Relato 7: Tom Sexo Kaulitz

(One-Shot de wifeskaulitz)

Relato 7: Tom Sexo Kaulitz

¿Sátiro?

¿Qué es eso?

A mí no me pongas tus sobrenombres asquerosos.

Soy Tom y mi segundo nombre es sexo.

— Por Dios, Tom. Debes ir al psicólogo, a tu padre y a mi nos preocupa realmente tu salud. No puedes andar tomando el sexo a la ligera, ¿qué tal si contraes en una de esas una enfermedad?

— Gracias, pero no… — remojo mi boca seca mirando a esos dos seres que me dieron la vida y el sexo las ganas de vivirla. Han intentado varias veces a penas descubrí que era así pero terminé follando con la sexóloga y nunca logró complacerme.

Fui por ahí… mirando nuevos horizontes y aprovechando las nuevas oportunidades.

— Yo soy como un vaso de agua.

— ¿Por qué? — arquea una ceja la mayor, demasiado indignada por mi comportamiento.

— ¿En serio le preguntas, mujer?

— No comprendo, Jörg. Tom me tiene demasiado estresada, ¿no lo ves?

— Dice que es como un vaso de agua porque no se le niega a nadie.

— ¡Oh, Dios mío! — coloca el dorso de su mano en la frente de una manera dramática. Estallé a carcajadas mientras aplaudía, muy exagerado. — ¡No lo creo!

— A ver, basta… — de repente estoy en modo serio. Adopto una postura normal en el sofá y pongo una pierna sobre la otra. — Voy a ir, ¿pero saben qué? Rueguen a Dios que ese tipo ponga resistencia porque si termina aquí. — señalo mis pies con altanería. — Solo habrá sido un desperdicio de dinero.

— No lo creo.

— El psicólogo es casado y dudo que arruine su matrimonio por algo… de momento.

«Acabo de sentirme retado.»

— Entonces, vamos, ¿qué estamos esperando? — puedo sentir los nervios de mis padres mientras recogen unas cosas y adicionales un par de maletas. Voy con ellos muy confiado pero lo que me esperaba era otra cosa.

Pues me encerraron en una clínica para tener contacto cero…

.

By Bill

¿Por qué las personas que también tienen problemas eligen la carrera de psicología o psiquiatría?

Es lo que me cuestiono luego de cada terapia dada y recibida.

A mí consultorio me llegó un expediente de un caso grande hoy en la mañana, en el cual si hay resultados positivos obtendré una excelente paga.

Tom Kaulitz.

– Edad: 21 años.
– Estatura: 1,86 m.
– Peso: 83 k.
– Observación:
El paciente se encuentra en la habitación de observación por comportamientos inadecuados con el personal de trabajo femenino.
Fue internada por sus padres a los dieciocho años por un problema sexual.

«Sátiro»

– Solicitud:
Nos gustaría formalmente que usted Sr. Bill Trümper, con conocimientos en sexología y psicología clínica nos ayude a tratar este tema con el paciente.
Espero que podamos contar con usted para realizar las terapias del paciente.

Firma: ******

Es una locura pero lo aceptaré porque amo ser reconocido por mi trabajo.

Guardo la hojita en mi portafolio y salgo de mi oficina para ir hasta donde está Natalia.

— Hola, ¿me haces un favor? — asiente dejando de teclear en su móvil para darme su atención. — Manda una carta de aceptación a la Clínica «Issues», diles que acepto el caso con gusto… así en palabras bonitas y que me esperen mañana en la mañana.

— Perfecto. — salgo de la recepción para ir por un café a mi casa.
Voy preparando desde ya las actividades que haríamos con Tom para tratar su caso.

Empezaría por lo básico.

Un árbol, familia, historias…

Admito que es aburrido.

Una vez listo sigo leyendo las hojas que se encuentran perforadas detrás de la hoja de solicitud y suspiro.

