Fic original de emseviltwin. Traducido por OuterSpace

Capítulo 10

Fue hasta dos días después que Tom volvió a la base. Apenas había puesto un pie en el contenedor antes de que uno de sus hombres ya estuviera sin aliento frente a él.

Tom suspiró. Sus ojos picaban y dolían debido a tanta exposición al sol, a la arena y al humo que nublaba el desierto.

—¿Qué pasa?

Un soldado joven estaba de pie frente a él con la espalda recta. El chico hizo a un lado el cabello humedecido por el sudor de su rostro colorado.

—Gracias a dios que está aquí, señor. —dijo. Estaba moviéndose de forma nerviosa, sus ojos estaban abiertos ampliamente y traía las mejillas sonrojadas.

—¿Qué? —ladró Tom. Quería empujar al soldado para que se quitara de su camino y así poder dirigirse al comedor. Tal vez la comida era una bazofia poco apetecible, pero se estaba muriendo de hambre.

—La… la cosa —tartamudeó el soldado—. El Danachi…

La cabeza de Tom se levantó de un latigazo.

—¿Qué hay con él?

El soldado dudó un poco y pasó nuevamente una mano por su cabello.

—No sabemos, señor —dijo—. ¿Está enfermo o algo así? Usted dijo que nadie podía entrar a su barraca.

Luego añadió rápidamente:

—No lo hicimos. Pero esa cosa… ha estado haciendo mucho ruido. Tal vez deba tener cuidado al entrar allí.

Tom empujó al soldado al avanzar y su hambre quedó repentinamente olvidada.

—¿Estás seguro de que nadie entró? —llamó sobre su hombro.

No esperó por una respuesta, pero pudo escuchar que el soldado lo seguía mientras caminaba rápidamente a través de los pasillos de metal en dirección hacia su cabina. Sus botas pesadas hacían un ruido sordo sobre la parrilla de metal que conformaba el suelo.

Al acercarse a su habitación, Tom escuchó un chillido no natural que atravesó su estómago e hizo que el vello de su nuca se levantara. Después escuchó un fuerte golpe y un sonido que parecía indicar que alguien estaba raspando metal.

—¿Pero qué diablos?

—De eso hablaba, señor —dijo el soldado sobre su hombro. Tom miró hacia atrás y vio que el chico tenía un extraño brillo en sus ojos y que sus labios estaban húmedos—. Ha estado gritando cosas desde ayer a esta hora. Tal vez… ¿Está seguro de que debería entrar, señor? Tal vez debería ir yo.

Con eso, un repentino cubetazo de agua empapó a Tom. Bill debía estar lanzando algún tipo de embrujo sobre toda la base. ¿Qué otra razón podía haber para explicar la forma en la que el chico pareciera tropezarse con sus propios pies y caer en un charco de baba con tal de entrar a la habitación de Tom?

Tom entrecerró los ojos y se alejó del soldado diciendo con frialdad:

—No, gracias. —vio que la expresión en el rostro del chico decayó y el rubio casi hizo una mueca antes de jalar incómodamente el pesado cinturón que sostenía sus pantalones de combate como si le resultaran incómodos.

Luego un grito forzado y extenso se escuchó dentro de la cabina de Tom.

¡Mierda!

El susto los hizo saltar a ambos.

—¿Estás seguro de que nadie ha entrado? —preguntó Tom, observando al soldado con detenimiento

El chico asintió rígidamente.

—Sí, señor. Esa cosa estaba pidiendo a alguien… a usted. Estaba gritando y no sé… rompiendo cosas. Quería… queríamos entrar, pero usted dijo que no debíamos.

—Bien —dijo Tom—. Puede retirarse, soldado.

Era claro que el soldado no quería irse; estiraba su cabeza intentando ver por encima del hombro de Tom hacia la barraca en donde Bill seguía gritando y golpeando. A Tom le sonaba como si estuviese derrumbando las paredes.

El soldado seguía sin moverse.

