Fic Toll de Lett_kltz

Capítulo 9: Amusement park (P.2)

— ¿En serio pagamos por esto? — pregunté, mirando alrededor mientras entrábamos a la famosa “Casa del Terror”. Las paredes estaban decoradas con telarañas de plástico mal pegadas, y una calavera de cartón se balanceaba del techo como si fuera una piñata olvidada — De verdad, no entiendo cómo esta cosa tiene tanta fama — dije, rodando los ojos mientras pateaba una calabaza que parecía hecha de espuma.

— Ay, Tom, ¿Qué esperabas? ¿Un castillo embrujado de película? — respondió Nataly con una sonrisa burlona mientras avanzaba con entusiasmo.

— No, pero tampoco este intento fallido de fiesta de Halloween de primaria — le di un empujón suave a Georg, que estaba mirando un cuadro en la pared con una expresión de confusión.

— ¿Eso es sangre o pintura? — preguntó, señalando una mancha roja que parecía haber sido aplicada con los dedos.

— Parece kétchup. Del barato —respondió Gustav, riéndose mientras tocaba la pared para comprobarlo.

Bill caminaba detrás de nosotros, tranquilo como siempre, aunque su mirada parecía analizar cada detalle.

— Déjame adivinar, tú tampoco estás impresionado, ¿Verdad? — le pregunté, levantando una ceja.

— Todavía no. Pero quién sabe — su respuesta críptica me dejó confundido, como siempre.

— Esto no da miedo. Da risa — me crucé de brazos, intentando no tropezar con una figura de cartón que se suponía que era un vampiro, pero parecía más un hombre con resaca.

— Deja que avance un poco más, pesimista — dijo Gustav, sonriendo mientras Georg se detenía frente a un ataúd.

— ¿Creen que alguien va a salir de aquí? — preguntó, inclinándose para inspeccionarlo.

— Si lo hacen, seguro será igual de chafa que todo lo demás — me volví a cruzar de brazos, aburrido, cuando de repente, las luces comenzaron a parpadear violentamente.

— Uy, Tom, parece que te escucharon — Nataly me miró con una sonrisa burlona.

Unos sonidos pregrabados de risas siniestras salían de unas bocinas escondidas, pero parecían más las carcajadas de alguien viendo memes.

— ¡Miren eso! — gritó Nataly, señalando una mano falsa que salía de la pared. Ella la tocó sin dudar, mientras yo rodaba los ojos.

— Por favor, Nataly, eso está hecho de goma. ¿Crees que esto me va a asustar?

Pero entonces, las luces se apagaron por completo, dejándonos en una oscuridad absoluta.

— ¿Hola? — susurro Georg, su tono ya no tan confiado como el de antes.

Un sonido metálico resonó, como si alguien arrastrara cadenas por el suelo. Luego, un grito ensordecedor llenó el espacio, seguido por algo que parecía pasos pesados acercándose.

— Esto no estaba en el libreto… ¿Verdad? — murmuró Gustav, claramente nervioso.

— ¡¿QUÉ FUE ESO?! — Nataly literalmente se agarro de mi brazo con la fuerza de alguien a punto de ser devorado por un monstruo.

— Relájate, seguro es el viento — intenté sonar confiado, pero mi voz salió más aguda de lo que esperaba.

— ¿El viento? ¿En un pasillo cerrado? — Gustav empezó a caminar más rápido, como si quisiera salir de ahí cuanto antes.

El ambiente en la casa del terror se sentía cada vez más pesado. Las luces seguían apagadas y los efectos de sonido eran lo suficientemente decentes para ponerme algo nervioso. Pero claro, como buen defensor de mi orgullo, mantuve mi pose de «esto no me afecta».

De la nada, un haz de luz iluminó a una figura espeluznante al final del pasillo. Era enorme, con una máscara grotesca y un machete brillante en la mano.

— ¡CORRAN! — gritó Gustav, quien fue el primero en perder toda dignidad y salir disparado en dirección opuesta.

— ¡NO ME DEJEN! — chilló Nataly mientras yo intentaba arrastrarla conmigo.

En cuestión de segundos, todos corrimos en direcciones completamente opuestas. Mientras Georg y Gustav gritaban como niños pequeños en Halloween.

