
Fic original de emseviltwin. Traducido por OuterSpace
Capítulo 1
El aire ya estaba tornándose frío para cuando los últimos rayos de sol dividían el cielo en líneas color naranja. El sol poniente extendía sus largos dedos a través del polvo que el Convoy había levantado, y el sabor arenoso había golpeado el fondo de la garganta de Tom mientras veía al pequeño grupo trabajando, dividiendo sus suministros y cargándolos en el nuevo vehículo.
‘Fue una mala idea,’ pensó Tom.
Todos se preguntaban en dónde conseguirían combustible para el jeep; especialmente entre más se acercaban al norte. Ésa era la última base de contacto que había en el territorio y, por meses, Tom había tenido que mantener vigilados sus suministros de petróleo. Desde la mitad del verano se les habían prometido refuerzos, y ahora el frío viento que anunciaba la llegada del invierno parecía mofarse de eso. En todos lados era lo mismo.
Tom pateó con rabia, enviando una piedra a rodar a través del terreno seco y polvoriento. Ya iba a cumplir dieciocho meses ahí. Era demasiado tiempo, comparado con la encomienda de tres meses en el puesto avanzado que aceptó en un inició. Era un buen dinero por trabajar tan lejos, al menos, solía serlo. Si en ese lugar hubiera algo en qué gastar su dinero, Tom estaba seguro de que ya hubiera descubierto que sus cheques habían dejado de llegar desde antes que los camiones de provisiones dejaran de hacerlo.
—De prisa— ordenó a los hombres, concentrando su frustración en la forma en que el líder seguía discutiendo con uno de los suyos—. Pronto oscurecerá.
Su segundo oficial al mando, Georg, volteó y suspiró con un aire de frustración.
—Quieren hacer un intercambio. —explicó.
—¿Intercambio de qué? —preguntó Tom, dando un paso adelante—. No tienen nada que queramos y nosotros no tenemos nada para intercambiar.
Tom volteó a ver al hombre.
—Váyanse, tienen el carro que querían —le dijo—. Buena suerte.
Los gitanos eran uno de los elementos más fastidiosos en ese trabajo. Constantemente llegaban en convoyes y querían intercambiar o comprar productos en el último punto de seguridad que estaba antes del muro del norte. En teoría no había problema con eso, y ciertamente, al principio los intercambios habían sido beneficiosos para ambas partes, pero ahora los gitanos querían todas las cosas que Tom no tenía de sobra; agua, herramientas, combustible. La medicina era lo peor. Querían todos y cada uno de los suministros de penicilina que Tom tuviese en la base y Tom, sin duda, no tenía nada para ofrecer… de hecho, a decir verdad, la falta de suministros médicos era uno de sus secretos mejor guardados. Si sus hombres se enteraban de que no tenían protección contra uno de sus peores enemigos, Tom tendría una rebelión entre sus manos.
Por suerte, en esta ocasión, el grupo de gitanos se había interesado en un viejo y oxidado Jeep. Ellos los habían revisado y habían confirmado que estaban libres de virus, así que si podían proveer a la base con algo útil en el intercambio, Tom no podía rechazarlos.
Se dio la vuelta para regresar al campo, pero el hombre sujetó su brazo.
—No, no —balbuceó el hombre, acercándose—. ¡Pago!
Tom retrocedió, un poco asqueado por el aroma agrio en su aliento, y sintió una necesidad creciente de lavar sus manos. Supuso que se debía a un instinto crónico de precaución que le quedó después del primer brote que se había presentado.
—¿Pago de qué? ¿De qué rayos hablas?
—¡Nosotros pagar a ustedes por el Jeep! —dijo el hombre, con un gran entusiasmo.
En su voz había un acento muy marcado, aunque Tom no pudo reconocer de dónde. Quizá algún lugar del sur, pero ¿qué hacían estas personas en el norte? Tendrían un largo camino que recorrer si querían regresar a cualquier lugar remotamente civilizado; y seguramente no lo lograrían antes del anochecer.
—Mira, bien… como sea —dijo Tom, frustrado y pasando una mano sobre las ajustadas trenzas en su cabeza. Ese hombre apestaba, igual que el resto de ese maldito desierto—. Ya te dimos el precio. Si no puedes pagar, no podemos ayudarte. ¿Qué? ¿Acaso no tienes dinero?
—No, dinero no —el hombre señaló detrás de él y chasqueó los dedos.
Una puerta de uno de los grandes camiones que conformaban el convoy se abrió y otro hombre bajó de un salto. Sus botas eran gruesas y su cabello corto. Sus ropas estaban rotas y cubiertas de polvo. Caminó alrededor del camión hasta la parte trasera y abrió una puerta pesada. Desapareció por un momento y Tom creyó escuchar un leve sonido rasposo antes de que las pesadas botas del hombre aterrizaran nuevamente en la arena. Otro par de pies lo siguieron apenas un momento después.
Estaban descalzos y adjuntos a unas piernas delgadas y pálidas. Tom sintió que su estómago dio un vuelco cuando el hombre caminó alrededor del camión sosteniendo fuertemente de la parte superior del brazo a una figura delgada.