—¡Largo! —espetó Tom.

El chico dio un salto y saludó a Tom nerviosamente antes de darse la vuelta. Echó un último vistazo por el corredor cuando Bill gritó de nuevo, pero rápidamente desapareció por donde habían llegado.

Con trepidación, Tom se acercó a la pesada puerta de su barraca. Podía escuchar un extraño sonido que era como una respiración rasposa y pesada; ¿cómo podía distinguirlo a través de las paredes? No lo sabía. Luego se escuchó otro estruendo y un gemido bajo que a Tom le sonó como un animal desesperado. Nunca había escuchado algo similar y los sonidos le dieron miedo. ¿Qué le esperaba del otro lado de la puerta? De repente, su mente se vio apoderada por un grito diferente y una imagen de un hombre manchado por la infección y con sangre, arremetiendo en su contra.

Tom se sacudió la visión. Era obvio que Bill estaba metido en algún tipo de ataque, pero Tom tenía la certeza de que ya antes había pasado más de dos días sin sexo. Después de todo, él había pasado días sin tocar al Danachi cuando recién había llegado a la base.

Tom se maldijo para forzarse a recobrar la compostura y después de prepararse para lo que podría encontrar adentro, abrió la pesada puerta de metal.

Lo que lo recibió del otro lado le hizo jadear.

Todo en su habitación estaba totalmente destruido… la cama estaba volteada y las sábanas estaban destrozadas. Había papeles esparcidos sobre el suelo y una puerta de su casillero colgaba de las bisagras mientras la otra yacía en el piso. El pequeño y sucio espejo que había estado sobre su lavabo ahora estaba roto en el suelo y la barra de metal que solía sostener su toalla seca estaba ahora tirada, doblada y retorcida en una esquina.

Bill estaba arrodillado en el suelo, a la mitad de todo el desastre y su cabello caía sobre su rostro. Sólo llevaba puesta una camiseta holgada de Tom y ésta colgaba floja sobre su cuerpo. Había un rastro de sangre en las puntas de sus dedos y unas líneas largas y rojas rayaban la piel de sus brazos y sus muslos donde había enterrado sus uñas para arañarse.

Cuando Tom entró, el Danachi sacudió su cabello hacia atrás al levantar la mirada. El lápiz de ojos que había delineado los ojos de Bill cuando Tom se había ido, estaba ahora gris y unas manchas que parecían ríos se derramaban por sus mejillas. Su piel estaba pálida y sus labios estaban de un color rojo oscuro. Tom notó, con un poco de repulsión, que los ojos de Bill estaban completamente negros, lo cual era más alarmante. Lo blanco había sido apoderado por una necesidad oscura, la misma que había causado que Bill destrozara todas las pertenencias de Tom. Nunca se había visto menos humano.

—¿Tom? —la voz de Bill sonó rota y áspera; fue como el sonido ligero y rasposo que se obtenía cuando algo arañaba una roca. Tom pudo saborear una desesperación en ella.

—¿Qué mierda está pasando aquí? —preguntó.  Sus ojos le dieron un mejor vistazo a la destrucción que en algún momento había sido su habitación.

Bill tiró sus manos al suelo y se ayudó a sí mismo a moverse hacia adelante. Sus largas extremidades se doblaron en ángulos raros y sus omóplatos resaltaron de su espalda. A Tom se le figuró como algún tipo de insecto. La delgada figura de Bill y su piel traslucida hicieron que se acordara de los cuerpos que había visto en el desierto… aun podía oler la muerte, como si se hubiera aferrado a sus fosas nasales. Un escalofrío atravesó su cuerpo. Así como lucía Bill ahora, era fácil imaginarlo como uno de los infectados, listo para agredirlo en cualquier segundo. Las imágenes de los cadáveres que yacían en los vehículos inmóviles, con sus pieles sin color y toda la sangre, llegaron a la mente de Tom.

