Relato 12: Cuatro

(One-Shot de wifeskaulitz)

Relato 12: Cuatro

— Bill, tienes que ayudarme. — escucho a Georg hablar mientras me arreglo para salir. No tenía un destino asegurado pero quería gastar.

— ¿Qué sucede, amigui?

— Tuve una pelea con Gustav, fue bastante fuerte y me siento mal.

— Oww. — dejo de lado la mascarilla de pestañas para poder levantarme de la peinadora e ir a abrazarlo. Unas cuantas lágrimas saltaron de sus ojos bonitos. — ¿En qué te puede ayudar la amiga Bill? Hará lo que sea por ti.

— Bueno… hay un bar gay en dónde chicos se visten de mujeres, tu me entiendes por dónde va la cosa, ¿no?

— Ajá…

— Me enteré por medio de una amiga que trabaja en el pub que… Gusi llegó con uno de tus exs. — remojé mis labios pensando. Miro cada uno de los anillos que se encuentran adornando perfectamente mi mesita de noche.
Cada anillo le pertenece a cada idiota que ha tratado de comprometerse conmigo, menos uno. El más tacaño de todos. — No tengo problema en que vaya porque se que él no me sería infiel.

— ¿Entonces? — levanto una ceja, confundido.

— El problema es que fue con Tom, el hijo de perra que te engañó y lo va a convencer de acostarse con una de esas, Bill. Tengo miedo, lo amo en serio.

Ese mismo tacaño que no logré sacarle ni un centavo, fue toda una perdida de tiempo.

Suspiré con pesadez dejando de lado a mi amigo de bonita cabellera. Le doy la espalda sintiendo mi corazón latir desesperado. Tom me dejó dolor hasta para repartir, no quería verlo, me costó mucho superar su engañó y desde entonces soy así.

Un casa fortunas que pensaba que el dinero puede quitarte la tristeza y los problemas.

Me quitaba todos menos el de extrañarlo.

Mierda.

— ¿Y qué hago, Geo?

— Acompañarme para yo sacar a Gustav de ahí mientras tú lo distraes.

Estar cerca una vez más…

Quiero morir.

— Bill… — recogí mi bolsa de salida donde tenía cosas para arreglarme, las llaves de la casa, un perfume de emergencia y jalé la mano de Georg para salir del departamento. Nos subimos a su auto. En el trayecto terminaba de maquillar de forma temblorosa.

Es increíble que vuelva a sentirme así…

Masticaba algunos caramelos de menta para la boca en por si las dudas.

Al llegar estacionó bien el coche y entramos a gran velocidad. Ahí nos recibió un hombre que le quedaba demasiado genial el traje de policía.
Me gustaba mucho su cuerpo.

— Roberto, ¿dónde está?

— Una de mis chicas me comentó que están conversando para ver si sacan dos de aquí. Obviamente les dije a mis chicas que se alejen un momento porque ambos tenían pareja y venían en camino… — no quiero sacar de su error a ese Roberto, me gusta que siga pensando que Tom es mi novio. — Ya sabes, para que no haya problemas… — mientras ellos hablaban yo miraba todo el lugar. Tom y Gustav estaban sentados en las barras de espaldas esperando.

¿Y si Georg y yo..?

Uh…

— Roberto, ¿cuál es la probabilidad de que nos dejes vestir como una de tus trabajadoras para salir de aquí con ellos?

— ¿Quieres vestirte como un Drag Queen?

— Si, ¿por qué no?

— ¡Ay, es una excelente idea! — se coloca en el medio de ambos para guiarnos a los camerinos. Ignoro las miradas de desconcierto que me da Georg. Quizás le iba a incomodar el maquillaje y todo pero quiero que sepa que vale la pena, que confíe en mí.

Al estar con los chicos les pide de su atención para que nos arreglen. Tres corren para Georg y otros tres para mí. En mi rostro el maquillaje estaba perfecto, solo bastaba que use una peluca de cabello largo natural ~hasta la cintura~ y un traje exhibidor. Me miraba una y otra vez al espejo.

Me sentía una puta.

Joder.