—¿Qué es esto? —preguntó, retrocediendo—. ¿Una chica? Aquí no intercambiamos esclavos.
—¡No chica! —siseó el hombre de forma burlona, sonando enfermizamente emocionado—. Danachi…
La palabra se deslizó entre los putrefactos dientes del hombre y se adentró en los oídos de Tom.
Tom se estremeció. La palabra evocó oscuros cuentos de hadas acerca de humo y habitaciones calientes. Los Danachi eran seres antiguos, algunos decían que mágicos, aunque Tom no sabía cuál era su propósito en este mundo. Lo que Tom había escuchado estaba relacionado al sexo. ¿Tal vez sus poderes venían de ahí? Éste, sin duda era bastante hermoso, aun al estar cubierto de tierra y dolorosamente delgado.
El Danachi estaba vestido con una camisa negra larga y descolorida, tan larga sobre su figura delgada que colgaba como un vestido, resbalándose y dejando a la vista un hombro huesudo. Su cabello largo, enredado y con mechas blancas colgaba en nudos ahilados alrededor de su cara. Sus manos estaban atadas al frente, aunque en realidad se veía bastante débil y magro como para poner resistencia. Cuando levantó la mirada, sus ojos lucieron oscuros e intensos; eran como unas manchas negras en un pálido y sucio rostro.
Tom sintió que la mirada penetró hasta fondo de su ser.
—¿Qué es esto? —repitió, su incomodidad comenzó a convertirse en enfado.
Claro que había escuchado hablar de los Danachi, pero había creído que estaban casi extintos; que eran una reliquia del pasado, de cuando su magia era venerada tanto como su belleza. También había escuchado que los vendían, por supuesto; a los adinerados hombres de negocios y a los oficiales del departamento central les gustaba tenerlos como juguetes, aunque nada en esas historias lo habían preparado para la realidad: para tener uno, con las manos atadas presentado ante él.
—Tómalo —decía el hombre, y Tom miró a la criatura de arriba abajo. ¿Tómalo? ¿Era… varón?
El Danachi fue empujado y tropezó un poco; sus pies descalzos se arrastraron sobre la arena.
—Dinero no —decía el hombre. Tomó la cadena atada a las muñecas de la cosa y la puso en las manos de Tom—. Tómalo en vez de dinero. Muy valioso. Magia, magia. Danachi.
Tom debió tirar la cadena y ordenarle al convoy que dejara el jeep. Debió dispararles a todos por lo que estaban haciendo. ¿Intercambiar a un ser vivo por un jeep? Observó la cara del Danachi, notando su calma espeluznante y la extrañeza apenas perceptible en sus ojos oscuros que lo hacían diferente. Supuso que eran capaces de hacerse pasar por ‘casi humanos’ si lo necesitaban, aunque las marcas oscuras alrededor de sus ojos no eran fáciles de explicar.
Era hermoso, de eso no había duda. Tom estaba incómodamente consciente de la forma en la que sus hombres lo miraban, apoyando su peso en sus talones, dejando pasear sus ojos sobre ésas largas y delgadas piernas, las cuales estaban desnudas hasta donde el borde de la vieja camisa permitía ver. Y también estaba incómodamente consciente de cómo sus propios ojos seguían el mismo camino.
Cuando Tom miró nuevamente el rostro de la criatura, vio cómo sus labios se entreabrieron en algo parecido a una sonrisa. Dientes y una lengua húmeda se mostraron por un segundo y Tom sintió una sacudida en su estómago. Sintió cómo se le levantaban los vellos de su nuca y se encontró a sí mismo estremeciéndose un poco. ¿Acaso esa cosa podía leer sus pensamientos?
El Danachi ladeó su cabeza a un lado.
Tom aclaró su garganta.
—No nos hacemos responsables por los prisioneros de otras personas, ¿entendido? —dijo—. Si quieren deshacerse de esta cosa, llévenla a la base central. Queda a unos dos días de aquí.
—¡Prisionero no! —dijo el hombre de forma apresurada. Caminó hacia el Danachi y agarró el borde de su camisa, jalándolo hacia Tom—. Regalo. Pago.
Tom resistió el impulso de retroceder mientras el hombre empujaba a la criatura hacia él. Con esa cercanía, pudo ver lo bonita que era la cosa. Cosa. A Tom le asqueaba decir “chico” aunque el hombre había dicho que era varón. Humano o no, lucía como una extraña combinación entre hombre y mujer. Un débil olor a almizcle llenó la nariz de Tom y le hizo sentirse ligeramente mareado.
Sofocado, desvió la mirada del Danachi hacia donde estaba el hombre ya regresando al convoy.
—¿Qué rayos se supone que voy a hacer con esto? —reclamó Tom, sacudiendo ligeramente la cadena—. ¿Crees que tiene valor para nosotros?
—¡Magia! —dijo el hombre, poniendo ambas manos sobre su pecho—. Magia poderosa… ¿Tal vez ayuda a salir de aquí? Dale sexo y da magia.
Tom palideció.
—¿Sexo?
El hombre sonrió ampliamente, asintiendo.