Rápidamente, Tom se dio la vuelta y cerró la puerta, pero dio un respingo cuando volvió a voltear. Bill estaba de pie justo enfrente de él; su cara estaba muy cerca de la suya y sus delgadas manos subieron también para posarse en su pecho.

—¿Dónde has estado? —preguntó Bill, aun con una voz ronca, aunque ahora más suave.

La ilusión de rareza se disipó al estar así de cerca y un cálido aroma invadió la nariz de Tom. Recuerdos del cuerpo caliente de Bill debajo del suyo atestaron su cabeza para reemplazar los recuerdos de lo que había visto afuera de la base.

Bill lo está haciendo, se dio cuenta, sintiéndose ligeramente asqueado. Sin embargo, no alejó al Danachi.

—Estaba en una misión de reconocimiento —dijo mientras sus manos se cernían en la cintura de Bill—. Lo sabes.

Bill se presionó hacia adelante, arqueándose contra su cuerpo como un gato lo haría alrededor de las piernas de su dueño.

—Te fuiste tanto tiempo —gimió—. Mucho tiempo, Tom, tengo mucha hambre.

Bill parpadeó y la oscura amplitud de sus ojos hizo que Tom hiciera un gesto nuevamente antes de empujar a Bill.

—¡¿Qué mierda le hiciste a mi barraca?! —preguntó, cruzando la habitación y sintiendo cómo el vidrio crujía debajo de sus pies. Ahora que no estaba frente a Bill, se sentía más en control y era más fácil concentrarse en el desastre que en el aroma seductor de la piel desnuda del Danachi.

—¡No estabas! —gritó Bill y Tom pudo escuchar la desesperación de vuelta en su voz—. No debiste irte, Tom. ¡Me muero de hambre! No puedes, no puedes…

—¿Así que destrozaste todas mis cosas? —preguntó Tom—. ¡Sólo me fui por dos días!

Se volteó nuevamente hacia el centro de la habitación y palideció cuando se dio cuenta de que Bill había aprovechado el tiempo en el que le dio la espalda para quitarse la delgada camisa que lo tapaba; ahora su cuerpo entero estaba desnudo revelándose ante él.

—¡Bill!

La piel del Danachi parecía estar brillando y reluciendo con sudor. Tom pudo ver que sus venas sobresalían ligeramente; se veían ligeramente azules en contraste con su piel blanca. Bill pasó su lengua húmeda y brillante sobre el impresionante rojo oscuro de sus labios mientras Tom lo observaba. Su pecho subía cada vez que inhalaba un respiro agitado. Tom pudo notar cómo su abdomen plano saltaba con cada latido acelerado de su corazón. Y más abajo, su pene erecto se levantaba contra su estómago; la punta estaba roja y chorreante. Tom tuvo que apretar los dientes y forzarse a levantar la mirada a los ojos de Bill, lo cual le costó un esfuerzo considerable.

El color negro que encontró en los otros ojos, hizo que la habitación se moviera por un momento. Quería decir que no; deseó haberse preparado más antes de entrar e incluso por un momento deseó haber dejado a Bill encadenado a la pared antes de irse. La vista frente a él era demasiado para soportar. Debería estar asqueado, y lo estaba, pero la excitación ya estaba abriendo un agujero caliente en su estómago y pudo sentir que su propio pene se apretaba dentro de sus pantalones.

—Por favor, Tom… —gruñó Bill con una voz que Tom nunca había escuchado.

Las manos de Bill se retorcieron a sus costados y sus dedos se contrajeron como garras. Cuando se relajaron nuevamente, Tom pudo ver que estaban temblando. De hecho, todo el cuerpo del Danachi estaba temblando. Unas lágrimas corrieron por sus mejillas y se mezclaron con sudor y mugre. Pero Bill gemía incluso en ese estado de aflicción, y luego estiró un brazo para que su mano temblorosa pudiera jalar de su pene hinchado.

