
Fic Toll de Lett_kltz
Capítulo 5: Memories
Estábamos en un parque. El lugar era tranquilo. El sol estando en su punto máximo dibujando patrones de luz en el suelo. Mis pasos crujían sobre las hojas secas mientras caminábamos y de vez en cuando nuestras manos se rozaban. Esa cercanía me hacía sentir cómodo, aunque no entendía del todo porqué.
— ¿Siempre haces eso? — dijo esa persona, con una voz que me hizo detenerme, esa voz tan cercana pero tan lejana…
— ¿Hacer qué? — respondí, mirando únicamente mis tenis.
— Hacerte el desinterésado que no siente nada, cuando en realidad sientes demasiado — me dio un ligero empujón con el hombro, y no pude evitar soltar una risa.
Nos detuvimos frente a un puente de madera que cruzaba un pequeño río. Me apoyé en la barandilla, mirando el agua correr. El lugar olía a tierra mojada y a hojas en descomposición, pero había algo jodidamente perfecto en ese momento. Algo que me hacía sentir… Completo.
— ¿Qué estás pensando? — susurro con ese tono burlón que lograba sacarme una sonrisa, incluso si no quería.
— No lo sé… — dije, aún mirando el río — Supongo que pienso en lo fácil que es estar aquí contigo.
Solo hubo silencio por unos segundos, pero sentí cómo su mirada estaba fija en mí. Después, sin decir nada, tomó mi mano. No sé por qué, pero ese simple gesto me hizo sentir… Algo. Algo que no podía explicar ni con mil palabras, mi corazón latía a mil por segundo y sentía que se me saldría del pecho, un solo toque, una caricia hacia ese efecto tan grande en mí.
— Bueno, entonces no lo olvides, ¿Sí? —dijo finalmente.
— ¿Olvidar qué?
— Esto. Nosotros. Tú y yo…
Me gire para mirar su cara, queriendo decir algo, pero de repente todo empezó a volverse raro. El río comenzó a desvanecerse, el sonido de las hojas se apagó, y cuando intenté enfocarme en su rostro… Estaba vacío. Era como si hubiera una maldita niebla cubriéndolo todo.
— ¡Espera! — le grité, pero no salió ninguna respuesta. Todo a mi alrededor comenzó a desaparecer, desmoronándose como si alguien estuviera arrancando cada maldito pedazo de la escena.
Abrí los ojos de golpe, jadeando como si me hubieran sacado del agua. Tenía el pecho apretado y estaba empapado en sudor. Mi cuerpo temblaba, y no sabía si por el sueño o por lo que me estaba haciendo sentir.
— ¡Joder! — murmuré, llevándome una mano a la cara. Miré a mi alrededor, tratando de orientarme. Las paredes del hospital me devolvieron a la realidad. Pero esa mierda… Esa sensación… Todavía estaba ahí. Esa calidez, esa puta conexión… Sabía que era real, no era solo un sueño si no un fragmento de mi vida, uno que hasta hoy pude obtener, era un avance así que tendría que esforzarme más para recordar aún más cosas. ¿Quién era? Su rostro se había desvanecido cuando quise mirarlo.
Me recosté en la cama, cerrando los ojos por un momento. Pero todo lo que veía era ese vacío. Ese maldito vacío, ese que me desconcertaba.
Trataba de conectar ese recuerdo con algo, cualquier cosa, la más mínima que sea me ayudaría a acordarme de más cosas. Pero no había nada. Solo ese vacío aplastante que siempre estaba ahí cuando trataba de recordar, el cual no entendía y nunca lo haría hasta recuperar todo mis recuerdos, mi vida…
El sudor aún me corría por la frente cuando extendí la mano hacia el control remoto. No podía quedarme solo con mis pensamientos. La habitación estaba jodidamente silenciosa y necesitaba algo, cualquier cosa para distraerme. Encendí la televisión esperando que el ruido me ayudara a despejar la cabeza y olvidar toda esa mierda, no quería volver a pensar en ello, no por ahora, me había volado la cabeza solo ese simple recuerdo…
La pantalla mostró un programa musical. Dos presentadores hablaban de algún evento irrelevante, pero mi atención no estaba allí. Fue la música de fondo lo que me atrapó.
