
(One-Shot de wifeskaulitz)
Relato 17: Gemelas
— Billie. — mi nombre acompañado de tres golpes en la puerta hizo que me levante con algo de molestia.
Estaba a punto de echar el mejor sueño de mi vida.
— Voy. — busco a ciegas las chanclas para poder ponerme.
— Billie.
— ¡Que ya voy! — grito saliendo de mis casillas.
— Abre.
— ¿¡Qué quieres, Tamara!? — esta vez le grité en la cara cuando abrí la puerta. Ella abre mucho los ojos con susto.
— Perra histérica, no me grites.
— Ajá, ¿que mierda quieres? — cruzo los brazos arrimando la espalda en la madera. — Son las ocho de la noche y ya estoy a punto de dormir.
— Bueno, hoy harás una excepción. — entonces entra a mi habitación sin permiso. Cierro la puerta de golpe, irritada.
— ¿Qué quieres? — vuelvo a cuestionar tirando el cuerpo a la cama de vuelta. Solo tener la presencia de mi gemela ya me pone de mal genio.
Es tan arrogante.
— Verás, se que no nos llevamos bien y todo eso, pero… hoy tengo una cita…
— ¿Tú? — arqueo una ceja. — ¿Con quién pues?
— ¿Qué te importa?
— Bueno. — sonrío de lado. — Entonces no te ayudo.
— Ni siquiera sabes en qué.
— Igual.
— Hermanita.
— ¡No! — se tira sobre mi cuerpo para hacerme cosquillas. No puedo evitar soltar carcajadas. — ¡Basta! ¡No! — sigo riendo sin parar. — ¡AAAH! ¡MAMÁ!
— ¡Shhh! — tapa mi boca con su mano fuerte. Arrugué el entrecejo. — Por favor
Alejé la mano, ella no tuvo de otra más que sentarse en el borde de la cama. Mira al suelo algo apenada. Recobro mi postura pero de sentarme a su lado, buscando lo interesante que es mirar al suelo.
— ¿En qué?
— Tengo una cita con Hugo Darell, el chico nuevo…
— ¿¡Qué!? — regreso a verla con los ojos bien abiertos. — ¿El guapo rizos de oro y ojos color mar?
— Sí.
— Ah, que bien… — miro hacia la pared con indiferencia. — ¿Qué tengo que ver yo?
— Quiero verme bien. — remoja sus labios. — Usar algo de maquillaje, ropa apretada, tacones, esos calzones que se te meten en el culo, ¿cómo se llaman?
— ¿Hilo?
— Sí, eso… quiero verme hermosa para él, hermana. Darell me gusta mucho y quiero causar la mejor impresión.
— Mhmm… — voy directo al closet. Tenía la ropa ordenada por sección y color. Para mi linda hermana elegí un vestido bonito negro de cuero, unos zapatos de tacón bajo y anchos, unas copas para que no se le marquen los pezones, la tanga, uñas postizas negras y grandes, también para sus pies y… mhmm, ¿qué más falta? — Niña, ¿con respecto al maquillaje? ¿qué se te antoja?
— Algo natural, Billie. Quizás se me vaya todo en el sudor por los nervios.
— Nah, no pasa nada. Es a prueba de agua. — agarro todo lo necesario para preparar su rostro antes de maquillar. Dejo las cosas a un lado y con nervios me dirigí hacia ella, para quedar frente a frente. — Necesito que se acuestes.
Obedece sin decir nada. Me subo sobre su cuerpo, con las piernas a los lados. Le acomodé las almohadas para que quede un poco inclinada y comencé a hacer lo mío.
— ¿Crees que voy a quedar bonita?
— Preciosa… — entrecerré los ojos al ver lo rojita que se ha puesto. Sonreí plantando un beso en la punta de su nariz.
— Me pones nerviosa.
— ¿Y qué?
