Fic Toll de Lett_kltz

Capítulo 35: The world is a handkerchief

By Bill

El hielo chocó contra el vidrio de mi vaso cuando lo moví distraídamente. La música del bar era suave, un fondo casi imperceptible entre la charla de la gente y el sonido de las botellas al destaparse.

— ¿En qué tanto piensas? — preguntó Andreas, apoyando los codos en la mesa mientras bebía de su cerveza.

No respondí de inmediato. No porque no supiera qué decir, sino porque ni siquiera sabía por dónde empezar.

Había vuelto a Berlín.

Después de estos años, después de todo lo que pasó, después de jurarme a mí mismo que nunca volvería… Ahí estaba.

Suspiré y bebí un trago de mi whisky.

— Nada — mentí rápidamente porque era lo único que podía hacer ahora.

Andreas me miró con incredulidad.

— Sí, claro. Se nota que nada.

Rodé los ojos y dejé el vaso sobre la mesa mientras le daba una mirada de «¿Otra vez con eso?»

— Mira, sé que esto es difícil para ti — dijo con un tono más serio — Pero solo serán unas semanas. Hacemos el trabajo, lo terminamos y nos vamos. No tienes que quedarte más tiempo del necesario.

Lo sabía. Lo tenía claro, pero eso no significaba que fuera fácil. Cuando me fui de aquí, corté todo contacto con todo y con todos. Cambié de número, nunca llamé, nunca respondí mensajes, nunca intenté saber de nadie. No porque no los extrañara, claro que lo hacía, los llevaba en mi mente todo el tiempo, pero tenía miedo. Porque si llamaba, tal vez no me responderían. O peor, tal vez lo harían y yo no sabría qué decirles.

Así que solo desaparecí.

Y después de eso, me enfoqué en mi vida. Terminé mis estudios en otra universidad, y aunque sentía que no era suficiente, al año siguiente tomé una capacitación de medio año para reforzarme aún más. No podía permitirme quedarme estancado.

Gracias a mi papá, conseguí mi primera oportunidad real. Él es socio de una empresa y me ayudó a abrirme camino, aunque el inicio fue difícil. Como todo en el mundo del diseño gráfico, pero con el tiempo, con esfuerzo y dedicación, fui ganando experiencia. Y al final, era bueno en mi trabajo.

Nunca tuve tiempo para una pareja. Nunca quise tener tiempo para eso y aunque pasaron los años, aunque me dijera a mí mismo que lo había superado…

Nunca olvidé a Tom.

A veces me preguntaba qué habría sido de él.

La última vez que deje todo atrás, él estaba con Peyton. Y yo me fui con la idea de que él me odiaba, tal vez aún lo hacia. Así que pensándolo bien… probablemente ellos dos seguían juntos.

¿Se casaron?

¿Tuvieron hijos?

Sacudí la cabeza y bebí otro trago, tratando de sacar esa mierda de mi cabeza. Qué importaba.

El punto es que ahora estaba aquí, porque Leandro y mi padre eran amigos desde la universidad, o bueno, eso es lo que me contó mi padre, y por eso él me recomendó para rediseñar la imagen de su empresa. Fue una oportunidad de oro. Algo que no podía rechazar.

Mi papá me contó de él, fue poco pero lo hizo. No sabía mucho, solo que tenía éxito y que necesitaba mi ayuda. Después de todo, era un viejo amigo de mi padre y no podía ser descortés en decirle «No».

Así que acepté.

Y hace unas horas, después de bajar del avión y pisar Berlín de nuevo… me di cuenta de que otra versión de mí seguía aquí.

Una que no se había ido nunca…

Andreas chasqueó los dedos frente a mí sacándome de todos esos pensamientos de nuevo. 

— Bill.

Lo miré.

— Dime que al menos me estás escuchando, cabrón.

Sonreí levemente.

— Sí, sí. Ya lo sé. Solo serán unas semanas.

Él rodó los ojos, pero sonrió.