— ¡¿DÓNDE ESTÁN?! — les grité, tropezando con algo que probablemente era un cráneo falso, aunque en ese momento no me importó verificar.

— ¡TOM! ¡¿DÓNDE ESTÁS?! — la voz de Nataly sonaba a lo lejos, llena de pánico.

Intenté avanzar a ciegas, tropezando cada dos pasos. Un zombi salió de una esquina y me lanzó un gruñido espantoso.

— ¡NO ME TOQUES! — le grité, esquivándolo como si estuviera en una película de acción.

De pronto, escuché un grito desgarrador.

— ¡SE LLEVARON A GUSTAV! — gritó Georg, apareciendo de la nada y aferrándose a mi brazo.

—¿QUÉ? ¿CÓMO QUE SE LO LLEVARON? — miré alrededor, pero no podía ver nada.

— ¡SALIERON DEBAJO DEL SUELO! ¡LO ARRASTRARON COMO EN UNA PELÍCULA DE EXORCISMOS!

— ¡¿Y TÚ SOLO TE QUEDASTE VIENDO?! — le reclamé, pero no tuve tiempo de seguir porque otro monstruo apareció detrás de nosotros, gruñendo con una motosierra.

Ambos gritamos como si estuviéramos en medio de una invasión alienígena y corrimos sin dirección fija. Finalmente, tropecé con alguien más.

— ¡¿TOM?! — era Nataly, quien me abrazó como si acabara de regresar de la guerra.

— ¡¿DÓNDE ESTÁ BILL?! — pregunté, pero mi respuesta fue otro grito, esta vez de Georg, que señalaba algo detrás de nosotros.

Una figura espeluznante con una máscara ensangrentada se acercaba lentamente, cargando lo que parecía ser una cuerda.

— ¡NO NOS VAN A AGARRAR! — chilló Georg, empujándonos hacia otro pasillo.

Después de lo que pareció una eternidad las luces se encendieron, y milagrosamente nos reunirnos con Bill, quien estaba sorprendentemente tranquilo y limpiándose el polvo del abrigo.

— ¿Qué diablos te pasa? ¡Casi nos morimos! — le reclamé, aún tratando de recuperar el aliento.

—Tranquilo. Es solo gente disfrazada. Aunque admito que el tipo con la motosierra estuvo cerca de atraparme — él sonrió con una «calma» pero era el que mejor fingía.

— ¡SE LLEVARON A GUSTAV! — gritó Georg otra vez, como si nadie hubiera escuchado su pánico antes.

—¿Y ahora qué hacemos? — preguntó Nataly, claramente al borde de un colapso nervioso.

— Buscamos la salida — respondí, aunque no tenía idea de dónde estaba, este lugar era más grande de lo que pude imaginar.

El ambiente estaba más tenso que nunca. Seguíamos atrapados en la casa del terror, y para colmo, las luces volvieron a apagarse haciendo todo más difícil.

— ¡¿NATALY?! — grité mientras extendía las manos frente a mí como si eso me fuera a salvar de tropezar con algo.

— ¡¿ALGUIEN ME ESCUCHA?! — gritó Georg desde otro punto del laberinto.

— ¡¿GUSTAV, DÓNDE ESTÁS?! — la desesperación en mi voz no ayudaba, pero lo intenté de todos modos.

El problema es que todo se sentía igual: paredes frías, pisos que crujían y un olor a plástico combinado con niebla de máquina.

De repente, doblé una esquina y choqué de frente con algo.

— ¡¿AHHH?!

— ¡AHHH, NO, NO ME TOQUES! — gritó Georg al mismo tiempo.

— ¡GEORG, SOY YO, IDIOTA! — le dije, mientras ambos nos agarrábamos el pecho por el susto.

— ¡¿POR QUÉ GRITAS COMO SI TE FUERAN A MATAR?! — me recriminó, aunque su cara estaba tan pálida como la mía.

— ¿QUÉ QUIERES QUE HAGA, QUE TE INVITE A UN CAFÉ?

Antes de que pudiéramos seguir con nuestra discusión, las luces volvieron a encenderse, aunque solo por un par de minutos. Era nuestra oportunidad de encontrar a los demás.

