
Fic original de emseviltwin. Traducido por OuterSpace
Capítulo 3
Tom pasó el día batallando para sacar los oscuros y humeantes ojos del Danachi de su mente. Y fue aún más difícil alejar la imagen de los carnosos y húmedos labios, y la lengua resbaladiza de la criatura… especialmente cuando ambas estaban conectadas al pene de Tom. Tom había vuelto a quedarse dormido la noche anterior y había regresado a esos sueños que involucraban al Danachi, sus manos, su boca y el sofocante calor dentro de ella. Los shorts de Tom habían estado empapados cuando se despertó cerca del amanecer y se forzó a sí mismo a levantarse de la cama, incapaz de seguir soportándolo más.
Sus manos habían temblado mientras se ponía sus ropas, decidido a apresurarse para ir a la ducha y poder remover el sudor y el semen que cubrían su piel.
El Danachi lo había observado silenciosamente con sus ojos oscuros; ya estaba despierto y tumbado en el piso sobre las almohadas, pero no se había tapado con las sabanas que Tom le había dado. Tom estaba seguro de que ahora se veía más saludable a como había lucido la noche anterior, pero no sabía por qué, ya que el Danachi había ignorado completamente el plato de comida que le había dado, dejándolo enfriar hasta congelarse.
Tom se había escapado a las regaderas tan rápido como pudo y luego volvió a su habitación sólo para dejarle más comida a la criatura. El Danachi sólo había observado el tazón con desdén, y se había estirado como un gato, haciendo que su camisa se deslizara hacia arriba. Tom se había marchado a toda prisa justo después de eso, sintiendo de inmediato que su pene comenzaba a sacudirse dentro de sus pantalones.
Desafortunadamente un día de repartición de inventario y planificación de horarios de patrullaje, le otorgó muy poca distracción. La mente de Tom deambulaba constantemente de vuelta a la criatura que seguía sentada en su barraca. Encadenada a la pared. Vistiendo solamente una endeble camiseta sin mangas.
Tom necesitaba un trago.
Así fue como terminó en el comedor de la base, después de que la mayoría de los otros hombres se habían ido, para pasar un rato tranquilo consumiendo paulatinamente lo que más se parecía al alcohol en la base. Sabía al líquido que llevaban los encendedores y quemaba cuando bajaba por la garganta, pero cuando bajaba a su estómago, se convertía en un calor vibrante. Además, por fin Tom estaba siendo capaz de alejar la sensación incómoda y nerviosa con la que se había estado enfrentando todo el día.
Algunos rezagados seguían jugando cartas o intentando captar una señal en la decrépita pantalla de televisión, pero el contenedor se estaba vaciando rápidamente. Pronto, Tom se quedaría sin razones para no irse a dormir.
Apretó con un poco más de fuerza el vaso cuarteado que sujetaba en su mano, apenas escuchando lo que Georg le decía, mientras imaginaba al Danachi esperando en su barraca. Con la mezcla de alcohol vigorizándolo, Tom estaba bastante seguro de que sería capaz de ignorar la forma en la que la piel de la criatura parecía relucir y lo largas eran sus extremidades. Estaba bastante seguro de que ni siquiera notaría el suave y estrecho culo debajo de la harapienta camisa, o lo lindos y suaves que se veían sus labios.
—Oye, hombre, ¿sigues ahí?
Tom parpadeó, sacudiéndose un poco para encontrarse con que Georg estaba mirándolo con una expresión de diversión en la cara.
—Te me quedaste ido. —decía Georg.
Tom levantó su vaso, inclinando su cabeza hacía atrás para vaciar el resto de su bebida en su garganta. Tosió por el ardor y soltó un sonido parecido a un graznido.
—Lo siento, hombre.
—De todas formas, no sé qué haces rondando por aquí —dijo Georg, acabándose su propio trago—. No con esa cosa sentada en tu barraca. Yo no la dejaría sola ni por un segundo.
Una sonrisa lasciva se extendió por su cara.
—No estás evitándola, ¿verdad? ¿Qué es? ¿Vudú?
Tom se rio fuertemente, deslizando su vaso de mano a mano a través de la mesa.
—¿Qué? No, claro que no. Ni siquiera sé de qué estás hablando.
—Bueno, ¡anda! —exigió Georg—. Cuéntame. ¿Cómo es? ¿Tiene nombre?
Tom arrugó los labios.
—No lo sé —admitió—. No le pregunté. Sólo… no sé. Se me queda viendo.