— Bien. Entonces relájate, disfruta tu trago y deja de pensar otras cosas ¿Vale?

Reí suavemente y choqué mi vaso con su botella de cerveza.

— Sí, lo intentaré.

Andreas revisó su teléfono mientras yo terminaba lo que quedaba de whisky en mi vaso. El líquido era como fuego bajando por mi garganta pero era tolerable, era lo que necesitaba en este momento.

— Bueno — dijo, dejando su celular sobre la mesa — Mañana tenemos que ir a la empresa de Leandro.

Asentí.

— Sí, lo sé. ¿A qué hora es la reunión?

— A las diez.

Suspiré.

— Al menos no es tan temprano.

— No, pero tenemos que ir con todo preparado — respondió — Ya sabes cómo son estas cosas.

Lo sabía. No era la primera vez que nos contrataban para rediseñar la imagen de una empresa. Andreas se encargaba de ciertas áreas técnicas y de publicidad, lo que complementaba mi trabajo perfectamente. Por eso, trabajábamos bien juntos.

— ¿Tienes alguna idea en mente? — pregunté, recargando la espalda en la silla.

— Algunas. Pero hay que ver bien lo que quieren. Si nos dan libertad creativa, será más fácil, pero si son de los que quieren cambiar cada puto detalle…

Rodé los ojos.

— Sí, ya me imagino. No quiero otro cliente que insista en meter su perro en el logo.

Andreas se rió.

— Lo peor es que ni siquiera tenía perro — sin duda, ese era el peor cliente que nos tocó a lo largo de nuestro trabajo. Solté una risa leve al recordarlo. 

— ¿Entonces?

— Mañana vemos bien todo. Con lo que nos digan, podemos hacer una propuesta sólida y tener algo listo en menos de una semana.

Asentí. No debería haber problema. Ya habíamos trabajado con clientes exigentes antes, así que Leandro no podía ser peor, o eso espero.

Terminamos nuestros tragos y llamamos un taxi para ir al departamento que habíamos alquilado por los días que duraríamos aquí. No planeaba quedarme más de lo necesario.

Solo unas semanas, solo eso.

El taxi avanzó por las calles y una extraña sensación se apoderó de mí al ver los edificios, las luces, la gente caminando por las aceras. Todo estaba igual. 

Miré por la ventana mientras mi mente jugaba con una posibilidad.

¿Y me encuentro con Tom? 

Apreté la mandíbula y volví la vista al frente. No. No iba a pasar.

Berlín es enorme. Hay millones de personas aquí. Sería absurdo pensar que en el poco tiempo que estaré me lo voy a encontrar.

Aunque… ¿Qué haría si pasara? 

Si lo viera caminando por la calle. Si me mirara y… reaccionara como si no me conociera.

Tragué saliva.

No. No quiero pensar en eso. No quiero imaginarlo.

El taxi se detuvo frente al edificio y pagamos la tarifa antes de bajar. El viaje había sido agotador y lo único que quería ahora era descansar. El departamento que alquilamos era amplio, con una sala bien iluminada, muebles modernos y una cocina equipada.

— Nada mal — comentó Andy, dejando su maleta cerca del sofá.

— Sí. Se ve bien.

Cada uno tomó sus cosas y se dirigió a su habitación. Apenas cerré la puerta, solté un suspiro y me dejé caer en la cama. Me sentía drenado.

Volver aquí… volver a este lugar…

Me pasé una mano por la cara y me obligué a levantarme. Necesitaba una ducha. Me quité la ropa y dejé que el agua caliente cayera sobre mi piel. Sentí los músculos relajarse un poco, pero mi cabeza seguía llena de pensamientos.

Mañana empezábamos con la empresa de Leandro.

Solo eso importaba, solo eso tenía que importar. Cerré los ojos y apoyé la frente contra la pared de la ducha.

Antes, tal vez me hubiera puesto nervioso por esta reunión, pero ahora lo veía como algo más del trabajo. Me sentía más seguro, más preparado.

