

(One-Shot de wifeskaulitz)
Relato 6: Nuestro secreto
— Gracias por recibirme en tu casa, Bill. Te juro que no aguanto ni un momento más. — asiento con la cabeza haciéndome a un lado para que pueda entrar y luego cerrar la puerta.
Cruzo los brazos esperando a que hable.
— Mi novia me terminó. — arqueo una ceja cansado de la misma cantaleta de siempre.
— Te termina y vuelve por… ¿octava vez, Tom?
— Esta vez es de verdad. — suelto un suspiro mientras camino hasta sentarme en el sofá que está junto a él y lo miro con total seriedad. — Cree que no puedo cambiar, le dicen muchas cosas de mi en la prepa y no puedo con su inseguridad… todas esas veces que terminamos han sido por eso y estoy muy triste.
Entrecierro los ojos desconfiado.
A modo de sacarle una sonrisa hago algo que no sé si lo tomará bien o no.
— Estabas. — pongo la mano en su entrepierna y mantenemos las miradas en silencio.
Con nervios suelta una carcajada al mismo tiempo que se pone de pie. Me hace reír a mi pero de manera sincera por su reacción. Por su mente debió pasar algún mal entendido y no, no es como seguro piensa.
— Joder, Bill… siempre tan… gracioso en momentos… serios. — remojé mis labios calmando la risa y recostándome en el sofá como si fuera un borrachito.
— ¿Y quién te dijo que yo lo hacía de broma? ¿que no has visto esos memes graciosos similares a lo que pasó? — regresa a verme pálido.
Suelto otra carcajada con gracia.
— Ja, ja, ja. Muy gracioso.
— Lo lamento, Tom, pero ya afloja, consigue una que te haga sentir mejor otra vez… Sasha ya está sin colágeno y apenas es una niña.
— Solo tiene dieciséis…
— Y tu dieciocho, asalta cunas.
— Es que nadie me entiende. — vuelve a sentarse a mi lado con una expresión entristecida.
— A ver, entonces déjame entenderte. — apoyo el mentón sobre la palma de mi mano para darle toda mi atención.
— Somos hombres…
— Ajá.
— Nos entendemos…
— Ujum…
— Es que Sasha me la chupa como una diosa y siempre me entrega el culo cada que se lo pido… no hay nadie que me la chupe como ella.
— Hasta ahorita. — interrumpo con diversión.
— No creo… cómo te decía, amo lo magnífico que es su culo, Bill. Siempre me gusta darle por atrás porque por la vagina se ve muy floja. A parte, detesto usar preservativo.
— Maricon irresponsable. — le doy un golpe en el antebrazo algo incómodo por lo que acaba de decir. — Si no quieres usarlos, hazle poner algún método anticonceptivo y ya.
— Lo siento, Bill, pero tampoco permitiré que vaya con cualquiera por ahí.
— Das asco. — murmuro sin saber que más decirle.
— Si, pero imagínate, ahorita si nos reconciliamos, me da la mamada de mi vida y se acabó el problema.
— A lo que entendí… tu no dejas a Sasha solo por las mamadas que te da, no porque sientas algo más.
— No quiero admitirlo pero si, le diste al grano. — reí en sarcasmo y niego con la cabeza.
Mi primo siempre ha sido un completo idiota cuando se trata de una mujer, nunca les da un buen trato y las usa para su placer.
Por poco y yo también hago eso pero tuve una maldita mala suerte que terminó por darme a mi un tipo desconocido en los baños de la discoteca, desde ahí descubrí mi sexualidad.
— Tom…
— ¿Qué?
— Si dejas que alguien más te haga sexo oral, ¿la votarías?
— Esa persona tiene que hacerlo bien para que me decida, además… no hay nadie, eh.
— Yo. — ofrezco como voluntario.
— Ah… ¿ahora quien es el maricon?
— Vamos. — aliento con confianza. — Al primo se le arrima, ¿o cómo era?
— A la prima se le arrima. — corrige adoptando mi misma posición.
