la dirección de Bill—. Esa cosa. Alrededor de tus ojos.

En un gesto casi perezoso, Bill alcanzó algo detrás de él y sacó un pequeño lápiz negro. Tom entrecerró los ojos, reconociéndolo como uno de sus gises militares que usaba para hacer notas en el papel grueso con el que se les proveía. Era negro, a prueba de agua y fácil de producir, mucho más accesible de lo que era el plomo en esos días.

—Eso no es maquillaje, ¿sabes? —le dijo Tom.

No podía dejar de mirar la cara del Danachi. El cosmético delineaba sus ojos, haciéndolos resaltar y haciéndoles lucir grandes y penetrantes de una forma afilada en ese rostro pálido. De alguna forma, el Danachi se veía más frágil y suave e hizo que las palmas de Tom picaran.

—Sólo quería verme mejor —dijo Bill, curvando su mano en torno al lápiz—. Bonito.

Los labios de Tom se crisparon. Deseó que el Danachi se viera menos bonito. Bill ya se veía lo suficientemente seductor con su cara limpia, y ahora…

Tom se forzó a alejar su vista de él.

—¿Y, de todas formas, cómo fue que terminaste con esos gitanos? —se encontró a sí mismo preguntando.

En su visión periférica, pudo ver a Bill encogiéndose de hombros.

—Ya sabes —dijo—. He viajado mucho. No recuerdo cómo terminé con ellos. Pero así fue… y ahora estoy aquí, contigo.

Las palabras hicieron que Tom volteara y sus ojos se encontraron inmediatamente con los de Bill. El Danachi estaba recostado, apoyando su cabeza sobre la parte superior de su brazo; su cuerpo estaba estirado y sus piernas estaban desnudas. Tom se aturdió con la forma en la que Bill lo miraba.

—Pero, ¿de dónde vienes? —preguntó, más que nada para distraerse a sí mismo.

—No lo sé —dijo, Bill sin importancia—. Eso no me preocupa. Voy al norte, y eso es lo importante.

—¿Al norte? ¿Qué hay ahí?

Bill sonrió, extrañamente triste.

—Un asentamiento —dijo—. Un lugar para los Danachi. Bueno… supuestamente. No sé exactamente en dónde está, pero puedo sentirlo y hacia allá voy.

Tom pestañeó. En ese momento, Bill sonaba como un niño pequeño hablando de un sueño. Se volteó para mirarlo.

—Eso es bastante impreciso, ¿no crees?

El Danachi se encogió de hombros tan bien como pudo  desde su posición tumbada.

—Puedes llamarlo radiofaro direccional… o radar —sugirió, con un indicio de  broma en su voz—. Sé que voy en la dirección correcta.

Tom lo miró rápidamente, recordando las palabras del gitano.

—¿Qué? ¿Es como uno de tus poderes o algo así? ¿Magia?

La sonrisa burlona del Danachi creció y Tom se encontró a sí mimo inexplicablemente sonrojado.

—Supongo. —dijo Bill, y después rio.

—¿Qué es tan gracioso? —preguntó Tom cuando su vergüenza se convirtió en irritación.

Odiaba cómo la criatura lograba hacerlo sentir tan extraño en la barraca que había sido tan familiar para él; en la habitación que era como su segunda piel. Bill era una invasión que lo desordenaba todo y alteraba el balance que Tom había creado.

—Ustedes, los humanos, están fascinados con la magia. —explicó Bill.

El término “humano” colgó extrañamente de las orejas de Tom.

—Queremos lo que no podemos tener, supongo.

Tom se sintió calentarse nuevamente cuando el Danachi cambió de posición, rodando sobre su espalda en respuesta a las palabras. La lengua de Bill se asomó para lamer su labio inferior y sus ojos se oscurecieron.

—Oh, pero la verdad es que puedes conseguir un poco de lo que quieres.

La excitación fluyó por el estómago de Tom y entonces se volteó, frotando su cara.

—¿Por qué sigues haciendo eso? —preguntó, observando la sábana descolorida de su cama.

—¿Haciendo qué?

Tom rascó una gruesa costura de su pantalón con la uña de su pulgar.

—Eso — repitió—. Convertir todo en sexo.

—¿No te gusta el sexo? —la apenas perceptible sonrisa estaba de vuelta nuevamente en la cara de Bill para cuando Tom lo miró.

