
(One-Shot de wifeskaulitz)
Relato 19: Fisioterapeuta
Siempre antes de llegar a la casa Kaulitz me daba alientos para poder sobrellevar la situación del hijo de la señora.
Yo sabía que no estaba nada cool el perder el movimiento de las piernas y quedarse atado a una silla de por vida pero… no era excusa para que al tipo le de por tratarme como más le daba la gana.
Estaba muy emocionado de saber que le harían una operación para saber si volvería a caminar pero no sucedió, el no pudo volver a caminar. También como yo no pude deshacerme de él, me trataba tan mal que me encerraba en el baño de su habitación a llorar como nunca.
Sus comentarios son destructivos, me duelen en el alma.
Llevo con esta tormenta un año a penas y siento que nunca va a terminar…
— Buenos días, Bill. Cómo siempre tan puntual.
— Gracias, Charlotte. — sonreí mirando al suelo. Ella toma ambas manos para mirarme. Era una mujer tan buena pero su hijo era una porquería.
— Tom está en su habitación.
— Gracias. — me despedí de la mujer de un beso en la mejilla para poder ir corriendo por las escaleras, mientras más rápido haga mi trabajo pues mucho mejor. Golpeo la puerta antes de entrar y desde ya se escucha un grito histérico de su parte, pero también yo venía de mal humor y con ganas de atacar.
— Ah, llegaste cabeza de mujer en cuerpo de hombre, ¿cuando será el día en que deje de verte?
— ¿Quieres callarte? Tu voz me estresa.
— Uhm. — se acerca en esa silla de ruedas hasta donde estoy. Avergonzado le doy la espalda para buscar unas cobijas térmicas pero es tan abusivo que como si yo le hubiera dado la confianza ¡me da una nalgueada!
— ¡Ihh! — volteo a verlo con enojo. Aprieto el puño, clavando las uñas en la palma de mi mano con histeria.
— ¿Qué tienes — remoja sus labios, analiza mi rostro de arriba abajo.
— Que sea última y primera vez que haces eso.
— Ajá. — me da otra en la otra nalga y termina riéndose como un loco.
— ¡Tom! — exclamé, más que enojado yo me había encantado por la bonita risa que tiene, por lo lindo que se achinan sus ojos al reír, ojalá fuera así de risueño siempre cuando me ve.
Le perdonaba que me haya nalgueado si eso causaba un buen humor. — Dios.
— Ya, lo lamento… — asiento volviendo a lo mío. — Estás muy serio, Bill, ¿qué tienes?
— No creo que te importa.
— Me importa, no quiero que mi sirviente esté de mal humor cuando yo también lo estoy, no pueden haber dos malhumorados en un mismo lugar.
— ¿Y qué?
— Quiero saber.
— Es privado. — voy hacia la ducha para encender el jacuzzi. El agua hirviendo ayudaba mucho en mis terapias pero lo malo era verlo solo con esos boxers, me resultaba un peligro.
— Por favor. — me quedé atónito ante esas dos palabras. Tom jamás pedía algo de por favor, siempre era obligación para todo. Le veo de soslayo empezar a sacarse la camisa.
Caminé unos cuantos pasos para ayudarle a sacar la cobija que envolvía sus piernas torneadas y finalmente, el calentador. Estaba muy cerca de él. — ¿Me la quieres chupar o qué?
— ¡No! — exclamé cayéndome hacia atrás, muy torpe. Tom arquea una ceja divertido.
— Si iba a dejar que lo hagas. — solito va al baño. Yo voy detrás de él después de quitarme la ropa para quedar solo con una franelilla y unos shorts que por poco y se me veía la nalga. Con fuerza hago que entre al agua y después yo me senté, delante de él para empezar. — Cuéntame, ¿puedes?
No respondí.
— ¿Sigues depresivo por tus mallitas de abeja?
— No. — susurro acariciando lo largo de su pierna derecha, hasta el muslo más cercano a su entrepierna. — Ya no las recordaba.
— ¿Entonces?
Otra vez no respondí.
— ¿Entonces? — cuestiona una segunda vez.
