(One-Shot de wifeskaulitz)
Relato 22: Elevador
Yo tenía una maldita mala suerte…
Estoy pisando los patios de los juzgados para dar por terminado mi matrimonio con Tom. Tenía un esposo de adorno, se concentra más en el trabajo que darme atención, casi no lo veo y para morirme esperando una señal de su parte mejor me quedo solo.
Sigo caminando hasta el elevador, entro en él y seleccioné el quinto piso. Antes de que las puertas pudieran cerrarse, un pie las detiene y se abren dejando ver a mi ex marido. Hago un sonido de fastidio, cruzo los brazos y meneo el tacón para demostrarle que su presencia me molesta.
¡Pff!
¿Los dos juntos en el mismo lugar?
Se iba a volver una cancha de pelea.
Él sabe que yo no le tengo miedo y que lo puedo poner en su lugar hasta en los golpes. Solo quiero que me diga una sola palabra.
Para esto si que por lo menos llegó puntual y no puso de excusa que no tenía tiempo o que se le olvidó.
Claro que para este momento corté mi cabello, le di un estilo diferente (a modo de cerrar ciclos).
Odiaba que me meta con el cabello ~porque era su parte favorita~ me decía que quería jalar para hacer cosas sucias y como no lo tenía, otra razón para separarse.
— Maldición. — las luces en el ascensor se apagaron, este dejó de funcionar y se detuvo no sé en qué piso.
Empiezo a tocar los botones desesperado.
— ¿Qué haces? — dice, irritado. — ¿No ves que se fue la luz? No por tu linda cara va a volver a funcionar si tocas los botones así.
— Cállate, que contigo no estoy hablando… es más, ¡a penas me di cuenta de tu existencia!
— ¡Tss! no seas ridículo, por favor.
— Ridículo, ¿yo? ¡ja! no me hagas reír. — camino de un lado a otro. Tanteo en las paredes para buscar algún teléfono de emergencia. Al encontrarlo lo descolgué pero estaba fuera de servicio.
No valía.
En eso suena el teléfono de Tom. Me da la espalda para poder contestar. Yo lo observo de brazos cruzados y en completo silencio con la intención de saber quién era la persona que lo llamaba.
— ¿Aló?
— Cariño, se fue la luz en toda la ciudad, espero que estés bien ahí con el monstruo de tu ex.
Parpadeo lentamente, ¿cómo me ha llamado esa mujer?
— Sí, lamentablemente… — voltea a verme y rodea los ojos. — Nos quedamos atrapados en el elevador, cielo.
— ¿¡Qué!? — alejó el teléfono ante el grito ensordecedor de la mujer. Reí sin disimulo para que me escuche. — ¡Tom Kaulitz!
— Mujer, no fue culpa… él ya estaba aquí y ya sabes, entre más rápido mejor pero pasó esto.
— ¡Ya voy de inmediato para allá! ¡no voy a estar segura sabiendo que estás encerrado con tu ex ahí! ¡NO!
Joder.
Para colmo le salió berrinchuda.
No me sorprendió, a Tom siempre le gustaron las niñas en su sentido hetero pero en el gay, prefería los hombres de su edad y algo maduritos como yo.
Lo único que no sabe es como mantenerlos, hay que dar amor constante, no a ratos.
Nos casamos porque estábamos muy enamorados, tres años de relación y uno de matrimonio.
Si cambiaría eso yo volvería con él.
—… bueno, cielo. Ya no me preocupo, confío en ti, ojalá lo de el elevador se solucione pronto…
— Sabes que deseo lo mismo.
— Ya, mi amor, muchos besos: muak, muak, muak, muuuuaaakkkk.
No iba a aguantar la risa acompañada de la rabia y celos que tenía.
— Besos también para ti, preciosa: muak, muak, muuuuaaakkkk.
Dios.
No pude más y me reí a carcajadas, pataleaba, golpeaba las paredes y por poco me doy la frente contra la puerta sin aguantar. Tom miraba con los brazos cruzados, el ceño fruncido; enojado.
Agarré mi pancita, los ojos se me nublaron y lloraba de la risa. Me deslizaba poco a poco hasta quedar sentado, no me importó manchar el pantalón blanco.
— ¿Qué es lo gracioso, Bill?
— Es que… — ni siquiera podía hablar. — ¡Tú…! ¡Dios! — me daba golpes en la pierna. — Ay, mi madre…
La risa cesaba poco a poco. Volví a mi postura, sacudí el pantalón en la parte del trasero. Tom me daba la espalda, entonces aproveché para deshacer el nudo de su pañuelo de la frente para quitarle.
— ¡Oye!
— ¡Hey, quieto! — amenacé sacando mis uñas.
— Como sea, puede comérselo si quiere.