—Me alegra que regresaras, Tomi —murmuró Bill, avanzando con sus piernas espasmódicas—. Te extrañé mucho y tengo tanta hambre…

Tom retrocedió cuando el Danachi dio un paso hacia él. Le dolió el estómago gracias a una rápida explosión de excitación y su cabeza comenzó a darle vueltas. Podía oler a Bill, húmedo y con su característica esencia de almizcle; prácticamente podía sentir que el aire a su alrededor vibraba por la necesidad de Bill.

Tom volvió a retroceder cuando Bill continuó avanzando; intentó mantener una distancia entre ambos, pero luego su pie se atoró en una enredadera de sábanas rotas y dio un traspié. En cuestión de un instante, el Danachi se abalanzó sobre él y Tom se encontró a sí mismo siendo empujado al suelo. En algún lugar, un pedazo torcido de metal raspó el concreto y un pedazo de vidrio se hundió dolorosamente en su espalda.

Tom maldijo, pero casi no tuvo tiempo de registrarlo pues después, casi con la misma rapidez, Bill se montó encima de él, humedecido por su sudor; tan suave y húmedo. El Danachi empujó a Tom contra el piso frío y su boca liberó un ardiente gruñido con sus labios mojados y sus dientes duros. Bill gimió fuertemente —¿o fue Tom? —cuando retorció sus caderas, frotándose a sí mismo contra la entrepierna de Tom.

—¡Ah…! —jadeó Bill—. Sí, sí…

Tom se encontró a sí mismo levantando sus propias caderas, mientras sentía la piel húmeda de los brazos y la espalda de Bill bajo sus palmas. Antes, no había podido detener el ataque de Bill, ahora no quería.

El Danachi se meció contra él, temblando y haciendo los sonidos más deliciosos que Tom había escuchado y Tom se preguntó vagamente qué hubiera quedado de su barraca si hubiera esperado otro día antes de volver a la base. Así como estaban las cosas, estaba seguro de que no quedaría nada más que cenizas de él para cuando Bill terminara.

El Danachi se alejó ligeramente, sentándose en el regazo de Tom mientras se quitaba el cabello de la cara. Tom no pudo evitarlo y se le quedó viendo embelesado. La desesperación salvaje ya estaba desvaneciéndose y estaba siendo remplazada por un resplandor embriagante que parecía afectar más sentidos que sólo la vista. Una parte de Tom estaba aterrada al estar de frente ante la extraña belleza que estaba sobre él; era una belleza tan inmensa que casi resultaba fea. Los rasgos de Bill estaban diseñados para inspirar lujuria y eran perfectos. Era algo alienígena. No era humano.

—Ah… —la idea fue arrebata de la mente de Tom cuando Bill se levantó un poco sobre sus rodillas y estiró un brazo para jalar los botones sobre la entrepierna de Tom. Sus caderas se levantaron en el momento en el que los dedos de Bill se cerraron en torno a su erección doliente y gruñó, encontrándose ya totalmente duro.

Bill bajó la vista y lamió sus labios; fue un gesto obsceno, pero antes de que Tom tuviera tiempo de preguntarse si tendría el placer de sentir la boca del Danachi, Bill se movió de nuevo y Tom maldijo cuando un ardiente calor se cerró alrededor de su miembro. Sus ojos se abrieron y levantó su cabeza, blasfemando al darse cuenta de que Bill estaba forzando la cabeza de su pene dentro de su propia entrada estrecha sin mucha necesidad de preparación o juegos preliminares.

—¡Bill!

El Danachi sonrió, mordiendo su labio inferior y siseando por el placer. Las manos de Tom  se cernieron sobre las caderas de la criatura, queriendo aventarlo o acercarlo, no lo sabía. Si la expresión en su rostro era una pista, la acción no estaba lastimando a Bill de ninguna forma, y Tom lo sintió húmedo en el interior, casi como una chica, sólo que más apretado. No tenía idea de si se trataba de un talento natural del Danachi o qué, pero se sentía asombroso.