— ¿Qué tal? — le tiro un silbido a Georg. Me modela de una forma graciosa el traje y nos tomamos las manos.

— En este momento es el turno de Rachel y Biana, pero para que los vean saldrán ustedes a bailar al tubo, ¿está bien? ¡con toda la actitud del mundo!

— ¡Joder, Georg! ¡Mi sueño se hará realidad! — yo estaba contento, él muy nervioso. Caminamos de la mano hasta estar en las cortinas. Antes de que las abran le di un beso en la frente a Georg de aliento para que se decida a hacerlo.

— ¡Es el turno de la tigresa y la gata! ¡un aplauso por favor!

— ¡Wooo! — el público aplaudía. Nos mostraba a Georg y a mi. La música que sonaba me seducía. Hacia bailes mientras Georg lo escalaba de manera profesional.

Me quedo corto.

Al bajar le acaricio las piernas. Hinqué las mías hasta quedar a la altura de su bulto y saco la lengua de una forma como si quisiera chuparla.

— ¡GUSTAAAV, ME GUSTA ESA, GUSTAAAV! — chillaba Tom emocionado. Corrió unas cuentas mesas para ver de cerca el espectáculo. Los hombres lanzaban dinero como locos. — ¡WOOO!

Incité a Georg a besarme, lo hizo sin remordimiento…

Luego, bajé tanto y voy gateando hasta quedar cara a cara. Sigo jugando ahora de manera sexual en el suelo.

— Que rico, ¡quiero esa!

— Dios, Tom… sácame de aquí, ¡mi novio me va a matar!

— ¡Shh! — observo como le tapa la boca. — ¡Papi ya llegó tu rey! — le di un manotazo en la mano por intentar tocarme.

Aunque internamente quería.

— Fiera, arúñame ¡grr!

— ¡Un aplauso a las chicas, por favor! — que pena que el show terminó porque me estaba emocionando. El asistente nos ayuda a bajar del escenario para darnos un vaso de agua y felicitarnos.

Incluso ofrecernos el trabajo. Yo dije que lo iba a pensar y Georg… pues… no aceptó y no paraba de decirme que hizo mal en besarme, que se arrepentía y cosas así.

— Buenas noches, buenas noches… — me olvidé de como respirar al sentir lo cerca que estaba Tom a mi detrás. Besó mi hombro con suavidad. — ¿Podemos alquilar una habitación? sus increíbles movimientos despertaron la sed de placer, lujuria viva, sexo, coito… sin respeto. Cóbrame lo que quieras pero vamos.

— ¿Solo yo? — volteo para verle la cara. Tom asiente con una sonrisa.
Agarra mi mandíbula con su dedo pulgar e índice para tratar de besarme. Me niego haciendo a un lado mi rostro y termina por besar el cuello.

— Tu amigo para mi amigo, ¿un dos para dos?

— Son cinco mil. — dice Roberto entrando con los brazos cruzados.

— Tengo seis mil, ¿le sirve? También para bebidas, no sé…

— Echo. — entonces, levanta mi cuerpo entre sus brazos y me lleva. Tom parecía conocer muy bien el lugar para que se dirija a las habitaciones sin ni siquiera perderse.
A mi detrás venía Georg con Gustav, se abraza a si mismo mirando al suelo triste.

Gustav jamás va a tocarlo por respeto.

Es muy tierno.

— ¡Ah! — chillé cuando caímos en la cama.

— Hazme esos movimientos, papi. Muévete otra vez así. — entrecerré los ojos. Tom no estaba tan borracho, ¿por qué hablaba así?

Tuve la iniciativa de jalarle para que se siente en el sofá. Coloqué música desde el aparato del armario y apagué la luz para que quede a la vista esa de color azul. Me movía nuevamente.
Él sin esperar se desnudó entero. Acomodó las cobijas para recostarse y empezar a jalarse la polla.

Me endurecí yo también.

— Vamos nena, empieza a sacarte la ropa. Te deseo. — obedecí en movimiento lento. Se los tiraba a la cara. Tom inhala mis calzones y con el corpiño se jalaba.