— Oh, así era. — murmuro fijando mis ojos en su boca. — Si no te gusta te desquitas con mi culo, es casi nuevo… solo lo estrenaron una vez.
Nada comparado con el abierto de Sasha.
— ¿Cómo te atreves a comparar tu culo con el de mi novia, sádico? — me encogí de hombros restándole importancia. — A ver… para que veas que no soy malo, te lo voy a aceptar… después de todo soy un chico que le gusta experimentar cosas nuevas, ojo que no lo hago por gay, eh.
Hetero curioso te diría yo.
— ¿Lo vas a hacer o qué? — dirijo mis piernas hasta la puerta para ponerle seguro y vuelvo sobre él. Me abro espacio entre sus piernas para poder aflojar el botón de su pantalón. Eleva sus caderas para que baje hasta un punto considerable. Dedico mi tiempo a sobarle el amiguito dormido. — Ni siquiera le haces gracia…
— ¿Seguro? — levanto las cejas sintiéndome retado. Tom asiente con lentitud, es obvio que estaba haciendo todo para no darme la razón y evitar tener un empalme.
Tanteo desde los testículos, subiendo de a poco, el tronco, más arriba el glande y aprieto justo en la punta.
Claro que sonreí victorioso al verlo erecto de inmediato. Para estar más seguro ~y hacer que no se le baje~ decido desnudarme mientras le doy la espalda para que me vea el culo.
Mientras deshago mis boxers lo quito haciendo un meneo de caderas.
Su respiración es la que me da la certeza de que lo que hice si acaba de funcionar.
Vuelvo a mi postura ~de estar entre sus piernas~ y finalmente saco el susodicho del boxer. Yo también consigo una dureza solo de ver como la punta le brilla.
Sin más doy la primera lamida con los ojos cerrados. Estoy en mi máxima concentración de hacerlo sentir bien.
La mano libre viaja a los testículos para sobar con delicadeza ya que es un punto bastante sensible y no quisiera arruinar el momento.
Mi cabeza sube y baja, se traga toda esa carne hasta que el tronco se pierde en el interior de mi boca y lo saco empapado. Repito la acción pero un poco más rápido.
De inmediato los ojos se me ponen llorosos por la profundidad de la que estoy haciendo y cantidades grandes de saliva de escurren por la comisura.
— Ah… — recoge mi cabello hacia atrás. Se acomoda en el sofá abriendo más sus piernas para darme más acceso y me guía como se supone que le gusta. Hace ritmos como si estuviera follando mi boca y dirijo mis ojos a los suyos.
Nunca me imaginaba verlo desde aquí.
— ¿Sabes cuánto me mide, Billy? — saca su pene de mi boca para acercarse a una distancia considerable sin soltarme el cabello.
Jala más duro al ver que no le respondo. — ¿Mhmm? — me volví loco al sentir su lengua limpiar un poco de la saliva escurrida.
Ahora quiero masturbarme no sé cuántas veces gracias a ello.
— ¿Diez? — burlo para hacerle sentir algo mal.
«Pero la realidad… aquí entre nos, es otra.»
— Oh, niño malo. — ríe por lo bajo. Se agarra el pene para sacudirlo. Vuelve a recostarse y me jalar para que quede enfrente del susodicho. Golpea mi rostro de una forma sucia y sonrío.
No sabe que eso a mí me gusta.
— Vamos, tragate mi pene otra vez y al sacarlo vuelve a decirme cuánto mide. No hagas que te reviente el culo.
Carajo.
Un poco dominante…
Obedecí al instante. Metí toda su longitud en mi boca hasta que sentí como mis cuerdas vocales se dañaban por todo lo que tragué.
— ¿Entonces, Billy? ¿cuánto? — sin ni siquiera una pizca de compasión lo saca del interior de mi boca y espera a que hable.
— ¿Diecinueve de largo y tres de ancho? — la voz se me oye bastante ronca y me duelen hasta las amígdalas.