—Sí me gusta, ¿ok? —dijo, odiando el hecho de estar sonrojado.

Bill decidió apiadarse de él, aparentemente.

—No es mi culpa —dijo, levantándose para apoyarse sobre un codo—. Tú preguntaste por mis poderes y más o menos van de la mano.

Dale sexo…

—¿Entonces lo que dijo el tipo ése, es cierto? —preguntó Tom—. Tú… ¿Qué? ¿Das magia a cambio de sexo?

Bill se encogió de hombros.

—Algo así —se tumbó otra vez sobre  su espalda—. Bueno, no, no realmente. Quiero decir, el sexo es como energía para nosotros, ¿entiendes? Lo necesitamos para fortalecernos y después, bueno, supongo que podrías decir que convertimos nuestra energía en algo más. Ésa es la magia que a ustedes les gusta tanto.

Tom recordó la forma en la que Bill había afirmado necesitar sexo en vez de comida. Una imagen del Danachi aferrándose a sus pantalones e impulsándose para pegarse contra la pierna de Tom apareció en su mente y Tom se sacudió.

—No todos estamos obsesionados con la magia, gracias —dijo, de un momento a otro—. Además, no puedes acercarte mucho más al norte de lo que ya estamos, y puedo asegurarte que no hay establecimientos ni nada de eso por aquí. Nuestra base es lo más cercano al norte que puedes llegar. Creo que tu radiofaro está un poco averiado.

El Danachi estaba despreocupado.

—¿Qué? ¿Acaso crees que ésta es la cima del mundo, o algo así? Puedes llegar más al norte de lo que te imaginas.

—No después de la muralla.

Bill levantó una ceja perezosamente, volteando su cabeza para mirar a Tom desde su nido de almohadas. El movimiento estuvo pulido con condescendencia, pero hizo que el estómago de Tom doliera.

—¿Ah, sí?

—Nadie nunca lo ha hecho. —dijo Tom, regresando su atención a la lámpara que estaba en la pequeña mesa al lado de su cama. La enderezó para que el borde estuviera al ras de la esquina de la mesa.

Bill ondeó su mano sin importancia.

—Nadie que sea humano. — dijo.

Tom arrugó su nariz con eso. La barrera que se alzaba alrededor de la frontera norte había marcado los límites del continente por siglos. Era bien sabido que la vida fuera de la zona de protección había dejado de existir hace siglos. Claro, Tom nunca había visto la pared por sí mismo… de hecho, era imposible llegar a la barrera física.

A veces, observaba el horizonte en esa dirección…  Lo había hecho por horas la primera vez que había llegado a la base, imaginando algún tipo de ruta que llevara hacia el norte, lejos de todo lo que había dejado en el sur. Pero lo único que se extendía hacia allá, era el árido, infértil, e implacable desierto. Algunos grupos de exploración habían revelado una reducción de vida mientras más se acercaba uno al norte. La única planta que se dignaba a crecer un poco más allá, era un grueso y rastrero cactus que se esparcía sobre la arena como si fueran oscuros dedos verdes, y olía horrible. Allá, el aire era escaso y rasposo, y con el tiempo, antes de que el muro apareciera en el horizonte, todos los grupos de exploración se habían visto forzados a regresar; y lo habían hecho con pulmones jadeantes y con sus vistas siendo manchadas con puntos debido al sol.

Era una barrera imposible. Una que había llenado a Tom con frustración en una ocasión, sabiendo que nunca podría escapar a la vida que se le había dado… sin embargo, ahora lo llenaba de apatía. El muro y su inaccesibilidad eran sólo hechos de la vida. Al igual que la comida de mierda que había allí y las provisiones disminuyentes. Había soñado con el futuro más allá del muro cuando era pequeño, pero la vida había intervenido. Cuando tenía un momento de tranquilidad, Tom miraba pacíficamente hacia el horizonte… hacia el norte. Se otorgaba a sí mismo el lujo de imaginar, pero nunca más que eso. No tenía caso.

—Vaya que esos gitanos estaban ansiosos por deshacerse de ti. — comentó Tom, cambiando de tema mientras recordaba la forma en la que las puertas del convoy habían azotado tan pronto como la cadena de Bill había caído en las manos de Tom.

