
(One-Shot de wifeskaulitz)
Relato 20: Cuñado
By Tom
A pasos lentos me dirijo a la habitación de Bill, mi roomie en la u y cuñado por parte de mi hermano. Di varios suspiros antes de golpear la puerta tres veces. Detrás de ella se escucha un «siga» medio arrastrado.
Agarré la manija para poder pasar.
Lo que me recibe en su habitación es una espesa neblina con olor a marihuana.
Por supuesto que fui a abrir su ventana para que todo ese humo salga como si de una chimenea se tratara.
— Cielos, hijo… — murmura. Bill tiene los ojos rojitos y achinados de tanto fumar. — Estoy en un viajezote y vienes, mejor vete que en este estado no perdono a nadie.
— No. — quito las chanclas de mis pies para subirme a su cama y acostarme a su lado. Extiende el porro, lo recibí nada más para ahuyentar los nervios que sentía por lo que iba a pedirle.
— No vayas a decirle a tu hermano. — ríe divertido a carcajadas. — Me mata.
— Mierda. — expulsé el humo por la nariz y miro al techo. Le devuelvo el vareto empezando a marearme (ya que es primera vez). — Por poco y me parto de risa.
— Dios. — sigue riendo. — Ni al caso, cuñado… ¿para qué soy bueno?
— En este momento para todo. — nuevamente recibo el cigarro para fumarlo.
— ¿Qué es para todo, eh? ¿quieres que te venda, que te regale, que…?
— Ninguna de esas, Bill.
— ¿Entonces? — voltea para acostarse de lado y verme. A estas alturas ya no sentía nervios ni nada porque me pega rápido la hierba a mi.
— Voy a tener mi primera vez con un hombre y necesito saber cómo colocarla, como calentar… — remojo mis labios secos. Bajo la mano a su entrepierna y continuo: — ¿Me ayudas?
.
By Bill
— Claro. — rápido me levanté para ponerme sobre él, abrirle las piernas y acercarme con la intención de toquetearle pero sus nervios me hicieron detener. Lo miré a la cara con diversión. — ¿Eres virgen?
— Es que yo… ¡no quiero que me la pongas!
— ¿Acaso tú hermano te ha dicho que yo me dejo poner? — Tom niega con la cabeza, apenado y con el rostro sonrojado. — Yo le doy a él y en este caso si gustas también puedo ponerte a ti, no hay mucha diferencia, casi se parecen.
— ¿Qué tal los dos? — propone descaradamente. — Sería un secreto, Bill. Thiago nunca se enteraría, a parte somos amigos y los amigos se ayudan… pero para otra ocasión, este momento es de urgencia.
— Uhm. — analizaba el rostro de mi cuñado de arriba abajo. Tom tiene una carita bonita, como si fuera la de un chico posesivo pero es todo al contrario, muy dulce, tranquilo…
Ha sido buena persona conmigo, ¿por qué no hacerle el favor?
Sin más me acerco a su boca para besarle. El cuerpo se me ha llenado de morbo del solo pensar que sería como su maestro de sexo, mhmm, que cosas le podría enseñar yo a Tom hasta volverlo un completo pervertido y salga de ese caparazón de niño bueno, porque sé que en el fondo no lo es. Para nada.
— Bien, ¿cómo quieres que sea, Tom? Duro o dulce, ¿eh?
— ¿Dulce?
Me endureció la polla la voz de niño inocente que acaba de poner, definitivamente no lo quería dulce y más si me lo iba a poner a mí.
— Okay, lo haremos rudo.
— Bueno…
¡Uy!
Soy el maestro a si que son mis reglas, sí…
— Primero tienes que besarlo para calentar la situación. — Tom rodea mi cuello con las manos, llevando la delantera del beso y haciendo que me sienta un niño bastante inexperto en la situación. Me da un beso que me está robando el aliento y me pone muy malo. No dudo en empezar a hacer fricción de mi entrepierna en la suya que también está dura debajo de sus pantalones. — Acaríciame. — una de sus manos baja a mi espalda para explorar. Me arde la piel por dónde va dejando sus caricias.
Es genial.
Finalmente llega a mi trasero y mete mano por debajo de la ropa. Agarra una nalga de lleno, con la intención de que ambas entrepiernas se acaricien más sobre la tela de la ropa. Gemí en medio de ese beso. Alejo mi boca de la suya por obligación, por poco y me atragantaba con su saliva.
— ¿Lo hago bien?
— No. — terminé por subirme en su cuerpo por completo. Me quité la camisa para lanzarla por algún lado de la habitación. — Puedes hacerlo mejor.
Se acomoda mejor en la cama. Tiene la iniciativa de abrazar mis caderas y besarme en el cuello. Hice mi cabeza hacia atrás, con los ojos cerrados, disfrutando. Lamió la nuez en mi garganta muy sucia y baja hasta las clavículas. Me llena de besos intensos, chupetones. Más abajo están los pezones: a uno de ellos le da atención con sus dedos que forman una pinza y al otro con su boca. Se sienten demás sensibles. Mientras lo hace meneo suave mis caderas, de forma circular.
