Relato 18: Atracción llamada amor

(One-Shot de wifeskaulitz)

Relato 18: Atracción llamada amor

— Baja el arma. — entro apuntando a Tom con la pistola negra logrando que se tensara ante mi voz. Para cuidar mis huellas usaba guantes del mismo color.

Dos tipos temidos juntos en un mismo lugar era algo de asustarse y en el peor de los casos, que estos se hayan relacionado de una forma poco profesional para buscar formas de deshacernos.

Cómo quien diría, al enemigo hay que tenerlo cerca pero Tom estaba demasiado.

Iba a olvidarme por completo la razón por la cual me acerqué a Tom, tenía el objetivo de acabar con su vida para tomar posesión de sus propiedades, lujos, drogas… si no me hubiera echo sentir cosas que jamás esperaba. Se sentía bien estar protegido entre sus brazos, tanto que asustaba y me daba miedo sentir más allá, por eso era mejor no involucrar los sentimientos.

Un día desapareció de mi vida, dejándome mal y a penas me enteré que volvía le tendí una trampa para hacerle pagar mi sufrimiento. Ahora estaba aquí, indefenso y con todos sus hombres sin movimiento.

El rencor llenaba mi cuerpo, me cegaba pero primero quería oírle rogar por su vida.

Caminaba a su detrás, sin bajar el arma pero con el pulso a mil. Respirando agitado y sin controlar las lágrimas inoportunas que salían sin parar.

— Bill.

— ¡Cállate!

— Joder.

— ¡No te muevas! — quité el seguro de mi pistola justo cuando volteó a verme. Tom me miraba con una sonrisa y yo sentía que mi estómago se contraía del asco. — Hoy voy a disfrutar mucho acabar contigo. — sonreí ladeando la cabeza sin despegar mis ojos de los suyos. — Pero primero ruega por tu vida, sucio perro. ¡Hazlo!

— Necesito decir unas palabras.

— No.

— Es necesario, Bill.

— Solo cállate, dios.

— Gracias por dejarme hablar. — cruza los brazos, muy tranquilo el tipo. — Uno de mis hombres tiene una bomba, si nos matan también nos van a seguir atrás, derechito al infierno a si que es mejor que bajes tú el arma y les digas que nos dejen solos, para dialogar como personas civilizadas.

— ¿Por qué debería?

— Digo la verdad… — la sincera mirada que me daba me hizo dar unos escalofríos horribles, por alguna extraña razón le creía. Levanté la mano en señal de que salgan junto a los hombres de Tom pero que se mantengan alerta en caso de actuar. No quería arriesgarme demasiado cuando se trata de él, es igual de tramposo que yo. — Ahora ven aquí, deja de fingir y di que me extrañaste.

¿¡Pero quién se creía!?

— Te aborrezco, Trümper.

— Mentira. — muy confiado da pasos lentos hasta que el arma toca su pecho, justo en la parte de su corazón, así le va bajando, haciendo que explore su abdomen hasta posar en su entrepierna, la cual se puso dura de inmediato por los movimientos que hacía con esta. Las manos me estaban temblando solo por tenerlo así de cerca, me olvidaba hasta como se pronuncia una palabra, la forma de pensar y como reaccionar.

Trago saliva para remojar la garganta, ignorando que también estoy sintiendo como mi entrepierna quiere reaccionar ante la babosada que está haciendo.

No es normal pero viene de Tom Trümper y todo suele verse bien con él por más mal que esté.

— ¿Mami extrañó a papi?

— Jódete. — levanté la mano y la descargo en su mejilla. Mi ex voltea el rostro, con una expresión de dolor.

— Ya te dije que tus golpes son como rasguños. — decidí darle otro en la otra mejilla. Eso le da impulso a Tom a lanzarse sobre mi como un león para devorar su presa. Caemos al suelo, obviamente me llevé el golpe más fuerte en la espalda. Forcejeamos el arma mientras nos revolcamos. En ningún momento me doy por vencido hasta que quedé sobre él pero inmóvil porque el arma se disparó sola.
Nos miramos fijamente a los ojos, asustados, así aprovecha para lanzarse a mi boca y robarme un beso.

No reaccioné, no sabía si estaba herido o algo así y por supuesto que me arrepentiría de haberlo dañado.
Termina por quitarme el arma, le lanza lejos de mi vista y volteamos una vez más para quedar sobre mí.