Una canción comenzó a sonar, suave al principio, pero con una melodía que se sentía como un maldito puñetazo en el pecho. No sabía de dónde la conocía, pero cada nota parecía tirar de algo dentro de mí, como si tratara de desenterrar algo enterrado profundamente.
“Look at the stars, look how they shine for you”
Las palabras se clavaron en mi cabeza como un eco insistente. Cerré los ojos y de repente, no estaba en el hospital. Estaba en un auto. Las luces de la ciudad pasaban rápidamente por la ventana, y esa misma canción estaba sonando en la radio. Alguien iba cantándola, desafinando terriblemente, pero con una pasión que me hacía reír.
— ¡Canta conmigo, cobarde! — dijo esa misma voz que, una vez más, no podía ubicar.
— No voy a hacer el ridículo — mi propia voz sonaba divertida, relajada.
— Ya haces el ridículo a diario, Tom. Esto no hará la diferencia.
La risa estalló entre ambos mientras seguíamos cantando, desafinados y felices. Tal vez ahora sí lograría ver su rostro con éxito, pero justo cuando iba a voltear para verlo el recuerdo se esfumó como humo en el aire.
Abrí los ojos, volviendo a la realidad por segunda vez. Mi respiración era pesada, y sentía el corazón más palpitante incluso que antes.
La canción aún sonaba en la televisión, pero ya no tenía el mismo efecto. Ahora solo era un recordatorio de lo que no podía alcanzar, de lo que me habían arrancado.
— ¿Qué mierda fue eso? — murmuré, apagando el televisor con un movimiento brusco, me llevé las manos a la cabeza, intentando calmarme, pero no servía de nada. Esa conexión.
El sonido de la puerta abriéndose me sacó de mis pensamientos. Miré hacia arriba y vi a Georg entrando con Gustav detrás, ambos con un par de bolsas de comida.
— Tienes cara de haber visto un fantasma ¿O algo peor? — bromeó Georg mientras dejaba las bolsas en la mesa.
— ¿Y tú por qué mierda traes esa cara? — añadió Gustav, sacando un paquete de papas fritas.
Me pasé una mano por la cara, tratando de evitar sus comentarios. No quería que supieran lo jodido que me sentía.
— Nada. Solo… Me desperté mal — fue lo único que pude decir mientras los veía sacar la comida y hacer sus comentarios usuales.
El sol se filtraba por las persianas, dándole a la habitación un aire más cálido de lo que realmente sentía. Gustav y Georg habían estado aquí por un buen rato y la conversación se había vuelto un poco más ligera después de tanto drama.
— Solo… Hablemos de otras cosas.
— ¿Te acuerdas de cuando casi te expulsan en primer año de universidad por meter cerveza en clase? — preguntó Gustav, echándose hacia atrás en la silla con una sonrisa de cabrón.
— Claro que me acuerdo — respondí, soltando una risa — Fue un grandioso plan.
— ¿Grandioso plan? — Georg se inclinó hacia adelante, burlón — Era una caja de cervezas metida con excusa barata de «es para un proyecto».
— Y funcionó, ¿no? — me encogí de hombros, intentando no reírme más de lo necesario.
— Sí, hasta que te sentaste encima y la caja se rompió, llenando el piso de botellas y cerveza por todos lados —añadió Gustav, casi ahogándose de la risa.
— ¡Es que nadie me dijo que era una puta caja de cartón reciclado! — les lancé una mirada fingidamente ofendida.
Ellos no paraban de reírse, y por un momento, yo también me dejé llevar. Era agradable recordar algo que sí encajaba en mi cabeza, un fragmento de mi vida que todavía me pertenecía.
— O cuando hicieron revisión de mochilas y te encontraron condones.
