Recuerdos 30

Fic Toll de Lett_kltz

Capítulo 30: Return

El hospital tenía un silencio tenso, interrumpido solo por los monitores y los pasos apresurados de médicos y enfermeras. En una de las salas, Peyton permanecía inconsciente, conectada a sueros y máquinas que monitoreaban su estado. Los médicos habían ordenado más análisis tras notar irregularidades, y los resultados habían llegado.

Uno de los médicos, el Dr. Reinhardt, revisaba los informes con una expresión cada vez más seria. Al leer los resultados finales, soltó un leve suspiro y frunció el ceño.

— Tenemos restos de drogas en su sistema… — murmuró, más para sí mismo que para su asistente, quien lo miró con el mismo desconcierto.

No podían ignorarlo. Legalmente, estaban obligados a reportar este hallazgo a la policía, más aún porque el accidente estaba siendo investigado. El doctor dio un par de instrucciones a una enfermera para que notificara a las autoridades y luego tomó el expediente de Peyton, saliendo de la sala con destino a la sala de espera, donde estaban los padres de la joven.

Leandro y Susan estaban sentados en el área de espera, ambos con el rostro tenso y preocupado. Se pusieron de pie en cuanto vieron al doctor acercarse.

_ Doctor, ¿Cómo está nuestra hija? — preguntó Susan con ansiedad, sosteniendo la mano de su esposo.

El Dr. Reinhardt les dió una mirada cautelosa.

— Su hija está estable y se está recuperando. No hubo daños cerebrales ni fracturas graves, lo cual es un buen pronóstico.

Ambos padres soltaron un suspiro aliviado, pero la mirada del médico seguía demasiado seria.

— Sin embargo… Hay algo que debo informarles — hizo una pausa antes de continuar — Encontramos sustancias ilegales en su sistema.

— ¿Qué? — Leandro frunció el ceño, sorprendido por las palabras.

— Eso es imposible — intervino Susan, negando con la cabeza — Nuestra hija no consume drogas, debe haber un error.

El doctor suspiró, comprendiendo su reacción.

— Lo entiendo, señora, pero los análisis no mienten. No solo encontramos rastros recientes en su sangre, sino que también… — miró los papeles por un momento antes de soltar la noticia con calma — Su hija está embarazada, casi de tres semanas.

El mundo pareció detenerse para Leandro y Susan.

— ¿E-embarazada? — repitió Susan con la voz quebrada.

— No puede ser… — Leandro pasó una mano por su rostro, completamente desconcertado.

El médico les dio un momento para procesarlo antes de continuar.

— Además, debido a la investigación del accidente, existe la posibilidad de que su hija sea la responsable del choque. Aún se está evaluando todo, pero considerando que el otro joven involucrado se encuentra en estado crítico…

Leandro volvió a reaccionar, mirando al doctor con una mezcla de horror y preocupación.

— ¿El otro muchacho? ¿Cómo está él?

El Dr. Reinhardt asintió con gravedad.

— El joven Tom está en coma. Sus heridas fueron más severas que las de su hija, sufrió un traumatismo craneoencefálico y varias costillas fracturadas. Aunque su estado es estable, aún no sabemos cuándo despertará.

Susan se cubrió la boca con la mano, sintiendo un nudo de angustia en el pecho.

— ¿Cómo pudo pasar esto…? — murmuró Leandro, llevándose una mano a la frente — Peyton nunca nos habló de un novio… entonces… ¿Él es el padre del bebé?

El silencio fue suficiente respuesta. Aunque el doctor no podía confirmarlo, era la única conclusión lógica.

Leandro y Susan se quedaron en shock, sin saber cómo reaccionar. Su hija estaba envuelta en algo mucho más grande de lo que imaginaban, y ahora había un bebé en medio de todo esto.

Mientras tanto, en otro punto de la ciudad, Georg y Gustav habían pasado los últimos dos días investigando sin descanso. Entre clases en la universidad y reuniones en la casa de Gustav, habían revisado cada rincón del perfil de Bill, cada nombre, cada pista que pudiera llevarlos a Hamburgo.

Finalmente, después de comparar cientos de casas con la de la foto antigua que encontraron, lograron reducir las posibilidades a un barrio en Hamburgo. No tenían la dirección exacta, pero al menos sabían en qué zona buscar.