«…mi pareja me abandonó porque quería conocer a alguien más. La mayoría de hombres después de esa decepción amorosa se refugiaron en el alcohol, drogas y cosas así…

pero yo no…

decidí refugiarme en lo que más me gusta, coger… porque yo no hago el amor, yo cojo duro…»

— ¿En serio? — rio divertido. Suena un poco dominante, bastante peligroso para mí sentido sexual.

Me hace dar calor y seguramente es un tipo feo que quiere dárselas al de muy Don Juan.

Agh.

&

Era el momento.

Mis pies pisaban la cerámica de la clínica con cierto recelo.

— ¿Bill Trümper?

— Sí, señora. — hago un intento de sonrisa para que crea que me siento en confianza pero no. Quiero salir corriendo en este momento.

¿Qué tal si me viola?

— Lo estábamos esperando, la puntualidad habla muy bien de usted. — no digo nada más y la sigo por donde me guía. — No le tenga miedo a nuestro paciente en su primera cita, ¿sí? Muchos salen decepcionados de él porque no coopera y siempre viene con conversaciones fuera del lugar.

— ¿Cómo cuales?

— Les habla de la forma de que enterraría su pene en ellos y así…

— Oh. — veo al suelo con miedo hasta que nos detenemos en una puerta. Ingresa un código que memorizo inconscientemente: «2009861547». La puerta se abre al instante.

— Los dejaremos solos para que puedan trabajar tranquilos, no hay vigilancia ni nada porque él suele masturbarse frente a ellas y a nadie le hace gracia verlo. Ha intentado escapar con el fin de satisfacer sus deseos pero no puede. Lo tiene seguro está puerta. — saca de su bolsillo un botón. — Presione esto para cuando terminen. — asiento guardando en mi parte segura. — Insisto, no le tenga miedo. Cualquier intento que haga él será electrocutado y sabe que no le conviene.

— Okay, gracias. — finalmente entro hasta estar a solas en la habitación. Todo es de color blanco. Hace mucho calor.
Hay una diminuta ventana para que entre aire y un colchon en el suelo. En una esquina está el escritorio y ahí está sentado él dandome la espalda.

Me doy un ultimo aliento para seguir con esto y camino hasta que puede verme.

— Buenos días. — saluda Tom poniéndose de pie, muy amable.

— Hola, b- buenos días. — Tom tiene unas largas rastas descuidadas que me atraen al instante. — Toma asiento, Tom. Muchas gracias. — obedece y ambos nos sentamos al mismo tiempo.
Sus ojos no paran de mirarme, de hacerme sentir presionado y hasta se me olvidaron las actividades que tenía en mente.

Saco de mi maletín una hoja de papel con un lápiz.

— Wow, que confiado. — dice haciendo que frunza el ceño. — Tranquilamente puedo apuñalarte el culo con ese lápiz. — mi rostro arde.

— A ver, inténtalo. — le acerco el lápiz lo suficiente hasta que mis dedos rozan los suyos dándome una chispa. — Pero ten en cuenta que debes enterrarlo muy adentro para que puedas hacerme sentir algo… de lo contrario, si no lo siento, él que va a meterte más que un lápiz soy yo. — soy directo, sin pizca de temor.

En confianza.

Tom sonrie con coquetería.
Me devuelve el lápiz y niega con la cabeza.

— Acabas de llamar mi atención.

— Genial, Tom. Estoy contigo. — relamo mis labios. Aflojo el botón de mi camisa algo acalorado. — ¿Puedo indicarte lo que sé y tú ayudarme cooperando? Mientras más rápido lo hagas, podré irme y presentar resultados positivos para que salgas de aquí.

— Entonces no quiero cooperar para que no te vayas. — sonrío al igual que él.

— Por favor. — pongo mi mano sobre la suya. No me dice nada y lo tomo como un sí. — ¿Puedes ayudarme dibujando en la hoja un árbol? — le hago llegar la hoja muy cerca junto con otro lápiz. Tom obedece con tranquilidad.

Miro su rostro con atención.

Se ve muy atractivo, muy dañino para mis hormonas.