— Okey rápido, aprovechemos. ¿Dónde diablos pueden estar los otros? — dije mientras avanzábamos apresuradamente por el laberinto.

— ¡BILL! ¡NATALY! — gritó Georg como si fueran a responderle de inmediato.

El lugar seguía siendo igual de aterrador. Las figuras de los monstruos ahora eran más visibles con la luz, pero eso no ayudaba mucho. Seguíamos sin pistas de los demás.

— Esto es como el peor escape room de la historia… — murmuré mientras doblábamos otra esquina.

De repente, las luces volvieron a apagarse.

— ¡NOOOOOO! — gritó Georg, agarrándose a mi brazo.

—¡SUÉLTAME, NO SOY TU SEGURO DE VIDA!

El silencio fue interrumpido por un ruido extraño, algo como pasos mezclados con un crujido mecánico.

— ¿Qué fue eso? — pregunté, mi voz temblando un poco.

— No sé, pero no quiero averiguarlo.

Seguimos avanzando, esta vez con más cuidado, cuando un sonido aterrador nos hizo detenernos en seco. Parecía que algo se estaba moviendo detrás de las paredes.

— Tom… Dime que eso es parte del show.

Llegamos a una sala al final del pasillo. Había una televisión vieja parpadeando en la esquina, emitiendo estática.

— Esto no me gusta… — susurré, pero antes de que pudiera retroceder, la pantalla se apagó y de repente, una figura apareció frente a nosotros.

Era una mujer con un vestido blanco desgarrado, el cabello negro cubriéndole el rostro.

— ¡NO, NO, NO, NO! — gritó Georg, retrocediendo hasta tropezar y caer al suelo.

— ¡NO PUEDE SER REAL, ES UNA PERSONA, SOLO UNA PERSONA! —traté de convencerme, aunque no podía moverme.

La figura salió lentamente de la pantalla, igual a la maldita niña del aro, moviéndose de forma errática, ambos nos quedamos paralizados como si fuéramos parte de una película de terror.

— ¡CORRE, IMBÉCIL, CORRE! — grité finalmente, agarrando a Georg del brazo y arrastrándolo fuera de la sala.

Pero no tuvimos tiempo de recuperar el aliento. Una pared se abrió de golpe y algo con un traje negro y una máscara nos empezó a perseguir.

— ¡¿POR QUÉ SIEMPRE NOS PASA ESTO A NOSOTROS?! — chilló Georg mientras corríamos por nuestras vidas.

De repente, mientras doblábamos una esquina, una mano mecánica salió del suelo y agarró a Georg del tobillo.

— ¡AYUDA, ME ESTÁN LLEVANDO! —gritó, pataleando como un loco.

— ¡NO TE SUELTES, GEORG, AGUANTA!

Pero era inútil. En cuestión de segundos, lo arrastraron hacia la oscuridad de la forma más absurda posible: con una especie de aspiradora gigante que lo succionó como si fuera un muñeco de trapo.

— ¡NO ME OLVIDEN! — fue lo último que escuché de él antes de que desapareciera.

— ¡GEORG! — grité, pero sabía que no podía hacer nada.

Ahora estaba solo, nuevamente en la oscuridad, tratando de no entrar en pánico mientras buscaba a Bill y Nataly.

— ¡NATALY! ¡BILL! ¿DÓNDE ESTÁN? —grité, caminando a ciegas por el laberinto.

El eco de mis gritos rebotaba por las paredes, mientras avanzaba con pasos torpes y la paranoia al límite. ¿Por qué no podría ser un parque de diversiones normal? No, tenía que ser un parque con una casa del terror que parecía hecha por alguien con problemas serios.

— ¡NATALY! ¡BILL! — grité otra vez, porque aparentemente pensaba que repetir sus nombres mágicamente los haría aparecer.

De repente, escuché algo moverse detrás de mí. Me congelé en seco.

— ¿Georg? ¿Volviste? — susurré, aunque sabía que era imposible.

Unos pasos rápidos resonaron justo detrás de mí, y me giré tan rápido que casi me caigo. Nada. Solo oscuridad y mi respiración cada vez más agitada.