Las orejas de Tom se pusieron rojas, pensando en la forma en la que la criatura había rodado sobre el suelo la noche anterior tocándose a sí misma. Una imagen de la espalda del Danachi arqueándose y dejando asomar sus costillas pintadas lustrosamente con semen brillante, hizo que la excitación surgiera del estómago de Tom.
—¿Y ya? —preguntó Georg.
Tom se encogió de hombros, intentando parecer indiferente y alejando la imagen de su cabeza.
—Sí. Es raro.
Georg lo miró de arriba abajo con una extraña expresión en su rostro y después levantó las manos, impulsándose hacia atrás con ayuda de la mesa.
—Como sea. Tengo que irme a dormir. ¿Vienes?
Tom suspiró mirando su vaso y deseando que hubiera otro trago ahí… o dos. Pestañeó ya con mirada cansina.
—Sí.
El suelo se movió un poco cuando se levantó y pateó el banco en donde había estado sentado, empujándolo debajo de la mesa. Apretó un poco el pañuelo que seguía usando alrededor de su cuello. Era innecesario cuando estaba adentro ya que no había arena de la cual debía aislarse, pero Tom sólo había apilado capas y más capas de ropa ante los ojos observadores del Danachi, como si el cuero y el algodón pudieran protegerlo de la lujuria estremecedora que se disparaba en su columna cada vez que volteaba y miraba piel desnuda y pálida.
Tom se quitó el pañuelo mientras caminaba por los corredores hasta su barraca, haciéndolo una bola en su puño. No necesitaba protegerse contra la cosa que esperaba en su habitación. Se suponía que los Danachi eran serviciales para los humanos, o algo así, y Tom había permitido que éste invadiera su mente, haciéndola girar.
Tenía que parar.
El alcohol en su cuerpo hacía temblar ligeramente los dedos de Tom y le hacía sentir su boca ligeramente adormecida. Pasó una mano sobre su cabello, masajeándose un momento antes de detenerse frente a su puerta. Escuchó por un instante, preguntándose si podría escuchar al Danachi al otro lado, pero no escuchó nada.
Empujó la puerta para abrirla, tambaleándose un poco contra ella.
El Danachi estaba recostado en el suelo, mirando hacia el lado opuesto de donde Tom había entrado, pero cuando Tom entró a la barraca, levantó la vista hacia él.
Tom parpadeó. Desde ese ángulo podía ver directamente la camisa que la criatura usaba. Sus piernas largas y pálidas disparaban una línea recta debajo del material de color gris oscuro y terminaba en donde estaba una sombra que Tom estaba seguro de que era caliente e incitante. Quería poner sus manos ahí y averiguarlo por sí mismo.
—¡Tú! —gritó, dando un paso enfrente. Se estabilizó con una mano sobre la pared, de repente sintiéndose más ebrio de lo que recordaba haber estado en el pasillo.
Lentamente, el Danachi se levantó, doblando las piernas y mostrando respeto a Tom, silenciosamente. A su lado, el plato de comida que Tom había llevado seguía intacto.
—¿Qué? —dijo Tom—. ¿No vas a comer?
El Danachi se encogió de hombros un poco y Tom arrugó la frente, dejando escapar un gruñido de frustración.
—Como quieras.
El valor que había acumulado antes estaba disipándose rápidamente ante la imponente presencia de la criatura; y la determinación que Tom había sentido estaba siendo reemplazada velozmente por un deseo de saborear la piel del Danachi. Necesitaba una distracción. Algo que evitara que sus ojos vagaran por las piernas desnudas de la criatura. La parte de su piel que había estado en contacto con el piso, estaba manchada y descolorida, y Tom se enderezó.
Repentinamente, Tom se concientizó sobre lo sucio que estaba el suelo y sintió un destello de culpa por hacer que el Danachi tuviera que acostarse ahí en vez de ofrecerle un catre, como debería ser.
—Ducha —dijo.
El Danachi levantó sus cejas y repitió la palabra.
—¿Ducha?
Tom asintió. Era perfecto. Nadie estaría en los cuartos de baño a esa hora de la noche y la criatura, claramente, necesitaba un baño. Además, darle una orden corregiría los problemas de autoridad que parecía haber y pondría a Tom de vuelta al mando.
—Sí —ladró, adoptando el tono que normalmente reservaba para los reclutas desobedientes—. Levántate, te vas a bañar. Y tampoco quiero queja alguna al respecto. El piso está sucio.