— Joder. — suspiro tomando el delineador. Lo paso perfectamente por su ojo, haciendo un rabito con un filo para cortar con la mirada. Sigo lo mismo con el otro ojo.
— ¿Sabes? No sé por qué quieres el maquillaje, si te vez perfecta sin él. Tu rostro es hermoso.
— El tuyo también y siempre lo usas.
Me enojé.
— No hablamos de mi, tamal mal amarrado.
— Que estúpida billetera inservible.
— ¡Sigue y te vuelvo un payaso!
— ¡Agh! ahí estamos otra vez peleando, respeta. — dejé ir un último aliento al sentir como me dió una nalgueada con la mano derecha. En lo más profundo de mi entrepierna algo se removió. — ¿Por qué no nos podemos llevar bien? Trato de hacer algo contigo y siempre terminamos así.
— Cuando dejes de ser odiosa, tal vez.
— Mhmm. — entre todos los labiales que cogí probé en el dorso de su mano uno bajito que se vea natural. Lo coloqué con cuidado. Era un rosa palo con un olor sabroso. — No sabes cómo odio el labial, parece que me lo como cada que hablo.
— Te acostumbras pues. — doy una última pasada en su boca y sonrío satisfecha con los resultados. No me resisto a las ganas de darle un beso en la boca y lo hago. Ella me mira. — Besito de la suerte.
Tuve que levantar el meñique para que se vea más creíble.
— Okay, Billie. — empuja mi cuerpo a un lado para agarrar la ropa. — ¿Seguro que esto me queda?
— Sí… — observo como se viste. No puedo quitar la mirada de su cuerpo, es perfecto. Yo siempre pensaba que ella se ponía esa ropa ancha con la intención de ocultar su cuerpo. Tiene unas curvas perfectas, un trasero redondo y mucho pecho.
En cambio yo lo único bonito que tenía era la cintura, lo demás… poquito de arriba y poquito de abajo.
— No puedo respirar.
— Te ves hermosa.
— Pero no me siento bien.
— Ay, puedo buscar otra cosa.
— No, no… — voltea para mirarse en el espejo. — Me… gusta, es… precioso.
— ¿Te pongo las uñas?
— No, eso no. Que horror.
— Entonces ya estás. — camino hacia donde está para ponerme detrás de ella. — Tamara, que buen culo tienes.
— Jódete, perra. Estás más lesbiana de lo normal.
— Bueno. — susurro desanimada. — ¿Me llevas?
— No, acuéstate a dormir.
— Okay… — cruzo los brazos mirando sus ojos ahora que se dió la vuelta. Trato de hacer lo posible para no verle los senos pero es que los tiene muy grandes. — Ándate.
— ¿No me deseas suerte?
— Suerte. — fingí una sonrisa mientras me alejo de ella.
— ¿Así de fría?
— ¿Qué quieres pues? Un suerte caliente tampoco te lo puedo dar.
— Bueno, adiós. — agarra mi cartera favorita y sale azotando la puerta. Miro la madera con enojo y a decir verdad un poco de sorpresa.
Ahora que me doy cuenta, ¿acaso ella quería un besito? Dios, ¡si!
Salgo corriendo detrás de ella hasta la salida de la casa pero ya no está. Se había ido en el auto de mamá a toda velocidad.
Agh, pero es que tampoco soy adivina.
Vuelvo a entrar con los ánimos en el suelo. Nunca, pero nunca hemos tenido una conversación así de larga. Se sintió bonito, casi no hubo mucha pelea o ganas de sacarnos los pelos a golpes.
La verdad casi todo era por mi culpa ya que… mierda. Juro que Tamara es la chica más sexy que mis ojos han visto, tiene una actitud masculina, un rostro perfecto, una sonrisa encantadora y me da rabia que sea mi gemela. Tengo pensamientos impuros que me hacen sentir una mala persona, no puedo evitar pensar en cómo sería un beso serio con ella o en la cama.