—Vale, Tom… Tranquilo. Solo es un show barato… Con efectos especiales… —trataba de convencerme, pero mi voz sonaba más como la de un niño a punto de llorar.

Entonces, algo chocó contra mi espalda, y yo lancé un grito digno de una diva de ópera.

— ¡¿QUÉ DEMONIOS?!

— ¡TOM, SOY YO! — era la voz de Bill, jadeando como si hubiera corrido kilómetros.

— ¡¿POR QUÉ ME ASUSTAS ASÍ?! ¡CASI ME HACES INFARTAR!

— ¡¿YO TE ASUSTO?! ¡¿Y EL GRITO QUE ACABAS DE LANZAR?! Pensé que era un banshee.

Ambos nos quedamos mirándonos en la oscuridad, hasta que otro ruido nos hizo dar un salto hacia atrás.

— ¿QUÉ FUE ESO? —preguntó con la voz temblando como gelatina.

— No sé, pero no quiero quedarme a averiguarlo.

Comenzamos a caminar juntos, aunque ninguno de los dos estaba dispuesto a liderar el camino. Era como si quisiéramos usar al otro como escudo humano. Si alguien se atrevía a llevarse a uno de los dos no dudaría en usarlo como ofrenda.

— ¿Tienes idea de dónde está Nataly? — pregunté, tratando de mantener la calma.

— La última vez que la escuché, estaba gritando algo sobre un monstruo que le quería jalar el cabello…

No pude evitar reírme nerviosamente, pero la risa se me congeló cuando escuchamos un grito desgarrador.

— ¡NATALY! — gritamos al unísono y comenzamos a correr en su dirección.

Llegamos a una sala iluminada tenuemente por unas luces rojas parpadeantes. En el centro, Nataly estaba parada sobre una mesa, golpeando a un tipo disfrazado de zombie con su mochila.

— ¡ALÉJATE, BESTIA! ¡NO ME TOQUES!

— ¡ES UN ACTOR, NATALY! — le grité, pero ella no estaba para razonamientos.

— ¡NO ME IMPORTA, LE DIJE QUE NO ME TOQUE!

El pobre tipo simplemente salió corriendo, probablemente reconsiderando todas sus decisiones de vida.

— ¡¿Qué haces?! — le preguntó Bill, ayudándola a bajar de la mesa.

— ¡Sobrevivir! — respondió ella, sacudiendo su cabello con dramatismo.

Justo cuando parecía que podíamos relajarnos, las luces se apagaron de nuevo.

— No, no otra vez… — susurré, sintiendo cómo el pánico regresaba.

El silencio se rompió con un sonido que parecía venir de todos lados: risas distorsionadas, pasos rápidos, el crujido de cadenas…

— Vale, propongo quedarnos aquí y fingir que somos muebles — sugirió Bill, apretándose contra la pared.

— ¡¿Esa es tu gran idea?! — le espetó Nataly.

Entonces, algo cayó del techo y aterrizó justo frente a nosotros. Era una figura enorme con una máscara blanca y un machete de plástico, pero la forma en que movía la cabeza de lado a lado hizo que todos gritáramos.

— ¡CORRAN! — grité, y todos salimos disparados en diferentes direcciones como si fuéramos pollos sin cabeza.

Perdí de vista a Nataly y Bill en cuestión de segundos, y ahora estaba solo de nuevo, jadeando y tratando de encontrar una salida.

Mientras seguía avanzando, con los pelos de punta y el corazón a mil, escuché pasos que venían detrás de mí. Me giré de golpe, listo para enfrentar lo que fuera, aunque no sabía si era para pelear o para correr.

— ¡¿QUIÉN ESTÁ AHÍ?! — grité, tratando de sonar valiente pero de repente, algo salió de la oscuridad tambaleándose como si estuviera borracho.

— ¡AHHHHH!

— ¡CÁLLATE, IDIOTA, SOY YO! — gritó Georg, frotándose el hombro después de tropezar con una pared.

— ¡GEORG! ¡¿QUÉ TE PASÓ?!

— ¡¿Qué me pasó?! ¡Me arrastraron por el piso como si fuera un costal de papas, Tom! ¡Tengo polvo hasta en los calzones y creo que una de mis zapatillas se quedó en el camino!