Me metí a la cama, tranquilo, y cerré los ojos, esperando que el sueño llegara rápido. Por suerte, lo hizo.

Al despertar, el sonido de la cafetera llenaba el departamento cuando entré a la cocina.

— Por fin despiertas, princesa — bromeó Andy, sirviéndose una taza de café.

Rodé los ojos mientras me sentaba en la mesa.

— Son las ocho de la mañana, Andy.

— Exacto. Yo ya llevo despierto desde las siete, como un adulto responsable.

— Eres un adulto responsable que casi se duerme en el taxi ayer.

— Shhh… detalles.

Reí bajo mientras servía mi café y miraba la mesa. Andy ya había puesto pan, algo de fruta y huevos revueltos.

— ¿Por qué este desayuno tan decente?

— Porque si nos va bien con Leandro, puede que nos recomiende con más gente. Así que hay que vernos lo más profesionales posibles.

— Tienes razón — dije, tomando un pedazo de pan — Aunque no importa qué tan profesionales nos veamos, siempre hay clientes que piden cosas horribles.

— Cierto. Recuerda la señora que quería un logo con un unicornio y una calavera.

— Cómo olvidarlo… lo peor es que lo decía en serio.

Terminamos el desayuno entre bromas, y cuando nos dimos cuenta, ya era hora de alistarnos. Nos pusimos nuestros trajes, asegurándonos de que todo estuviera en orden. Teníamos que causar una buena impresión.

— ¿Listo? — preguntó Andy, ajustándose la corbata frente al espejo.

— Listo.

Tomamos nuestras cosas y salimos del departamento. Durante el trayecto en taxi, Andy hablaba sobre las posibles propuestas que podríamos presentar.

— Si la empresa de Leandro quiere algo más moderno, podríamos apostar por una estética minimalista con colores neutros. Pero si quieren algo más llamativo…

— Podemos jugar con colores más vibrantes y tipografías audaces — completé.

— Exacto. Aunque espero que no quieran algo «con un toque vintage», porque eso significa que van a querer algo sobrecargado con texturas y sombras.

— O peor… con degradados horribles.

Andy hizo una expresión de horror exagerada.

— ¡No lo digas!

Reí mientras el taxi seguía avanzando. Cuando llegamos a la empresa, nos recibió una recepcionista que nos sonrió al vernos.

— Buenos días. Venimos de la parte de diseño gráfico.

— Ah, sí. Los estaban esperando. Pueden pasar, el señor Leandro está en una reunión ahora mismo, pero ya los atenderá.

Nos indicó el camino y tomamos el elevador hasta el piso indicado. Al salir, un hombre ya nos esperaba.

— El señor Leandro los va a atender en un momento. Ahora está con un empleado en su oficina, pero ya casi termina.

— Está bien, gracias.

El hombre se fue a avisarle a Leandro, y nosotros nos quedamos esperando a unos metros de dicha oficina.

— ¿Crees que nos pida algo demasiado rebuscado? — preguntó Andy.

— No sé, pero espero que no.

Seguimos hablando mientras pasaban los minutos, hasta que la puerta de la oficina se abrió…

Mi corazón… se detuvo, porque quien salió de ahí… no podía ser real.

Tom estaba de espaldas a mi, él no podía verme y dudo que lo haya hecho, pero yo si. Mi mente no pudo procesarlo. No, no podía ser él.

Era imposible.

Cerré los ojos con fuerza y negué con la cabeza. No. Esto es un juego de mi cabeza.

Respiré hondo y los volví a abrir.

Él… ya no estaba, solo alcancé a verlo desaparecer por otra esquina de la empresa junto con alguien más.

Sentí mi estómago caer hasta el suelo, no podía ser real ¿O sí? Tal vez era alguien parecido a él y mi cabeza ya estaba loca. No podía, ese chico usaba traje y Tom… Bueno, Tom nunca había sido de los que les guste usar eso. 

El mundo no podía ser un puto pañuelo en este momento. 

— Bill — susurró Andy, notando mi expresión.

