
(One-Shot de wifeskaulitz)
Relato 15: I need sex
Esta es la tercera vez que me bañaba en el día, tenía un sentimiento alocado en la entrepierna. Este palpitaba sin control y en mi parte trasera se humedecía, era como si tuviera unas ganas incontrolables de tener relaciones o en el sentido más vulgar:
Ganas de aparearme.
Camino al espejo para mirarme, recogí el cabello en una coleta para poder atarlo con una liga y descubrí una marca de mordida poco notoria.
Recordaba la vez que me sentía así hace un tiempo atrás. Estaba alborotado y Tom llegó a mi habitación como si nada, hablamos bonito, lo sentí tan íntimo que le entregué todo de mí…
Nos quedamos pegados como un par de perros para recomponernos pero yo seguía queriendo más… las hormonas estaban chispeando, rogando por ser atendidas, no por cualquier persona, si no por él.
Por Tom.
Me sentía muy desesperado que tuve que agarrar unas cuantas prendas que Tom había olvidado en mi habitación las veces que compartimos cama para formar un nidito. Me hacía sentir seguro aspirar su aroma y también abrazar el primer regalo que me dió en mi cumpleaños.
Era seguro pero no calmaba para nada las ganas que tenía de ser usado, necesitaba por lo menos follar como cuatro horas seguidas para lograr calmar y hacer que desaparezca esa maldita humedad.
Los dedos no eran suficientes, nada no era suficiente… sólo él.
— Bill. — dejo de abrazar el peluche para regresar a ver a Georg. Me sentí apenado por la forma en la que sus ojos se pusieron oscuros. Quizás soy muy notorio con lo que pasa en mi cuerpo. — El jefe ya llegó, por si te interesa.
— ¿Donde está?
— La biblioteca.
— Ah, bueno, Georg. Gracias… — remojé mis labios con un poco de inquietud. Que raro que no me haya mandado a llamar si siempre que llega de sus viajes el señor pide verme. Suspiro nervioso y mirando la ropa que traigo, es solo el albornoz y unas chanclas.
Lo hice con la intención de eliminar todo ese sentimiento extraño.
Sus ganas de querer tocarme van a ser mayores ahora que me vea así…
— Pero anda rápido, ya mismo se va. — me ví obligado a ir así como estaba y también con la intención de huir de la mirada penetradora que Georg, quien se había vuelto mi amigo de confianza, me brindaba.
No quería admitir si la estupidez que hizo Gordon fue buena o mala.
Mira que le debe dinero al señor ~no tan señor~ Kaulitz y luego por no poder pagar me deja en prenda como si el señor tuviera una casa de empeño.
Claro que me puse mal por ser privado de mi libertad pero desde otro punto, empezaba por gustarme la idea que no me daba ganas de que mi padre le pague el dinero con tal de verlo todos los días y quedarme más tiempo.
Camino con cuidado de no hacer ningún ruido y me acerco a la puerta que está entreabierta.
Lo que escuché me dejó mal…
— ¿Sabes por qué estás aquí, verdad?
— Si, Tom. Déjeme confesarle que estoy emocionado de estar bajo su control.
Tenía el conocimiento de que a Tom le atraían los chicos de mi edad, los cuales compraba con lujos, cada seis meses por una noche.
¿Para qué los quiere si me tiene a mí?
¿Por qué cada seis meses?
¿Que hay de especial?
— Perfecto, Andrew. Eres un niño bonito y me endurece la polla de ver la carita de angel que tienes.
Dios…
— ¿Quieres que haga algo por ti, daddy?
— Sí, acércate. — estoy respirando sin control.
Joder.
Mis ganas aumentan sobre la sensación de tristeza que abunda en mi corazón. Quiero odiarlo pero no puedo, no me permite, quiero a Tom, joder.
Solito para mí.
Mi hombre.
— Señor Kaulitz. — antes de que el tipo se arrodille abro la puerta evitando lo que sea que estaban por hacer.
Ignorando la gotera que traía por detrás, quería sonar frío pero la voz solo temblaba.
— Bill.
— Buenas noches. — saludé en un hilito de voz.
— Ve a tu habitación, más tarde voy por ti.
— Perfecto. — este pasa por mi lado mirándome como si él fuera lo más importante del mundo. Parpadeo reiteradas veces para ahuyentar las lágrimas de molestia.
Tom se levanta hasta la puerta, escucho como le pone el seguro y vuelve hacia la barra para servir dos copas de trago. Acepté una y bebí como si fuera agua.