Nada al feo que me estaba imaginando ayer mientras me hacía una masturbación pensando en que si me cogería duro a mi también.

— Listo. — pone la hoja frente a mí. Entrecierro los ojos observando el dibujo.

— Que interesante árbol, pero podías ocupar toda la hoja.

— Mira bien… no es un árbol.

— ¿Qué es?

— Tu culo tragándose mi pene.

«Oh,

directo a mi polla.»

Justo donde duele, donde me gusta, me excita y me descontrola.

¡Ushh!

— ¿No dice nada?

— ¿Qué debo decir? — arqueo una ceja.

— ¿No te enoja que no haya obedecido tu orden? — mantengo la boca cerrada intentando controlarme. Me remuevo en la banca incómodo por la pequeña erección que tenía. — ¿Mhmm?

— No, sé que el próximo lo harás mejor. — le acerco la misma hoja. — Dibújate a ti y como te ves al salir de aquí. — sonrie abiertamente empezando a dibujar.

Nuevamente me acerca la hoja para que pueda ver.

— ¿Me quieres explicar?

— Somos usted y yo juntos haciéndonos una máxima masturbación.

— ¿Yo? — arqueo las cejas.

— Sí, nunca tuve un psicólogo tan atractivo como usted. Quiero secuestrarlo y cogerlo duro todo el día, no me cansaría.

Empiezo a sudar.
Otro botón es desprendido de mi camisa dejandole a la vista un poco.

— Creo que es suficiente por hoy, Tom. — recojo mis cosas y me pongo de pie, listo para irme.

— ¿Tan pronto? Empezaba a ponerse interesante la terapia, quédate un poco más. — me siento de nuevo en el escritorio.

Lo hice tan rápido y en contra de mi voluntad.

Creo…

— ¿Qué edad tienes?

— Veintitrés por cumplir.

— ¿Cuando?

— Septiembre.

— Yo también… ¿cree que dos personas del mismo signo pueden congeniar?

— Sí, ¿por qué no? — levanta sus hombros restándole importancia. — ¿Hay algo que quieras hacerme saber? — lo duda un poco pero igual me lo dice.

— Siento que tú y yo estamos congeniando de lo lindo… y eso que no sabes cómo me estoy controlando las ganas de meterla y hacerte gritar.

Mis labios se entreabren un poco y la erección no puedo controlar. Se levanta de su silla para colocarse a mi detrás.
Masajea mis hombros con cuidado, hizo que mi cuerpo deje de sentirse tenso por un momento.

— Quiero que seas el único en atenderme, ¿vas a venir todos los días?

— ¿Quieres recibirme todos los días, Tom? — esa era la verdadera pregunta a la cual su respuesta no espera en llegar.

— Sí.

— Super. — toma mi mano para levantarme de la silla y mirarme mientras besa la misma. — Me pones nervioso si me miras así.

— Quiero contemplar tu rostro, aunque se vería más bonito lleno de mi semen.

Joder.

— Volveré. — comento mientras acomodaba los botones de la camisa. Tom camina a mi alrededor analizando, da un azote en la nalga que me hace temblar de gusto.

— Masoquista. — murmura.

— ¿Eh? — hago un sonido de agarrar aire pero por la boca. Acaba de morderme en el hombro dejándome muy estático.
Inconscientemente gimo con los ojos cerrados y echo mi cabeza hacia atrás. — Tom…

— ¿Cómo te llamas? — esas manos gruesas recorren desde mi cintura hasta ponerlas en la parte de los botones de la camisa y rompe.
Todo el plástico se riega en el suelo. — ¿Mhmm?

— Bill. — digo en un hilito de voz.

Estoy perdido.

— ¿Quieres ayudarme, Bill?  — restriega su notable erección en mis nalgas. Un suspiro fuerte abandona de mi boca, me deja sin aliento. Aprieta mis pezones con sus dedos pulgares e índices.

Me cuesta mantener el control sobre mi mismo…

Quiero hacerlo pero a la vez no, es solo mi…

mi…

mi…

mi ¿qué?