—¡Mierda, mierda! —las caderas de Tom saltaron de nuevo por su propia cuenta y embistió a Bill desde abajo, hasta el fondo.

Los ojos del Danachi se cerraron y su cabeza cayó hacia atrás cuando un sonido de satisfacción pura se deslizó entre esos labios rojos. Su gemido derramó sexo y su pecho jadeó.

Todo se terminó muy rápido, o quizás no. Tal vez Bill pasó horas meciéndose sobre Tom, ondeando sus caderas mientras se apoyaba contra su pecho, su estómago y sus rodillas con  la ayuda de sus manos. Tom perdió la noción del tiempo mientras la criatura que estaba sobre él tomaba lo que necesitaba. Sólo pudo quedarse ahí tumbado, dichosamente indefenso, viendo cómo los músculos debajo de la piel pálida de Bill se contraían mientras el Danachi se movía.

En una distante y desconectada esquina de su mente, Tom estaba alarmado y asqueado por la forma en la que Bill estaba alimentándose fundamentalmente de él. Podía sentir cómo el cristal roto que estaba sobre el suelo cortaba su espalda y las afiladas uñas de Bill se hundían en la suave piel de su abdomen. Podía escuchar los gemidos de Bill mezclándose con los suyos y también el sonido que sus cuerpos hacían mientras Bill se empalaba una y otra vez. Pero era distante, y la mayor parte de su ser estaba siendo consumida por Bill y las oleadas de placer que lo cubrían cada vez que Bill hacía rodar sus caderas.

Su orgasmo lo golpeó con tanta fuerza que Tom dejó de respirar por un momento, estando vagamente consciente del fuerte gemido de Bill y la sensación que ocasionó el semen del Danachi salpicando ardientemente contra su estómago. Estaba seguro de que su piel estaba quemándose.

Le tomo un largo tiempo a Tom recuperar su aliento y cuando lo logró, forzó a sus ojos a abrirse. La luz en la habitación parecía demasiado brillante y sus ojos estaban muy sensibles. Bill seguía sentado en su regazo con su cabeza gacha y su cabello colgando sobre su pecho. Una mano envolvía su pene gastado, brillando por la humedad. Cuando levantó su cabeza, una sonrisa perezosa y satisfecha se mostró en su rostro. Tom pudo ver que sus ojos volvieron a la normalidad al parpadear. Sus mejillas estaban sonrojadas y su piel ya no tenía la traslucidez enfermiza de antes. Se veía más sano de lo que Tom lo había visto.

Bill sonrió y su nariz se arrugó un poco. El Danachi torció sus caderas, presionándose contra él.  El movimiento envió un estremecimiento de placer por todo el cuerpo de Tom.

—Mmm… —Bill ronroneó.

Fue entonces que Tom se dio cuenta de que todavía estaba completamente vestido. La imagen de Bill, sudado, pálido y jadeante llenó sus ojos. Pudo ver marcas sobre la piel de Bill y sus ojos negros.

Sintió náuseas.

Tom sintió cómo los restos a su alrededor se enredaban en sus botas cuando batalló para sentarse pues estaba seguro de que su espalda estaba toda cortada por el cristal. Bill hizo un sonido de angustia cuando Tom lo empujó, haciendo una mueca de dolor cuando su pene salió del cuerpo del Danachi.

—Tom…

—Aléjate de mí —dijo Tom, pateando las sábanas rasgadas en el suelo en su apuro por levantarse. Se jaló con brusquedad, intentando alejar su pierna de las manos inquisidoras de Bill y metió su pene dentro de sus pantalones antes de abrochárselos—. ¡Mierda!

Tom pateó un contenedor de agua que estaba a la mitad del suelo y lo mandó hasta la esquina de la habitación, girando sobre el concreto y raspándolo. La sangre latía en sus oídos y su estómago dio una sacudida. El enojo se retorció con un dolor de angustia dentro de su pecho, subiendo hasta su garganta para atascar sus palabras. No sabía qué lo asqueaba más, la forma en la que Bill prácticamente se había forzado a sí mismo sobre Tom, o la forma en la que él lo había deseado.