Tom está igual o más duro que yo.
Lo abracé por la nuca, apegando su cabeza más a mi torso. La mano que está estimulando mi pezón decide bajarla hasta mi entrepierna y tocar.
— Ah… — sentía clarito como la punta se me estaba mojando, con tan poco este iba a hacerme reventar… — Tom, quita tu mano de ahí, harás que se me baje y así no hay diversión al momento de enseñarte.
¡Dios! menos mal obedeció.
— ¿Qué sigue?
— Tienes que seguirle dando placer a tu pareja, ¿está bien? sigue explorando, yo te diré hasta donde… — cambiamos de posición para que este se suba sobre mi cuerpo. Le ayudo a quitar la parte de arriba de su ropa. La garganta se encuentra seca de solo ver un torso tan perfecto como el suyo. Recoge las rastas en un intento de moño y continua. Da besos mojados por en medio hasta llegar a mi abdomen. Ya sentí mi cuerpo temblar solo con sentir su respiración cerca de mi zona íntima.
Le ayudé a desabrochar el pantalón.
— ¿Quieres que también bese ahí?
— Sí. — comenté casi en un gemido.
Tom obedece tranquilamente y de una manera tan inocente, propia de él. — ¡Mhmm! — enloquecí cuando bajó los boxers y mi virilidad golpeó en su rostro. Tom no esperó mucho para meterlo a su boca. — ¡Ah! — ya quería decir puras cosas sin sentido de lo bien que me estaba sintiendo.
Le ayudé a quitarme la ropa molesta que estaba en mis piernas para estar expuesto, de una vez.
Este me toqueteaba los huevos con sutileza.
Muy delicado el muchacho.
— ¡Ay! — aplasté su cabeza en contra de mi pene para que se lo trague. Agarré ese mundo de rastas para guiar su cabeza de arriba hacia abajo logrando empapar todo mi pene de sus babas, las mismas que se escurren por mis testículos para perderse por el canalito del trasero. — ¡Mhmm!
Ya casi sudaba frío.
— Basta.
— ¿Qué?
— Ahora quiero yo. — hablé entre jadeos. Vaya que si me costaba pronunciar una palabra por lo agitado que estaba. Rápido fui a besarle la boca, era una mezcla deliciosa entre el sabor de mi entrepierna y sus babas.
Fue lo más excitante que hice.
También le obligué a acostarse en la cama para quitarle la ropa.
— Haré una excepción por ti, dejaré que solo tú lo metas, ¿está bien?
— Sí, pero… ¿qué me vas a hacer? no hay mucho que puedas hacerme a mí porque aiqksnsk… ay… — yo también metí su pene a mi boca mientras estimulaba el mío. Le veía cada una de las expresiones que hacía desde abajo. Yo si le succionaría hasta el alma con tal de verlo así. — Joder, Bill… hay algo dentro que quiere salir, ¿por qué ahora?
— Aguanta.
Quería burlarme de él por sus intentos fallidos de retener su orgasmo y es que las chupadas que le daba tampoco ayudaban. Tom hacia puño en las cobijas, apretaba mucho los ojos y sus piernas se ponían tensas.
Debía calmarme yo también si quería probar un pene en el interior.
Sería mi primera vez.
— ¡Noo!
— Shh. — apreté la punta evitando una corrida que arruine la situación. — Todo está bien.
— Quiero acabar, Billy, déjame hacerlo.
— Ow. — mi corazón se enterneció ante el pucherito lindo que formaron sus labios. — Ven aquí. — ambos nos pusimos de rodillas para besarnos. Las puntas de nuestras entrepiernas se restregaban sin querer dando unos buenos toques eléctricos. — ¡Oye! — en un abrir y cerrar de ojos fui colocado a cuatro patas en la cama. ¡Tenía el rostro de mi cuñado entre mis nalgas! lamiendo una y otra vez aquel agujero estrecho para lubricar. — ¡Tom! ¡uhah! ¡mhmm!
¿Ahora quién parecía el maestro?
¿Él o yo?
La respuesta estaba clarísima en estos momentos.
— ¡Ah! — la cabeza mía fue a parar escondida bajo las colchas. Sudaba en demasía al igual que mi boca no podía dejar de hacer ruidos de placer. — ¡Joder! — llevé una mano hasta su cabeza para hundir en esa zona que estaba mojada.
Después, ¡cómo si quisiera dominarme! agarra mi mano y la coloca en mi cintura. Grité por el azote tan fuerte en mi nalga.
— ¿Qué sigue, eh?
— Meter…
— ¿Así?
— ¡Sii, mhmm! — dos dedos entraban en mi interior. — ¡Ay! ¡au! — los abrió como si fueran unas tijeras. Me dolía pero estaba bien.
Ese dolor se sentía bien.
— ¡Mierda!
— ¿Ya? ¿puedo?
— Ujum. — asentí mordiendo mi labio ansioso.
— Esta parte me asusta.
— Con confianza, ya está lo suficiente lubricado, ¿okay?