No tuve tiempo de responder, porque en ese momento, Leandro se centró en nosotros y nos sonrió.

— Pasen, por favor.

Seguí en shock, sin poder moverme hasta que Andy me jaló del brazo y agradecí eso.

Respira. Mantén la calma. Esto es solo trabajo.

Me obligué a sonreír como si nada hubiera pasado y entré junto a Andy a la oficina de Leandro. El lugar era amplio, con una decoración moderna y minimalista. Una gran ventana ofrecía una vista impresionante de la ciudad. Perfecto para un hombre como él, exitoso y con visión.

Nos sentamos en las sillas frente a su escritorio, y yo me forcé a mantenerme relajado. Tom no estaba aquí. Ya está. Lo que sea que haya visto, lo imaginé, no hay otra explicación.

— Gracias por venir — dijo Leandro con una sonrisa confiada — Tengo grandes expectativas para este proyecto, así que espero que puedan sorprenderme.

— Haremos todo lo posible — respondí con seguridad.

En ese momento, la puerta se abrió y entró otro hombre, probablemente uno de los encargados del área de marketing o planificación de la empresa. Llevaba una carpeta y su expresión era profesional, aunque relajada.

— Les presento a Marcos, nuestro director de marketing — dijo Leandro.

— Un gusto — dijo el hombre estrechándonos la mano.

— Bien, vamos directo al punto — continuó Leandro — Como saben, mi empresa se dedica al desarrollo de proyectos inmobiliarios: edificios de oficinas, residencias de lujo, centros comerciales… Nuestra imagen debe reflejar solidez, modernidad y confianza. No solo construimos estructuras, creamos espacios que impactan la vida de las personas.

Asentí, analizando lo que decía.

— ¿Han pensado en un enfoque visual específico? — pregunté.

— Sí y no — respondió Marcos — Queremos una imagen limpia, elegante, pero con personalidad. Nada genérico. Nuestro logo ya es reconocible, pero sentimos que la identidad visual necesita una actualización. Además, la estrategia de marketing digital debe mejorar.

— Exacto — Leandro intervino — Queremos destacar más en redes sociales y atraer inversores. Necesitamos una campaña fuerte que muestre nuestra calidad y prestigio.

— Podemos trabajar con eso — dije, intercambiando una mirada con Andy.

— Hemos pensado en una combinación de estrategias — agregó mi compañero — Un rebranding sutil, sin perder la esencia, y un enfoque de marketing digital que utilice contenido visual atractivo: renders 3D de los proyectos, videos cortos mostrando el proceso de construcción, entrevistas con arquitectos y diseñadores…

— También podríamos hacer recorridos virtuales para los clientes — agregué — Mostrar los proyectos en etapa de planificación con renders interactivos. Eso ayudaría a que los compradores potenciales visualicen los espacios antes de que estén terminados.

Leandro sonrió, claramente interesado.

— Eso suena interesante. Además, quiero que modernicemos el sitio web. Debe ser intuitivo y visualmente impactante.

— Podemos rediseñar la interfaz con una navegación más fluida — dijo Andy — Y podríamos añadir una sección de testimonios y casos de éxito. La gente confía más cuando ve experiencias reales.

Marcos asintió.

— Es un buen punto. También debemos trabajar en la identidad en redes. Queremos contenido que se vea profesional, pero que también tenga un toque cercano.

— Podemos manejar un tono más aspiracional — propuse — Que el público no solo vea edificios, sino el estilo de vida que viene con ellos. Mostrar cómo es vivir o trabajar en los espacios que crean.

Leandro pareció satisfecho con la dirección de la conversación.

— Bien, me gusta. Pero no quiero algo básico. Quiero que me sorprendan. La presentación es la próxima semana, así que tienen estos días para trabajar en ello. Quiero ver propuestas sólidas y creativas.

— Lo tendremos listo — aseguré.

Seguimos afinando ideas y ajustando detalles. Poco a poco, me sumergí completamente en la charla y olvidé lo que había pasado hace unos minutos. Solo un poco. 