— Porque iba a casarme, Tom. — dejé su pierna de lado, estaba muy triste que me dieron ganas de ponerme a llorar y lo hice en su cara. — El idiota tres días antes me confesó que estaba saliendo con alguien más porque no le daba tiempo. — sollozo mirando a un lado. — Me dijo cosas más horribles de las que dices tú.
— Mhmm.
— Si, si, ahorita me vas a decir marica, gay, cabeza de muñeca en cuerpo de Max Steel… — al escuchar eso Tom se rió a carcajadas y yo seguí. — …jirafa, poste, Slenderman y todos esos insultos pero no me importa. — necesitado de un abrazo me acomodé entre sus piernas, apego mi pecho al suyo y rodeo su cuerpo entre mis brazos con fuerza.
Apegué la mejilla en su hombro, no paraba de llorar. Tom después de pensarlo mucho también me abraza y acaricia mi cabello negro.
— Lo siento.
— Estaré bien. — trato de alejarme de él pero lo evita jalando la mano. Me acerco tanto que puedo sentir su respiración. Hace un amague de besarme pero me alejo con un poco de miedo y pena.
— Yo no te haría eso. — susurra. — No jugaría con un niño tan bonito como tú, dejando de lado todas las mierdas que te he dicho, son placebos…
— Tom… — nos miramos. Esta vez el que se acercó rompiendo la poca distancia que quedaba fui yo. Rodeo el cuello de Tom con ambos brazos para sentirlo cerca. Él coloca las manos en mi trasero para apretar y separar las nalgas, excitándome.
Bajé mis besos por su mentón y al cuello. Amé aspirar esa loción de cerca que suavecito se mezclaba con la mía. — Ah… — la yema de sus dedos juguetea en mi entrada. Mantenía el short apartado para que no le moleste a lo que estaba por hacer. Yo volví a besar a Tom con todas mis ganas. Bajé la mano, explorando ese abdomen marcado hasta llegar a su entrepierna. Metí la mano debajo de los boxers, sintiendo su dureza.
Creo que su polla estaba más caliente que el agua.
— ¡Mhmm! — abrí los ojos mirando al techo. Tom aprovechó para besarme en el cuello mientras metía y sacaba sus dedos de mi interior. Mordía mi labio inferior, meneaba mis caderas de adelante hacia atrás. Ingresa un tercer dedo en mi trasero.
Bajo la mirada.
Me encontré con la vista más bonita, Tom tiene la boca entreabierta, las mejillas rojitas y sudor cayendo de su frente, en pocas palabras estaba babeando por la vista erótica que tenía de mi persona.
Claro que me sonrojé por ello.
— Ya quiero entrar en ti.
Me descontrolé y ya estaba pensando con la cabeza del pene.
— ¿Quieres ir a la cama? — cuestiono por lo bajo.
— Me gusta aquí, solo haz que baje el agua. — buscaba a ciegas la tapa del jacuzzi para que el agua se vaya. Tom besaba mi pecho sin dejar de bombear con sus dedos, muy intenso.
— Ah…
— Listo. — sonrío de lado.
Una vez que el agua ha bajado lo suficiente me dedico a quitarle el boxer para por ver después de mucho su polla. Está muy dura. Bajé para meterla a mi boca y chupar con ansias. Tom también gemía como todo un macho, quizás sintiendo la gloria pura después de estar en abstinencia por obligación. Acaricia mi espalda con esa mano tibia, mandando fuertes corrientes excitantes por todo mi cuerpo hasta centrarse en un lugar específico. — Tu trasero, joder… quiero entrar antes de hacer un despelote.
— A la cama…
— Genial, tu ganas. — salí del jacuzzi para poder quitarme la ropa mojada. Lo dejé en el lavamanos para poder envolverme en un albornoz. Hago fuerza para que se siente en la silla, trato de ir hasta las manijas para llevarlo pero el me jala para que me siente sobre él y así ir hasta la cama.
Entre besos vuelve a despojarme de la ropa. Tuve que levantarme para ayudarle a echarse y así después yo subirme sobre él.
Agarra su miembro para llevarlo a mi entrada. Apoyé ambas manos en su pecho, con los ojos cerrados para retomar aliento porque ya lo tenía todo adentro. Me muevo de adelante hacia atrás con ayuda de sus manos en mi cintura, gimiendo abiertamente.
— Ah.
