
Fic original de emseviltwin. Traducido por OuterSpace
Capítulo 15
Un sonido fuerte, metálico y chirriante irrumpió la noche. La puerta de la barraca de Tom se azotó fuertemente al ser empujada a lo largo de sus verjas y Tom levantó su torso de la cama, maldiciendo. Una luz inundó la habitación y por acto reflejo, Tom se tapó con las cobijas, sintiéndose repentinamente aliviado de haber necesitado un cigarro una hora antes y haberse puesto algo de ropa.
—¿Qué mierda?
—¡Arriba!
Tom talló su cara y parpadeó para enfocar a un grupo de soldados que estaban en la entrada. Miró sobre su hombro a Bill que estaba acostado y paralizado contra la almohada; tenía una expresión de precaución y sus ojos estaban bien abiertos. Se veía nervioso y eso hizo que Tom sintiera un vuelco en el estómago.
—¡Arriba! —repitió Georg, cruzando la habitación.
Entonces Tom agarró las sábanas que lo cubrían y una irritación creciente le hizo reaccionar.
—¿Estás loco? ¿Qué demonios están haciendo aquí?
—Lo que debimos hacer hace semanas. —manifestó Georg.
Ya estaba junto a la cama de Tom, y sin hacer más lío, se agachó y agarró el brazo de éste con fuerza, tomándolo por sorpresa.
Tom forcejeó, intentando zafarse del agarre de Georg para poder permanecer junto a Bill, quien seguía hecho ovillo en la esquina de su cama.
—¡Suéltame! —gritó Tom—. ¿Qué demonios crees que estás haciendo, soldado?
La mención del rango sólo logró que Georg sonriera burlonamente. No respondió, pero hizo una seña sobre su hombro hacia el hombre que estaba detrás de él, luego movió su cabeza en la dirección en la que estaba Bill y dos hombres avanzaron hacia él. Un destello de miedo atravesó a Tom.
—¿Qué están haciendo? —exigió saber mientras intentaba quitarse a Georg de encima. Levantó su mano señalando a los hombres y estos vacilaron por un momento—. ¡Se están pasando!
De repente, Georg lo empujó con fuerza, alejándolo de la cama y empotrándolo contra el casillero.
—No —gruñó— ¡Tú te estás pasando!
A un lado, Bill chilló cuando la sábana fue arrancada de su cuerpo y pateó las manos que intentaban atraparlo.
—¡Tom!
El Danachi estaba pálido y desnudo y lucía muy pequeño y vulnerable en las manos de los hombres que lo rodeaban. El estómago de Tom se apretó cuando hizo un sonido de protesta.
—¡Has mantenido a esa cosa aquí por semanas! —gritó Georg antes de que Tom pudiera responder—. ¡Y no has hecho nada! Despierta, Tom. ¡El virus está aquí!
—¡Ya lo sé! —espetó Tom, empujando al otro hombre cuando unas manos fuertes jalaron a Bill—. ¿Qué mierda? ¡Suéltenlo!
—¡Nuestros hombres están muriendo! —gritó Georg, empujándolo también—. ¡Gustav está muerto!
—¿Y qué tiene que ver eso con Bill? —exigió Tom, ignorando el destello de pena que sintió por la forma en la que se le quebró la voz de Georg.
Al final logró alejar a Georg lo suficiente para pasar de él y agarrar a Bill de la cintura, jalándolo bruscamente de las manos que sostenían sus brazos. Bill gruñó y Tom fulminó con la mirada al soldado que se negaba a soltarlo.
—¡Retrocede, soldado! —ladró Tom.
Pero el soldado se mantuvo firme, a pesar de que Bill se retorcía e intentaba liberarse.
—¿Qué es esto? ¿Un puto motín? —gritó Tom—. ¡Suéltalo!
De repente sintió un fuerte impacto contra su hombro derecho y el dolor se disparó por su costado, causando que su agarre se aflojara. Casi de inmediato, jalaron a Bill, apartándolo de sus manos. Bill gritó. Tom se impulsó hacia adelante, intentando alcanzarlo, pero sus dedos sólo se deslizaron contra los de Bill antes de que el Danachi fuera alejado.
—¡Bill!
—¡Hemos tenido la respuesta aquí todo este tiempo! —dijo Georg enfrentando a Tom pero señalando hacia donde tenían a Bill bien sujeto—. ¡Quieres mantener a esa cosa amarrada aquí cuando podría estar curándonos a todos!
