
(One-Shot de wifeskaulitz)
Relato 16: No soy gay pero…
— Tom, ¡pss! — levanto la cabeza para ver a Bill, me ví obligado a dejar de usar el móvil para darle toda la atención y centrar la mirada en él, quien me llamaba desde uno de los vestidores. Tuve que ir obligadamente para saber. Le dediqué una de las mejores sonrisas mientras iba.
Que no se note el odio que le tengo por lo que me hizo, Bill sabía que me gustaba una de sus amigas y lo peor, que él, en su casa, se la haya besado cuando dijo que iba a ayudarme.
Bill no fue sincero.
Estaba en el centro comercial de ropa junto con su grupo de amigos afeminados, maricones, amanerados, delicados.
Odiaba a Bill pero a la vez quería sorprenderle, agradarle…
— ¿Todo bien?
— Necesito ayuda. — susurra mirando de un lado a otro. Antes de que hablara ya jala mi mano para estar dentro con él, frente a frente. Suspiré mirando su rostro.
— ¿Qué puedo hacer por ti?
— Mírame. — dejé escapar todo el aire de mis pulmones sin control, por poco y me desbarato por ver su cuerpo sin ninguna de esas prendas oscuras que suele usar. Bill traía una minifalda blanca y un crop top del mismo color.
Se adhiere muy bien a su cuerpo.
No era cualquier ropa de salida, era como tipo lencería…
— ¿Cómo me veo? horrible, ¿verdad?
— No…
— ¡La falda me hace ver cómo una tabla, Tom! — gritó/susurró con tristeza.
— A ver, date vuelta. — Bill obedece. Apoya ambas manos en el espejo mientras yo me sumergí en un mar de nervios. Que imposible era no verle el trasero. — ¿Cómo quieres que te quede?
— Súper ajustada, Tom. Es para la fiesta de Halloween, es el único día que me puedo disfrazar de una prostituta sin ser juzgado.
— Uhm…
— Necesito que se marquen unas curvas de carretera, pronunciadas y perfectas. — tenía las manos llenas de sudor. Guié el ganchito al último hueco para meter y que le quede justo como quería. Voltea a verse en el espejo y sonríe. — Wow, me gusta… haces magia, Tom.
— No es nada. — limpié el sudor en el jean. Si él llegaba a notarlo, probablemente haría un escándalo diciendo que le toqué con las manos sucias.
— Mírame. — vuelve a pedir con una voz seductora. A estas alturas de la vida acaba de darme una erección, la mente estaba volada y no sabía si mi ropa lo cubría, estaba inquieto. — ¿Crees que me veo cogible, Tom?
— ¿Qué? — murmuro con voz débil.
— ¿Crees que… — relame sus labios rosados. Pone la mano en mi pecho, no pude evitar sentirme perdido, con el corazón acelerado y molesto al estar pasando por esto. — …algún chico se fije en mí?
— ¿Por qué no? — miro hacia la cortina. Tenía un miedo de que llegue alguien y entre, en especial Dania, la chica que me gusta… — ¿O lo haces por alguien en especial?
Se supone que no debo estar sintiendo esto pero no puedo evitar.
Bill es muy sexy, encantador, prohibido.
— Por un idiota que anda fijando sus ojos en otra.
— ¿En quien?
— Tal vez en una de mis amigas. — al sentir que fue una indirecta, cruzo los brazos y trato de verme super serio. — Sabes bien a quien me refiero, Tom.
— ¿Yo? — levanto una ceja, indiferente. Más que una pregunta sonó a una afirmación. Pero que estúpido era. — Es una lástima, Billy, yo jamás pondría mis ojos en ti, además eres mi amigo y no soy gay.
— Yo tampoco, Tom. No tolero a los homosexuales.
— Pero…
¿Me estaba tomando el pelo o qué?
¿Entonces qué es él?
¡Estoy confundido!
— Verás, te voy a contar… — interrumpe volteando y agachándose. Quería soltar un silvido, aullar, aruñar, no sé… porque arrimó el trasero en la entrepierna.
— Está bien… pero… no es necesario…
— Bueno, entonces dime, ¿crees que soy gay porque uso ropa de mujer? ¿también crees que la ropa tiene género?
— No.
— ¿Entonces ?
— Quiero dar un cumplido.
— Te escucho.
— Va a sonar muy gay y no soy gay.
Mientras más repito que no soy gay me veo más gay.
— ¿Y qué?
— No los toleras.