El Danachi pestañeó, pero después de un momento, se levantó obedientemente y tendió su mano para que Tom pudiera liberarlo. La camisa oscura que usaba se deslizó hacia abajo hasta colgar a medio muslo. Tom cruzó la habitación rápidamente, sacando las llaves de su bolsillo para encontrar la que encajaba en la esposa que arrestaba a la muñeca del Danachi.
Al meterla en la cerradura, se encontró a sí mismo inhalando, atrayendo una esencia almizclada a su nariz. Sus dedos tocaron brevemente la fresca y fría piel de la muñeca del Danachi y eso envió una chispa de energía a Tom, como un disparo de estática, haciéndole jadear.
Los parpados extrañamente marcados del Danachi revolotearon un segundo y levantó la vista; sus ojos oscuros se encontraron con los de Tom.
La excitación quemaba al bajar por el estómago de Tom y se dio cuenta que había liberado la muñeca del Danachi hace ya un rato. Aclaró su garganta y retrocedió incómodamente.
—No intentes algo raro, ¿entendiste? —palmeó la pistola eléctrica que llevaba en su cadera.
Una esquina del labio del Danachi se contrajo, pero continuó callado. Había una expresión entretenida en sus ojos y brevemente lamió su labio inferior. El movimiento no ayudó nada en enfriar el calor dentro del abdomen de Tom.
Luego se giró y tomó una toalla.
—Vamos.
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Al estar sentado en un banco pequeño, y mientras su cabeza descansaba contra el muro de metal detrás de él, Tom comenzó a pensar que tal vez eso no había sido tan buena idea después de todo. El sonido del agua rebotando en la verja de metal y en los costados del cubículo de la ducha, hacían eco en la cabeza de Tom y el cuarto se estaba llenando con un ligero vaho. Desafortunadamente, el vapor no era suficiente para oscurecer la vista de Tom, pues sólo había una ducha en funcionamiento.
Debía admitirse a sí mismo que el intento por mostrarle al Danachi quién estaba a cargo parecía estar contraatacando, o al menos saliéndose un poco de control.
Lo que había parecido el momento perfecto de la noche para que el Danachi tomara un baño sin tener que preocuparse de que alguno de sus hombres intentara ponerle las manos encima, ahora se resumía en que Tom estaba sentado al otro lado de la habitación, con un estómago que dolía con placer mientras miraba cómo el agua se escurría de la piel pálida.
El Danachi ladeó su cabeza hacia atrás y el agua caliente se deslizó por su cabello blanco y negro, alisándolo y aplacándolo. Cuando volteó hacia Tom, el efecto hizo más prominentes sus ojos oscuros y sus pómulos. Sus labios se veían carnosos e hinchados, con un profundo color rojo oscuro.
Tom se removió nerviosamente.
—Apúrate.
Mirando hacia arriba, el Danachi pasó sus manos sobre su cabello empapado y después sobre su cuello. Tom no pudo evitar seguir ese camino, mirando los dedos largos del Danachi desaparecer de su vista al escabullirse debajo del borde del cubículo que le permitía ver hasta el esternón de la criatura. Estaba lo suficientemente bajo para que Tom pudiera ver el agua bajando por del pecho del Danachi y la forma en la que sus pequeños y rosados pezones se endurecían y sobresalían debido al aire frío.
—¡Y usa jabón! —dijo Tom toscamente.
—Sé cómo bañarme yo solo. —dijo el Danachi, su voz flotó espectralmente a través de la habitación vaporosa.
Fue una simple frase y aun así, las palabras chorrearon dentro de los oídos de Tom como si se tratara de sexo caliente. Esto era definitivamente una mala idea.
El Danachi volteó y Tom vio una mano enjabonada deslizándose sobre su hombro. Su cabello húmedo colgaba como una cortina blanca y negra puntiaguda sobre su piel nívea y mientras sus manos se movían, Tom pudo ver los omóplatos del Danachi alternándose con cada movimiento. La criatura era tan delgada, que sus huesos sobresalían, creando un extraño patrón de sombras bajo el agua que caía sobre su piel.
Tom se encontró a sí mismo imaginando el tacto de esa piel pálida bajo sus propias manos enjabonadas e, inconscientemente, se inclinó hacia adelante. Su miembro se había engrosado dentro de sus pantalones y cuando el Danachi miró sobre su hombro hacia él, con su rostro mojado y resbaladizo, Tom sintió que su erección daba un tirón. El agua caía en un chorro por la nariz de la criatura y Tom quería lamerla.
Aclaró su garganta y volteó a otro lado.