— Dieciocho. — suspira profundo y con altanería.
— Un poquito más y tienes otra pierna. — hablo en tono sarcástico. Aclaro mi garganta, siento un toque de dolor intenso pero no me arrepiento.
Se siente jodidamente bien.
— Admiro tu garganta, ahora a ver qué tanto soporta tu culo.
— Oh.
Soy levantado como una pluma del suelo y colocado a cuatro patas en el sofá. Me sentí muy nervioso al tener su aliento entre mis nalgas para lubricar mi entrada. La humedad de su lengua jugueteando en esa zona hace que gima sin control alguno y rasgue las esponjas con toda mi fuerza.
Más abajo su mano toca mi sensibilidad, la piel se me eriza de inmediato y tiemblo.
— Te la meteré, ¿listo? No llores. — asiento con la cabeza en completo silencio. La punta de este empieza a hacer presión en mí para adentrarse. — Wow, Bill…
— ¡Suave! — chillo con una intensidad insoportable ahí. Su pene está rasgando mi entrada, no lo soporto.
«Acabo de arrepentirme de todos mis pecados.»
— Mierda, voy a creer que soy el primero en probarte. — abre mis nalgas con ambas manos, gracias a ello supe que ya estaba todo en mi interior y solo estaba esperando a que me acostumbre a su tamaño. — Amo la idea… carajo.
— Tom… muevete. — suplico en desesperación.
Obedece moviéndose de poco a poco.
Aprieto los ojos, tengo que soportarlo porque Dios no me hizo un cobarde y era tarde para retractarme.
Siento su peso en mi espalda y luego sus manos en ambos pechos para estimular los pezones. Los pone sensibles con solo apretarlos.
— Ay, mierda…
— Pide, Bill… ¿qué es lo que quieres? — la mano izquierda se desliza por todo el sudor hasta centrarse en mi entrepierna. Apretó la punta de la misma forma en la que yo lo hice y me corrí en contra de mi voluntad porque estaba muy sensible. — ¿Mhmm?
— Quiero que me cojas duro, Tom, eso… ¡ah! — un grito de dolor mezclado con placer a penas mete y saca de mi interior.
Sus penetraciones se vuelven constantes y mis gemidos también.
Le hago saber que empieza a gustarme porque le dejo mi trasero a su disposición, ya no estoy tenso y necesito más.
Tom tiene un buen tamaño para hacer feliz a cualquiera que se le cruza en frente y este es el claro ejemplo.
— ¡Mhmm, Tommy! — nalguea a manos llenas. Chillo entusiasmado.
Estoy volviendo completamente loco.
La mente está en blanco y mi cuerpo ni hablar… — ¡Si!
— Que cara, que cuerpo, que cinturita… me encanta. — desliza su mano desde mi cintura hasta llegar a mi cuello, lo acaricia por un momento y sube hasta jalarme del cabello hacia atrás.
Tom hace que mi espalda quede apegada en su pecho y vuelve a posar esa misma mano en mi cuello.
— Aprietas bien…
Esos comentarios son los que me dan una buena comprobación de que si hay alguien más ~que no es Sasha~ que le haga disfrutar.
— ¡Más, por favor!
— A tus órdenes. — hace lo que pedí sin contenerse. Me encanta esta posición porque está chocando justo en mi punto g y siento ligeros espasmos en todo el cuerpo.
Para sentirlos aún mejor me toco una vez más, mi mano se mueve al ritmo de sus penetraciones y estoy a punto de llegar. — Ven. — sentí un vacío en mi cuerpo al sentirlo salir. Termina de desnudarse para estar a la par conmigo y me obliga a subir en sus piernas. Guía la punta y bajo con suavidad. Esta choca aún más fuerte en mi interior.
Impulsa a mi cuerpo a subir y bajar mientras sostiene mi cadera, lame mi pezón y restriego mi intimidad en su pecho.
Involuntariamente mi entrada se contrae justo en el momento que no aguanto las ganas de correrme y mancho su pecho.