— Basta.

— Te juro que te voy a matar. — seguía aferrado a la idea al verlo sano, sin ninguna muestra de dolor.

— Ajá. — enlazó sus manos con las mías para guiarlas sobre mi cabeza y tener acceso a mi. Gimoteaba rabioso, odiaba esto…

Odiaba caer rendido entre sus brazos.

Odiaba lo bien que me hace sentir.

Odiaba…

Ay.

Tom besa mi cuello con dulzura, lame y succiona la parte de mi piel débil. Gracias a ello tuve una erección dolorosa y también por la forma tan descarada de restregarse en mi. Abrí la boca para tomar aire y calmar mi respiración, pero era muy bueno, no quería que se detenga, en ningún momento.

— No te oigo protestar. — con las mejillas ardiendo trato de seguir forcejeando para que me suelte, pero le provoqué una risa ronca que envía escalofríos de placer a mi cuerpo, estaba perdiendo el control sobre mi mismo.

Tom iba a ganar…

cómo siempre.

El calor que invadió la situación le obligó a Tom a despojarme de la ropa que traía, obviamente cooperé porque ya rendido también lo deseaba.

Deseaba estar con él.

Sentirme protegido.

Voltea mi cuerpo para que le dé la espalda. Con el cinturón amarra mis manos de manera experta, así estaba inmóvil, no tenía movimiento alguno para hacer lo que quería. Lloré débil al sentir como su fuerte mano azotaba mi trasero desnudo sin ninguna pizca de compasión.

— Tom, no… — el frío metálico de una pistola recorría mi espalda, eriza mi piel, en vez de asustar me gustaba. Altera mis hormonas tanto como yo altero las suyas. — Por favor.

Le gustaba el sexo cuando era un momento como este, de reconciliación, porque mientras más se niega, mejor se siente y lo hace de una forma brusca.

Para nada gentil.

— No me obligues a hacerte daño.

— Eres lo peor…

— En eso tienes un poquito de razón… — detiene entre las nalgas. Tom es tan morboso que podría llegar a estimular con eso sin imaginar el riego que puedo correr.

¡Me quedaría sin bolas!

— ¡Déjame! — cabreado empiezo a patalear, no quiero que me folle (a pesar de tener una erección que demuestra lo contrario) debo darme a respetar también, no lo tolero, no quiero.

¿O sí?

— Por dios…

Tom separa mi nalga para poder escupir y como dije, estimular mi entrada con esa mierda. El miedo y la excitación eran una mezcla extraña pero buena, nunca está demas abrirse para probar cosas nuevas. Estaba frío. Solo jadeaba por lo bajo, ya listo para sentir como volvemos a ser uno solo. Acerca su entrepierna a mi entrada para hacer movimientos circulares, para que se riegue entre todo ese anillo la saliva que volvió a poner y así entraría de golpe. Grité mucho, me corrí al instante solo con sentirlo,  seguía jodidamente duro esperando por él.

Porque solo es a él a quien yo deseo,  siento una pequeña atracción llamada amor. Me odiaba a mi mismo porque esos no eran mis planes.

Nunca lo fueron.

— Mierda, no… ¿qué…

— Shh. — dejé de sentir el arma cerca. Al mirar de soslayo también le mandó lejos, casi cerca de la mía y estaba concentrado totalmente en mí. Apegó su cabeza, arremetió sus caderas hacia mi, trata de recomponer su respiración mientras circula con lentitud, desesperándome. — Bill…

— Ah… — despeja una parte de mi cuello dónde se encuentra mucho cabello y besa.

Me di un frentazo en el suelo, el rostro lo tenía lleno de sudor y saliva se escurría por mi boca, muy pronto formaría un charco de mis babas.

— Mhmm…

— Mueve, por favor. — lloriqueo.

No estoy avergonzado de mostrarme así con Tom, nos hemos visto hasta en nuestros peores trapos y jamás hubo incomodidad, nos vimos en malos momentos y… siempre tratamos de complacer al otro para que deje de lado todo sentimiento negativo.

¿Así era el odio o cómo?

— ¡Mhmm! — adoro la manera en la que se mueve. Agarra mi cabello en una coleta para poner mi cuerpo en posición de perro. Eso le permite tomar la fuerza necesaria para comenzar un vaivén de ritmo constante.