La boca de Tom se abrió. La conmoción y una nausea helada fluyeron a través de su cuerpo.
—Así no es como funciona —dijo tontamente—. ¿Qué? ¿Acaso crees que puedes inmunizar a la base follándolo? ¿Eso es lo que crees?
Su voz estaba temblando, pero levantó su volumen al continuar.
—¡Así no es como funciona!
—¿Y por qué no? —espetó Georg—. ¡Esas cosas son inmunes! Denle sexo, dijo el maldito anciano, ¡y nos dará magia!
Los oídos de Tom zumbaron por la presión de la sangre.
—¡Es un puto mito! —gritó.
Bill hizo un pequeño sonido desde el otro extremo de la habitación cuando el agarre que tenían en él se apretó y Tom empujó a Georg para tomar al Danachi y ponerlo a su lado. Hubo movimiento detrás de él y por una décima de segundo, escuchó a Bill gritar antes de que un chasquido sordo se disparara por sus oídos. Una luz destelló detrás de los ojos de Tom y después el mundo se tornó oscuro.
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Bill forcejeó y se retorció, intentando liberar sus brazos de las manos que los sujetaban. Sus pies se arrastraron inútilmente por el suelo, sacudiéndose levemente contra el emparrillado de metal mientras intentaba levantarlos para hacer fuerza o para patear a cualquiera de los soldados que lo rodeaban.
—¡Alto! —gritó, intentando soltar uno de sus brazos—. ¡Basta!
Era como si ninguno pudiera escucharlo y Bill gritó frustrado, retorciéndose de nuevo y deseando, aunque no por primera vez en su vida, que pudiera ser más fuerte físicamente. Su gente no estaba hecha para afrontar conflictos físicos, tenían que usar sus otras fuerzas para sobrevivir en ese mundo cruel. Fuerzas que para Bill se sentían más como una carga en ese momento.
Sintió una mano acariciar su costado y gruñó, intentando alejarse de ella.
—¡No!
La imagen de Tom cayendo al suelo destelló detrás de los ojos de Bill, pero entre más lo alejaban de la habitación de Tom, más se le complicaba forcejear contra los hombres que lo sostenían. La fuerza en sus músculos comenzó a cambiar demasiado pronto y se convirtió en un retorcijón de excitación que quemó en su bajo vientre, a pesar de que seguía rogándoles a los soldados que lo dejaran ir. Pudo olfatear el deseo que radiaba de ellos y eso hizo que sus ojos escocieran con lágrimas.
—Por favor —gimió, con impotencia—. Suéltenme. No puedo…
Su cuerpo estaba cambiando a modo de supervivencia, convirtiéndolo en la criatura que utilizaba la lujuria como su más grande escudo y no podía hacer nada para evitarlo. Su visión comenzó a nublarse en las orillas, contrayéndose en el un túnel de enfoque que le imposibilitaba pensar en nada que no fuera sexo. Las feromonas y las intenciones que lo rodeaban hicieron que Bill se sintiera como si hubiera pasado semanas sin comer. Su boca comenzó a salivar y su estómago se acalambró. Supo que su miembro ya estaba duro entre sus piernas.
—Ahora podrás pagar tu estadía. —escuchó Bill. Volteó su cabeza para mirar al que había hablado. Georg… pensó. Tal vez. El pesado calor en su estómago hervía y el vaho creaba una nube en su cabeza.
—No puedo. —dijo, o creyó decir.
Estaba apenas consciente de que lo habían llevado a una habitación y el fuerte golpe que hizo la puerta al cerrarse, detrás de ellos lo sacó brevemente de la niebla que lo envolvía.
—Tom te quería sólo para él —decía Georg, señalando a Bill con una mano temblorosa—. Quería tus poderes sólo para él. Creyó que era más inteligente que nosotros, ¿no? Ese hijo de puta. Bueno, ahora puede enfermarse como el resto de esos pobres bastardos. Tú nos ayudarás a nosotros.
Incluso a pesar de la excitación, Bill sintió un espasmo de dolor al imaginarse a Tom transformado por el virus.
—¡No! —dijo, con firmeza—. ¡No entiendes! No puedo hacerlo, no los puedo proteger… ¡así no funciona!