Al parecer se volvía vapor porque de inmediato volvía a querer tomar con una sed horrible.
— ¿Cuántas veces debo decirte que me llames Tom?
— Lo siento. — agacho la cabeza, avergonzado. El rostro comienza a arder sin querer y sudo poco a poquito. Las hormonas se encuentran alborotadas y trato de disimularlo bien pero es imposible. Tom se encuentra detrás de mi, olisqueando y lamiendo en la parte que está la mordida.
Me puse peor.
— ¿Ibas a bañarte?
— Salí de bañarme.
— Uhm. — vuelve hasta su escritorio. Se sienta frente a mí con esa expresión de seriedad pero en sus pupilas puedo ver una mirada de deseo, las pupilas están grandes y tiene un aroma atractivo. Estoy por volverme loco. — Acércate.
— No. — gimoteo con la voz débil.
— Sin miedo, Bill. — me armé de valor y voy a pasos lentos mientras miro como deshace su corbata. — No voy a morder.
— Ya… — sentí chispas agonizantes en el cuerpo. Tom agarra mi mano para colarme entre sus piernas, luego pone ambas en la cintura. Respiré violento.
Me pone mal que su rostro esté casi a la altura de mi entrepierna.
— Bill, tengo buenas noticias para usted. — juega con el nudo del albornoz, algo pensativo.
Gemí sin querer. Entonces Tom finalmente decidió quitarlo para dejar a la vista mi desnudez. Tenía una mirada de lobo hambriento y yo no estaba dispuesto a negarme.
Al contrario, pensaba ofrecerme en charola de plata.
— ¿Qué? — susurro apoyando ambas manos en el escritorio. Eché la cabeza hacia atrás, con los ojos cerrados y la boca formando una «O» perfecta. Los besos que proporciona en mi abdomen los siento calientes, tanto que estoy por gotear cuál grifo de agua en descomposición.
— Trümper ha pagado la deuda.
— ¿Esa es una buena noticia para ti, Tom?
— Para mí no, bebé. — observo queriendo aparentar tranquilidad pero en mi interior quiero chillar hacer ruidos obsenos porque empieza a desnudarse. Se quita la chaqueta del smoking. Desabotona un par de broches que deja ver su pecho bien trabajado y continua por los de las mangas. Las eleva hasta los codos y tira todas las carpetas que tiene en el escritorio hacia el suelo para que pueda recostarme ahí. Abrí con exageración las piernas para darle acceso hacia mis partes íntimas. — … pero tratos son tratos, debes abandonar mi casa lo más pronto posible.
— ¡Mhmm! — la yema de sus dedos jugaban con suavidad en mi entrada hasta que los metió de golpe. No hubo para nada el dolor. Era el único que lograba hacerme sentir así de caliente. — Ah… — al mínimo toque en mis pezones me di cuenta de lo sensibles y duros que estos se encontraban. — Joder.
— Estás listo para mí, precioso. Sin embargo… — el aliento de Tom se encuentra cerca de mi joyo. Desliza su lengua quizás para probar el sabor que sale de ahí. — Uhm, me vuelve loco todo de ti… quiero entrar y sentir como tus paredes estrechan mi polla.
— Hazlo, por favor… no seas delicado. Estoy desesperado. — con ambas manos separa mi trasero para ver el caliente y mojado. Gemí sin aguantar, su lengua esponjosa jugaba en la zona haciendo maravillas, quería estimular mi erección pero era tanto el placer que sentía que no era necesario (no quería correrme antes) solo su lengua y su entrepierna. — ¡Tom, argh! ¡Sí! — mete un par de dedos, mete y saca. Apreté como si quisiera tragarle, obviamente fue sin querer. — ¡Ah! ¡Necesito más que unos simples dedos! ¡por dios! ¡Mhmm!
— Ven. — tira del albornoz para quitarlo de mi cuerpo una vez que estoy de pie. Nos miramos fijamente y nos besamos impacientes. Tuve que quitar el resto de los broches de su camisa pero de un lado salvaje, estos cayeron descosidos de la camisa. También hice que se saque con gran velocidad. Acaricié su pecho. Hice que ambas manos reposen en sus hombros luego de explorar con ellas.
Tom se quitaba los pantalones, apresurado.
Dió media vuelta a mi cuerpo y fui empujado hacia el escritorio sin ninguna pizca de delicadeza. Tom levantó una pierna en la madera para guiar la punta de su pene hacia mi trasero.