Recargó sus codos en sus rodillas, juntando sus manos entre ellas y forzándose a sí mismo a mantener la vista abajo. Las yemas de sus dedos se hicieron blancas al presionarlas fuertemente juntas mientras se dedicaba a escuchar el agua corriendo y cayendo al desagüe. Aun así, era muy fácil imaginar la piel desnuda del Danachi acariciada por el jabón y por el agua caliente, y las manos de Tom bajando por sus costados y por la curva de su trasero…
Un bajo gemido golpeó los oídos de Tom y él levantó su cabeza.
Bajo el rociador, el Danachi lo enfrentaba nuevamente, su cabeza se inclinó hacia atrás, con los ojos cerrados y la boca abierta. Tom se sentó más derecho, mirando cómo la criatura lamía sus labios y mordía el inferior, gimiendo nuevamente.
Tom se encontró a sí mismo de pie, sin darse cuenta de que estaba levantado. De pronto notó que el hombro derecho del Danachi se movía ligeramente.
—¿Qué estás haciendo? —demandó Tom fuertemente, aunque una parte de él ya lo sabía.
El Danachi bajó su cabeza y al hacerlo, una cantidad de agua cayó, empujando cabello negro sobre la frente y la cara de la criatura. Le parpadeó a Tom con sus ojos pesados a través del agua. Sus manos seguían moviéndose por debajo del nivel del cubículo y la obstrucción hizo temblar a Tom. Estaba siendo atraído hacia la cabina como si el Danachi se tratara de algún tipo de magneto y antes de saberlo, las puntas de sus botas golpearon el borde del pequeño escalón que subía a la fila de duchas.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó nuevamente, pero esta vez su voz salió baja y ronca.
El Danachi gimió mientras sus manos continuaban moviéndose. Tom podía ver sus pies cambiando de posición, y uno se arqueó, presionándose sobre sus delicados dedos. La respiración de Tom se apresó en su garganta.
— ¿Qué estás…
—Tengo hambre —gimió el Danachi desesperadamente, cuando su cabeza se inclinó hacia atrás—. Ahh…
Las manos de Tom chocaron contra el borde del cubículo al encontrarse a sí mismo lanzándose hacia el frente. La totalidad del esbelto cuerpo del Danachi quedó a la vista y Tom maldijo fuertemente, viendo la mano de la criatura moviéndose de arriba abajo sobre su suave y delgado pene.
—No hagas eso —exhaló— No…
—Hambre —maulló el Danachi—. Amo…
Volvió a cambiar de posición, balanceándose impacientemente sobre los dedos de sus pies y Tom sintió a su cuerpo entero sacudirse cuando se percató por primera vez de que la otra mano de la criatura también estaba involucrada. Como si pudiera leer sus pensamientos, el Danachi giró su espalda hacia Tom, sacando su trasero para mostrar completamente los dos dedos que había metido dentro de él.
—Amo…
El deseo golpeó a Tom tan fuerte que fue como un golpe al estómago, y respiró fuertemente y con dificultad, sintiendo cómo sus músculos abdominales se tensaban.
El Danachi gimió nuevamente, cambiando la posición de sus dedos, y Tom pudo notar una extraña y aceitosa sustancia en ellos, diferente al agua que se resbalaba por su piel. Sus nudillos desaparecían de la vista de Tom y volvían a aparecer cuando la criatura bombeaba su mano, empujando sus dedos dentro y fuera de la apretada entrada.
Tom se encontró a sí mismo aferrándose al borde del cubículo tan fuerte que las puntas de sus dedos rechinaron en la superficie de metal.
—N-no hagas eso —intentó ordenar. Su voz era débil—. Detente.
El Danachi lo ignoró por completo y en lugar de eso, aceleró el ritmo de la mano que estrujaba su miembro, gimiendo fuertemente.
—¡Amo! —chilló—. ¡Por favor, por favor!
Volteó su cabeza, mirando a Tom por sobre su hombro con ojos chorreantes y oscuros. Su boca estaba hinchada, manchada de un rojo oscuro como si estuviera pintada con lápiz labial. La criatura pasó su rosada lengua sobre su carnoso labio inferior antes de morderlo, siseando en placer.
Tom podía ver los dedos de la criatura desapareciendo dentro de ella y podía verse a sí mismo empujando al Danachi hacia adelante para separarle las nalgas y tener una mejor vista. El deseo de hacer eso fue tan fuerte que lo hizo temblar.
Maldijo en voz alta y en ese momento, el Danachi gritó, ladeando su cabeza hacia atrás bruscamente. Tom vio un poco de su semen saliendo a chorros y golpeando un lado del cubículo, y con un gruñido de frustración, Tom se estiró y le dio un jalón a la manilla que controlaba el flujo de agua para cerrarla. El Danachi estaba estremeciéndose, jadeando y derramando lo último de su orgasmo mientras el agua chorreaba hasta detenerse.
