
Fic original de emseviltwin. Traducido por OuterSpace
Capítulo 2
Tom se lavó la cara con cansancio; enjuagando la delgada capa de tierra que cubría su piel, con el agua fría y metálica que salía del grifo oxidado. Estaba fastidiosamente al tanto del Danachi, que estaba al otro lado de la caja de metal a la que Tom llamaba barraca. Solía ser una caja de carga y no tenía ventanas. Se ponía dolorosamente fría en el invierno, pero un gran y ruidoso radiador que se cargaba con energía solar durante el día, la mantenía caliente… cuando servía.
Georg había despejado un espacio en una esquina y la cosa estaba sentada en el suelo frío, mirando a Tom, en silencio. La cadena atada a sus muñecas estaba sujetada ahora a una barandilla de metal en un lado del contenedor.
Hasta ahora no había pronunciado otra palabra, pero Tom podía sentir su oscura mirada sobre su espalda mientras se inclinaba sobre el lavabo. El cabello enmarañado del Danachi yacía sobre su cara que estaba húmeda, ya que lo habían bañado. Su camisa rasgada colgaba sobre su piel mojada. Sus brazos huesudos se abrazaban a una pierna delgada y su mejilla descansaba sobre una rodilla mientras miraba a Tom con cuidado, pero también con calma.
Gustav había examinado a la cosa y había dicho que no había nada malo en ella, a pesar de que su falta de peso era obvia. Pero había admitido que nunca había visto un Danachi así que, ¿él qué iba a saber?
Todo hacía sentir muy incómodo a Tom. No tenía idea de qué iban a hacer con el Danachi y comenzaba a resentir su propia decisión de haberlo conservado. La simpatía que había sentido por la criatura se desvanecía entre más tempo estaba ésta en su presencia. Lo hacía sentir incómodo y su presencia lo hacía sentirse raro en su propia barraca.
—¿Qué rayos estás mirando? —exigió.
El Danachi parpadeó lentamente, levantando su cabeza. Su labio inferior estaba mojado con saliva y su boca ligeramente abierta. Tom se encontró a sí mismo tragando saliva con dificultad. No quería a esa cosa en su habitación, impregnando sus cosas con su cálido aroma. Pero encontrarse medio empalmado, incluso a pesar de su desagrado, significaba que dejar a la criatura sin supervisión no era una opción. Lo observó detenidamente… su despeinado y enredado cabello era negro en la parte de arriba y blanco en las puntas, también observó las marcas negras alrededor de sus ojos. Casi parecía maquillaje; esas marcas eran lo que lo hacían ver tan diferente en ese ambiente en el que el maquillaje era tan común como una comida decente.
En las orillas de los ojos del Danachi, el color negro se expandía a lo largo de la línea de pestañas y se desvanecía al centro de sus ojos. Más extraño aún era que una delgada línea cruzaba cada uno sus parpados superiores, como si se tratara de un tatuaje. Si Tom no supiera que no era así, hubiera pensado que se trataba de alguna tendencia de moda. Imaginó que podría ser fácil esconder las peculiares marcas con maquillaje, pero sobresalían bastante sobre la pálida piel del Danachi.
El Danachi pestañeó; sus parpados revolotearon y Tom dio un respingo, creyendo por un segundo que había visto un extraño destello oscuro a través de esos ojos. Tom se dio cuenta de que había estado mirando fijamente al Danachi y se volteó, decidido a dejar de verlo embobado como un maniaco hambriento de sexo.
No había tenido un compañero sexual ya por dieciocho meses; algunos de sus hombres habían estado mucho más tiempo que él en ese lugar de mala muerte. Tom ya se había resignado a la idea de no volver a tener sexo. Había algunos chicos apuestos en la base, pero nadie que le despertase deseo. Ni siquiera se había masturbado desde hace tanto tiempo que ya ni se molestaba en recordar. Desafortunadamente, no podía estar seguro de que los otros soldados se sintieran igual de castos que él.
Sacudió sus manos para secarse y tomó la toalla que colgaba de la pared al lado del lavabo. Secó su cara y giró, inhalando profundamente.
— No sé cuánto puedas entender —le dijo a la cosa, que estaba acurrucada en el suelo—. Pero te tienes que quedar aquí hasta que sepamos qué rayos hacer contigo. No puedes salir, no es seguro.