Bill permaneció en silencio detrás de él y por alguna razón, eso sólo alimentó la furia de Tom, haciendo que superara el dolor de su angustia. El Danachi estaba de rodillas en el suelo, abrazando una de sus piernas contra su pecho con sus brazos delgados. El Danachi ya lucía humano nuevamente para cuando Tom miró sobre su hombro. Estaba mirando a Tom con ojos grandes y parpadeantes y Tom volvió a sentir un pinchazo de culpa al ver a Bill tan vulnerable. Tuvo que darse una sacudida a sí mismo; seguramente los escurridizos dedos de la manipulación de Bill estaban envolviéndolo nuevamente. La cosa que había estado encima de él hace unos momentos no era el Bill que Tom creía conocer. Había sido un Danachi puro. Diferente y poderoso. Había doblegado a Tom a su voluntad y a Tom no le había molestado ni un poco. Lo había deseado. Se había corrido con más fuerza de la que nunca lo había hecho.

—¡Basta! —gritó—. ¡Deja de joder con mi mente!

Bill hizo una cara inocente.

—No estoy…

—¡Estás usando tu puta magia conmigo! —gritó Tom, dándose vuelta cuando vio que la expresión de Bill decayó un poco.

La vista le hizo enojar. ¿Por qué Bill debería sentirse herido en esta situación?

—Me usaste. —acusó.

En un instante, la fachada vulnerable de Bill se desvaneció y su rostro se tornó duro. Luego el Danachi desvió la mirada, a la defensiva, pero no lo negó.

—Sí.

Bill se puso de pie y sacudió sus muslos desnudos con sus manos, luego se inclinó y recogió una de las camisas largas de Tom que yacían en el desastre del suelo antes de meterla por su cabeza. La tela lo cubrió hasta la mitad de los muslos y luego se enderezó y dijo:

—Bueno, no vi que te quejaras.

—¡Como si pudiera! —gritó Tom—. ¡Estabas encima de mí! Pensé que me lastimarías. Pensé que me lastimarías…

Bill hizo un sonido de indignación.

—No es cierto.

Tom volvió a patear; esta vez fue la puerta de metal de su gabinete la que salió deslizando por el suelo.

—¿Cómo putas iba a saberlo? —preguntó—. ¡Mira lo que le hiciste a mi habitación! Parecías un jodido animal. ¡Fue asqueroso!

—¿Asqueroso? —la voz de Bill fue fría.

Tom levantó sus brazos.

—¡Tienes esos poderes y no te importa ir y tomar lo que quieres! —dijo, antes de exigir saber—: ¿Por qué no usaste esas malditas hojas si estabas tan desesperado?

—¡Se me acabaron! —espetó Bill—. ¡Y tú me dijiste que no saliera de la base!

Tom batalló para encontrar palabras.

—Bueno… no tenías que… que hacer eso. Yo hubiera podido…

Bill se dio la vuelta.

—Sí, bueno —dijo, resentido—. Lo lamento. No tengo exactamente poder sobre mí mismo en esos momentos.

Tom sólo sacudió su cabeza. La imagen de Bill montándolo sin sentido luchó por dominar sus pensamientos sobre la forma en la que Bill había lucido cuando entró: hambriento y roto.

—Sí, lo que digas.

Bill volvió a voltearse.

—¿Lo que diga? ¿Qué? ¿Acaso crees que yo quiero ser así? —sus ojos se entrecerraron.

Tom no quería pensar en nada. Quería que su habitación estuviera ordenada y limpia como la había tenido. Quería una ducha para limpiar el aroma del humo de su nariz y de su cabello y limpiar el toque de Bill de su piel.  La cálida comodidad que se había formado al tener la presencia de Bill en su contenedor en las últimas semanas se disolvió tal y como el color negro de los ojos del Danachi. Tom se sintió como un idiota. Puso sus manos en su cabeza, entrelazando sus dedos sobre su nuca.