Recibió un fuerte golpe por eso, pero en vez de causarle dolor, el impacto envió un disparo de placer por su cuerpo que le hizo gemir fuertemente y desplomarse en el agarre de los soldados que lo sostenían. El cuerpo de Bill palpitaba. Todavía tenía miedo, pero sabía que si los hombres lo soltaban, no podría huir. La necesidad por el sexo ya era muy fuerte.
Georg se paró frente a él y Bill pudo reconocer vagamente la misma intensidad que había visto en sus ojos cuando el fuego de funeral había ardido en las frías arenas del desierto.
—Estás mintiendo. —dijo el hombre mayor. Su mano agarró el mentón de Bill y lo forzó a levantar la cara.
La visión de Bill se concentró más y supo que para ese momento sus ojos ya estaban negros, siendo traicionados por el deseo que corría en su interior. Sus labios estaban punzando por la sangre que corría en ellos, pintándolos de un color rojo oscuro.
—No lo hago. —contestó, sinceramente.
Su voz sonó áspera, incluso para sus propios oídos.
—Muéstranos tu magia, pequeño.
La boca de Georg se presionó contra la de Bill impactando sus dientes con fuerza y Bill se escuchó gemir a sí mismo. De no haber estado sujeto, hubiera caído de rodillas.
En algún lugar, atrapado detrás de la niebla de lujuria que irradiaba de los hombres y de su propia piel, Bill estaba llorando. Gritaba por Tom, a sabiendas de que su cuerpo, que él, estaba traicionando a la única persona que le había mostrado cariño. Las lágrimas corrieron por sus mejillas, pero cuando la lengua de Georg se adentró en su boca, Bill no pudo evitar corresponderle.
El pensamiento estaba convirtiéndose rápidamente en un concepto abstracto y la bestia Danachi que acechaba en el bajo vientre de Bill emergió a la superficie. Hizo que su piel se tornara blanca, sus labios rojos y sus ojos negros. Hizo que Bill destrozara la barraca de Tom; y en ese momento le hizo gemir mientras manos desconocidas se deslizaban por su estómago. No conocía vergüenza ni miedo, sólo el festín de lujuria que ardía a su alrededor.
Bill sintió manos tocándolo y su espalda se arqueó. Estiró sus brazos para tocar también y su boca se deslizó sobre piel caliente. Lo habían volteado y pudo sentir que unos dedos lo tocaban, luego algo más grande y duro lo penetró y su cuerpo se contrajo de puro placer.
Bill gritó.
Su cuerpo reaccionó sin pensamiento alguno, arqueándose contra el cuerpo que lo llenaba y las manos que acariciaban su cabello y su espalda. El sexo llenó su nariz y la acrimonia hizo que su estómago se acalambrara con una mezcla de placer y dolor. Pudo sentir que su poder crecía desde la base de su columna, haciendo que su cabello se levantara y se moviera ligeramente por su cuenta y también que sus dedos hormiguearan.
Un cuerpo remplazó a otro y Bill continuó reaccionando, pero las lágrimas comenzaron a deslizarse por su rostro. El placer era intenso y su cuerpo respondía avariciosamente al toque que recibía, pero el poder que generaba no tenía salida y estaba haciendo que todo el cuerpo de Bill palpitara. Gritó a todo volumen, apenas notando las luces que titilaron alrededor del grupo y el rugido de la electricidad pura que serpenteó por las paredes. Intentó canalizar un poco en su interior, para protegerse a sí mismo y alejar las emociones abrumadoras de los soldados que lo pisoteaban.
Una penetración profunda lo hizo arquearse y gritar en completo placer y todos sus intentos de concentrarse se le fueron de las manos. Los dedos de Bill se flexionaron contra la mesa sobre la que había sido abierto de piernas y sus caderas se impulsaron hacia atrás para encontrarse con las de la persona que estaba detrás de él. Echó la cabeza para atrás, gimiendo mientras el placer subía por su columna.
Las lágrimas seguían filtrándose de sus ojos y desde su pecho gritó por Tom, pero Bill ni siquiera estaba seguro de haber podido escuchar el grito él mismo.
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La visión de Tom seguía llena de luces brillantes cuando despertó.
Le punzaba la cabeza justo donde lo habían golpeado y el sabor oxidado de la sangre tiñó su lengua. Tosió, escupiendo al darse vuelta e hizo una mueca de dolor cuando el movimiento envió un rayo de dolor a través de su cabeza. Su mano quedó roja cuando la levantó para tocarse el reverso de cráneo.