Tom no estaba seguro de qué tanto de un nivel básico del idioma podía entender el Danachi, ya que sólo había pronunciado una palabra.
La pobre cosa levantó sus manos encadenadas, claramente confundida, y Tom negó con la cabeza.
—No te puedo desencadenar, no es seguro para mí.
El Danachi bajó los brazos, vencido, y regresó a su juego de mirar fijamente a Tom y ponerlo incómodo. Tom caminó hacia su cama, nervioso, y jaló dos almohadas. Las puso cerca de la esquina en donde estaba la criatura y luego retrocedió. No parecía tener frío, a pesar de que la noche en el desierto oscurecía rápidamente. Por si acaso, Tom tomó algunas sabanas extras que tenía y también se las aventó.
Tom hizo una mueca, mirando al delgado… chico. Decidió llamarlo así.
El Danachi sólo parpadeó.
—¿Tienes hambre? —preguntó finalmente.
El chico sonrió y pareció erguirse un poco.
—Hambre, sí… —exhaló las palabras, y algo en ese tono hizo que Tom se estremeciera y retrocediera.
—¿Entonces puedes hablar? —preguntó nerviosamente—. ¿Qué tipo de cosas comen ustedes? La comida aquí no es muy buena, pero es comible. Veré qué puedo encontrar.
Giró, listo para irse, pero se congeló al sentir un ligero toque detrás de su pierna. Los dedos delgados del chico se aferraron al sucio cuero de sus pantalones en un agarre adherente, como el de una araña. La criatura se impulsó hacia adelante, sus manos se deslizaron hacia arriba, sobre la rodilla de Tom, y un delgado pecho se presionó contra su pierna. Las uñas del Danachi estaban tintadas de un color negro azulado y Tom recordó vagamente que ésa era una característica natural de esa especie. El recuerdo fue ahuyentado cuando el Danachi levantó la vista hacia él, a través de su cabello enredado.
—Hambre, sí —repitió.
Sus dedos se abrían y se cerraban sobre los pantalones de Tom con un ritmo reflexivo y sus uñas negras se presionaban contra el material.
—Amo… mucha hambre.
Una parte de Tom quiso patear lejos al chico, pero se encontró extrañamente paralizado; un bajo latido se apoderó de su ser.
—¿Qué comes? —preguntó—. Te encontraré algo para comer.
—Comida no —murmuró el chico, acercándose y presionándose más—. Comida no. Mucha hambre.
Sus manos se deslizaron hacia arriba, una se adentró en uno de los bolsillos de Tom y tiró de él.
Tom retrocedió con un respingo y el chico cayó bruscamente hacia adelante; sus manos se alejaron de donde habían estado, pero se acercaron a la entrepierna de Tom. Las palabras del gitano hicieron eco en los oídos de Tom.
“Dale sexo…”
—¿Qué? —preguntó Tom—. ¿Quieres que… quieres que yo…
Titubeó un poco antes de continuar.
—¿…que te folle?
Dio otro paso hacia atrás cuando el chico dejó escapar un gemido grave y su cabeza se ladeó hacia atrás. Todo su delgado cuerpo pareció estremecerse levemente con esas palabras y mordió su labio superior, siseando un poco.
—¡Sí, sí! —gimió—. Sí, rápido. Fóllame.
—¡No! —gritó Tom, retrocediendo tanto como pudo, hasta que el reverso de sus rodillas chocó contra su cama.
El Danachi hizo un sonido lastimero, dejándose caer y apoyando sus antebrazos en el suelo. Con el trasero hacia arriba, estiró sus manos hacia Tom, en un gesto desesperado.
—¡Detente! —dijo Tom—. Ya basta. No te voy a tocar. Podrías matarme.
El chico hizo un puchero, sentándose sobre sus rodillas.
—No lo haría —dijo, poniendo sus manos encadenadas sobre sus piernas—. Tengo hambre.
—Bueno, comerás lo que pueda encontrar en el comedor —dijo Tom, ignorando el lindo ceño fruncido que apareció en el rostro de la criatura—. Porque yo no… simplemente no.