— Si es necesario, iremos de puerta en puerta — declaró Georg con determinación — Pero vamos a encontrarlo.

Gustav asintió, sintiendo la misma convicción.

— Sí. Bill tiene que saber lo que pasó con Tom.

Ambos se miraron y sin pensarlo más, decidieron ir al hospital antes de viajar a Hamburgo. Cuando llegaron al hospital, se encontraron con Simone, quien estaba sentada fuera de la habitación de Tom.

— ¿Alguna novedad? — preguntó Georg.

Simone negó con la cabeza, cansada.

— No. Los médicos dicen que está igual… aún no despierta.

Los chicos pidieron permiso para entrar a la habitación y Simone accedió. Dentro, el sonido del monitor cardíaco de Tom era lo único que rompía el silencio.

Georg y Gustav se acercaron, mirándolo con preocupación.

— Oye, Tom… — empezó Georg, con un tono suave — No sabemos si puedes escucharnos, pero queremos que sepas que vamos a encontrar a Bill.

— Sí — intervino Gustav — Ya tenemos una pista. Es un barrio en Hamburgo.

Georg tomó aire antes de continuar:

— Vamos a traerlo, Tom. Si es necesario, iremos de puerta en puerta, pero Bill va a saber lo que pasó.

Justo cuando terminó de hablar, el monitor cardíaco emitió un cambio sutil en el ritmo de los latidos. Ambos se quedaron en silencio, mirándose con sorpresa.

— ¿Viste eso? — susurró Gustav.

Georg asintió, con los ojos muy abiertos.

El monitor mostraba una leve aceleración en los latidos de Tom, como si su cuerpo hubiera reaccionado a sus palabras.

— Él nos está escuchando… — murmuró Georg, con una sonrisa esperanzada.

Por primera vez en días, sentían que Tom no estaba completamente perdido en la oscuridad del coma. Cuando salieron de la habitación, vieron a Simone hablando con el Dr. Reinhardt.

Los chicos se acercaron justo cuando el médico hablaba.

— …Así que decidimos informarle. La señorita Peyton no solo tenía drogas en su sistema, sino que también está embarazada.

El impacto fue inmediato. Georg y Gustav se quedaron congelados.

— ¡¿Embarazada?! — exclamó Georg, sin poder creerlo.

— Eso no puede ser… — susurró Gustav, con la misma incredulidad.

Simone simplemente cerró los ojos por un segundo, dejando escapar un leve suspiro. No dijo nada, solo asintió en agradecimiento al médico. Los chicos intercambiaron miradas, comprendiendo que las cosas acababan de complicarse aún más. Salieron del hospital en completo silencio, todavía procesaban lo que acababan de escuchar.

— Peyton está embarazada… — murmuró Gustav, sin poder asimilarlo.

Georg negó con la cabeza, pasando una mano por su rostro.

— Esto no puede estar pasando…

Ambos siguieron caminando sin rumbo, sin siquiera mirar a dónde iban. Era como si el suelo bajo sus pies se hubiera vuelto inestable. Todo había cambiado en cuestión de minutos.

— Ahora sí todo se fue al carajo… — soltó Gustav con una risa amarga, pateando una piedra en el camino.

Georg bufó.

— Sí, primero Bill desaparece, luego Tom en coma y ahora esto… — hizo una pausa, respirando hondo — No podemos simplemente ir a Hamburgo con esta noticia.

— Exacto. ¿Cómo se lo vamos a decir a Bill? «Oye, Tom tuvo un accidente y, oh, sorpresa, su exnovia también está embarazada.» — Gustav hizo una mueca— Nos mataría.

— O peor… lo destruiría — Georg se pasó una mano por el cabello, frustrado — Este embarazo no estaba en los planes. Esto lo cambia todo.

— Bill ya está sufriendo, ¿Y vamos a lanzarle esta bomba sin que Tom pueda explicarse? No, no podemos hacerlo.

Ambos se quedaron en silencio por un momento, sintiendo el peso de la situación.

— Quizás lo mejor sea esperar a que Tom despierte… — sugirió Georg, aunque no sonaba convencido.

— Sí… cuando despierte, él mismo tendrá que aclarar esto.

Gustav suspiró pesadamente.

— Pero, ¿Y si no despierta pronto?