Parpadeó con fuerza, tomándose un momento para darse cuenta de que el destello en sus ojos no era una ilusión óptica. Las luces sobre él estaban titilando rápidamente y aparte de eso, pudo ver líneas púrpuras y azules de luz, electricidad, chispeando y deslizándose sobre las paredes de metal de su contenedor. Chisporroteaba y escupía e hizo que los vellos en el cuerpo de Tom se levantaran por la estática. El aire olía a ozono y a algo desconocido que colgaba de su nariz. Tenía sabor a un mal presagio.
—Bill… —murmuró Tom, levantándose. Su visión se enfocó por un momento y la electricidad a su alrededor destelló brillantemente en sus ojos.
La habitación estaba vacía y no tenía forma de saber cuánto tiempo había estado noqueado. Si la energía que lo rodeaba era una pista, Georg y los otros ya estaban intentando sacar una cura del Danachi. Tom había visto la determinación desquiciada en los ojos de su amigo y supo que Georg no se detendría hasta obtener lo que querían. O hasta que Bill estuviera muerto.
El instinto de Tom fue salir corriendo y encontrar a Bill de inmediato, pero tomó un respiro profundo, e hizo la idea a un lado. Aunque la energía seguía pulsando a su alrededor, Tom se dirigió a su cama para buscar algo debajo, teniendo cuidado de no tocar el borde de metal, en caso de que hubiera electricidad corriendo a través de él. Sus dedos se cerraron en torno a una pistola de pulso que guardaba ahí y la sacó, checando la carga mientras se ponía de pie. Tomó sus botas, necesitando de las suelas de plástico antes de salir a las parrillas de metal que formaban los suelos de los corredores.
Tom agarró la pistola con ambas manos, caminó a la puerta de su cabina y salió al pasillo. La luz azul y purpura chisporroteó y se escurrió a su alrededor, guiándolo por el pasillo hacia el centro de la base, pero el corredor estaba vacío. Tom comenzó a moverse rápidamente, con los brazos tensos y la pistola sujeta fuertemente en sus manos. Sus dedos estaban sobre el gatillo.
Era difícil distinguir cualquier otro sonido aparte del siseo de la energía a su alrededor, pero Tom supo que estaba caminando por el camino correcto cuando el olor a ozono aumentó. Entre más avanzaba, el olor comenzaba a mezclarse más con otra cosa y Tom comprendió con un pavor que le apretó el estómago, que se trataba del olor que llenaba su nariz cuando Bill estaba cerca de él, o cuando intentando seducirlo. Hasta entonces se había tratado de un aroma cálido, de alguna forma reconfortante que era sólo para Tom.
Un grito agudo llenó el aire; era uno tanto de éxtasis como de dolor que hizo que Tom se apresurara.
Dejó que la pistola guiara su camino al dar vuelta en una esquina, pero rápidamente se hizo obvio que los otros pensaban que Tom no representaba amenaza alguna o estaban muy distraídos en lo que estaban haciendo porque no encontró a nadie en su recorrido por la base. Los gritos cada vez se escuchaban más fuertes, siendo puntuados por ocasionales gruñidos leves que enfermaban a Tom.
Bill no parecía estar diciéndoles que se detuvieran, pero los sonidos eran iguales a los que Tom había escuchado sólo cuando el Danachi había estado cegado por la necesidad.
La energía llegó a un estado de agitación extrema cuando Tom dio vuelta en el pequeño pasillo que llevaba a la habitación central que normalmente se reservaba para reuniones tácticas y planeaciones. La puerta estaba cerrada, pero a través de ella, Tom pudo escuchar a Bill gritando fuertemente. No había forma de atravesar esa puerta sin tocarla, así que Tom inhaló profundamente, esperando a que la energía que se deslizaba por ella no fuera tan peligrosa como parecía serlo.
Se lanzó contra la puerta, usando un hombro para golpearla y abrirla mientras mantenía su agarre en la pistola. Sorprendentemente, la electricidad no lo electrocutó como esperaba, aunque cuando la puerta se abrió bajo su peso, la sintió deslizándose como agua fría a través de su cuerpo.
Tom levantó sus brazos, apuntando el arma hacia adelante al entrar a la habitación. La vista frente a él casi lo hizo vomitar.
