Relato 21: ¿Un pago?

(One-Shot de wifeskaulitz)

Relato 21: ¿Un pago?

— Quítale esa mierda, Gustav, ¿¡cómo es posible que le hayan puesto esa basura!?

— Yo no fui. — murmura ese Gustav. — Si la operación hubiera estado a mi cargo lo hubiera tratado como te gusta.

Estoy secuestrado y bajo el mando de Tom Kaulitz.

¿Cómo llegué a esta situación?

Pues entraron unos hombres con pasamontañas al spa de mi madre para llevarse todas sus pertenencias y tomarme a mí, ¿¡qué tengo que ver yo en todo esto!?

— Precisamente porque no quería que lo traten como a mí me gusta mandé a Georg. — respiraba aire puro cuando me quitaron la bolsa de la cabeza, me devolvieron la vista y la facilidad de mover la mandíbula tensa gracias a que quitaron la mordaza. Veo borroso, las luces de la habitación marean…

Parece que pasaron días sin poder ver.

— Buenas noches, Trümper. Que lastima que nos volvamos a ver de esta manera. La razón por la cual estás aquí es por culpa de tu madre, ¿entiendes? La zorra de Heidi tiene una deuda conmigo, es muy grande. Le facilité dinero para su prestigioso spa, dónde van personas de alta gama y no tuvo la concha de venir a dejarme un sueldo cada mes. — estaba rabioso, impotente pero no podía reaccionar, estaba ido. — ¿Recuerdas que fui a recibir unos masajes y tú me atendiste?

— Tom… — susurro levantando la mirada. Aquel hombre que tenía unas rastas preciosas tenía una mirada frívola, tanto que me erizaba la piel.
Vaya que olvidé la absurda explicación que me estaba dando y mi mente me llevó a la escena de hacia una semana atrás en dónde le hice masajes con escencias. Me ponía duro lo exhibidor que fue al momento de reposar su cuerpo en esa camilla, dejando ver su trasero redondo y lo mejor aún: la entrepierna.

¡Le cuelga!

— ¿Qué culpa tengo yo?

— Acabo de tomarte como parte de un pago, joven Trümper. Eres mío hasta que la perra tome conciencia y venga a dejar el dinero o…

— ¡Pero usted se lo llevó todo! — exclamé. — ¡Dejó el local vacío!

— Y aún me debe. — esa risita sádica que tiene en los labios tenía ganas de borrarle a golpes o en el peor de los casos: a mamadas. — …o, ¿acabo con su vida? esa me gusta más.

— ¡No! — grité sintiendo el miedo recorrer mi cuerpo, logrando que este cambie a una expresión de mal humor. — No quiero que le quiten la vida a mi madre, no lo soportaría…

— No me importa, Bill.

— Dios. — sollozo. Tengo un nudo atascado en la garganta, la rabia está acumulada en mi cuerpo. Remuevo mi cuerpo furioso tratando de soltarme de aquel agarre pero no puedo, solo me lastimo.

— Tranquilo. — le escupí en la mano que trató de acariciarme la mejilla. Tom levantó la mano para golpearme. Yo cerré los ojos esperando a que esta caiga sobre mi mejilla pero no pasó.

No sé atrevió.

— ¿Hola…? Johan, soy tu Jefe, Tom… Ajá… ¿ya localizaste a Heidi Klum? — en el momento que abrí los ojos de golpe este me miró con una sonrisa. Puso el alta voz para que también escuche yo. — ¿Qué dijiste? no te oí bien…

— Dije que Klum está tomando un vuelo directo a Italia, usted dirá.

— ¿Y bien? — se dirigió a mí con una sonrisa socarrona.

— Mierda. — susurré con temor. — Estoy dispuesto a hacer lo que usted quiera, pero… no le hagas nada, es la única persona que tengo.

A pesar de que no me quiere como yo a ella.

A pesar de que nunca me trató como su hijo si no como una persona más de servicio y duele. Que yo estoy dispuesto a todo por ella y ahora solo me deja aquí, solo.

— Genial, a tus servicios le vamos a añadir algo extra. — me guiña el ojo logrando ruborizarme. — Okay, Johan. No hagas nada pero no la pierdas de vista. — después hace una llamada a sus chicos para que acomoden su habitación porque alguien especial lo va a atender como le gusta.