La pregunta quedó flotando en el aire. No querían pensar en esa posibilidad, pero era real.

Aún así, una cosa era segura: no podían irse a Hamburgo con esta noticia sobre sus hombros. No hasta que Tom despertara y les dijera qué hacer.

Mientras tanto, solo podían esperar… y rezar para que Tom volviera a abrir los ojos.

&

El tiempo avanzaba, pero para Tom, todo seguía detenido.

Una semana había pasado, y aunque su cuerpo lentamente mostraba signos de recuperación, su mente seguía atrapada en la oscuridad.

Mientras tanto, la policía seguía con la investigación. Tras los análisis, habían confirmado que Peyton tenía restos de drogas en su organismo, lo que reforzaba la hipótesis de que el accidente había sido provocado por su estado. Sin embargo, a pesar de la insistencia de los oficiales, Peyton no hablaba. Se mantenía en silencio, ignorando cualquier intento de interrogatorio.

Había sido puesta bajo custodia en el hospital, con guardias vigilando su habitación día y noche. Sin embargo, la falta de respuestas por su parte dejaba a la policía en un punto muerto. No podían hacer nada sin el testimonio de Tom. Él era la única otra persona presente en el accidente. Hasta que despertara y diera su versión de los hechos, todo quedaba en espera.

Pero Tom aún no podía moverse. Aún no podía abrir los ojos.

Los médicos entraban y salían, monitoreaban su estado, hablaban de cómo sus heridas sanaban poco a poco. Decían que era cuestión de tiempo para que despertara, que su cuerpo estaba luchando por volver. Pero, ¿Volver a qué?

Simone le tomaba la mano. Sentía la calidez de sus dedos, el temblor en su agarre. Le hablaba con suavidad, con miedo en la voz.

— Tienes que despertarte, Tom… por favor.

Pero por más que lo intentara, no podía. Y cada vez que lo intentaba, la desesperación lo consumía más, porque recordaba que Georg y Gustav lo habían visitado. Sabía que le hablaron, sus voces llegaban hasta él, como un eco insistente en su mente.

«Vamos a traerlo»  le había dicho Georg con determinación.

Esa frase fue lo único que lo sostuvo en la oscuridad, lo único que le dio esperanza. Había esperado. Se aferró a la idea de que Bill estaría ahí, que lo vería a su lado, preguntándole cómo estaba, tal vez regañándolo por meterse en problemas.

Pero el tiempo pasó y Bill nunca llegó.

Cada vez que alguien entraba a la habitación, esperaba con ansias escuchar su voz, sentir su presencia. Pero no pasaba nada, solo médicos, enfermeras, su madre… pero no Bill.

Entonces, poco a poco, la esperanza se convirtió en miedo. ¿Y si Bill simplemente no quería verlo? ¿Y si ya lo había dejado atrás? Después de todo, ¿Por qué iba a volver? No después de todo lo que pasó. No después de lo que le dijo.

¡Entre tú y yo nunca va a pasar nada!

Si alguna vez te amé, entonces gracias a Dios lo olvidé.

Porque ahora, solo con verte, me das asco.

Esas palabras regresaron a su mente como cuchillas clavándose en su pecho. Había esperado toda esa semana.

Tal vez, Bill ya había decidido que era mejor seguir adelante sin él y eso… dolía más que cualquier herida en su cuerpo.

Simone respiró hondo, observando a su hijo. Su rostro aún tenía moretones, también tenía un inmovilizador de cuello que mantenía su cabeza en una posición fija y los rastros del accidente seguían marcados en su piel. Pero al menos, los médicos le habían dado una noticia alentadora: su estado era estable. Ya no estaba en peligro inminente.

Eso le dio un pequeño respiro, aunque la preocupación seguía allí, constante y sofocante. De repente, un par de voces la sacaron de sus pensamientos.

— Disculpe, señora… ¿Es usted la madre de Tom Kaulitz?

Simone levantó la vista y se encontró con una pareja de mediana edad. Un hombre de porte elegante y una mujer de mirada triste. Los reconoció de inmediato: eran los padres de Peyton.

Se puso de pie con cautela.

— Sí, soy yo.

El hombre extendió la mano de manera respetuosa.

— Mucho gusto. Soy Leandro Harriston. Y ella es mi esposa, Susan.