Recuerdo que ese mismo día por la noche iba a ver una gran fiesta en una de las casas de un amigo, todos en la universidad iban a ir así que no me podía permitir faltar. Yo mismo me ofrecí a llevar los condones.
— En mi defensa… Eran por una buena causa — hice un gesto de aburrimiento mientras los miraba a los dos, incluso si hablaríamos de todas las cosas que hemos hecho en primer año terminamos un libro entero, no es por exagerar pero eramos unos jodidos.
— También me acuerdo cuando quisiste invitar a salir a Brittany y ella te rechazó en frente de toda la universidad — añadió Gustav mirándome con lastima.
Joder, que no me recuerden eso que hasta ahora me daba una horrible vergüenza.
— ¡Ya! Basta… Ella se lo perdió — traté de defenderme.
— Aún recuerdo lo que te dijo — continúo Georg mientras me daba una cozado — «Tom, lo siento pero eres un niño para mí» ¿Que te pasaba por la cabeza? Literalmente ella era tres años mayor que tú, traes la realidad bien alterada.
— Ya dije. Ella se lo perdió, listo — solo quería que la tierra me tragara cuando Brittany me dijo eso. Y lo peor de todo, es que yo, como el idiota que soy decidí decírselo en frente de todo el instituto, y lo peor; fui el centro de burlas por alrededor de cuatro semanas.
Incluso Georg y Gustav me jodieron con eso todos los días, ellos eran los únicos que no se habían olvidado de ello, ya que según ellos «Ninguna otra chica me había rechazado hasta que Brittany rompió las reglas» y bueno… Era verdad, me había dañado el ego que tanto había tenido desde la secundaria, pero ese es otro caso que ya no quiero recordar, incluso hubiera agradecido haber perdido ese recuerdo de lo que realmente quería recordar de verdad..
Estos dos idiotas seguían riéndose como si les hubiera contado un chiste de primera. Bufé cruzandome de brazos.
— Ya, suficiente ¿O quieren que les recuerde todas las veces que los rechazaron? La mía solo fue una vez, la de ustedes… — conté con mis dedos de forma exagerada, mientras ellos solo rodaban los ojos — … Bueno fueron más veces que incluso ya ni los recuerdo — enfatice la palabra «tantos» mientras ahora, los roles se cambiaron, ahora era yo el que reía y ellos se mantenían serios, pero después de unos segundos los tres empezamos a reír en conjunto.
Pero, como siempre, el humor no tardó en disiparse. Georg dejó de reírse y se cruzó de brazos, mirándome con esa seriedad que sacaba cuando quería decir algo importante, esa que a veces me daba miedo, pero no tanto como Gustav, que cada que vez que hacía algo malo era el primero el reprocharme como el «papá» del grupo, y la verdad es que de los tres Gustav era el mejor para esas mierdas reflexivas y darte los mejores consejos de tu vida que vas a escuchar, por eso era al que acudía cuando sentía que algo no andaba bien conmigo.
— ¿Sabes, Tom? Era divertido y todo eso, pero incluso en ese entonces eras un puto desastre. Aunque, al menos en segundo año tenías algo que siempre te centraba.
— ¿Ah, sí? ¿Y qué es ese «algo»? —pregunté, levantando una ceja.
— Ups… Ya lo olvide, ¿Que habrá sido, no? — le iba a arrancar los malditos cabellos de la cabeza uno por uno y…
— Ya basta, parecen unos niños — me gire hacia Gustav aguantando mis propias palabras, como un maldito niño al que le habían denegado comerse un caramelo.
— Como sea, no me importa en lo absoluto, es más, ya no me importa saber nada más de mi pasado — mentira — Si me lo dicen o no, ya no les voy a hacer caso — volví a mentir, podría fingir que ahora ya no me importaba sacarles más información y era más que obvio que nunca me dirían nada, pero solo yo se… Solo yo se lo que siento y lo que quiero saber realmente.
Georg se encogió de hombros, sin decir nada más, y Gustav decidió cambiar de tema.