Me desestabilicé por un momento, estaba temblando de las piernas tanto que no pude evitar llevar mi cuerpo hacia adelante y apegar mi cabeza en el amarre de mis manos como apoyo.

El eco que se forma en el lugar es muy mal amigo, ya todos allá afuera deben saber que sus jefes son un par de maricas que les encanta armar drama para después terminar de la mejor forma.

Miraba por la ventana, el viento entraba calando mis huesos y siendo reemplazo de una fuerte ola de calor.

Me niego a creer que estoy desnudo, en una bodega pública, con mis hombres allá fuera esperando una señal de ataque en contra de los hombres de Tom y nosotros muy preocupados aquí, revolcándonos en nuestra propia miseria.

— Suéltame. — pedí entre gemidos. Necesitaba sentirme libre si estoy teniendo sexo en cualquier lugar como lo hacen los animales, también tenía derecho a hacer las poses que quisiera para complacerme, después me preocuparía en acabar con su vida pero de momento no.

Me encanta.

— No. — dice, con una voz grave, varonil.

— ¡Ah! — que rico era el contacto de su lengua recorrer por la piel sudorosa y que muerda sin hacer presión. — ¡Dios mío!

— … sabes que amo tener el control, Bill.

Agarra mi trasero a dos manos, continua con el maravilloso movimiento de caderas que me enloquece. Saqué la lengua, mirando hacia el techo. Tom decia que eso me hace ver más sucio, pornográfico…

— Me encantas, te juro. — sale de mi para poder quitar la correa. Esta vez fui yo quien decidió voltear y continuar abajo. Tom se abre espacio entre mis piernas para poder besarme . Le abracé con las mismas, apoyando las manos en el suelo y retomando ese beso embriagador.

Me abraza para apegarme a su cuerpo.

— Ven. — me levanta entre sus fuertes brazos. Entre besos se dirige hacia donde estaba una caja que podría cargar con el peso de los dos. Tom asiento en ella. Aflojé el agarre en su cintura para hacer que mis pies toquen suelo.

Tomé impulso para elevar mi cuerpo y volver a bajar, escondiendo su polla en mi trasero. Gemimos en la boca del otro para callar.

El que tenía el mando ahora era yo pero con la ayuda de sus manos en mis caderas. Movía de adelante hacia atrás. Aruñé la piel de su espalda, dejaba chupetones notorios, por el momento estaban rojos ya después se volvería en tonos lilas.

— ¡Argh! — en lo único que puedo pensar es en su pene. Lo disfruto tanto. — ¡Tom… sí! — echo mi cuerpo hacia atrás. Tom coloca la mano desde mis clavículas, explorando mis pechos, el abdomen y baja para acariciar mi polla.

En vez de darle atención él se aferra a mi, pone sus piernas firmes y bien abiertas para meterme con una velocidad increíble. Desde abajo le veo la capa gruesa del sudor por hacer esfuerzo, sus músculos están tensos pero no es impedimento para hacerlo.

— Mhmm, Bill… ¡Agh! — chilla como un animal. Sin retenerse.

Todo en mi mundo está de cabeza.

Tom pone mi mundo al revés.

Jodidamente bueno, encantador y perfecto.

— ¡Tom! ¡joder! ¡aaah! — quería volver a mi postura pero en un intento ambos nos caímos. Lo bueno es que no paró, le halló una buena pose. Arquea mi espalda para solo mover mi cintura. La cabeza está recostada en el suelo, sintiendo una buena sensaciones entre el frío y el calor.

Era una cosa de locos.

— ¡Aaaah! ¡n- no puedo, Tom! ¡mhmm! — dirigí la mano a mi entrepierna, para darle los últimos toques de estimulación. Moví la mano como un loco, con los ojos cerrados.
Morí cuando escupió en la punta para ayudar a que resbale, con ello causó que explotara sin control, que mi cuerpo tiemble y que no se retenga ya que apreté sin querer el trasero.

— ¡Uuiojhh!

Tom apega su pecho al mío, rendido.

Le abracé fuerte a modo de que sienta su cuerpo encarcelado y también mi calor. Después de recomponernos, estábamos acostados entre todas esas cajas, le tapaba la entrepierna con mi rodilla y él mi cuerpo con su camisa.
Nos besamos una y otra vez pero lo que dijo a continuación me desmoronó entero:

— Me fui porque tenía miedo de sentir cosas por ti, Bill.

F I N

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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