Tom meneó la cabeza, mirando la forma en la que se exhibía el hombro desnudo del chico y cómo su clavícula parecía resplandecer bajo la luz tenue.
—Te traeré algo —dijo bruscamente, y luego señaló a la criatura con uno de sus dedos—. No intentes nada.
Antes de que el chico pudiera seguir implorando, Tom se apresuró a salir de su barraca, dando un portazo tras él. Se apoyó sobre la puerta jadeando fuertemente e inhalando profundas bocanadas de aire frío. Sus manos estaban temblando cuando se las llevó a la cara y estaba imposiblemente duro dentro de sus pantalones.
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Tom hizo lo mejor que pudo para recolectar un plato de comida decente con lo que encontró en el comedor del cuartel. No podía llamarlo apetitoso; las comidas habituales consistían en un suplemento de carbohidratos y proteína, combinado con cualquier cosa que pudieran juntar o cualquier otra cosa que sus hombres hubieran podido recolectar en las arenas del desierto.
Renuente a volver a su habitación, en donde el chico lo esperaba, Tom se sentó en una mesa que estaba en una esquina del comedor y se dedicó a comer a cucharadas su espeso e insípido suplemento de carbohidratos. Imaginó que su intención era parecer una imitación de puré de algún vegetal; tal vez de papa. Aunque, en realidad, no sabía como ninguna papa que Tom había comido en su infancia. Decidió que una descripción más adecuada sería: “pegamento grumoso mezclado con aserrín”. Era algo completamente insulso.
Mientras comía, Tom se dio cuenta de que su mente estaba llena con imágenes del chico que seguía encadenado en su barraca. Sabía que cualquier otro hombre podría estar encantado con tan repentina adquisición, pero la criatura lo desconcertaba. Y de todas formas, ¿qué rayos hacían criaturas mágicas en ese lugar? Y vaya que ésta no se veía como nada que Tom hubiera imaginado. Se suponía que eran criaturas poderosas e imponentes. Incluso había rumores de que había magia detrás del virus que devastaba las ciudades.
Viéndolo bien, Tom no podía imaginar por qué los gitanos habían querido deshacerse de él con tanta prisa. La cosa que Tom había dejado en su habitación estaba pálida y débil.
Sin embargo, Tom debía admitir que era hermosa. De una forma extraña. Recordar al chico presionándose contra su pierna y la forma en la que sus dedos se aventuraron hacia arriba, le hizo sentir algo extraño en su estómago y un sonrojo caluroso fluyó hasta su cuello.
—¡Al carajo! —se levantó, sacudiéndose un poco.
Dejó su bandeja sobre la mesa, levantó la segunda que había tomado para el Danachi y se abrió paso hacia su habitación.
Mientras caminaba por la sinuosa ruta entre el laberinto de contenedores amontonados de metal que comprendían la base, pensó que, tal vez, todo eso se trataba sólo de un sueño extraño. Había estado fuera, en medio de la nada por mucho tiempo, y había empezado a alucinar. La sombría y delgada criatura de su habitación era sólo un producto de su imaginación; una señal de que en verdad necesitaba tener sexo.
Tom empujó la puerta de su barraca, haciendo obvio que la ilusión seguía encadenada a su pared y que era bastante real.
—¿Hambre? —preguntó el Danachi con un tono esperanzado, enderezándose un poco.
Tom cerró la pesada puerta tras él y atravesó la habitación.
—Ten. Es comible. —dijo, sosteniendo el plato en su dirección.
El chico tomó el tenedor y picó la comida con una expresión desaprobatoria.
—No necesito esto. —dijo con una sorpresiva claridad.
Tom se resintió y retrocedió.
—Bueno, pues no tengo nada más para darte de comer. Te ves famélico, sólo cómetelo.
El Danachi lo fulminó con una mirada que le pareció a Tom como la de un gato desafiante, pero obedientemente se llevó a la boca un bocado de la pasta de proteína de color café. Abrió la boca, haciendo una mueca mientras tragaba, y dejó escapar una tos rasposa.
—¡¿Comible?! —chilló. Con una expresión de disgusto, dejó caer la bandeja de metal y el tenedor. Un poco de la pasta se derramó sobre el piso.
—¡Oye! —dijo Tom, extrañamente a la defensiva—. No hagas eso.
