Relato 3: Urólogo

(One-Shot de wifeskaulitz)

Relato 3: Urólogo

Desde que me casé con Jessica, en vez de tener una esposa parece que tengo una mamá. Para empezar nuestra vida sexual ~tampoco digo que esté mal~ hemos decidido sacar citas en todos lados para saber si estamos limpios. He aceptado ir a todos nuestros chequeos menos a uno.

El urólogo.

¿Por qué?

¡No pienso permitir que me metan los dedos o alguna de esas sondas por el culo! y menos por un hombre ya que se niega a que lo haga una mujer.

¿Cómo pueden permitir que un desconocido les meta esas cosas por el culo? O sea, a mi no me molestaría meter pero ¿que me la metan? eso es imposible.  Me niego enteramente.

El caso es que ahora estoy aquí, sentado en la sala de espera junto con mi esposa a que llegue mi turno. Voy a golpear a ese tipo si trata de acercarse a mi a hacerme sus basuras.

— Cariño, tranquilo.

— Es que no quiero.

— Piensa en el lado positivo, bebé, al fin podremos tener lo que tanto deseamos y si dios lo quiere un bebé. — suspiro tomando su mano y besando el dorso de la misma. Trato de tranquilizarme como puedo pero desde ya me siento traumado.

Si ella supiera lo mucho que he estado apretando el trasero por el dolor mental que me da ahí cada que sale la recepcionista a llamar pacientes.

Los analizo con cuidado, parecen que salen bien pero en el fondo les debe doler el culo, sé que si. No se me va de la cabeza, no necesitan fingir.

— Tom Kaulitz.

Y ahí era mi mayor temor.

Me hago el desentendido a penas Jessica voltea a verme y me levanto listo para irme pero no puedo porque lo evita jalándome del brazo.

— ¿Tom Kaulitz?

— Sí. — responde segura, ke da una mirada apenada a la recepcionista y me lleva obligado del brazo.

— Más vale que entres o te juro que no vuelves a verme, Tom. — murmura entre dientes bastante enojada.

«Claro, cómo a ella no le va a doler .»

Rendido decido ir por voluntad propia hasta donde me guía la recepcionista.

— Quítese la ropa, por favor. — miro extrañado.

¿Acaso piensa quedarse a ver cómo me desnudo?

— ¿Puede dejarnos a solas? — ella asiente pasando por unas persianas. Con lentitud empiezo por quitarme los zapatos, el jean, la chompa y finalmente la camisa. — ¿Qué hay de tus boxers, Tom? — fruncí el ceño pero no le peleo. Me lo quito y dejo que ella recoja las cosas para que los guarde en su bolsa. Coloco en mi cuerpo la bata para que cubra solo lo de enfrente porque lo de atrás, estaba a la vista.

Jessica decide acompañarme hasta donde entró antes la mujer y ahí se encontraba acomodando y esterilizando los objetos que estaban por ser introducidos.

— ¿Puede esperar afuera? — mi esposa asiente dándome un beso de aliento en la frente y sale junto con ella. Miro el techo con ciertos nervios luego de acostarme en la camilla. Lo bueno de esto es que no deja ver más allá, lo tapa una tela blanca.

— ¿Estás listo?

— ¿Quien va a estar listo para que le metan algo por el culo? ¿qué clase de pregunta es esa? — logro hacer reír al tipo del otro lado.

Los bellos de mis piernas se ponen de punta al sentir como levanta la tela para poder ver. Renuevo mi cuerpo algo incómodo por su silencio.

— Okay, necesito… — se aclara la garganta. Aprieto los ojos cuando toca mi miembro flácido y lo levanta. — …revisarte atrás. No aquí adelante.

— No…

— Por favor. — se asoma dejandose ver a un lado de la tela. Suspiro un poco. — Mientras más rápido lo hagamos, menos será tu dolor.

— Es que…

— A ver. — saca un guante y camina hasta su escritorio. De su cajón saca una barra de chocolate y le acerca hasta mí. — Te daré esta si obedeces. — sonríe de lado. — Tu esposa me dijo que te gustan…

— Ahora me parece un puto chantaje. — muerdo mi labio inferior.

— Tengo otra más…

— No.

— Tres. — aunque estaba tentado a ello sigo negandome.

¿Cómo voy a perder la virginidad así?