Siento que por la carita que tiene, es la que domina.
&
Estaba esperando ansiosa a la llegada de mi hermana gemela.
Uff…
El chico perfecto para ella porque para mí no, era un imbécil que quería robarme el amor de mi hermana…
— Billie. — esta vez no me levanté de mal humor. Pues no había dormido para nada con las ansias de que vuelva. Encendí la luz y le abrí. El corazón dió un brinco al verla, también un cosquilleo fuera de lugar. — Ya volví…
— Cariño. — dejo que pase a la habitación para que me cuente ~si es que lo hace~ y también para quitarle el maquillaje.
— ¡Es un idiota, Billie! — tira los tacones a un lado y se sienta en mi cama, furiosa. Yo dediqué mi tiempo a buscar cosas para desmaquillar su rostro bonito. — Mierda…
— ¿Qué pasó?
— Es guapo, musculoso, increíble de rostro pero… ¿y la entrepierna? ¡La entrepierna es una miniatura, Billie! ¡No sentí nada! — vuelvo de nuevo hasta ella pero celosa. Sin que le diga acomoda las almohadas para recostarse. No esperé para subirme sobre ella y empezar a quitarle todo. Me temblaban las manos por la rabia que sentía en el momento. Dijo que solo era una cita normal y resulta que hubo acción.
Acaba de ponerme los cuernos sin saberlo.
— Quizás todo me pasó por tu culpa.
Observo esos ojos color miel con frialdad.
— No me diste el beso de la suerte.
— Oh. — remojo mis labios, sin querer sonreí y me sonrojé. Tamara levanta su mano hacia mi mejilla para acariciar. Recuesto un poco la cabeza en su mano para tener más de su contacto.
Suspiro con gusto, olvidando toda sensación negativa.
— ¿Qué tiempo no hablamos así?
— Desde que conseguiste novia.
— Ah…
— Si, una zorra que…
— Tamara. — interrumpo incómoda. Sigo desmaquillando su rostro. Siento como baja las manos a mi trasero para tocarlo como dos bolitas de masa. — No hablemos de Rachel.
— Perdón.
— Okay, Tammy. Relaja tu rostro, voy a ponerte la vitamina. — me acerqué demasiado a su carita para ponerle en todas partes. Era perfeccionista cuando se trata de quitar maquillaje. Estaba tan cerca que sentía su aliento y el perfume dulce que suele usar.
La respiración se me entrecortaba poco a poco.
— Cálmate. — susurra.
— No puedo. — respondí en el mismo tono. — Estar tan cerca de ti me… me hace sentir así.
— ¿Y ahora? — estamos más cerca que antes. La perra lo hace a propósito.
— Peor… mhmm. — dejé de lado las cosas que tenía en la mano, estoy en shock por el beso tan repentino que me dió. Cuando pude separarme de ella caí al suelo y me levanté asustada. Arrimo mi espalda en la pared respirando agitada. — No te me acerques así, maldita.
— ¡Tú también me diste besos! — da un brinco para venir hasta donde estoy. Lo único que puedo hacer es darle una cachetada y luego lanzarme a sus labios para devorar la boca. Me impulsa a que rodear su cintura con las piernas y vamos hacia la cama. Acaricio su espalda con ansias al igual que el beso que nos estamos dando. — Eres como loca a veces.
— Cállate y sigue besándome. — obedece posando todo el peso en mi cuerpo. Siento las enormes ganas de restregarle mis senos pequeños en los suyos, excitándome. — ¿Qué? — observo su rostro de total seriedad.
Mi gemela se acuesta en frente de mi, mirándome cara a cara. Con timidez, acerco mi rostro al suyo una vez más. Sigo besándole, posando la mano en su abdomen plano y acariciando sobre la cuerina caliente.
Cómo puede dirige su mano hacia el cierre para poder aflojarlo. Entre besos le quito para poder ver sus senos, los mismos que acaricio con suavidad.