Estaba cohibido, no pude hacerle acuerdo de usar un preservativo (aunque tampoco quería que lo usará) y solo entró de golpe.
Las paredes de mi trasero se contraen.
Sentirlo en carne propia es la mejor sensación del mundo.
Ambos soltamos rugidos animales.
Tom fue el que más fuerte lo hacía, como todo un dominante, un alfa…
Despertó tantas sensaciones emotivas en mi interior que me negaba a separarme de su lado, no quería abandonar su casa, no lo haría…
Simplemente no puedo.
— ¡Tom!
— Mhmm, sí… — jadea cerca de mi oído. Más lamidas proporcionadas en esa mordida. — Agh…
— Más, dame más… lo deseo.
— Sí, lo tienes. — acaricia la espalda desnuda. Su contacto en mi piel me quema, se siente bien…
— Quiero ser tuyo. — susurro en un gemido. La mente está en blanco, solo puedo pensar en mi placer y en el suyo pero por alguna extraña razón, me importa más el suyo. — Por favor…
— Eres mío, Bill.
— De verdad… ¡mhmm..! — entraba y salía tocando mi punto sensible.
Podría jurar que mi trasero ayuda con lubricación natural pero eso era una estupidez.
Totalmente fuera de lugar.
— ¡Ah, sí!
— Joder. — aún pegados caemos en la silla, yo estoy sobre él y él debajo de mí. Besando con dedicación mi espalda mientras pone sus fuertes manos en mi cintura para guiar mis movimientos. Son apresurados, de adelante hacia atrás, arriba abajo.
Aprovecho para tocarme la entrepierna, mirando hacia el techo. Tengo la garganta seca de tanto gemir, no puedo tragarme porque estoy muy caliente.
Me encanta.
— Ah, Bill…
— ¡Sí, si, si! ¡Más fuerte! — supliqué.
— No aguantaré mucho.
— Mierda. — mi mano se movía de forma bruta. Iba y venía por todo el tronco húmedo de mi pene duro. Escupí para sentirlo mejor, más mojado, más resbaloso.
Ya estaba por acabar.
— ¡Ah, sii! ¡Mhmm! — el ruido de mi piel con la suya como si estuviera aplaudiendo me descontrola. Parezco un animal salvaje… — ¡Tom! — pronto estaba explotando, con su nombre atascado en mi garganta, salpicando hasta su escritorio del líquido espeso de la esperma.
Mi hombre seguía bombeando en mi interior en busca de su liberación, sin querer mi entrada se contrae, estrechando su pene y sentí un jodido dolor intenso en el momento que se detuvo. Algo que por poco hace que llore por la sensación.
Dolor y placer.
Por ello ni siquiera sentí si acabó o no, solo quería que salga, no soportaba.
— Bill, no te muevas.
— ¡Me duele!
— Entiendo… es n- normal. — Tom se escuchaba nervioso a si que para calmar reparte besos en mi cuello. Cierro los ojos creyendo que era la mejor sensación hasta que pasó. Me abrazó fuerte antes de salir de mi interior para poder acomodarnos la ropa de nuevo.
Peinaba mi cabello con las manos, la delicadeza era increíble, como si tuviera miedo a romperme.
— ¿Tengo que irme de verdad?
— No quiero que te vayas.
— No quiero hacerlo, Tom, siento que no podría estar sin ti. — dediqué una mirada que demuestra la sinceridad con la que explico lo que pasa por mi cabeza y corazón. — Quizás suene raro pero…
— Bill. — interrumpe. — También siento lo mismo, me encanta tu sinceridad, eres tan puro, sencillo, bello…
— Tom…
— Estoy enamorado de ti.
— Mierda. — dejé escapar unas cuantas lágrimas de emoción. Había logrado enamorar al amo a pesar de lo complicada que fue la supervivencia entre los dos hace mucho tiempo.
Parecíamos perros y gatos.
— Intentemos algo, ¿está bien?
— Me parece bien, pero… ¿qué hay del tipo que estaba aquí? Ese que te llamó…
— Ah. — sonríe remojando sus labios. — ¿Celoso?
— Para nada. — suspiro mirando al suelo.
— Solo quería usarlo en tu reemplazo, pero ya estamos conectados.
Después de un tiempo supe lo que quería decir con ello. Tuvimos la dicha de ser padres de unos gemelos hermosos nacidos desde mi cuerpo.
Los primeros días fue difícil de creer hasta que me mostraron un eco realizado en ese momento.
Tom lloraba de la felicidad y yo de la emoción de haberle echo papá…
F I N
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