Ya lo quiero sentir otra vez.

— Ven. — me subí sobre él de un salto. Volví uno solo nuestros labios para fundirnos en un caliente beso. El deseo y la necesidad de ambos era potente. Guiaba su intimidad para rozarla en mi entrada. La punta de su polla estaba llena de su líquido seminal que no fue difícil meter. Aruñé en el pecho y eché la cabeza hacia atrás. — Wow, joder…

— ¡Ah! — mueve sus caderas a un ritmo lento. Me sentía torturado.
Dirige ambas manos a mis pechos, específicamente a los pezones para apretarlos a su gusto.

— Oh, nene… wow.

— ¡Tom! — me asusté por el grito de Gustav.

— Hey, no le hagas caso. Concéntrate en mi, en mi pene en tu culito, precioso. — ayudo en mis movimientos apoyándome en el pecho. Meneo al ritmo lento que va.

— ¡TOOM ÉL ES…!

Lo único que puedo pensar es que acaban de descubrir a Georg por los gritos desquiciados de Gustav, ¿por qué se le complica tanto a mi amigo hacer las cosas bien?

Maldita sea.

— ¡Tom! — las luces se encienden en el instante. Tom hace un movimiento para taparme el cuerpo para que no lo vea y se pone la camisa, cubre lo necesario de su cuerpo.

Mira a Gustav molesto.

— Dios, disfruta. Georg no se va a enterar.

— Esta. — zamarrea a Georg de la blusa bonita que traía. Hace que Tom lo vea.

— ¿Qué? Está bonito… — el show se cayó cuando le quita la peluca roja y deja al descubierto su cabellera castaña.

Quería matarme ahí mismo.

— ¡Es Georg!

— Entonces tú… — encogí mi cuerpo en medio de las cobijas para taparme más. Tom camina a pasos grandes a donde estoy yo. Forcejeamos para que no me las quite.

— Si, Tom. Ella es Bill. — termina por jalar. Sus ojos recorren los tatuajes de mi cuerpo con rabia. Tuve que quitarme la peluca y las molestas pestañas para dejarme ver. Crucé los brazos con fastidio.

Que Georg ¡NUNCA! me vuelva a pedir un favor en dónde Tom esté involucrado.

Ya no es mi amigui.

— No me jodas, Bill.

— Lo siento, Bill. ¡No pude contener mi rabia de decirle que si no era yo el de verdad se iba a acostar con cualquiera de aquí!

En eso tenía razón…

— Joder, vayan a arreglar sus problemas lejos de mi vista.

Gustav se lleva a Georg al otro lado de la cortina. Tom viene a pasos lentos hasta que se sentó a los pies de la cama procesando lo que acaba de suceder.

Estoy esperando toda clase de insultos…

— ¿Por qué?

— ¿Qué?

— ¿¡Por qué trabajas aquí!?

— ¡No te importa!

— ¡Si me importa! ¡No me gustaría que andén diciendo en la calle que mi ex es una… una…

— ¿¡Una qué!? — empujo su cuerpo con mi pie a modo de retarlo. — ¡Ah!

— ¡Una puta, Bill! — respira como si hubiera corrido algunos kilómetros.
Me asusta mucho. — Una puta sexy, coqueta, guapa… mierda.

— Yo no soy tu ex, Tom..no soy nada tuyo, ni tu conocido.

— Ja, seguro. — acaricia mi pie, hace masajes placenteros que me provocan suspiros. — ¿Por qué los ex se ponen mejores cuando ya no están con uno?

— Para demostrarles de lo rico que se perdieron.

— Te creo.

— Ajá… — regreso a ver por la cortina. No se ve nada, es oscura. Ojalá Georg se encuentre ya dándole la reconciliación a su novio porque de lo contrario, todo esto no habría valido la pena.

— ¿Por qué me odias?

— ¿Se te olvidó? — acaricio las trenzas en el momento que asciende por mi pelvis. — Te refresco la memoria.

— Solo peleando te gusta vivir.

— Me engañaste, Tom.

— Mierda, ¿solo por eso me odias?