— Bueno… — di un golpe en la cama. Me salían lágrimas de los ojos por el dolor que me causaba su pene duro al entrar. Tom gemía y maldecía una y otra vez. También contaba los números quizás para distraer su mente y evitar ponerla en su cabeza de abajo porque estaba por correrse.
Lo sentía como si fuera parte de mí.
— ¡Tom!
— Mierda, Billy, no lo controlo… quiero, quiero… ¡maldición!
Derramó sus fluidos en mi interior.
No fue impedimento para que yo mueva mi trasero con lentitud, buscando necesitado de su polla. El dolor se volvió a una necesidad y lo quería, quería fuerte, ¡lo deseaba!
A si que Tom apretó su agarre en mis caderas para moverse de adelante hacia atrás, sin ninguna pizca de delicadeza. Ambos gemimos como locos y pues claro, si estábamos drogados… bueno, yo más que él.
Me ponía eufórico. Podría coger toda la noche sin cansarme pero tampoco tenía que abusar.
Es extraño para mí porque con mi pareja siempre fui el activo y terminar siendo el pasivo con mi cuñado estaba de otro nivel.
— ¡Mhmm!
— Ay, Bill… — una de sus manos ascendía por toda la humedad de mi espalda hasta colocarla en el hombro para hacer que mi cuerpo también choque fuerte y su miembro se hunda. — Agh…
— Sisisi… ¡Tommy, sí! ¡así!
Gemiría hasta quedarme ronco porque realmente estoy disfrutando, ¡me encanta!
— ¡Mhmm! ¡uh! — enredó mi cabello en su mano y tiró de él hacia atrás.
Se movía como un loco en mi interior, no había palabras para describir la fuerza tan bruta con la que yo estoy siendo follado.
— Ay, Bill… dime que lo hago bien… joder… ¡califica! — chilla histérico. Me nalgueó con la mano izquierda y esa pega más fuerte.
— ¡Mil sobre diez! — grité gracias al dolor que sentía en el glúteo. Tiene las manos muy fuertes, duras y vaya que si siento como si me hubiera lastimado. — ¡Pero no me pegues!
— Me desespero… — ambos caímos en la cama. Tenía a Tom sobre mí, con el pecho apegado en la espalda, sin dejar de usarme. Escurrió la mano por debajo de mi cuerpo para tocarme el pene, sin contemplación. — ¡Dios! no puedo más, ya voy a acabar…
— No. — escuché su risa malvada. — Súbete, quiero ver cómo acabas…
El calor en mi cuerpo se encendió. Seguramente estaba todo rojito hasta una gran parte del pecho. Gateo tembloroso hasta ir donde se acostó y subirme con su ayuda. Guié su entrepierna a mi trasero y lo metí de golpe. Me movía rápido con su ayuda. Nos mirábamos fijamente a los ojos, no resultó incómodo, al contrario, aquello me incitó a darle besos en la boca mientras gemía.
— ¡Mhmm!
— Dios… — el cabello se me pegaba a la frente. Me tocaba los pezones sin control, llenaba los dedos de saliva y los empapaba con la intención de que al acercarme una vez más, sienta la respiración de Tom cerca de ellos y se pongan duros. — Ya, ¡no puedo más!
Muy extraño viniendo de mí.
Vaya que me había agotado tener esto con él…
— Yo tampoco, ¡ah!
— ¡Sí! — esta vez me corrí yo mirando hacia el techo. Mi vista se nubló y reí como un completo desquiciado. Después lo hizo Tom pero echándolo a fuera y dejó caer sus brazos a los lados, rendido. Los dos estábamos bañados en sudor.
— Joder, gracias…
Me tomé el atrevimiento de acostarme a su lado, poner la cabeza en su pecho mientras seguía recuperando mi aliento.
— Me dices como te fue…
&
Al siguiente día:
— …amo los planes que tienes para los dos, Bill. — rodeo la cintura de mi novio con una sonrisa imborrable.
Amanecí de buen humor que le invité a una cita en su restaurante favorito.
Thiago voltea para mirarme. Eleva un poquito sus pies para besarme.
Me causaba gracia porque era muy bajito, mide más o menos, un metro sesenta.
Es más pequeño que Tom… yo les pasó a ambos pero a Tom no tanto, ni se nota la diferencia.
— ¡Bill! ¡Bill!
— Ahí viene el fastidioso de mi hermano. — rodea los ojos con fastidio y cruza los brazos. Ahora que recuerdo ellos dos no se caen bien, tienen una mala relación de hermanos y yo…
No puede ser.
— Luego nos vemos, Bill. — asentí mirando como Thiago se iba furioso y Tom le veía como un bicho raro.
— ¡Si funcionó! — exclama feliz. — Le gustó… bueno, a él porque a mí no tanto… no hizo me sentir como tú.
De inmediato mi mente comenzó a maquinar perversiones que podría llegar a probar con él…
F I N
(Se imaginan una historia donde Bill sea activo y pasivo al mismo tiempo JAKAJAJA)
No?
Bueno.
(Si hay historia: «Corrompiendo a Tom»)