— ¿Cómo lograste escapar?

— ¡Se tropezaron conmigo! ¡Soy literalmente tan insignificante que no pudieron ni arrastrarme bien! — parecía tan indignado consigo mismo mientras se sacudía el polvo de la ropa.

Antes de que pudiera responderle, alguien más apareció detrás de nosotros, con la respiración entrecortada .

— ¡¿Podrían dejar de gritar como si fueran gallinas?! — era Gustav, pero lucía tan desastroso como Georg, con una cuerda medio rota colgando de su pierna.

— ¡¿GUSTAV?! ¿No que te habían arrastrado a la fuerza?

— ¡Sí, Tom! Me llevaron por el piso, me golpearon contra unas cajas y creo que pasé por algo que parecía gelatina. ¡No preguntes, no quiero saber qué era!

— ¿Y cómo te soltaste? — pregunté, tratando de no reírme, porque entre el polvo y su cara, parecía un personaje salido de una caricatura.

— Se les rompió la cuerda. Supongo que no aguantó tanto drama en un solo lugar — respondió, sacudiéndose.

Georg solo lo miró con incredulidad.

—¿Por qué siempre tienes suerte?

— Porque no soy tan gritón como tú, eso ayuda — replicó Gustav con una sonrisa burlona.

— ¡Cállense ya! Tenemos que encontrar a Bill y Nataly antes de que algo peor les pase — los interrumpí, intentando mantener la calma, aunque sabía que estábamos más perdidos que nunca.

Comenzamos a avanzar juntos, y aunque tratábamos de caminar con cuidado, cada ruido nos hacía brincar como si nos estuvieran electrocutando.

— Okey, entonces… ¿Alguna idea de por dónde buscar? — preguntó Gustav, mirando alrededor.

— Solo caminen y sigan gritando sus nombres. Alguien tiene que escucharnos… Espero — aunque yo no estaba muy convencido de mi propio plan.

De repente, las luces volvieron a apagarse, y el sonido de algo arrastrándose resonó en el pasillo.

Corrimos como si nos estuvieran persiguiendo los cobradores de deudas. Gritábamos a todo pulmón, empujándonos entre nosotros y sin mirar atrás. La puerta luminosa estaba frente a nosotros, y en ese momento ninguno se detuvo a pensar.

— ¡ESA TIENE QUE SER LA SALIDA! —gritó Gustav, casi tropezándose con sus propios pies.

— ¡AUNQUE NO LO SEA, PREFIERO ARRIESGARME! — respondió Georg, empujándome hacia adelante.

— ¡CÁLLENSE Y CORRAN! — grité, aunque ya iba a toda velocidad, casi derrapando en las esquinas.

Empujamos la puerta con todas nuestras fuerzas, esperando cualquier cosa: más monstruos, un túnel oscuro, o incluso otro laberinto infernal. Pero en lugar de eso, nos encontramos con…

La luz del sol.

— ¿Por qué está tan brillante? — preguntó Georg, entrecerrando los ojos como si acabara de despertar.

— ¿Dónde estamos? — dijo Gustav, respirando con dificultad mientras se apoyaba en sus rodillas.

— ¿Será…? — empecé a decir, pero me detuve en seco al ver lo que nos rodeaba.

Estábamos justo en medio del parque. Familias paseaban tranquilamente, los niños comían algodón de azúcar, y un grupo de músicos tocaba en una esquina. Todos estaban mirándonos con una mezcla de sorpresa y desconcierto.

— Esto no puede ser… — susurré, sintiendo cómo el calor subía a mi cara.

— ¿Acabamos de…? — Georg no terminó la frase, pero el silencio incómodo que nos rodeaba lo dijo todo.

Un niño pequeño comenzó a aplaudir.

—¡SALIERON GRITANDO COMO LOQUITOS! — gritó, señalándonos con un dedo mientras su mamá trataba de contener la risa.

Un tipo que vendía helados dejó caer su cono de vainilla al suelo. Una abuelita que estaba en una banca se quitó los lentes para asegurarse de que lo que veía era real. Incluso un perro dejó de ladrar para mirarnos, ladeando la cabeza con confusión.