— ¿Oye y cuando te van a dar de alta? Ya llevas aqui dos semanas.
— Bueno, el doctor siempre pasa por mi habitación a las tres, entonces cuando venga le puedo preguntar, la verdad yo también quiero salir de aquí, ya no soporto este hospital — le arrebate la cajita de papas fritas que estaba comiendo Gustav y me las comí en su cara, él solo me saco la lengua y ambos nos reímos.
— Mira que cuando salgas te llevaremos a un buen bar, los tres lo necesitamos, esto de los exámenes de la universidad nos están volviendo locos — Georg miro a Gustav y el asintió dándole la razón — Y bueno tú, supongo que para despejar tu mente.
— No me jodas Georg. Pero está bien, unas cervezas no me hacen mal.
Ellos se quedaron un rato más, pero al final se fueron diciendo que regresarían mañana. Apenas pasó media hora cuando el doctor entro a mi habitación dándome una pequeña sonrisa que devolví amablemente.
— Hola, Tom — fue lo único que dijo mientras se paraba al lado mío, esto ya era rutinario.
— Hola… — lo mire hacer lo que siempre hacia, chequeos y demás cosas — Oiga doctor… Tengo una pregunta.
— ¿Mhm, cuál? — me miró mientras escribía en los informes.
— Bueno, ya llevo aquí dos semanas, ya me siento mejor y bueno… Me preguntaba cuando me darían de alta.
Él se quedó callado antes de suspirar y volver a mirar las hojas que tenía en manos, lo mire esperando una respuesta, un si o un no bastaba.
— Bueno Tom, ya estás mejor, si. Así que te podremos dar de alta en dos días, pero ojo, tendrás que venir una vez por semana al hospital para revisar que todo esté en orden.
— ¡Ah! Si claro, no tengo problemas con eso.
— Tú madre ya sabe de esto, justamente te lo diría hoy pero tú iniciaste el tema, ella siempre llama todos los días, se preocupa mucho por tí. Bueno, Tom, tienes que salir con alguna familiar o si no, no te dejarán salir solo, es crucial que alguien te acompañe, no queremos que te pierdas en estás grandes calles de Berlín — ambos reímos hasta que mire por la ventana, el piso donde yo estaba era alto y tenía vistas únicamente de los edificios, al asomar mi cabeza lo único que se podía ver abajo eran los autos transitando al igual que las personas.
— Está bien.
— Bien. Por ahora todo está en orden, hasta mañana, Tom — asentí y el doctor salió de mi habitación dejándome solo de nuevo
Me recosté en la cama ordenando las almohadas para que estén más cómodas para mí, me sentía emocionado, al fin saldría de aquí, retomaría mis estudios lo más antes posible y todo estaría normal en mi vida de nuevo, seguiría el curso de mi destino por fin.
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Estaba babeando mientras seguía mirando la televisión, un programa de chefs había logrado llamar mi atención de tantos canales que pase y pase, hacían platos deliciosos y logro despertar mi apetito.
Ahora se encontraban concursando para ganar esa competencia, el plato final, tres de diez concursantes lograron quedarse, así que la competencia entre ambos estaba reñida, el tiempo dio inicio y los tres corrían por todo el lugar buscando los ingredientes adecuados para elaborar el plato, mire con más atención cuando unos golpecitos leves en la puerta hicieron que girará mi cabeza a su dirección.
— ¿Puedo pasar? — la voz de Peyton llegó antes de que asomara la cabeza. La mire unos segundos antes de asentir suspirando pesadamente.
— Claro, pasa — me acomode en la cama sentándome cómodamente con la espalda pegada a la cabecera, busque el control remoto y una vez lo encontré apague la televisión.
— ¿Qué tal va todo? — preguntó, dejando su chaqueta en la silla cercana.
— Nada interesante. Gustav y Georg se fueron hace rato — me encogí de hombros, tratando de no sonar demasiado jodido.
— ¿Y el médico?