— Si… y porque me lastimaste.

— Deja cicatrizar esas heridas ocasionadas por el Tom inmaduro, bebé. — susurra al llegar a mi boca. — Era muy niño para entender lo que era de llevar una relación.

— Nah, sigues siendo la misma mierda.

— Puedo cambiar. — abre espacio entre mis piernas. Besa en el cuello frotando sus caderas en mi entrepierna. Guié las manos a su cintura para ayudar quitando la camisa.

Me estorbaba.

— No creo en tus palabras.

— Con hechos… — introduce una segunda vez su pene en mí. Aprieto los bíceps con fuerza. — ¿Mejor?

— Tom…

— Vuelve conmigo, te haré feliz…

— Sí… — jadeé delicado. Volvía a torturar mi cuerpo con el suyo. Me abraza para poder impulsar sus penetraciones. Gemía una y otra vez por lo bajo. Proporciona besos desde mi frente, el puente de la nariz, en la punta de la misma hasta terminar en mi boca. Meto la lengua para profundizar y alargar. — Oh…

— Con razón te parecías tanto y me alocaste.

— Mierda, muévete más rápido. — está en la obligación de salirse para poder llevar mi cuerpo al filo de la cama. Cierro los ojos y gimo sin control por lo presuroso de sus estocadas. Puedo abrirme con ambas manos las piernas para que lo haga sin piedad, no se retenga…

Sube la mano para palpar mi cintura de una forma romántica.

Me derretí…

— Bill… ¡ah! — abrí los ojos de golpe el ver a Georg a mi lado acostado. Me miraba mientras Gustav también hace lo mismo con él. Acaricia mi mejilla para unir sus labios a los míos. Respondo al beso demasiado sonrojado pero si que le tenía unas ganas.

Mientras nos follan bajo la mano para tocarle el pene. No se queda atrás y también toca el mío de la misma manera.

— Dios… que ardiente. — ya estaba empezando a expulsar gotas de semen con lo bien que me besaba Georg.

Supera mis expectativas.

— ¡Ah!

Tom, como si estuviera celoso. Hace que de inmediato cambie de posición. Se acuesta en la cama para que lo pueda montar. Estoy concentrado en darle placer a mi hombre mientras veo a mi amigo ser cogido del suyo.
Me masturbo observando y sintiendo el placer.

Estoy a punto de enloquecer.

— ¡Gustav, mhmm! — observo al rubio ponerlo en cuatro.

«Vaya que no es tan tímido como creía.»

Me agacho lo suficiente para poder besarle a Tom y en eso Gustav aprovecha para poner la mano en mi trasero. Sin querer me erizó la piel y me hizo explotar en el pecho de Tom.
Gemí en medio del beso bastante ruidoso.

No pude soportarlo.

— Dios… — mi novio tocaba el cabello de Georg con ansias. Le exploraba una parte del cuerpo hasta que le toca el miembro. Masturba a mi amigo y me masturba a mi. Ambos gemimos sin poder callar. Estábamos gozando algo que jamás imaginamos.

Ahí también pude besar a Gustav.

Es igual de dominante que Tom, me encanta.

Le doy una calificación bastante alta el que hayamos compartido saliva pero me hubiera gustado observar como Tom y Gustav, un par de chicos dominantes se besan.

— Quiero acabar, ¡mhmm!

— En la boca.

— Los dos. — apoya Georg en medio de una risa entrecortada. Bajamos para arrodillarnos. Tom y Gustav acercan su entrepierna para que Geo y yo podamos probar la punta con ese característico sabor saladito. Sacamos la lengua, lamí con entusiasmo esas dos pollas duras.

Al levantar la vista, Tom agarra a Gustav y me cumple la increíble fantasía de verlos besar.

— ¡Joder!

— ¡Mierda!

Gimen los dos a la misma vez bañando el rostro de ambos. De ello pude probar un poco y sonreí satisfecho.

— Ahora si podemos decirle a Bill que todo fue planeado porque Tom quería volver con él.

— Que mierda.

F I N

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por WifesKaulitz

Escritora del Fandom

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