El Danachi se encogió de hombros, pareciendo completamente desinteresado.

—¿Y qué?

—¿Y qué? — repitió Tom—. ¿Qué es lo que no me estás diciendo? ¿Qué hiciste para disgustarlos tanto?

—No estaban disgustados —dijo Bill, batiendo una mano vagamente—. Yo sólo… tú sabes, los motivé para que quisieran botarme aquí. Te dije que voy al norte y ellos iban a regresar al sur en algún momento. No había necesidad de quedarme con ellos.

—¿Los motivaste? —dijo Tom escépticamente—. ¿Qué rayos se supone que significa eso? ¿Algún tipo de control mental?

Bill se rio ligeramente con eso.

—¡No seas tan paranoico! No es control mental. Piensa que es como… una relación simbiótica. Yo necesitaba un aventón y ellos necesitaban… —sus labios se fruncieron un poco—. Bueno, sólo digamos que ellos se llevaron la mejor parte del trato, ¿ok? Una vez que llegamos aquí, yo dejé de necesitarlos.

Las palabras hicieron que el estómago de Tom se apretara un poco, pero la explicación seguía pareciendo un poco ambigua a su parecer. El Danachi continuó al notar que no lucía convencido.

—Mira, me hice menos atractivo para ellos, ¿ya? Dejaron de quererme a su alrededor y esta base fue una buena excusa para deshacerse de mí. Y eso funciona para mí porque, como ya dije —se volvió a sentar—: Voy hacia el norte.

—Hacia el norte, ¿eh? —preguntó Tom, decidiendo ignorar el comentario de Bill sobre hacerse menos atractivo. El Danachi no parecía estar haciendo nada de eso a su alrededor. Apretó el nudo donde su bandana estaba atada en su nuca—. ¿Entonces qué? ¿Debería dejarte seguir tu camino?

Bill volvió a moverse, pareciendo completamente parsimonioso.

—Tú dime —dijo—. Yo soy tu prisionero.

Levantó su mano encadenada, de forma elegante.

Tom se le quedó viendo, de repente dándose cuenta de que el Danachi, de alguna forma, se las había ingeniado para pasar ambos brazos por la camisa que estaba usando, a pesar de estar encadenado. El Danachi se rio y sus ojos brillaron cuando percibió su pensamiento.

—¡Magia!

Tom frunció su entrecejo.

—No te metas con mis cosas, ¿entendiste? —contestó bruscamente, señalando su armario—. Las tengo organizadas como me gusta.

Ojeó las desnudas piernas debajo de la camisa holgada que Bill se había puesto.

—Estás bastante flaco, pero encontraré algo que puedas usar… necesitas unos pantalones, mínimo.

Con eso, Bill se sentó, doblando sus piernas debajo de él. Estaba viendo a Tom de arriba abajo en una forma que estaba logrando que los vellos de la nuca de Tom se levantaran. El Danachi se lamió sus labios.

Rápidamente, Tom fue hacia su armario y tomó una barra de proteína que guardaba ahí en reserva y luego la aventó hacia Bill.

—Si tienes hambre, cómete eso, ¿bien? —dijo, pasando de Bill rápidamente—. Tengo cosas que hacer, así que… Te-te buscaré algo de ropa, o algo así.

Con una mano en la manija de la puerta, Tom se volteó. Bill lo estaba mirando mientras sostenía la barra de proteína en su regazo.

—Estarás bien, ¿verdad? —preguntó Tom.

El Danachi asintió, y con un suspiro de alivio, Tom abrió la puerta. Una racha de aire entró y Tom la inhaló profundamente, sin darse cuenta  de cómo la esencia de Bill se había aferrado a sus fosas nasales.

—Bien.

Tom estaba cerrando la puerta nuevamente cuando escuchó a Bill decir con suavidad:

—Gracias, Tom.

No hizo caso de la forma en la que esas palabras le hicieron sonreír.

Continúa…

Ya supimos un poquito más de Bill. ¿Ven? No es tan malo… él es muy normal. 🙂 Parece que Tom ya no le tiene tanto miedo, o bueno, al menos ya se atrevió a charlar con él un poquito… y le hizo sonreír. ^^ La cosa va progresando.

En el próximo capítulo: ¡Magia! 😉

Un abrazo.

por OuterSpace

Traductora del Fandom

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