— Por favor. — repite en medio de un reproche. — Si no lo haces por las buenas, te obligaré y haré que te atienda mi amigo, es un moreno alto, dedos gruesos, gay…

Me imaginé siendo abusado de la peor manera de ese moreno y en silla de ruedas, así que mejor no. Con él está bien y tal vez no se sienta tanto la diferencia porque tiene un increíble rostro femenino, nada varonil que me hace entrar en confianza.

Es un maldito punto a su favor y a favor de mi esposa.

— ¿Mhmm?

— ¡Ya! ¡okay, okay! — indignado, volteo mi cuerpo para quedar boca abajo.

— Genial. — levanta la bata. Pulsa unas cosas y la cama hace de a poco que mi trasero se quede empinado a su altura. Cierro los ojos esperando a terminar con este martirio y se las cobraría muy caro a mi esposa. — Voy a lubricarte, ¿está bien? — no respondo. Su mano abre una nalga y luego está el frío contacto del lubricante con dos de sus dedos calmando mi entrada. — Introduciré el primero, respira…

— ¡Oye! — le grito. — Ni siquiera pude respirar…

— ¿Te dolió? — miro el techo analizando la sensación en ese lugar. No sentí casi nada.

— No.

— Hay un lubricante de anestesia, no duele nada. — no, no dolía pero se sentía incómodo.
Siento como mete otro dedo y finalmente mi agujero queda adormecido. — Quizás te resulte incómodo esto pero necesito penetrar para agrandar un poco porque si lo meto de una voy a desgarrarte. — inconscientemente aprieto mi entrada entre sus dedos. Oigo claro como un gemido suave se escapa de su boca y me manda una jodida sensación de calor al cuerpo.

Lentamente empiezo a sudar, realmente no siento dolor si no un medio gusto, la sensación de como sus dedos entran y salen de mi interior hace que me erice la piel. Tampoco contaba con que me empezara a gustar y que debajo tenga una erección creciendo.

Remuevo mi cuerpo pero de manera algo indirecta. Creo que quiero un poco más de movimiento y algo grueso.

— Oh… — se me escapa sin poder contener.

— ¿Todo bien? — deja un enorme vacío al sacar sus dedos para poder acercarse a mi y verme. Mientras se saca los guantes, mi vista se dirige hasta su entrepierna que es notoria gracias al pantalón blanco que usa.

No puedo contener las ganas de tocarlo y lo hago.

— Oye…

— Lo siento. — vuelvo a mi postura de estar sentado en la camilla y verlo directamente a los ojos. — Mira eso… — levanto un poco la bata para mostrarle mi pene duro. — ¿Es normal?

— Supongo… — dice y toca con confianza. Cierro los ojos dejando ir el aire de manera entrecortada y apoyo mi peso en ambos codos. — Nunca les pasa a mis clientes, ¿por qué a ti sí?

— No lo sé, quizás por tu carita…

— ¿Qué tiene? — se acerca tanto a mí que puedo inhalar su olor a farmacia con un poco de olor a menta.

— La carita tan linda, eso tienes… parece conocida.

Por alguna extraña razón.

Él se encuentra masturbandome y yo como un completo sumiso.

Tomo la iniciativa de hacer que se quite esa molesta ropa que me estorba y me deje ver a mi también. Tragué grueso la saliva al ver lo mucho que se le marcaba en los boxers y sobre todo su longitud, casi iguala la mía.

— ¿Ahora que sigue? — cuestiona en un susurro. Relamo mis labios y me acerco para tomar su boca con la mía. Abre tanto mis piernas para frotar ambas erecciones.

Más tarde me preocuparía por esto pero por el momento me justificaré con que estoy bajo los efectos de la anestesia.

Coloca ambas manos en mi trasero haciéndome jadear sin control. Guía su derecha para introducir sus dedos en mi interior y seguir. Meneo mis caderas simulando una penetración con sus dedos y expulso pequeñas cantidades de líquido pre seminal.
No me quedo atrás y también pongo mis manos en el suyo para liberar mi excitación.
Al separarnos un hilito de saliva se escurre desde mi boca hasta la suya poniéndome más cachondo. Baja hasta mí cuello para dar besos suaves, mordidas y chupetones. Sobre la tela del traje que traigo, pasa su lengua en ambos pezones volviendome loco.
Le doy un pequeño empujón para bajarme de la camilla y darle la espalda, dejando mi trasero nuevamente a su disposición.
Azota con suavidad mi glúteo con la misma mano que me penetró.