— Sí, pasó hace un rato — hice una pausa, sin estar seguro de cómo decirlo— Me dijo que me dan de alta en dos días.
Ella sonrió, pero su sonrisa tenía algo más, como si no estuviera segura de cómo sentirse con eso.
— Eso es bueno… ¿no? — preguntó, inclinando la cabeza.
— Sí, supongo. Pero no sé… Si vamos a seguir viéndonos después de esto — las palabras salieron de mi boca antes de que pudiera frenarlas.
Ella se quedó callada por un momento, luego se inclinó hacia mí con esa mirada que siempre ponía cuando estaba a punto de convencerme de algo.
— Entonces, te voy a dar mi número. Así me aseguro de que no desaparezcas otra vez — sonrió, y esa sonrisa tenía algo que hacía que todo pareciera más fácil.
Ella saco un pequeño papel junto a una bolígrafo de su cartera, anotando su número telefónico, sonreí levemente sin que ella lo notará.
— Listo — me entrego el papel y lo tome en mis manos observando su contenido — Además, ya sabes que vamos a la misma universidad. No te vas a librar tan fácil de mí.
— ¿Así que ahora eres mi ángel de la guarda? — bromeé tratando de ignorar la sensación extraña en mi pecho, esa que sentía cada vez que ella estaba cerca, no sabía con exactitud de que podía ser… ¿Tranquilidad? ¿Paz? Era complicado.
— Alguien tiene que hacerlo, ¿No? —respondió, sonriendo de nuevo, pero esta vez, su sonrisa parecía cargar algo más. Algo que no podía entender del todo.
— Bien, supongo que estarás ahí cada vez que intente desmayarme ¿No?
— Siempre — asentí y cuando quise agregar algo más para poder bromear como siempre lo hacíamos, ella me tomo una mano, no sabía cómo reaccionar así que solo me quedé mirándola — Supongo que… Yo estaré ahí para cuando te sientas caer ¿Vale?
La mire unos segundos más antes de solamente soltar un «Si» tan bajo que ni siquiera se si lo pudo escuchar.
Se fue unos minutos después, y ahí me quedé, mirando el teléfono en mis manos. Tenía su número, pero no sabía qué coño estaba haciendo, esa caricia… Se sentía bien pero sin embargo, no era la de mis recuerdos, esa que me aceleraba el corazón por minuto, la cual podía derretirme, no eran las mismas, o bueno, no la que estaba buscando, su presencia me agradaba pero no me sentía completo, aunque no podía ignorarla era otro tipo de sentimiento, uno nuevo, y si, tal vez me estoy apresurando mucho y simplemente estoy confundiendo mis sentimientos hacia ella.
– «Bueno, entonces no lo olvides ¿Si?»
– «Esto. Nosotros. Tú y yo…»
Esas palabras eran lo único que se repetían en mi cabeza una y otra vez como un remolino comiéndome el alma, sentía culpa, como si estuviera haciendo todo mal y no pudiera cumplir lo que me había dicho ese alguien que ni siquiera puedo recordar.
La dulce melodía de su voz, esa tranquilidad que me traía, solo quería saber y volver a sentir todo eso de nuevo. ¿Quien es? ¿Una chica? Tal vez la conocí en la universidad en segundo año, pero como no podía recordarlo era aún más imposible saberlo.
Joder todo me tiene mal, trato de hacer lo mejor posible, no puedo sacarle una gota de información a nadie porque todos me ocultan algo ¿Que no tengo derecho a saberlo? Es mi vida, quiero ordenar de una buena vez todas las piezas y seguir adelante. No quiero tener nada que no pueda recordar, quiero saberlo todo.
Entonces cuando me den de alta podré por fin saber todo por mi cuenta, averiguar y buscar, no cuento con nadie solo conmigo mismo para iniciar a armar el rompecabezas de mi vida.
Iniciare en la casa de mi madre, tal vez en mi habitación tenga algo, papeles, fotos, objetos, todo…
Continúa…
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