&

Minutos después…

Respiraba agitado.
Caminaba por el pasillo acompañado de un hombre de cabellera rubia hasta una puerta elegante. Toqué tres veces antes de pasar. La puerta se abrió dejando ver a Tom detrás de ella. No pude evitar ver como las rastas le caían a los lados. Pequeñas gotas de agua caían por su perfecto torso hasta perderse por esa zona v cubierta de una toalla azul oscuro.

Tragué saliva.

— Gracias, Andreas. — con eso entro a la habitación y cierra la puerta a mi detrás. Me sobresalté sin querer. — Tengo todas las chucherías que usas en el trabajo en esa maleta. — asentí caminando hasta donde estaban los aceites esenciales para usar. — Verás… esto me tiene muy estresado y que mejor forma de quitar con tus manos.

Remojé mis labios húmedos al ver como se quitaba la toalla. Kaulitz quedó como Dios lo trajo al mundo ante mis ojos una segunda vez. Se recostó en el sofá que parecía una «m» minúscula y me acerqué sin darle rodeos.

Puse una cantidad de aceite en su espalda y empecé a frotar mientras masajeaba.

— Todo, no lo olvides.

Inflé mis mejillas y solté el aire acumulado por la boca. Eso implica recorrer su trasero, las piernas. Por delante el pecho, bajando al abdomen, la pelvis…

Que calor.

— ¿Quieres saber cómo conocí a tu mamá?

— No…

— Era mi amante… ah… dijiste que no. — aplasté los hombros con fuerza y Tom gimió de dolor. — ¿Por qué tan brusco?

— No quería saber tus amoríos con mi madre. — Tom volteó para que le coloque el aceite en el pecho. Frotaba de arriba abajo acariciando sus clavículas y bajando hasta el abdomen. Pude ver claro como se le ponía dura la entrepierna. —… puedes ser su hijo.

— Como si la zorra fuera inocente… — murmura levantando la mano hacia mi trasero para acariciar. — Le gustan los menores.

No respondí.

Era el momento en el cual mis manos se deslizaban por la ingle y bajaba a las piernas. Tocaba los muslos. Nuevamente subo hasta rozar la parte en la que crece el vello púbico.

— Tus manos son tan suaves. — apoya su mano sobre la mía para hacer que toque su entrepierna. Agarró el bote de aceite y lo coloca en la punta. El líquido espeso se desliza por el tronco. Volviendole brillante. No esperé a que me dijera que hacer.

Puse la mano para masajear su masculinidad y con la otra frotaba el pecho.

Tenía que acostumbrarme a mi nuevo trabajo.

— Uy. — cerré los ojos al sentir como me lanzó una cantidad de aceite en el rostro. Quería gritarle porque esa cosa no se consigue tan fácil porque es demasiado costosa. — No lo puedo controlar.

— Basta. — me cubrí el rostro con el antebrazo pero eso parecía divertirle. Continuaba manchandome el unirme blanco y con este líquido se volvía medio transparente.

— Ni modo, te va tocar quitártelo. — odiaba estar impregnado de ese líquido a si que obedecí su orden hasta quedar en los boxers.

Seguía haciendo mi labor. Estaba tan enojado que no me daba cuenta de la forma brusca que movía la mano en su miembro. De arriba abajo, apretando y jalando. Tom gemía, muy sensual. Hizo que caiga en cuenta de lo que hacía.

Entonces se sentó e hizo que me coloque entre sus piernas. Nos miramos a los ojos. Solo un roce de su mano en mi entrepierna bastó para que termine por ponerme Igual de duro.

— ¿Me dejas?

— Tampoco tengo otra opción.

Entonces, comienza a repartir besos y lamidas por mi pecho. Apoyé las manos en sus hombros para hacerlas descansar mientras dejaba que me besé por todas partes. Sentí mi rostro arder justo en el momento que tiró de los boxers hacia abajo. Se agachó más. Su boca rodeó mi entrepierna hasta lo que podía y comenzó a dar lamidas constantes. Abrí mi boca, incapaz de hacer algún sonido. No salía nada, solo suspiros pesados de placer.

Acaricié la espalda.
Con suavidad agarré una cantidad de su cabello para guiar los movimientos de arriba abajo y de igual forma, moví mis caderas tratando de hacerle tragar lo suficiente.