Se sintió como un tonto por haber creído que este acuerdo había sido algo más que sexo para Bill. Algo más que una forma de alimentarse. Y pensar que había extrañado al Danachi fuera y lejos de la base… Bill dijo que también lo había extrañado, pero aparentemente lo único que había extrañado era a su pene.

—Bueno, ya obtuviste lo que querías —dijo, amargamente, y luego con veneno añadió—: Pagaste tu renta.

—¿Crees que me estoy prostituyendo? —demandó Bill.

Por un momento, sus ojos volvieron a lucir negros y Tom dio un paso atrás. Al observarlo, vio cómo el cabello de Bill se levantaba ligeramente de su cabeza y sus manos se retorcían en forma de garras.

—¡Jódete! —espetó el Danachi—. No te atrevas a juzgarme. ¿Crees que sólo ustedes los humanos son los únicos afectados por estas guerras? ¿Por su puto virus? ¡Mi gente ha sido vendida para la esclavitud! Toda mi familia…

Su voz se quebró y se dio vuelta por un momento.

El sonido golpeó a Tom y se sintió regañado, incluso a pesar de su aflicción. Estiró una mano, pero antes de que pudiera tocar al Danachi, Bill le dio un manotazo.

—¿Crees que quiero ser así? —chilló, pero no había lágrimas en su rostro, sólo dolor—. ¿Crees que me gusta dejar que cualquiera me folle sólo para evitar que se acuerden de repente de los suministros que consumo? ¡No tengo elección! Voy a llegar al norte, incluso si eso me mata, y mi cuerpo es el único medio que tengo para lograrlo.

Tom intentó alcanzarlo nuevamente.

—Bill…

Bill lo ignoró y agarró un par de pantalones que yacían entre el desastre para ponérselos.

—¡Y vete a la mierda! —espetó de nuevo—. Incluso si quisiera detenerme, no podría hacerlo. No lo entiendes, Tom. Es como agua para mí. Necesito sexo así como tú necesitas respirar.

—¿Y por eso está bien? —preguntó antes de poder detenerse.

Bill hizo una expresión desdeñosa al ladear su peso a un lado, haciendo que su cadera destacara. Luego levantó una ceja.

—Claro, como para ti fue todo un sacrificio. Sé lo que estabas sintiendo.

Tom sintió su rostro calentándose.

—Detente. Te dije que dejaras de joder con mi mente.

—No tengo que leer tu mente, Tom —dijo Bill antes de negó con su cabeza y pasar junto a Tom, rozándolo y caminando con facilidad sobre la destrucción que había en la habitación. Volteó ya cuando tenía una mano en la puerta—. ¿Quieres hablar sobre asquerosidades, Tom? ¿De animales? Sabías lo que yo era la primera vez que me viste. Conocías la palabra Danachi. Si no me querías, hubieras podido dejarme con los gitanos en vez de atarme en tu habitación como tu mascota.

Las palabras hicieron eco hasta mucho después de que Bill hubiera azotado la puerta deslizante detrás de él. Tom se sentó en el borde de su cama y su cabeza le dio vueltas. Sentía como si hubiera estado montando una atracción en un parque de diversiones por horas y la falta de control resultó enfermiza.

Al final se levantó dispuesto a comenzar a limpiar el desastre de su habitación, haciendo una mueca de dolor cuando su camisa se frotó contra su espalda, pero cuando fue al espejo roto para echarle un vistazo a sus heridas, encontró que la piel debajo del algodón rasgado estaba suave e intacta.

Continúa…

Sé que muchos imaginaron que Bill sería un infiel, pero… ¡sorpresa! 😉 ¿Y qué me dicen de la reacción de Tom? D: 

Muchas gracias a todas por sus visitas. Espero sus opiniones para este capítulo.

por OuterSpace

Traductora del Fandom

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