— Solo lo quiero para limpiar el maquillaje, no te emociones. — busco en mi bolsa un espejo ~a pesar de llevar siempre pañitos húmedos~ decidí limpiar. Lo mejor es que el pañuelo era blanco y con cada pasada se mancha del negro maquillaje. — Toma, gracias… — le lancé a la cara.
Indignado lo agarra, le hace un doblado y se lo vuelve a poner.
— De algo tenías que servir.
— Ajá.
Me paré en una esquina lejos de él, estaba con toditas las ganas de molestarle.
— ¿Cuánto tiempo llevas con tu novia?
— Bill, no me hables. — arqueé una ceja. Pose ambas manos en la cintura.
No soporto que Tom esté haciendo su vida si ni siquiera nos hemos divorciado, tranquilamente me puedo negar a firmar el divorcio y se queda atado a mí hasta cuando quiera.
También soy caprichoso y berrinchudo si me propongo.
— A que te pone los cuernos. — sigo burlándome. — ¿Cómo te dicen? ¿El venado?
— Bill… — uy, suena peligroso, amenazante, uff… — Me estás cansando.
— ¿Sabes? para la próxima navidad Santa Claus necesitará un venado… ¡UAAAH! — aprieto los ojos cuando mi espalda es azotada de forma salvaje en la pared del elevador. — ¡Quita tus asquerosas manos heterosexuales de mi cuerp…!
La mejor manera de ser callado fue con su boca a pesar de estar forcejeando para que no lo haga, se aferra más a mi cuerpo, jugando con mi lengua. Eleva ambas manos a la altura de mi cabeza.
Jadeo en medio del beso, me quita la respiración porque es muy ardiente, mojado…
— Hablas mucho. — susurra.
— Imbécil. — trato de empujar su cuerpo lejos del mío, sin embargo, Tom no se rinde y vuelve a besarme. En mi caso yo perdí la batalla de resistencia. Rodeo su cuello con ambos brazos. Me impulso para ser cargado por esos fuertes brazos que tanto me encantan. Acaricia mis nalgas con necesidad, entusiasmo y excitándome hasta puntos incontrolables que ya era imposible decirle que no a semejante hombre.
Me llevó hasta cierto punto del elevador y va cayendo lentamente hasta que se queda sentado conmigo encima. Empieza por deshacer la chaqueta, pues ya hacía demasiada calor en un lugar tan pequeño como el que estábamos encerrados a punto de dejarnos llevar por la situación.
Él sigue, no para de darme besos que me envían descargas incontrolables hasta la punta del pene y hacerme sentir vulnerable. Minutos después no sabía cómo terminamos en el suelo quitándonos la ropa como bestias.
Nada cuidadosos. Tom estaba entre mis piernas frotando su erección con la mía, llenando el cuello de chupetones, mordidas suaves y de caricias constantes en mi pierna.
Gemía echando mi cabeza hacia atrás, con los ojos cerrados. Rasguñaba su espalda a modo de liberar la tensión.
— ¿Cuál de los dos es el venado? — insisto en burla.
— Tú. — mordí la piel de su cuello con vigor. Tom no se mosqueó en gritar o decir algo. Solo se dedicaba a fregar con ganas nuestros aparatos. — Te odio.
— Ódiame lo que quieras… pero mírate, guapo. Estoy entre tus piernas a punto de hacerte tocar el cielo.
Odio la actitud que tiene, a si que era experto en bajarle de un sopleton.
— Con ese tamaño no creo. — Tom se detiene a verme la cara asustado. — ¿Qué?
— ¿Es en serio, Bill? — encogí de hombros tragando una carcajada. Dudo que le llegue a afectar mi comentario, jamás ha decepcionado de tamaño o como saber usarlo.
Con el tiempo se me olvidó lo que se sentía ser follado por él, como dije, no tenía tiempo para nada.
— Tal vez ni siquiera ya sabes cómo ponerte un condón. — sigo.
— Mierda, me están matando la entrepierna tus comentarios.
— Cariño, no lo tomes personal.
— ¿Cómo que no? ¡si me lo estás diciendo…
— Ya, ya, ya… — coloqué mi dedo índice sobre su boca rosita por mis besos y sonreí. — Lo siento. — agarro su carita sudorosa para plantar un beso en los labios. Tom duda en si seguirme o no. Insisto en meter mi lengua a su boca hasta que lo hace. Sigue frotando para hacer que la erección vuelva a crecer pero ya no tan dura como antes. — Mhmm…
— Dios, no puedo concentrarme…
— ¿Por qué? ¿Se te olvidó como meterla? ¿mucho culo para ti?
— Bill, ya…
Sonreí de lado.