—Sí, sí. Muy bueno en sexo —dijo y los labios de Tom se curvaron en desagrado antes de que el hombre continuara—. ¿Tal vez usarlo sólo para entretenimiento? Muy bonito, como una chica.
Tom pensó en las expresiones lascivas de sus hombres y sintió una oleada de grima. Pudo ver las piernas delgadas del Danachi extendidas en la parte trasera del camión y su camisa rota. ¿Acaso la criatura había sido usada como entretenimiento para ese Convoy antes de llegar ahí?
Quizá en un esfuerzo por convencerlo, el hombre se acercó y empujó con rudeza a la criatura, alejándola de Tom. Tiró toscamente de la bastilla de la camisa de la criatura, jalándola para revelar piel desnuda y los suaves y pálidos glúteos del trasero del Danachi. Por el rabillo del ojo izquierdo, Tom notó a uno de sus soldados dando un paso adelante.
El hombre curvó sus labios hacia arriba, dejando ver una sonrisa con dientes manchados al azotar la palma de su mano contra el trasero de la criatura.
—¿Eh? —dijo—. ¿Gusta?
Tom hizo una mueca y antes de saber lo que hacía, sujetó el brazo del gitano alejándolo de la criatura.
—¡Váyanse a la mierda de aquí! — gruñó—. Llévense el jeep y lárguense.
El hombre lo reverenció de una forma extraña y corrió hacia su jeep, sus pies pesados levantaron polvo cuando corrió. Hubo gritos y azotes de puertas mientras los gitanos se apresuraban para irse. Tom se concentró en ello, viendo cómo se escurrían dentro de los vehículos como insectos en sus agujeros. Cualquier cosa, con tal de no concentrarse en la delgada criatura que estaba a su lado. Emanaba una extraña calidez a pesar del aire frío y Tom creyó poder sentir su aliento chocando contra él, a pesar de que el Danachi estaba muy lejos, de pie y con la mirada baja, dirigida al final de la cadena.
El convoy se agitó ruidosamente dentro de una nube de polvo, enviando pequeñas piedras al frio aire mientras se alejaba. Tom observó de reojo cómo el polvo giraba a su alrededor. Con una prisa casi indecente, los vehículos retumbaron alejándose de la base.
—¿Qué vamos a hacer con eso? —preguntó Georg, de repente a su lado.
Tom le echó una mirada al Danachi y se encontró con su oscura mirada sobre él.
—No sé. Es mágico, ¿no? Tal vez nos pueda conjurar algunas putas provisiones.
Georg rió por la nariz.
—Pero supongo que primero alguien deberá tener sexo con él —y luego bajó la voz para murmurar—. No creas que tendrás que buscar mucho para encontrar voluntarios.
Echando un vistazo a su alrededor, Tom vio a un soldado que estaba mirando abiertamente al Danachi, con una expresión floja y lujuriosa en su rostro.
—¡Tú! —le gritó Tom, y el soldado dio un respingo—. Consigue un kit de baño y despeja las regaderas. Debe estar limpio.
Suspiró y se volteó hacia Georg.
—¿Por qué crees que lo tenían amarrado? ¿Estas cosas son peligrosas?
Georg se encogió de hombros.
—Yo no estaría muy feliz si me utilizaran como “entretenimiento” —dijo; hizo una mueca al mirar a la criatura—. No me gusta. Hay algo raro en esa cosa. Y esa gente estaba ansiosa por deshacerse de él.
Tom coincidió con eso. La criatura parecía estar haciendo vibrar el aire frio del desierto con algo que lo puso de nervios. ¿Por qué no les dijo a los gitanos que se la llevaran? Ahora tenía que lidiar con los problemas de alguien más. Como si su vida en este lugar de mala muerte no estuviera ya llena de problemas de otras personas.
—Se quedará conmigo —decidió Tom, frotándose la nuca con su mano libre—. No podemos soltarlo hasta saber de lo que es capaz. Si lo dejamos en los almacenes, los hombres estarán encima de él. Y trae a Gustav. Creo que esta cosa necesita un chequeo médico.
Georg asintió
—Lo arreglaré.
Se fue y Tom se giró para ver a la criatura, jalando ligeramente de la cadena que aún estaba en su mano.
—¿Puedes hablar? —preguntó.
El Danachi ladeó su cabeza nuevamente, y su cabello enredado se deslizó sobre su hombro desnudo. Unos ojos oscuros recorrieron a Tom de arriba abajo, y Tom, repentinamente, sintió que su cuello se calentaba. La criatura lamió su labio inferior y sonrió; fue una oscura y torcida sonrisa que parecía sexo y que hizo que Tom recordara noches calientes. Su cabeza colgó un poco y sus ojos oscuros miraron a Tom a través de una línea de pestañas pesadas.
Parpadeó una vez y sonrió nuevamente. Abrió su dulce boca y habló.
—Amo.
Continúa…
Espero que les guste tanto como a mí. Es una de las historias más leídas, favoritas y comentadas en Tokio Hotel Fiction. 😉
Gracias por leer, y como siempre, un agradecimiento súper especial a los que se dan unos minutos para dejar un comentario. 😀 ¡Saludos! ^^