Ella solo caricia mi mejilla y el cabello de vez en cuando.
— Billie. — gime luego de separar su boca de la mía. No paro de tocarle los senos, le beso en la mejilla, muerdo suavemente la mandíbula. Bajo más allá de los pechos, lanzo el vestido a un lado para tener a la vista su cuerpo. Toqueteo el abdomen y voy hasta la entrepierna para estimular su entrepierna humeda. — Mhmm…
Todavía siento que no es el momento de profundizar en ese lugar. Obligada quito la mano para subir hacia sus senos. Le doy un último beso antes de obligar a su pierna a subir sobre las mías y llevar mi boca a su pezón derecho. Lamí mientras le toco el trasero a mi antojo.
Tammy se restriega en contra de mi cuerpo, buscando de mi contacto. Elevé como pude la pierna para que estimule con mi rodilla teniendo en cuenta que es una zona bastante sensible.
— Ah… — enreda los dedos en mi cabello para tener la fuerza de levantar mi cabeza para que la bese.
Quería sentir su pezón duro con mi boca…
Tiene la iniciativa de subirse sobre mí. Levantar el top de la pijama. Mis mejillas ardieron por la mirada lasciva que me daba. Sonreí y cerré los ojos. Amaba que me acaricie la mejilla de esa forma, se siente de una forma tan dulce.
Se acerca y besa mi cuello.
Tamara es directa.
Pone su mano sobre la tela del short para tocar toda esa humedad y luego huele sus dedos.
— Que rica.
— Ay… — le acaricio las rastas con ambas manos mientras baja dando besos por mis pechos. Se detiene en los pezones para estimular con ambas manos. Sigue bajando besando el abdomen hasta tener cerca su rostro en mi entrepierna. Enloquecí cuando besó entre toda esa humedad y continuó por besarme en los muslos.
Obligo a que ponga las piernas en sus hombros. Se sentía bien como succionaba y mordía.
Empezaba a creer que era mi parte sensible. — Uhm… — finalmente hace a un lado el short para tener a la vista mi sexo mojado.
— ¿Esperabas por mi, reina?
— Si, Tamm… ¡mhmm! — la húmeda y caliente lengua de Tammy estaba deslizándose, probando, mojando… — Ah…
— Billie, tu vagina sabe a fresa.
— Estúpida. — reí acalorada. Ella no dijo nada solo se dedicó a echar lamidas constantes en mi entrepierna.
Sintiendo cada parte de ella.
Gemía una y otra vez aplastando su cabeza en mi contra. Movía las caderas encantada con el ritmo que lo hacía. — ¡Ah! — ni siquiera me importaba si le estaba ahogando por la forma bestial en la que le apretaba hacia mí, solo quería sentir lo bien que lamía. — ¡Dios!
Le ví alejarse en el momento que sus dedos entraron para penetrar. Adoptó una pose muy sensual. Jamás me imaginé la vista de Tamara con los senos al aire, una braga que le quedaba pequeña y preciosa en esas caderas anchas.
Mientras la mentía ella también se manosea los senos. Echaba la cabeza hacia atrás y los bajaba hacia su vagina para tocarse.
— Mierda…
— Tamara ven aquí, quiero probar tus fluidos.
— ¡No! — se escandalizó a más no poder.
— Ya, solo tocar…
— No, maldición. Solo… cállate. — obedecí mordiendo el dorso de mi mano.
La sensación que recorre en mi entrepierna cuando escupió me hizo derretir.
— Dame un momento, muñeca.
¿Justo en este momento tenía que irse?
Miraba el techo con cierto toque de enojo y también mientras me tocaba la entrepierna para seguir aumentando mis ganas.
Siento que acaba de salir huyendo de mí.
— Que golosa.
— Perra. — susurré ahora con los ojos cerrados.