— A ver. — voltea hacia mi para verme a los ojos. — Puedo hacer una excepción porque eres mi amigo. — agarra mi camisa para pegarme lo suficiente a su cuerpo. Rodeo su cinturita con ambas manos para hacerle sentir mi erección. Bill gime y también se endurece. — Ah. — ese gemido delicado me endulzó el oído, estaba como una puta piedra y quería regañarme a mi mismo por lo que estoy sintiendo. — Tom…
— Te me haces bien atractivo y esa faldita, Bill, me encanta… me seduce, me pone muy caliente.
Solo es Bill Kaulitz, relájate Tom.
¡Maldición!
— ¿Ah, sí? — merodea en mis labios hasta que agarra el inferior para chupar. Gimoteo apretando mi agarre, bajando de a poco para tocarle las nalgas. Hace un movimiento para restregarse en mi intimidad.
— Sí… — susurré.
— Vamos, bésame. Hazme tragar las palabras de hace un momento. — enredé una mano en el abundante cabello negro de Bill para obtener un beso profundo. Rodea mi cuello con las manos para no separarse y seguir restregándose en contra de mis caderas. — Ay, sí…
— Te juro que no soy gay, pero estoy durísimo… — comenté entre besos. Bill solo tiene los ojos cerrados, una expresión sonrojada que por un momento sentí que con solo verle ya estaba chorreando en los boxers. — Bien caliente…
Desciende sus besos por mi cuello, haciendo que apegue como pueda la espalda en la pared. Da besos sobre la tela de la camisa, se detiene a jugar en los pezones. No pude hacer más que tocarme la entrepierna, esperando ansioso su siguiente movimiento.
Continua, besándome en el abdomen hasta que se queda de rodillas y mirándome con inocencia dice:
— Te la quiero chupar. — las piernas temblequearon, mi garganta se secó…
Sigue besando sobre la tela del jean mientras yo le quito el molesto botón.
El jean cae al suelo dejando al descubierto mis piernas.
Se toma el tiempo de acariciarlas y dar halagos por lo fuertes que se ven.
Me pone rojito por la vergüenza.
No sé cómo me reprimí un gemido en el momento que libera mi erección y sale rebotando. Por puro morbo bajé la mirada para verle esa carita linda. Tiene una mirada lasciva.
Mi cuerpo se estremeció a penas sentí la humedad de su boca rodear el glande hasta meter la cantidad que podía. Miré en el espejo la escena pornográfica que estaba por pasar. Agarré su cabello y miraba como Bill tenía los ojos cerrados, dedicado por completo a darme placer.
Levanto la camisa para atraparla con mis dientes. Está ayudaría para reprimir los gemidos que están a punto de surgir.
Creo que nos olvidamos que estamos en un lugar público y que en cualquier momento nos pueden descubrir.
Me gustaba su boca pero, también deseo probar su trasero ya que no sabía si después se iba a arrepentir. Completamente excitado lo levanto cómo si fuera una pluma, volteo su cuerpo con brusquedad. Lo estampé en el espejo sin medir la fuerza. Toqueteo su trasero como si fueran dos bolitas de masa bien formadas y le doy un suave azote que eriza su piel.
— Estoy caliente también. — baja la mano para liberar su miembro de los boxers y dejarlos caer al suelo. Sonreí al ver lo elevada que estaba la falda en la parte de adelante y también por como no perdía tiempo para tocarse. — Mhmm…
Estaba dándome el gusto ahora frotándome. Tuve que quitarme la camisa porque el sudor empezaba a notarse. Deshice del pantalón que me molestaba ahí abajo para poder abrir las piernas lo necesario. Estoy listo para darle hasta por las orejas o lo que me permita.
Una mano tocaba en mi tronco y la otra tocaba su agujero. Me encargué de escupir para poder meter solo uno, estaba muy estrecho, rasposo.
Escupí una segunda vez pero la saliva venía más cargada.
— De una vez. — besé su cuello.
Ahora sí le abrí ambas nalgas para poder llevar la punta hacia su entrada. Sentí como me apretaba delicioso el glande.
Hice un poco de presión para meter otro poco pero Bill lloriqueó con dolor.
— ¿Eres…
— Sí… — nos miramos asustados por el espejo.
— Mierda… — apego mi cabeza en su hombro. — No tengo nada para seguir preparándote, te va a doler mucho… ¿te gustaría hacerlo en un lugar más privado?
— No, solo hazlo antes de que me arrepienta.
¡Lo sabía!
No podía perder mi oportunidad.