— ¡Actúen como si nada hubiera pasado! — susurró Gustav entre dientes, enderezándose de golpe.

— ¿CÓMO ACTÚAS NORMAL DESPUÉS DE ESTO? — respondí en pánico, mientras intentaba recuperar mi dignidad inexistente.

Georg empezó a silbar, pero su intento de parecer casual lo hizo ver aún más culpable. Gustav cruzó los brazos y miró al cielo como si estuviera admirando las nubes. Yo simplemente me quedé congelado, fingiendo que no existía.

De repente, escuchamos una carcajada familiar. Nos giramos lentamente y ahí estaban Bill y Nataly, de pie junto a una banca, doblándose de la risa.

— ¡¿QUÉ RAYOS FUE ESO?! — gritó Bill, literalmente sosteniéndose el estómago.

— ¡¿CORRER GRITANDO Y EMPUJANDO PUERTAS?! ¡ESO PARECÍA UNA ESCENA DE PELÍCULA! — añadió Nataly, con lágrimas en los ojos de tanto reír.

— ¡Cállense, ustedes ni pasaron por todo lo que nosotros sufrimos ahí adentro! — se defendió Georg, aunque su voz temblaba de vergüenza.

— ¡Claro que no! Porque encontramos la salida, ¡Como personas normales! —respondió Bill, dándole un empujón amistoso a Georg.

— Y nos quedamos aquí… esperando para ver qué hacían ustedes — añadió Nataly, burlándose con una sonrisa enorme.

Gustav me miró con ojos desesperado.

— Dime que no nos vieron salir corriendo así…

— Lo vieron. Lo vieron todo — susurré, señalando a la gente que aún nos observaba y murmuraba entre ellos.

— Ya… Vámonos antes de que alguien nos reconozca— dijo Georg, comenzando a caminar en la dirección opuesta mientras silbaba otra vez.

— Como si alguien quisiera recordarnos después de esto… — respondí, siguiendo su ejemplo, aunque sabía que nunca olvidaríamos nuestra gran escapada épica del terror.

Y así, con el orgullo destruido pero las risas aseguradas, dejamos atrás la casa del terror… y nuestras últimas pizcas de dignidad.

&

El día había sido una locura, y mientras me acomodaba en el asiento del taxi, no podía evitar sonreír recordando cada momento. Desde los gritos desesperados en la casa del terror hasta las risas mientras intentábamos ganarle a Nataly en los autos chocones. La rueda de la fortuna, los juegos de agua, las bromas interminables con Georg y Gustav… Había sido agotador, pero valió la pena cada segundo.

A mi lado, mi mamá estaba tranquila, mirando a través de la ventana con esa expresión serena que siempre tiene cuando ve que todo está en orden. Podía notar lo feliz que estaba de vernos disfrutar tanto. Nataly estaba apoyada en Bill, ambos completamente dormidos en el asiento trasero. Bill ni siquiera se molestó en apartarse, parecía tan cansado como todos nosotros. Georg, por otro lado, roncaba con la boca abierta, y Gustav cabeceaba mientras intentaba no dormirse y fallaba miserablemente.

Yo me quedé mirando por la ventana, con el paisaje de luces de la ciudad pasando lentamente. Había algo increíblemente satisfactorio en ese cansancio, como si hubiéramos vivido un día que realmente contaba. Mis pensamientos seguían saltando de un recuerdo a otro: el momento en el que me empapé por completo en los juegos de agua, Georg gritando como loco en la montaña rusa, o Nataly casi tumbándome en los autos chocones.

— Hoy fue… perfecto — murmuré, sin darme cuenta de que lo había dicho en voz alta.

Mi mamá me miró y sonrió, pero no dijo nada. Solo puso su mano en mi hombro y asintió ligeramente.

Mientras el taxi se acercaba a casa, el silencio se llenó de esa sensación extraña y bonita de no querer que un día termine. Todos estábamos agotados, pero también felices, como si hubiéramos dejado todo en ese parque. Me quedé ahí, mirando por la ventana y pensando que no importaba cuántos días como este tuviera en mi vida: nunca serían suficientes.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario 😉

por Lett_Kltz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!