Se agachó, recogió el plato y el tenedor, y se los ofreció al chico, nuevamente
—Sé que no es fantástico, pero tienes que comer. Estás muy flaco.
El chico sólo parpadeó y un lado de su boca se deformó con desagrado. No hizo movimiento alguno para volver a tomar el plato. Con un suspiro, Tom puso el recipiente en el suelo de nuevo. No podía quitarse la sensación de que le estaba hablando a una extraña clase de animal. ¿Qué tan coherente era esta cosa? Mientras más lo pensaba, más extraño se sentía. Se veía bastante humano, pero al mismo tiempo no. Sus ojos se veían grandes y oscuros bajo la luz tenue y su piel lucía extrañamente radiante y pálida, en contraste con su camisa oscura.
—Es todo lo que hay —advirtió Tom, decidiendo apegarse a los hechos y alejar sus pensamientos de la sombra que se veía debajo de la clavícula del chico—. Si no te lo vas a comer, te vas a quedar con hambre.
—No es lo que necesito —dijo el chico, sacando su labio inferior—. ¡No como comida humana!
Tom se sentó sobre sus talones, sosteniendo aún el plato.
—¿Qué? —preguntó—. ¿Para nada?
El Danachi dejó salir un sonido, mitad suspiro, mitad gemido, y negó con la cabeza, haciendo revolotear su cabello. Se detuvo repentinamente y miró a Tom a través de unas gruesas mechas negras.
—Amo, por favor… —su voz fue un suave ronroneo—. Tengo hambre…
Tom no sabía realmente qué decir. E incluso si supiera, dudaba que las palabras pudieran superar la agitada sensación de nervios y excitación que luchaban dentro su estómago. De todas formas, ¿con qué mierda se supone que debía alimentarlo?
Claramente, al Danachi no le hizo feliz la falta de reacción de parte de Tom y dejó salir un gruñido de frustración. Y entonces, para sorpresa y fascinación de Tom, el Danachi se dejó caer hacia atrás en el piso, arrastrando la cadena mientras se movía. Emitió un fuerte gemido al mismo tiempo que arqueaba su espalda y giraba su cabeza para mirar a Tom, atrapando su labio inferior entre sus dientes. Tom no pudo detener el camino que sus ojos siguieron mientras recorrían la figura del chico.
Su camisa aún colgaba de un lado y pudo ver sus costillas a través del delgado material cuando la criatura levantó su pecho hacia arriba e impulsó sus caderas hacia abajo. Sus caderas…
Tom exhaló cuando el Danachi volvió a moverse, logrando que su camisa se jalara hasta su estómago y revelando el trozo de carne dura que sobresalía de sus esbeltos muslos.
—Tengo hambre… —el chico gimió con una voz jadeante.
Sus ojos oscuros miraban fijamente a Tom.
—Ah…
La criatura parecía completamente inconsciente de la angustia por la que Tom estaba pasando, y mientras él lo veía con la boca abierta, el Danachi arrancó la camisa de su cintura, arrastrándola sobre su abdomen. Tom supo que debía voltear la mirada cuando los delgados dedos del Danachi se curvaron alrededor de su propio pene, cuya cabeza brillaba por la humedad. Debió decirle a la criatura que se detuviera cuando comenzó a mover su mano y a arquear su espalda. En cambio, se paralizó; el calor atravesó su cuerpo mientras veía la mano del Danachi moviéndose frenéticamente y lo escuchaba hacer los sonidos más depravados que había escuchado en su vida.
La criatura se arqueó contra el suelo; su cabello enmarañado se expandió sobre el piso y sus caderas se sacudieron hacia arriba.
—Por favor… — gimió, y el sonido de su voz hizo estremecer a Tom.
Quería extender la mano y tocar ese músculo que se tensaba cuando el Danachi presionaba su pie contra el piso. Ese músculo que recorría su pierna desde la pantorrilla hasta el muslo y que desaparecía bajo los movimientos oscilantes de la delgada cadera. Pero tampoco pudo hacer eso y sus manos se sacudieron a sus costados.
—Basta —dijo pero ni siquiera él se lo creyó. Se sintió ligeramente disgustado. Morboso. Como si estuviera viendo un choque de autos del que no podía apartar o desviar la vista.