El centro de la habitación estaba dominada por una mesa baja cuya luz estaba prendida desde abajo. Normalmente servía como un exhibidor para mapas y planos, pero ahora, en vez de papel, el Danachi estaba tumbado sobre sus manos y rodillas sobre la superficie dura. Tom apenas podía ver a Bill a través de la multitud de soldados que lo rodeaban, sólo veía destellos de piel blanca y brillante y cabello blanco y negro. Con asco, Tom notó que mientras algunos soldados seguían vestidos, otros ya no tenían puestas sus camisas o sus pantalones. Todos estaban esperando su turno.
La luz debajo de la superficie de la mesa estaba parpadeando. La electricidad que escupía sobre toda la base giraba alrededor de la habitación, creando un viento antinatural.
Tom pudo ver una de las manos de Bill tensándose contra la superficie de la mesa. Sus dedos se flexionaron y relajaron rítmicamente al ser penetrado por detrás. Estaba gimiendo, casi constantemente, de una forma dolorida y desesperada, e incluso a través del ruido que lo rodeaba, Tom pudo escuchar sus jadeos entrecortados.
Tom caminó de costado para obtener un blanco decente y luego gritó:
—¡Déjenlo ir! —tenía los brazos levantados y la pistola se sostenía con firmeza en sus manos.
Los hombres que estaban más cerca de Tom se dieron la vuelta, mostrando alarma en sus rostros, pero Tom notó con desaliento que la cabeza de Bill seguía colgando entre sus hombros.
—¡Dije que lo suelten! —Tom no estaba seguro de qué iba a hacer, o si su pistola tenía suficiente carga como para dispararle a todos los hombres que rodeaban a Bill.
Avanzó, y al hacerlo, vio a Georg. Estaba sin camisa y sus pantalones colgaban de sus caderas con el cinturón desabrochado. La vista envió una furia enardecida por las venas de Tom.
—¡Mira! —gritó Georg, estirando un brazo y tomando un puñado del cabello enredado de Bill. Jaló de él, levantando la cabeza del Danachi—. ¡Le gusta!
En ese momento, Tom jadeó y sus brazos casi se le cayeron. El rostro de Bill estaba pálido; era una versión extrema de lo que Tom había encontrado cuando el Danachi había destrozado su habitación por la desesperación. Unas líneas negras sangraban de los ojos de Bill, mutando de anillos demacrados debajo de sus pestañas a ríos que trazaban venas sobre su mentón y hasta su cuello. Sus labios estaban de un color rojo oscuro y sus ojos no eran nada más que esferas solidas de color negro. El sudor se derramaba de su piel, mezclándose con el extraño líquido negro que desembocaba de sus ojos.
La boca húmeda de Bill se abrió, y un extraño y jadeante gemido escapó de ella cuando su cuerpo se sacudió.
Tom prácticamente pudo ver la misma energía que llenaba la habitación deslizándose por debajo de la piel del Danachi.
—¡Lo están matando! —gritó, dolorosamente.
—¡Lo desea! —contestó Georg, quitando su mano y dejando que la cabeza de Bill volviera a caer—. Esta maldita puta no puede evitarlo.
Las manos de Tom temblaron cuando giró sus brazos para apuntarle a Georg con la pistola.
—No puede evitarlos a ustedes —dijo—. ¿No lo ves? ¿Acaso no ves toda esta energía? ¡No es una puta cura!
La cara de Georg se torció y dio un paso adelante, ignorando el arma en la mano de Tom.
—Ya me lo follé. —dijo.
—¡Cállate! —gritó Tom—. Suéltalo…
—¡Todos lo hicimos!
De repente Bill dejó escapar fuerte grito y la atención de Tom cambió de Georg hacia el soldado desarmado que en ese momento estaba detrás del Danachi, moviendo sus caderas hacia adelante. Bill gritó de nuevo y sin pensarlo, los dedos de Tom apretaron el gatillo debajo de ellos.
El disparo envió una onda de electricidad que dividió el aire que los rodeaba; la energía crujió, pero se dispersó cuando un peso golpeó el costado de Tom con fuerza, desviando sus brazos del blanco.
Tom gruñó cuando Georg se impactó contra él. Intentó girar y movió sus pies para no caerse. Las manos de Georg se cerraron en torno al arma de Tom y él gruñó, batallando para liberar sus brazos y poder disparar.
—¡Ríndete! —gruñó Georg en su oreja—. Esa cosa no significa nada. ¡Es sólo un maldito lujo!