Bajé la mirada hacia él y lo seguí hasta que se puso de pie frente a mí. Unió la punta de su pene con él mío para masturbarnos al mismo tiempo. Me atreví a abrazarle y motivarle a ir hasta la cama en medio de un beso fogoso. Me recosté sobre su cuerpo graso y frotaba mi entrepierna con la suya.

— Mhmm… — tiré de su labio superior hasta tomar posición. Guié su pene a mi entrada y Tom dió una estocada de golpe para meterlo en mí. Temblé por un instante. Gemí de gusto y cerré los ojos. Llevó amabas manos hacia atrás. Mi rostro se escondió en su hombro y tuve que morder sin mucha fuerza para liberar mi excitación.

Golpeaba en el interior de mi trasero una y otra vez.

— ¡Uhmm, oh..! — mi cuerpo se empezaba a poner grasoso gracias a que el sudor y el aceite se mezclaban.
Mis brazos comenzaban a sentirse tensos por la fuerza que estaban sostenidos hacia atrás. Poco a poco se adormecían. — ¡Ah!

No sentí en el momento que fueron liberados, solo supe que Tom me abrazó con fuerza para seguir metiendo su pene con más intensidad dentro de mí. Gemía. Gritaba como un desquiciado.

Un par de lágrimas se deslizan por mi mejilla, provenientes de un solo ojo.
Estaba al punto de perder la razón.

— ¡Dios!

— Te traía ganas desde antes. — susurra en mi oído después de sentarse aún teniendo mi cuerpo sobre el suyo. Reparte besos con mordidas por mi cuello, la mandíbula hasta el lóbulo de la oreja y siento como suspira así de suave en mi oído. — Voy a ser considerado…

Me bajé de sus piernas sintiendo las mías temblorosas. Tomé asiento en la cama. Vi con unos ojos brillantes a Tom. Se acercó hasta a mí. Puso ambas piernas en medio de las mías.
Coloqué la mano en su trasero y le di besos en el abdomen. Bajo un poco más para tener acceso a su entrepierna. Abrí la boca para recibir toda su longitud. Mientras le chupaba no dejaba de acariciar su trasero a dos manos.

Creo que esa parte de él me gustaba.

— Me gusta sentir tu boca ahí pero no es momento de que me la chupes.

Me empuja con suavidad.

Llevó mis piernas hasta sus hombros. Empieza besando la planta del pie, los tobillos hasta tomar postura. Sentí la punta de su pene en mi entrada. Clavé mis uñas en su espalda y rasgué su piel a penas entró con esa grosería que causó un leve dolor en mis caderas. Comenzó a moverse sin control. Ambos gemimos como locos de tan excitados que estábamos.

— ¡Tom, sí..!

— ¡Joder! — chilló con los ojos cerrados. Me encantó ver cómo su frente se empapaba de sudor y caía por la sien. Sentí sus manos cerrarse alrededor de mi cuello y yo solo pude abrir más mis piernas para recibirlo.
Masturbé con toda la fuerza del mundo, la situación lo amerita.

— Mhmm… — muerde su labio inferior. — En cuatro, ¡ya! — exigió. Obedecí al toque y volvió a entrar. Apoyé la frente sobre la almohada. Mi cuerpo se tensó al sentir como me pegó en una nalga y jaló mi cabello hacia atrás.

Mi cuerpo se movía de forma bruta por la velocidad y lo duro que chocaban sus caderas en mis glúteos. Tocó un punto en el que me hizo morder el labio inferior. Llevar mi mano hacia la entrepierna y apretar justo en la punta para soltar todo ese líquido viscoso en sus perfectas sábanas de seda.

— ¡Mierda!

— ¡Mhmm! — caímos rendidos a la cama, empapados de sudor y volvió a su postura normal. De mi parte quedé bocabajo, mirando hacia la ventana sintiendo un pequeño arrepentimiento. — ¿Quieres mucho a Heidi?

— Sí… — susurro bajando mi cuerpo de la cama para sentarme en el suelo. Recogí mis piernas y me abracé a mi mismo.

— Que tontería. — se burla.
Molesto busco mi ropa para empezar a vestirme y salir de ahí hasta la habitación que me asignaron pero lo que dice me detiene en seco, asustado, dolido e impotente. — Ni siquiera es tu mamá de verdad, eres adoptado.

F I N

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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