Al terminar todo y quedar de acuerdo con todas las propuestas, Andy y yo nos despedimos de Leandro y Marcos. 

Cuando finalmente la puerta de la oficina se cerró y nosotros quedamos fuera, jale casi por inercia a Andy llevándolo a los elevadores como un maldito rayo, él trataba de zafarse y me preguntaba que diablos estaba pasando, pero yo solo quería salir de ahí lo más rápido posible. Presioné el botón en cuanto llegamos al elevador, soltando mi agarre de su brazo. 

— ¿Que diablos pasa? ¡Me arrastraste como si mi culo estuviera en llamas! — se quejo, pero yo solo lo ignore. Cuando las puertas se abrieron, entre rápidamente y le hice un movimiento de cabeza para que entrara también. 

Él siguió mi movimiento todavía en un trance de entender porque estaba actuando asi. Una vez las puertas se volvieron a cerrar suspiré pesadamente soltando el aire que no sabía que guardaba. 

— Yo… lo siento, no quise arrastrarte así, pero… — volví a quedarme callado tratando de encontrar las palabras correctas para, por fin, sacarlo de mi boca. ¿Y si no era mi imaginación? ¿Y si era Tom realmente? 

— ¿Pero? — me miró expectante, tratando de que continuará. Me pase una mano por el cabello antes de soltar la bomba. 

— Yo… Creo que me estoy volviendo loco ¿Tiene lógica? ¡No! — ví como fruncía el ceño, seguramente todavía sin entender nada de lo que decía, pero, joder esto era más complicado, cada segundo que pasaba una sensación rara se metía hasta lo profundo de mis huesos, era un veneno que se expandía por todo mi cuerpo — Lo ví… 

— ¿Lo viste? ¿A quien? Porque si viste un fantasma ya entiendo porque estás tan pálido — rió y de dí un codazo. 

— No, idiota. Hablo de Tom 

— ¿Tom? ¿El chico que fue un total idiota contigo y por el cual volviste a Hamburgo como alma en pena? 

— Si… Bueno, quiero creer que es mi mente haciéndome pasar una mala jugada, pero estaba ahí, a unos metros antes de entrar a la oficina de Leandro. 

Andy pareció pensárselo bien antes de abrir la boca, pero de ella no salió nada más que un «Oh»

— Esto es una total mierda — dije con desgana mientras miraba al suelo. 

— Oye, oye… Tal vez solo fue una mala jugada de tu mente como dijiste, no te preocupes tanto, Bill — trato de animarme. 

Quise responder, pero las puertas volvieron a abrirse dejándonos en el último piso, mi mirada recorrió todo el lugar. Tenía que asegurarme de no encontrar a un «Tom» por ahí. Y para mi suerte, no había nadie que conociera. 

— Anda, vamos — volvió a decir — Ya te dije que fue solo tu imaginación. Creo que sobrepensar por él te ha afectado el cerebro. 

— Bueno, tal vez tengas razón… 

&

Seis horas después el cansancio ya se sentía en mi cuerpo, pero al menos todo iba bien. Andy y yo estábamos en una de las salas de reuniones con nuestras laptops, revisando cada detalle de los videos, los anuncios y la estrategia de marketing.

— Dime que esto ya se terminó, por favor — murmuró Andy, estirando los brazos con dramatismo — Siento que me voy a fusionar con esta silla.

Sonreí sin despegar los ojos de la pantalla.

— Casi. Solo falta la identidad visual, pero eso lo hacemos mañana.

— Dios… Bueno, al menos los videos quedaron geniales. Creo que podríamos ganar un premio o algo.

— Sí, seguro — solté una risa leve.

En ese momento, la puerta se abrió y Marcos entró con una expresión interesada.

— ¿Ya lo tienen listo?

Andy asintió, girando la laptop para que pudiera ver.

— Videos editados, estrategia de marketing detallada, segmentación del público objetivo y calendario de publicaciones. Solo falta afinar algunos detalles de la imagen visual.