— No tengo preservativos, — ríe divertido. — Si te la meto se me dormirá el pene también.

— Debes tener uno por ahí…

Antes de que me arrepienta.

Suspira muy cerca de mi hombro y planta un beso en el. De soslayo lo veo caminar hasta su escritorio, busca entre sus cosas y de lo más recóndito saca un preservativo.

Con agilidad baja sus boxers, se lo pone y está ingresando en mi interior caliente. Apoyo la cabeza en la camilla y muerdo mi antebrazo para callar. Esto era todo lo que necesitaba.
Gime dulcemente en mi oído provocándome demasiado y empieza a mover sus caderas.

Por más que quiera silenciar mis lloriqueos de placer no puedo hacerlo porque lo disfruto muy bien. La mano izquierda la bajo hasta tocar mi pene.
Me masturbo con fuerza, tanto como lo permite mi mano.

— Mhmm, ¡ah…!

— Shh. — acaricia mi espalda desnuda con su mano tibia. Da una estocada fuerte que logra desmoronarme y temblar.

Levanta mi pierna para que le permita hundir, profundizar y hacerme delirar.

Estoy jodidamente cachondo.

— Y pensar que te negabas al inicio.

Me sonrojo un poco ante sus palabras pero aún así dejo que lo haga, que me use a su antojo.

Que me someta…

— ¡Ay! — chillo en un susurro. Los ojos empiezan a arderme, lágrimas se acumulan en ellos pero es por el placer que siento en este momento. _ Más…

— Uff, goloso. — sale de mi interior. Caminamos hasta la silla. Se sienta primero y yo sobre su pene. Doy saltitos suaves. Así entra profundo, sentí algo doloroso pero vale la pena porque va amanzando tanto que ni con palabras puedo explicar.

Mi cuerpo lo dice todo, habla por mí…

Seriamente con eso me puse en duda y me cuestionaba si hice bien en casarme con Jessica, le estoy siendo infiel con mi urólogo y no me disgusta.

Sigo masturbando, las olas de placer empiezan a recorrer por todo mi cuerpo.

— Joder.

— Voy a terminar. — lo digo tan rápido como puedo. Aprieto mi agarre en su brazo que rodea mi cintura y mi cuerpo tiembla expulsando grandes cantidades de semen.

— Mierda. — apega su cabeza en mi espalda, para recomponerse luego se la pequeña cita que acabamos de tener. Una vez que siento que puedo levantarme lo hago y me siento en la camilla.

Se coloca la ropa, deshecha el preservativo sucio y abre la ventana para que se vaya el calor que hacía y posiblemente el olor.

— ¿Crees que puedas darle unos resultados positivos a mi esposa? — me rasco la nuca avergonzado. — Y…

— Okay, no te preocupes. — dice luego de limpiar el desastre que causé en su escritorio y en algunas hojas. Toma el teléfono para colocarlo en su oído. — Belén, haz que pase la esposa del señor. Ya terminamos… si, gracias.

— ¿Puedo preguntar cuál es tu nombre? — con las manos en los bolsillos de su bata blanca camina hasta acercarse a mí. Toma mi menton para plantar un beso con lengua dónde logra alborotar mis hormonas al instante.

— ¿Tom? — oigo a mi esposa. Se separa al instante y ella se deja ver. Me abraza con fuerza.

Puedo leer lo que dice con su boca. —: «Mi nombre es Bill».

Mi mundo se pone de cabeza, Bill Trümper, aquel niño en el que en un juego inocente terminamos haciendo lo mismo y esta vez él lo acaba de hacer conmigo.

Con la respiración a mil decido vestirme sin necesidad de decirle que salga porque ya me vió. Me acerco junto a Jessica para sentarnos en el escrito. No puse atención a nada de lo que dijo, solo pensaba en los buenos momentos que pasamos antes de ser alejados por culpa de sus estudios.

—… gracias, ¿cuando cree que mi esposo puede volver?

— ¿Está bien mañana? — acerca las tres barras de chocolate que me ofreció y las tomo con vergüenza.

— Sí.

— Nos vemos. — nos despedimos y finalmente volvería a verlo otra vez.

F I N

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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