—¡Es más que eso! —protestó Tom.
Gritó cuando Georg aterrizó un golpe fuerte en su oreja.
—¡No me voy a morir aquí! —le gritó Georg mientras él intentaba zafarse—. ¡No me convertiré en una maldita fogata en este desierto de mierda!
Tom intentó protestar nuevamente, pero antes de poder hacerlo, lo agarraron por detrás con brusquedad y gritó cuando jalaron su brazo hacia arriba detrás de su espalda. El dolor se disparó por su bíceps y no pudo hacer nada más que intentar eludir el próximo golpe que Georg intentó darle. Hizo una mueca de dolor por el impacto que rozó su pómulo, y luego se empujó contra el cuerpo que estaba atrás de él, usándolo como palanca para levantar sus pies. Sus botas aterrizaron con fuerza contra el soldado que se había acercado para ayudar a Georg y Tom volvió a patalear, forcejeando para liberar su brazo y levantando de nuevo su pistola.
—¡Suéltenlo! —gritó.
Era demasiado. Un grito de dolor de Bill llegó a sus oídos justo cuando le quitaron el arma de las manos. Tom se dobló cuando un golpe fuerte impactó contra su estómago y le sacó el aire de los pulmones.
Estaba bien sujeto cuando otro golpe impactó contra su rostro y su pecho. Su mente se desenfocó y la presión se cerró en torno a sus oídos, convirtiendo los sonidos en roces ensordecidos. Sintió como si la acción que lo rodeaba se hubiera tornado de repente en cámara lenta, incluso cuando otro puño se conectó con su hombro.
Frente a él, los soldados seguían concentrados en Bill. El cuerpo del Danachi estaba torcido en un ángulo extraño, sus brazos estaban extendidos ampliamente y sus nudillos estaban blancos por agarrarse de las orillas de la mesa. Tom ya no podía escuchar a Bill gimiendo y sintió una oleada de miedo, sabiendo que había fallado por completo en proteger a Bill de lo que le estaban haciendo ahora.
Su pecho dolió. Su mente gritó una disculpa, pero lo único que salió de su garganta fue un grito de dolor cuando una mano jaló su cabello con brusquedad, forzando su cabeza hacia atrás.
Tom sintió como si estuviera rodeado de agua. El dolor hacía que su cuerpo y su cara punzaran, pero se sentía como algo distante. Ya no podía escuchar la energía o las voces que lo envolvían. Georg estaba gritando y su cabello revoloteaba por su enojo, pero los mechones se movían como si estuvieran flotando, levitando lentamente alrededor de su cabeza. Tom arrastró su vista lejos del otro hombre hasta donde estaba Bill abierto de piernas y brazos sobre la mesa.
Sintió como si la palabra estuviera saliendo desde el centro de su pecho más que de su boca cuando forzó una súplica fatigada.
—Bill…
Repentinamente, el Danachi levantó su cabeza. El movimiento fue delicado y calmo comparado con la lentitud que rodeaba a Tom. Bill ladeó su cabeza hacia un lado y las mechas de cabello negro y blanco enredado se deslizaron con el movimiento. Tom pudo ver una extraña expresión abierta en su rostro. No parecía reconocer a Tom y no hizo nada por luchar contra el soldado que estaba penetrándolo por detrás en ese momento.
—Por favor, Bill —gritó Tom, estirándose hacia adelante—. Lo lamento…
No podía estar seguro de que estaba hablando en voz alta, pero Bill parecía escucharlo.
El Danachi observó a Tom con ojos negros e indiferentes. La energía seguía ondeando debajo de su piel que lucía más pálida que antes. El azul debajo de sus ojos estaba más oscuro, cubriendo su piel con un mapa de arroyos amoratados. Tom intentó gritarle de nuevo, pero el Danachi cerró los ojos y arqueó su espalda.
De repente, la habitación entró en enfoque de nuevo, el sonido volvió y Tom dio un respingo.
Georg seguía gritándole, pero las palabras se quedaban suspendidas en las ráfagas de viento que los rodeaban. La energía que emanaba de Bill había aumentado a una décima potencia, amortiguándolos en una cálida brisa que hedía a ozono. Tom pudo sentir que estaba cerrándose en torno a ellos como si estuvieran hundidos en aguas profundas y opresivas. Frente a ellos, Bill volvió a levantar la cabeza, aun con sus ojos cerrados y mostrando sus dientes en una mueca de dolor.