Marcos miró la pantalla con atención, viendo los videos y desplazándose por la presentación. Después de un momento, soltó un leve silbido.

— Esto está genial. Se nota el trabajo y la creatividad. Estoy seguro de que a Leandro le va a encantar.

Me incliné hacia atrás en la silla, sintiendo una pequeña satisfacción.

— Esperemos que sí. Todavía queda trabajo, pero esto es un buen avance.

— Definitivamente — Marcos cerró la laptop y nos miró — De hecho, Leandro quiere hablar con ustedes ahora.

Andy y yo nos miramos un momento antes de asentir. Nos levantamos y seguimos a Marcos hasta la oficina de Leandro.

Cuando entramos, el jefe estaba de pie junto a su escritorio, con un café en la mano. Nos recibió con una leve sonrisa.

— Así que ya tenemos algo concreto — dijo, dejando la taza a un lado — Me gusta la rapidez con la que trabajan.

— Gracias. Queríamos asegurarnos de que todo avanzara sin problemas — respondí.

Andy asintió con una sonrisa confiada.

— Lo importante es que quedes impresionado.

Leandro soltó una pequeña risa.

— Bueno, todavía falta la parte visual, pero si el resto está tan bien como dice Marcos, confío en ustedes.

— No te vamos a decepcionar — dije con seguridad.

Hablamos un poco más sobre algunos detalles y los próximos pasos hasta que Leandro decidió cambiar el tema. 

— ¿Y cómo está Gordon?

Intenté sonreír con naturalidad.

— Bien, ocupado como siempre. Ya sabes cómo es, nunca se detiene.

— Sí, eso suena como él — asintió con una leve risa — Algún día deberían venir a cenar.

Asentí, aunque no estaba seguro de si eso pasaría. Andy también sonreía mientras escuchaba la conversación, pero en ese momento, alguien tocó la puerta.

— Ah, seguro es mi muchacho — dijo Leandro con tono afable — Pasa.

No presté demasiada atención. Pero en cuanto escuché ESA voz, todo mi cuerpo se congeló.

— Aquí están los informes que pediste — dijo él con esa voz tan familiar que me hizo sentir como si el aire se evaporara de la habitación.

No podía ser.

No.

Mi corazón latió con fuerza, pero me negué a girarme. Sentía a Andy mirándome con discreción, seguramente notando mi rigidez, pero yo solo miraba fijamente a Leandro, forzándome a seguir la conversación como si nada hubiera pasado.

— Oh, perfecto. Justo a tiempo — dijo Leandro con tranquilidad — Tom, quiero presentarte a dos personas importantes.

Tom.

Cerré los ojos un instante, sintiendo una punzada en el pecho. Me repetí que debía estar tranquilo, que seguramente mi mente me estaba jugando una mala pasada.

— Ellos son Bill y Andreas, los diseñadores que están a cargo del nuevo proyecto de imagen de la empresa — continuó Leandro con naturalidad — Y chicos, él es Tom. Para mí, es como un hijo.

Hijo.

Las palabras resonaron en mi cabeza como un eco. Mi cuerpo se movió por instinto, como si algo más fuerte que yo me obligara a voltear. Lo hice lentamente, sintiendo el peso del momento en cada segundo que pasaba… Y cuando nuestros ojos se encontraron, fue como si el tiempo se detuviera.

Tom se quedó tan helado como yo, por un instante, ninguno de los dos respiró.

Ahí estaba. El hombre que intenté olvidar. El mismo rostro, las mismas facciones… pero diferente a la vez. Algo en su expresión, en su postura, en la forma en que me miraba con esos ojos abiertos por la sorpresa, me dejó claro que él tampoco estaba preparado para esto.

Leandro siguió hablando, pero su voz sonaba lejana, como si estuviera bajo el agua.

Porque en ese momento solo existíamos Tom y yo.

Continúa…

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por Lett_Kltz

Escritora del Fandom

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