— Me encanta verte, nena. — sonreí sin querer. En ningún momento abrí los ojos, ni siquiera cuando obligó a quitar la mano de ahí. Agarra mis piernas para llevarlas a sus hombros.
Mi piel se erizó de tener su aliento cerca y pronto algo más grueso entrar.
— ¡Mhmm! — abrí los ojos y recosté mi peso en los codos para ver qué estaba metiéndome. — Tamara, ¿qué mierda?
— Shh. — mete y saca una goma enorme de mi interior, empapada de mis fluidos. — El es tomatito, una goma de 22,4 centímetros que hará sentir bien a Billie.
— Oh, Dios mio. — eché la cabeza hacia atrás.
— Tomatito, ella es Billie y se siente bien de tener tu ayuda.
— Oh, fuck. — dediqué mi tiempo a apretar los senos, a pellizcar los pezones. — Tamara, sí… — voy cayendo de a poco, teniendo mi espalda pegada de nuevo a la esponja que pronto se llenaría de mis fluidos.
Mordí mi labio inferior. Ella sabía darle en el punto que más necesitaba.
Iniciaba una lenta tortura y ¿ahora?
Ahora Tamara me hacía gemir cómo una loca desquiciada.
Su tomatito llenaba bien mi interior húmedo.
— ¡Mhmm! — gemía ella también. — Billie, no solo tengo a tomatito… ¡Aiñ!
— ¿De qué hablas?… santa María de las Mercedes…
— Jack, una goma de un tamaño de 24 centímetros lo estoy usando para mí. — ahora me caía la tarjeta, iluminando mi mente. Pude ver cómo me masturba y como se masturba. — ¡Ah!
— Dámelo, quiero tocarte.
Tamara se acomodó de manera que sus pies quedaron a la altura de mi cabeza, más o menos como un seis nueve. Abrió sus piernas para dejarme ver.
No sé si gemí de dolor o de excitación, mi gemela tenía una bonita perforación más arriba del clítoris. Le besé con todo el deseo del mundo. Acepté la goma que me daba y se la metía mientras lamía ahora el clítoris.
Ambas gemimos a lo loco.
El caliente clítoris de Tammy estaba duro, pasa que rozaba sin querer daba pequeños brincos que mandaban una corriente escalofriante hacia mi cuerpo.
— ¡Ah!
— ¡Mhmm!
Nos tocamos casi a la misma velocidad. Yo paré por un momento para meter mi cabeza más allá y poder probar su entrada.
— Hija de… mhmm… — succioné y escupí para tantear con mis dedos, después también los llevé a mi boca para oler.
— Tamara, tu vagina también huele a fresa. — respondió con un gemido agudo. Exploraba más allá con la punta de su goma de color chocolate. Rozaba el trasero con ella antes de darle lamidas para lubricar mejor. Decidida a meterle la punta está estalló mojando mi cuello y gran parte de mis pechos, como no esperaba algo así de su parte y me encantó, también me dejé venir en dónde sea.
Haciendo que mi cama se quede en una enorme laguna de fluidos de ambas partes.
— Carajo, perra.
— Que ardiente… maldición… — las dos respiramos sin control. Abracé sus piernas y planté un beso en ellas esperando a bajar de la sensibilidad y también de esa nube perfecta en la que nos encontramos. — Billie, vamos a mi habitación… tu cama es un asco.
— Sí, me parece bien. — lo mojada que estábamos se secó solito mientras íbamos a la habitación de Tamara. Está destendió la cama para permitirme acostar.
Me sentía demasiado exhausta con lo que hicimos.
— ¿Me dejas abrazarte?
— No debes preguntar. — susurré con los ojos cerrados. — Hazlo, me encantaría sentir que está noche estás para mí.
— Siempre he estado para ti, bonita. — levanta mi mentón para atrapar mis labios en un beso suave. Le seguí con la intención de no quedarme atrás y sonreímos al separarnos. — Descansa, Billie.
Te amo.
F I N
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