— Vamos, hazlo… — abro las piernas para él. Lleno de saliva mis dedos para guiarlos a mi entrada y con la otra tocarle el pene a él. Tom no deja de observar con la boca entreabierta. — ¿Recuerdas las veces que hacíamos locuras? Follábamos en el parque a altas horas de la noche y el guardia casi nos descubre.
— Sí… — responde con la misma emoción. — ¿Cómo olvidarlo?
— La vez en el cine, te hice correr con mi boca y lo tragué como si nada…
— Mierda. — su sexo se endurecía, más que antes. Estaba funcionando. Aún tenía el control de su cuerpo, de su pene… de todo lo que me pertenece aún.
Porque claro, me estaba divorciando de él, no de su pene.
— Lo ardiente que eras cuando se trata de sexo exhibicionista…
— La vez en la playa…
Todos los sucesos fueron hechos en esos tres años de relación y solo uno en el matrimonio, ya del resto siempre era un rapidito en casa ~después de discutir~ y ya.
Siempre peleaba por lo mismo, quizás ambos ya sabíamos la misma cantaleta de siempre.
— Estoy listo. — musitó.
— Joder, cielo… — gemí y abracé su torso desnudo, sintiendo como lo va metiendo en mi interior. Deslizo las manos hasta sus nalgas para que vaya trascendiendo. Gemimos igual de ruidosos. Mi pene es tocado indirectamente por su abdomen que se restriega constantemente. — Mhmm.
— Cariño… agh…
— Ay, sí. — muerde el lóbulo de mi oreja, sigue por las mejillas hasta que pone sus labios en mi boca. Le abrazo con las piernas para así sentirlo más profundo. Adoro cuando Tom me hace suyo en los momentos de reconciliación y hoy es uno de estos momentos.
Se siente genial, demasiado intenso, excitante.
Tanto que me vuelve loco.
— Eres el idiota que más deseo, sí… cógeme así, me encanta. Quiero que me cojas siempre, Tom, ¡mhmm!
— Me encanta cumplir lo que quieres, de verdad, precioso.
Todo menos un matrimonio con la misma intensidad de nuestro noviazgo.
¿¡Por qué me lastima así!?
— Hazme feliz, dios. — cambiamos de posición. Tom se sienta arrimando su espalda en el metal. Gateo para quedar sobre él y meter su polla. Sigo con movimientos lentos, desesperantes… no dejamos de besarnos en ningún momento.
El momento lo sentí bastante romántico, como si nos hubiéramos extrañado todos estos meses que estuvimos separados, sin vernos. Sin saber nada del otro, sin compartir la cama. — Es lo único que pido. — susurré en su oído para alejarme de él, no son antes morderle con mucha suavidad y ganas. Tom nalguea mi trasero mientras se acomoda una vez más en el suelo para tomar impulso y mover sus caderas con fuerza. Apoyé ambas manos sobre su pecho, ayudándole con movimientos para poder terminar.
Pues no sabíamos en qué momento el elevador iba a volver a funcionar.
— Vamos, reclama mi pene como tuyo.
— ¡Eso quiero! — chillé echando la cabeza hacia atrás. Tom envolvió mi falo con su mano para aumentar el placer que estaba sintiendo. Sin querer apreté en el trasero alrededor del miembro de mi novio y estallé manchando todo lo que debía.
Extrañaba tanto ser tocado así.
Lo extrañaba a él.
— Joder…
— Maldición… — hablamos al mismo tiempo.
Cómo después de cada acto todo tiene su consecuencia me alejé de él para limpiarme y acomodar mi ropa de nuevo en su lugar. Permanecimos en silencio hasta que unos minutos después el elevador funcionó y salimos de él hasta aquella sala.
Mis piernas iban lentamente, no quería entrar, me negaba rotundamente a diferencia de él que caminó a toda velocidad.
No quiero divorciarme, mierda.
Aún tengo la esperanza de que nuestra matrimonio funcionará, algo me lo dice muy en el fondo de mi corazón.
Al llegar no retuve las lágrimas que cayeron sin control. Era algo imposible.
Mi abogado estaba sentado junto con el de Tom, esperándonos. Me apuré en disculparme con él por el motivo del elevador. No sabía que eso iba a pasar.
— Hace unos días dimos a conocer las causas de su divorcio y de ambas partes estuvieron de acuerdo, hoy es momento de firmar y ya los dos harán su vida como si nada hubiera pasado. — el juez acercó la hoja junto con una pluma. — Firmen.
Tom se aclaró la garganta antes de hablar.
— Creo que… — mordí mi labio inferior al ver como rompió la hoja por la mitad, y esa mitad por otra mitad hasta hacer picadillo. — Ninguno de los dos quiere eso, al carajo todo, Bill. Vamos a intentarlo una vez más, prometo que te pondré como mi prioridad.
Entonces me besó y yo fui el hombre más feliz.
F I N
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