Simone estrechó su mano con cortesía, pero con cautela. Susan fue la primera en hablar, su voz temblorosa por la angustia.

— Lamentamos muchísimo lo que ha pasado. Sabemos que nuestra hija es responsable de todo esto… y créanos, nos duele en el alma.

Simone entrecerró los ojos, analizando cada palabra.

— Hemos intentado hablar con ella — continuó Leandro, con un suspiro cansado — Pero Peyton… no dice nada, solo guarda silencio. No sabemos qué pasa por su cabeza, pero queremos que sepa que no estamos aquí para justificarla.

Simone cruzó los brazos, manteniéndose firme.

— No puedo decir que esto me sorprende.

Susan bajó la mirada, avergonzada.

— Peyton nunca nos habló de Tom, ni de su relación con él. No sabemos qué sucedió realmente entre ellos, pero… queremos ayudar en lo que podamos.

Leandro asintió y dio un paso adelante.

— Queremos cubrir los gastos médicos de Tom. Por favor, permítanos hacerlo. Sabemos que no va a cambiar nada, pero es lo mínimo que podemos hacer después de lo que nuestra hija ha provocado.

Simone negó con la cabeza de inmediato.

— No es necesario. Aprecio la intención, pero Tom es mi hijo. Yo me haré cargo de todo.

— Señora, por favor — insistió Susan — No lo tome como un intento de limpiar nuestras conciencias. Solo queremos ayudar, de verdad.

Simone miró a ambos con detenimiento. No veía mentira en sus rostros, no veía hipocresía. Solo dolor y vergüenza.

Suspiró.

— Lo pensaré.

Leandro sonrió con gratitud.

— Gracias.

El ambiente quedó en un incómodo silencio, hasta que Susan habló en un murmullo.

— ¿Cómo está él?

Simone apretó los labios antes de responder.

— Mejor. Sigue inconsciente, pero los médicos dicen que está estable. Es cuestión de tiempo… solo espero que despierte pronto.

Susan asintió, tomando la mano de su esposo con fuerza.

— Lo sentimos mucho, de verdad.

El silencio volvió a instalarse en la habitación, con el único sonido de fondo del monitor cardíaco marcando el ritmo estable de Tom. Simone volvió a tomar asiento junto a su hijo, mientras Leandro y Susan se mantenían de pie, como si sintieran que no tenían derecho a estar demasiado cerca.

El hombre suspiró pesadamente, llevándose una mano al rostro.

— No quiero que piense que somos como nuestra hija.

Simone alzó la mirada.

— No lo pienso. Si estuvieran aquí solo para justificarla o intentar encubrirla, la conversación habría sido diferente.

Susan asintió, con una tristeza palpable en sus ojos.

— Desde que Peyton era niña… siempre ha sido difícil hablar con ella. No sabemos en qué momento las cosas se salieron de control, pero le aseguro que nunca le enseñamos a hacerle daño a nadie.

Simone no respondió de inmediato. Sabía que la crianza tenía un peso importante, pero también había decisiones personales que los padres no podían controlar.

— A veces, los hijos se pierden en el camino sin importar lo que hagamos — dijo, con un dejo de melancolía — Pero eso no los hace menos responsables de sus acciones.

Leandro bajó la mirada, aceptando esa verdad.

— Lo sabemos. Y créame, si Peyton termina en la cárcel… será consecuencia de sus propios actos.

Susan respiró hondo, tratando de mantenerse firme.

— ¿Cree que Tom la perdonará?

Simone miró el rostro sereno de su hijo dormido.

— No lo sé. Dependerá de él… si alguna vez se lo pregunta.

Susan tragó saliva y apartó la mirada. No se atrevía a pedir un perdón que ni siquiera estaba segura de que su hija mereciera.

— Hay algo más que queríamos hablar con usted — dijo Leandro con cautela — Pero… ¿Podemos salir de la habitación?

Simone arqueó una ceja, pero asintió y se levantó. Leandro y Susan la guiaron fuera, hasta el pasillo del hospital. El aire era un poco más ligero ahí, sin la presión de la habitación. Susan fue la primera en hablar, con un tono bajo y nervioso.

— Sabemos lo del embarazo de Peyton.

Simone no reaccionó con sorpresa, pues el doctor ya le había dado esa noticia antes.