—Estoy hambriento —dijo el Danachi, siseando. Su lengua se deslizó hacia afuera para lamer sus labios hinchados—. ¡Amo! Ayúdame. Ah…
Tom hizo un sonido indefenso. Estaba asqueado de su propia incapacidad para cruzar la habitación y salir. Debajo de él, el Danachi giró su cabeza y abrió sus ojos con sus pesados parpados para mirarlo, y Tom sintió que su estómago se retorcía con excitación. Un momento después, la criatura gritó fuertemente, convulsionando. Tom lo observó, fascinado, mientras chorros calientes del semen del Danachi salían y aterrizaban en su mano y su estómago.
—Mierda.
Finalmente, siendo capaz de volver a moverse, Tom retrocedió y su pie se atoró en un baúl, lo cual le hizo tambalearse. El Danachi abrió sus ojos nuevamente y parpadeó adormilado y satisfecho mientras seguía acariciándose perezosamente. Lucía bastante como una chica, y como un chico. La cabeza de Tom daba vueltas.
La criatura sonrió un poco, separando los labios y luego jadeó:
—Por favor…
Con un sobresalto, Tom volvió en sí.
‘No es humano’.
Se alejó de la mano que el Danachi había extendido hacia él y corrió hacia la puerta.
—Te-tengo que irme.
Escapó rápidamente, dejando a la criatura mojada y almizclada en el suelo de su barraca; encadenada a la pared y oliendo a sexo.
Tom azotó la puerta de su cubículo con más fuerza de la necesaria cuando entró a la ducha y se bañó con agua caliente. Encontró alivio rápidamente contra la mugrienta pared al pensar en la oscura mirada y el suave gemido del Danachi.
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Esa noche soñó con el Danachi. Al haber regresado a su habitación después de su ducha y de fumarse unos cigarrillos que no pudo guardarse, mientras miraba el negro horizonte estando sentado afuera, en la fría noche del desierto. Cuando volvió, el Danachi seguía sentado en el piso, descansando sobre las almohadas que Tom había tirado ahí. Frunciendo el ceño, Tom abrió una de las esposas que estaba atada a una de las muñecas de la criatura, dándole más libertad de movimiento, pero dejándola todavía atada a la pared. Alejó sus manos rápidamente, alarmado por lo fría que era la piel del Danachi al tacto, y por cómo sus dedos vibraron ligeramente con un extraño temblor que envió zumbidos por sus antebrazos.
—Duerme. —le dijo, antes de que la cosa pudiera usar sus poderes con él nuevamente.
La criatura sólo levantó una ceja, pero se acostó sin mucha queja. Tom estaba aliviado de que no pidiera sexo otra vez, pues desde que salió de la ducha, su pene había estado medio empalmado.
Pero en su sueño no hubo descanso de la criatura.
Sus sueños estuvieron plagados con la suave piel y los largos brazos y piernas del Danachi. Sus suaves labios… Podía escucharlo respirar, gimiendo levemente en su oreja.
—Tom, por favor…
Y Tom gruñó, hundiéndose en una boca húmeda, embistiendo contra unas manos largas que se curvaban delicadamente alrededor de él, las cuales se movían con una presión gentil, aliviando su ansiedad y dejando sólo un placer profundo y palpitante. Los sueños eran vívidos y dejaron a Tom sacudiéndose en su cama.
Cuando gritó finalmente, fue real, y se encontró a sí mismo despertando en las últimas oleadas de su orgasmo, con sus shorts mojados y su respiración entrecortada.
Se sentó, frotando su rostro y preguntándose con mucha vergüenza qué tan ruidoso había sido. No había tenido un sueño húmedo en años.
Volteó hacia el piso donde el Danachi estaba acurrucado como un gato. Parecía que seguía dormido y mientras Tom lo miraba, la criatura se estiró un poco y se acostó boca arriba.
Tom estaba seguro de haber imaginado la apenas visible sonrisa en el rostro de la criatura y la forma en la que se lamió los labios.
Continúa…
Ése fue el segundo capítulo. ¿Qué tal? ¿Les gustó?
¿Qué piensan de Bill? ¿Creen que Tom podrá resistirse por mucho tiempo?