—Lo están matando. —gruñó Tom, sin poder hacer nada. Se impulsó hacia adelante, intentando en vano de librarse del firme agarre de los soldados que lo sostenían.
—¡Déjenlo! —gritó Georg—. Está listo. ¡Está pasando! ¡Su fuerza de vida es lo que nos va a salvar!
—¡Eres un maldito demente! —gritó Tom—. Sólo lo va a matar. ¡Bill! ¡Bill!
Peleó salvajemente, logrando zafar uno de sus brazos.
—¡Lucha, Bill! —le gritó al Danachi, cuyos ojos estaban abiertos de nuevo.
Bill lo miró sin expresión alguna. Tom no sabía si quedaba algo de Bill que pudiera luchar
—Por favor, Bill. —suplicó mientras batallaba por avanzar, cayendo de rodillas con un brazo aun sujeto detrás de él.
Los soldados parecían cada vez menos preocupados con Tom mientras la energía a su alrededor giraba con más y más fuerza. Algunos incluso voltearon a su alrededor alarmados, alejándose de donde estaba Bill extendido sobre la mesa.
—Por favor, Bill —rogó Tom. Gruñó, pateando hacia atrás con su pierna en un intento por soltarse por completo—. Por favor, no te dejes.
Sabía que había lágrimas en sus ojos y sintió que un sollozo se arrancaba desde su pecho cuando logró zafar su brazo.
—¡No puedo perderte!
El entrecejo de Bill se arrugó e hizo un pequeño sonido, moviéndose un poco hacia adelante. Por un segundo, Tom creyó reconocer algo detrás de los orbes negros de los ojos del Danachi.
—Lucha, Bill —suplicó Tom, luego levantó una mano hacia el Danachi y sus dedos rozaron ligeramente la mejilla de Bill—. Por favor… Te amo.
Cuando las palabras salieron de su boca, unas manos se cerraron en torno a sus bíceps nuevamente. La cabeza de Bill se levantó frente a él. Tom sintió una sacudida a través de su cuerpo cuando los ojos del Danachi se encontraron con los suyos. Sintió una suave brisa en su rostro y escuchó la voz de Bill disparándose a través de sus oídos.
—Te amo.
Entonces, todo se tornó blanco de nuevo.
Un disparo sónico atravesó la energía de la habitación cuando Bill dejó escapar un grito de otro mundo. Su espalda se arqueó de forma antinatural cuando el poder que se había estado acumulando dentro de él estalló; explotó dentro de él como un pulso nuclear, levantando del suelo a los soldados que estaban a su alrededor y lanzándolos contra las paredes. Cuando Bill echó su cabeza hacia atrás, una luz blanca se disparó de su boca abierta y de sus ojos.
Cuando la onda de electricidad golpeó a Tom, fue más como una inundación de luz, en vez de un fuerte impacto. Se deslizó por su piel, sanando sus músculos rasgados y su piel abierta, llenando sus venas con fuego. Barrió con toda la habitación, convirtiendo el papel en polvo y desmoronando muebles como si fueran latas de aluminio. La estructura de metal de la base rugió cuando el estallido chocó contra toda superficie y lo que estaba oscuro se iluminó como la luz del día cuando la energía se disparó por las paredes de los edificios. La arena se levantó en forma de olas y cayó como un rocío de gotas de lluvia grises. Era caliente y frío al mismo tiempo, quemando el área con el calor del desierto del mediodía, aunque helaba como el frío que dominaba las arenas por la noche.
Cuando terminó, Tom quedó jadeando y la habitación en silencio. Los soldados a su alrededor yacían tirados entre los restos esparcidos de la habitación, inmóviles. La luz debajo de la mesa se había apagado, y sobre ella, Bill yacía desplomado como un montón de boronas.
Continúa…
Éste es otro de mis capítulos favoritos. No sé si después de esto puedan comprender por qué es mi historia favorita, es que la autora es simplemente increíble. ¡Qué escena! ;-;
Muchísimas gracias a todas esas personitas que se toman un momento de dejar un comentario, lo aprecio mucho en verdad. <3 Un abrazo fuerte para ustedes. ^^
Y ahora… sólo resta un capítulo. :'( No quiero decirle adiós a esta traducción, pero intentaré actualizar pronto, ya tengo listo el capítulo final.