Apretando los dientes, Tom tomó la toalla que había traído para el Danahi y con un movimiento rudo, abrió la puerta del cubículo. La criatura no estaba tan preocupada en absoluto por la clara agresividad de Tom. Se giró lentamente, aun estrujándose a sí mismo perezosamente. Tom observó pasmado mientras la criatura levantaba su mano izquierda. Dos dedos estaban claramente cubiertos por una sustancia clara y lubricante y el Danachi llevó los dedos a su boca. Sin embargo, antes de que pudiera lamerlos, Tom le dio un manotazo.
—Basta —gritó—. Contrólate.
La orden pareció ridícula considerando cómo la acción parecía ser parte de la naturaleza de la criatura. El Danachi levantó sus cejas.
Ignorando la forma en la que el calor seguía rasgándolo, Tom extendió su brazo con la toalla, y con movimiento rápido, la puso alrededor de la criatura, jalándola a través de sus hombros y juntándola al frente.
La criatura dio un paso adelante, mientras agarraba la toalla. Tom inhaló temblorosamente, incapaz de detenerse a sí mismo; la esencia limpia del Danachi era como una inyección de adrenalina. El fresco aroma del jabón se mezclaba con el aún almizclado aroma que había invadido la habitación de Tom desde la llegada de la criatura. Su cabello mojado se pegaba a su mejilla y a su cuello, y unas gotas de agua se aunaban en un confuso patrón a través de los hombros desnudos del Danachi. Su piel parecía resplandecer un poco en la tenue y anieblada luz.
Tom sintió que su respiración se aceleró al levantar un dedo al hombro del Danachi. Su dedo golpeó las gotas de agua, dividiéndolas en chorros sobre la piel suave. La piel de la criatura era fría, a pesar del calor en la habitación, y aun así, al mismo tiempo resultaba extrañamente cálida. El dedo de Tom se encaminó hacia abajo, chocando con el borde del material y sintió una suave bocanada de aire contra su rostro.
El Danachi levantó su cabeza y Tom miró de reojo lado, viendo sus oscuros ojos observándolo. Había un débil indicio de una sonrisa en sus labios.
Repentinamente, Tom dio un respingo, dándose cuenta de lo que estaba haciendo. Retrocedió, quitando sus manos y casi cayendo del escalón de la ducha.
—Lo siento —barboteó, sonrojándose—. Lo sien…
Hizo una mueca cuando una punzada de culpa lo inundó.
—Está bien —dijo el Danachi con su suave voz. Ladeó su cabeza a un lado, dando un paso adelante—. Puedes hacerlo.
—¡No! Aléjate de mí —dijo Tom, alejándose y frotando su nuca con una mano—. Mira, vámonos… Es tarde. Quiero dormir.
El Danachi no replicó, sólo parpadeó. Le permitió a Tom agarrar su antebrazo sobre la toalla y complació a Tom al seguirlo de vuelta a su barraca. Cuando Tom volvió a poner la esposa sobre su muñeca, dejó salir un ligero suspiro pero no hizo comentario alguno.
—No te acuestes en el piso —dijo Tom abruptamente—. Te volverás a ensuciar. Recuéstate sobre las sábanas.
El Danachi sólo se le quedó viendo. Su piel seguía húmeda… aun brillaba, aun olía débilmente a almizcle y Tom se vio obligado a retroceder rápidamente. Sus pantalones seguían incómodamente apretados mientras el Danachi se acurrucaba en el suelo, haciendo que la toalla se deslizara hacia arriba y haciendo que Tom se volteara a otro lado.
—Regresaré enseguida. —dijo, frente al portal y luego hizo una salida apresurada. Azotó la puerta detrás de él.
El aire del desierto se sintió frío contra su piel y heló sus dedos cuando salió. Se dejó caer sobre una banca, sacando el paquete arrugado de cigarrillos que mantenía en uno de sus bolsillos, y encendió uno con manos temblorosas.
Sus dedos estaban congelados y el paquete había terminado vacío para el momento en el que la palpitación en sus pantalones cesó.
Continúa…
Cada vez le cuesta más trabajo a Tom resistirse a los misteriosos encantos de la criatura mágica que se apoderó de su barraca. ¿Cuánto más podrá soportar? 😀
Espero que les guste el capítulo y que se animen a dejarme un comentario para decirme si les está gustando la historia o no.