— Maldita sea. — abro la boca sorprendido de sentir ese líquido espeso dentro de mí. Me mira esperando algo más que esa reacción.
— ¿Nos besamos?
— ¡No! — empecé a reír a carcajadas. — Eso, si es de homosexuales.
— Ah… — arqueo las cejas sin dejar de reír.
— Sí, por favor… no le digas a nadie que tuvimos que ver.
— Para eso, Tom… — me impulso en sus hombros para bajarme de sus piernas.
— ¿Por qué caminas de lado?
— ¿¡Y todavía preguntas!?
— Perdón. — ríe por lo bajo recogiendo sus boxers.
— Ajá, la cosa es que dejes esa relación tóxica, ¿oíste? solo así no le diré a nadie que nos acostamos.
— Bueno, soy un hombre de palabra, no te preocupes. — asiento en duda y me meto a bañar. — Espero que no vuelva a pasar y que sea nuestro secreto…
Yo también espero lo mismo.
&
— ¡Bill! ¡Bill! ¡BILL! — regreso a ver a mi detrás a la mujer que me llama con tanta insistencia. Sasha corre desconsolada hacia mí para abrazarme y refugiarse entre mis brazos.
Observo su rostro con total confusión y le correspondo al abrazo.
— ¿Qué tienes?
— ¡Es Tom! — solloza. — ¡Me ha dejado por otra mujer!
Fruncí el ceño bastante enojado.
¿Acaso ese idiota no puede estar solo o qué?
— ¿Por qué lo dices? — camino con ella aún abrazados hasta sentarnos en la mesita dónde me encontraba comiendo mi almuerzo con mi quedante.
— Porque ya no quiere nada conmigo y todos me dicen que es por otra.
— Ay, Sasha, es que tú también… — rodeo los ojos. — Te dejas llevar por los malos comentarios que dicen esos idiotas.
— Ahora con más razón les creo. — Eggers me pasa un pañuelo para limpiar las lágrimas que caen sin parar de los ojos de Sasha. Suspiro pesado.
— Te puedo recomendar que te olvides de él, busques a alguien más que te haga feliz y no te haga sentir inseguridades.
— Es que yo lo amo…
— Lo suyo no es amor, eso ya no es nada, es como si no pudieran estar solos.
— Joder… no voy a encontrar nadie que llene este vacío, Bill. Hablar es fácil. — remojo mis labios mientras miro en dirección donde está él riendo a gusto con Georg y Gustav.
Claro que no encontrarás nadie con ese tamaño para que te llene el vacío que te dejó entre las piernas.
— Habla con él, por favor. — toma ambas manos y las aprieto.
Ahora me siento en compromiso y a parte de eso…
«Culpable.»
— Voy a tratar…
— Ahorita. — le doy una mirada a mi chico y luego voy caminando en dirección a donde está mi primo. La atención de los tres es para mí justo en el momento que llegué.
— ¿Podemos hablar?
— Si, ¡ya vuelvo! — ambos caminamos sin rumbo hasta alejarnos de la vista de los estudiantes. — Te vi hablar con Sasha, me imagino que ya te dijo.
— Quiere que vuelvas.
— No. — dice, de lo más tranquilo.
Me pone agresivo su tranquilidad. — Realmente estoy fascinado con la mamada de ayer y de tu culito, Bill.
Ya no la quiero. — acaricia mi mejilla con el dorso de su mano, baja hasta mí cuello y lo agarra de lleno acercándome demasiado a él.
Merodea en mi boca.
Me siento muy nervioso al ver como une sus labios a los míos. El corazón se encuentra latiendo como un desequilibrado total y correspondí de la misma manera en la que lo hacía.
Me agarro de su camisa para no caer hacia atrás porque me ha dejado volando y al separarnos, nos miramos.
— Ahí tienes tu beso, Billy, ahora… ¿qué tal si te agachas un momento y me haces sentir bien, eh?
No lo dudé y si lo hice.
F I N
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