— Dios, si… — murmura Tom, explorando mi cuerpo con emoción, me acaricia la espalda, los brazos, las piernas, aprieta las nalgas fuerte… pasa un dedo por la comisura de mis labios y yo lo atrapo para lamer. — Que sensual… erótico…
— Tom. — balbuceaba. — Oh…
— Mi chico porno cuanto te he deseado.
— ¡Ah! — estaba siendo un buen jinete en la polla de Tom. Arrimé mi cabeza contra la suya para mover las caderas, batiendo de la mejor manera, demostrando lo bien que le puedo hacer sentir como el a mí.
— Trae tu boca aquí, deseo sentir ese piercing en la mía. — muerde el labio superior para empezar un beso descontrolado, agitado, brusco.
No tardaba mucho en subir y bajar, tragando cada centímetro de virilidad.
Era imposibles no clavarle las uñas en el pecho y después en los brazos si se estaba sintiendo jodidamente bien.
— Estoy harto. — dice dejando de lado mi boca. Arremetió en mi contra, tomando impulso para quedar sobre mi cuerpo. Lo veo con los ojos bien abiertos, el corazón me latía a mil por ello. Estábamos acostados a los pies de la cama, lo tenía entre mis piernas buscando mi entrada. Al darme cuenta iba a quejarme de ello pero se adelantó callando con un beso y entrando otra vez. Continuo el beso, abrazándole por el cuello, gimiendo duro. — Después te diré la verdad…
Desciendo por la espalda, lastimándole con mis uñas hasta posar en su trasero. Este me penetraba con una fuerza increíble.
— ¡Tom! ¡ah! — mi cuerpo subía y bajaba debajo del suyo. Era tanta la dureza que sentí como acabó en mi interior y continua moviéndose.
Besa en mis hombros, los pechos, profundizando y así logrando que acabe yo también de a montón. Me manché y le manché el pecho a él.
— Bill. — susurra al alejarse. Lleva una pierna a su hombro para así volver a acercarse a mí. Me siento abierto, muy húmedo en mi parte trasera, ya comienza a hacer sonidos como si fuera un perro tomando agua. — Joder… voy a terminar.
— ¡Uhmmm! — gemí mientras mordía mi labio y arrugaba el entrecejo. Frotaba mi entrepierna para que yo también acabe con él, casi al mismo tiempo. — ¡Mierda, sí! — pequeñas lágrimas abandonan mis ojos y a la vez una sonrisa adornaba mi boca. Con eso pude dejarme venir de lleno en su mano.
— ¡Uff! — era rellenado una segunda vez.
Todo se sumió en un silencio ensordecedor. Su polla cayó flácida fuera de mi cuerpo pero en ninguna momento se separó de mí. Acaricia mi mejilla con mucha dulzura y me besa otra vez.
— Bill.
— ¿Mhmm?
— La operación si funcionó y también tus masajes.
Cierto…
le di un empujón con molestia y me levanté de un salto de la cama para cubrir mi cuerpo con el albornoz.
Tenía vergüenza y rabia acumulada.
— ¡Me mentiste! — grité colérico. Recogía mi ropa para poder salirme de la habitación pero viene hacia mí, CAMINANDO.
SI.
CAMINANDO PORQUE PUEDE CAMINAR, para evitar que me vaya. Me encarcela entre su cuerpo y la puerta para que no me vaya. Quitó la ropa de mis manos y yo lloraba impotente porque sabía que quería irme lejos de él por sus tratos y…
— Quería venganza porque te escuché hablar con mi madre sobre lo cansado que te tenía con mis tratos, querías irte y yo no quería dejar de verte, ¡hacías mis días felices!
— No te creo…
— De verdad. — dejé que me abrace porque lo necesitaba también, soy un completo desastre que no se da cuenta de las cosas. — Me gustas… muchísimo… que me ví en la necesidad y te compré tus medias de abejita.
— Pero…
— Si, soy un idiota, dime todo lo que quieras pero soy un hombre enamorado.
— Mierda.
— Si me perdonas te las doy, ¿está bien?
— Te perdono entonces. — sonreí al separarme de él. Agarra mi mano para guiarme hasta el closet, saca de ella una cajita bonita con medias de algunos colores y entre ellas mis favoritas.
Las de abejita.
F I N
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