Es un culito virgen, maldición…
Reparto besos en su espalda para amansar la presión que estoy haciendo. Gimotea mucho, tengo que taparle la boca para que no escuchen los ruidos que hace. Por mi parte siento lo bien que sus paredes me acogen, como lo estrechan y se contraen hasta el punto de perder la cordura.
Mordí la piel interna de mi mejilla para aguantar una eyaculación precoz.
Arruinaría todo pero… ¡que bruto soy!
Eso hubiera ayudado con su lubricación. La cabeza del pene no me deja pensar con la de arriba.
Me muevo con suavidad, no quiero ser grosero en su primera vez. Nuevamente apego la cabeza en su hombro. Bill lloriquea tenso. Necesito calmar con caricias, si no le iba a doler demasiado. Poco a poco siento como la mano que cubre la boca de Bill se humedece e inconscientemente mueve sus caderas buscando más de mí.
Siento que no puedo seguir como quiero.
— Tom. — gime luego de quitar la mano. — Esto es un infierno, necesito que te muevas rápido, por favor.
— Nos van a oír…
— Por favor dije. — envolví su cabello en la mano, apoyo la otra en su cintura para iniciar un ritmo acelerado. Bill se encarga de taparse la boca y observarme a través del espejo.
Que vista tan deliciosa tengo, puedo verle la carita y el culo a la misma vez.
Mis caderas chocan en el trasero, provoca un sonido seco pero para nada alborotado.
A todo esto se mezcla el ruido de la música del local, el de las personas hablar al mismo tiempo.
Nunca me imaginé tener sexo así, en un vestidor y mucho menos con el chico que supuestamente odiaba.
Quizas si lo odio pero ahora deseo romperle el trasero siempre que me dé la oportunidad.
— Tom. — gimotea con los ojos llorosos. Al quitar la mano puedo ver la sonrisa boba que tiene y como se toca.
¡Le gusta!
Solo por ello decido moverme más fuerte, toque un punto en dónde provocó la eyaculación de Bill, manchando el espejo. Yo aún bombeaba encantado de tocar ese punto una y otra vez con la punta, me ponía bastante agresivo. Liberaba mis gemidos mordiendo el lóbulo de su oreja hasta que sin querer le mordí, contrajo sus paredes y yo me corrí como un burro en su interior.
Salí de su caliente trasero antes de seguir rompiéndolo, aún estaba duro y puesto para otro round.
— Tom. — remoja sus labios, recomponiendo la postura lentamente, con dolor.
— Bill. — acomodo su cabello revuelto desde atrás. — Si me pones gay…
— Que te siga poniendo gay porque yo no lo soy, ahora salte antes de que grite que me violaste. — tuve que salir de ese horno lo más rápido después de acabar de vestirme. Me senté en la banca que estaba antes, con los ojos apretados y darme una paliza mental para olvidar lo fabuloso que se veía.
Tiene una faceta de niño malo que atrae mi puta atención, ¡tanto que se me olvida que me gusta una chica!
— ¿Dónde está Bill? — Georg se sienta a mi lado mirándome con atención, por alguna razón me sentí acosado.
— Sigue en el vestidor, no ha salido para nada.
— Uhm, bueno… ¿qué vas a usar para esta noche?
— Bueno… no tengo nada en la mente…
— ¿Qué tal si ambos nos vestimos de Barbie y Ken? — tuve un tic en el ojo a penas lo escuché. — Serías el Ken…
— Ah, bue…
— Georg. — ambos centramos la vista en el pelinegro que está de brazos cruzados, mascando un chicle con exageración y molestia. — Tom se va a disfrazar de un jugador de fútbol americano y yo seré la porrista, no te emociones.
Solo pude arquear las cejas, tomar el resto de las bolsas e ir hasta su super auto color gris para guardarlas en la cajuela. Bill me miraba de vez en cuando, se ponía rojito cuando medaba cuenta y volvía su vista a la carretera.
Pasamos dejando a Georg a su casa y volvimos a la suya para arreglarnos porque supuestamente me tenía el traje ahí.
Al entrar saludé a su madre y a su hermana para poder subir a la enorme habitación. Ni siquiera pude dejar las bolsas porque ya se me tiró a la boca para besarme.
— Házmelo otra vez, estoy… — me empuja a la cama, caí con los brazos abiertos, ansioso. — ¡Agh! ¡necesito que me folles otra vez!
Y como imbécil caí de nuevo en el interior de su trasero.
F I N
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