—  Bill. — la mano izquierda se pierde debajo de mis pantalones para estimular. Besos por el cuello, mordidas suaves en el lóbulo de la oreja. Más roces en los pezones.
Si no fuera porque me está sosteniendo yo me hubiera caído hacia adelante y le hubiera armado un hueco al suelo por la dureza tan maldita de mi entrepierna.

— Tom… — su nombre es lo único que puedo decir en este momento acompañado de un gemido para nada silencioso.

Camina junto conmigo hasta llegar al escritorio. Hace que recueste mi cuerpo ahí. Miro la pared medio ido. Apoyo la mejilla sobre el dorso de mi mano.

Tom desde atrás se encarga de bajar mis pantalones junto con los boxers.

— Dios, Tom… — lamidas en mi parte trasera. Olvidé totalmente lo que se siente que a uno lo complazcan de esa manera solo con la lengua. — Mhmm… — trato de no hacer tanta bulla pero me es imposible.
Chupa de una manera salvaje como si su vida dependiera de ello. Me pone cachondo, estoy muy mojado del glande y no quisiera que pare. — ¡Ah! — baja un poco hasta succionar mis testículos.

Estoy temblando…

Me gusta mucho.

Quiero llorar de lo bien que me siento.

Maldita sea.

— ¡Oh!

— Estas terapias son las que me gustan. — quedé perplejo, mudo, sin respiración, los ojos apretados, las uñas rasgan la mesa y todo solo con sentirlo todo dentro de una estocada.

«Mierda, Tom.
¡Acabas de darme en mi punto dulce porque eres un tipo superdotado!»

Dentro, fuera…

Sin una pizca de delicadeza.

Sin pensar en que nos están oyendo.

Sin preservativo…

— ¡Ah, mierda! ¡así, siiiiiii! — grito en mi punto de máximo placer. Tom aplasta mi cabeza con su enorme mano. La otra me ahorca.

«De seguro ya estoy morado por lo grave que está apretando.»

Es un completo salvaje.

— ¡Oh, Billy! No me aprietes así, estás jugando mucho con mi resistencia.

¿¡Qué!?

¡Si tú estás a punto de matarme y dices eso!

— ¡Ah..!

— Tu culito se siente tenso tragándose mi pene, ¿hace cuánto no te han dado como se debe?

«Hace como cinco años que dediqué mi tiempo para tener mi carrera con dedicación.»

— ¡Mhmm!

— ¡Tom, me..! ¡agh! ¡Dios! — empiezo a lloriquear pero por suerte deja la mano en mi cuello para guiarla hasta mi pene. A penas lo toca y yo ya me estaba viniendo en su mano. Me sorprendió toda la esperma sacada.
Era una clara prueba de que estaba estresado y necesitaba de un buen hombre que me haga sentir así.

— Ven, quiero echar toda mi leche pura en tu hermoso rostro. — no sé cómo maneja mi cuerpo pero ahora me encuentro de rodillas, mirando como se masturba y gime desesperado. — La lengua, Bill, saca la lengua que me corro, ¡mhmm! — cantidades van a mi rostro y otra a mi boca.

Me dejó caer al suelo con mucha debilidad y miro el techo sin reprimir la sonrisa de enfermo mental.

— Sin duda eres mi favorito. — vuelvo en si para arreglarme.
En casa tendría tiempo de ponerme a descansar, por el momento tengo que salir. — Ponte eso. — acepto la camisa que me brinda por haber arruinado la mía de botones. Una vez estando listo vuelvo a mi postura de hacer como si nada hubiera pasado. — ¿Volverás?

— Volveré. — agarra mi mano y me acompaña hasta la puerta. Quedamos frente a frente mirándonos.

— Adiós, dulzura. Fue un placer. — encantado con su acto me despido amablemente y toco el botón para que vengan por mí. Salgo de su habitación luego de darle una última mirada y voy a dar mis resultados de la primera cita.

Wow…

F I N

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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