— Lo sé.

Leandro la observó con seriedad.

— No queremos justificar nada, pero tampoco entendemos cómo… cómo pudo pasar esto.

Simone suspiró.

— Yo tampoco lo sé.

Hubo un instante de silencio incómodo.

— Independientemente de lo que Peyton haya hecho, ese bebé no tiene la culpa de nada — murmuró Susan — No sabemos qué hacer, no sabemos qué pasará con ella… Pero el niño…

— Es un tema complicado — admitió Simone — Y no tenemos control sobre lo que pasará con él.

Leandro asintió, comprendiendo la situación.

— Pase lo que pase, queremos que sepa que no vamos a darle la espalda a ese bebé.

Simone miró a la pareja por un largo momento. No podía juzgarlos. No eran ellos quienes habían cometido los errores de su hija.

— Lo entiendo.

Susan se cruzó de brazos, con los ojos enrojecidos.

— ¿Creé que Tom lo sabe?

Simone solo se quedó callada. 

— No lo sé, nunca menciono nada. 

La pareja no insistió. Parecía que entendían que no era el momento adecuado.

— Gracias por escucharnos — dijo Leandro con sinceridad — Y si alguna vez necesita algo…

— Lo pensaré — respondió Simone, con una leve sonrisa.

Se despidieron con un asentimiento respetuoso, dejando a Simone con mil pensamientos en la cabeza. No podía hacer nada con el pasado, ni con las decisiones de Peyton. Pero el futuro… eso aún estaba por escribirse.

Leandro y Susan caminaron en silencio por el pasillo del hospital hasta llegar a la habitación donde su hija estaba bajo custodia policial. Habían tenido que insistir para que los dejaran verla, pero al final, los agentes permitieron la visita.

Cuando abrieron la puerta, la encontraron exactamente igual que la última vez.

Peyton estaba sentada en la cama, con la mirada perdida en algún punto de la pared. Ni siquiera giró la cabeza cuando entraron. Su expresión era vacía, como si no estuviera realmente ahí. Susan cerró la puerta con cuidado, pero la tensión en el aire era insoportable.

— Peyton… — comenzó, con un nudo en la garganta — ¿Nos vas a decir algo?

Silencio.

Leandro apretó la mandíbula, intentando contener la rabia que había acumulado en los últimos días.

— ¿Qué demonios estabas pensando?

Nada. Ni un parpadeo.

— ¡Te estoy hablando, Peyton! — su padre alzó la voz, golpeando el respaldo de la cama con frustración — ¿Vas a quedarte muda el resto de tu vida?

Ella apenas pestañeó, pero no reaccionó.

— No podemos creer lo que hiciste — dijo Susan, con la voz rota — No te criamos así, nunca te enseñamos a hacerle daño a nadie. ¿Cómo pudiste llegar a este punto?

El pecho de Leandro subía y bajaba con furia.

— ¿Acaso no piensas en nada? ¿En lo que provocaste? ¡Casi matas a ese muchacho!

Pero nada. Peyton seguía ahí, en su propia burbuja, con los ojos fijos en el vacío. Susan se pasó una mano por el rostro, desesperada.

— Dime algo… Lo que sea — susurró — ¿Por qué lo hiciste?

Silencio. Leandro se dejó caer en la silla junto a la cama, frotándose las sienes.

— Te metiste en las drogas, arruinaste tu vida… ¿Y ahora qué?

Nada. Era como si su hija ya no existiera. Susan sintió que las lágrimas se acumulaban en sus ojos.

— Peyton… — murmuró, pero su hija ni siquiera parpadeó.

El silencio era insoportable. Leandro exhaló pesadamente y se frotó el rostro con las manos. Miró a Susan, como si buscara una última confirmación antes de soltar la bomba.

— Ahora hay algo más — dijo con la voz seria — Algo que ya no puedes ignorar.

Peyton no reaccionó.

— Vas a ser madre.

Por primera vez, la mirada perdida de su hija parpadeó. Susan vio cómo su cuerpo se tensaba, como si finalmente procesara sus palabras.

— No… — murmuró, apenas audible.

— Sí — afirmó Leandro, sin espacio para dudas. No se lo habían dicho hasta ahora, pues con las investigaciones y policías era casi imposible que la visitaran — Estás embarazada. Y vas a tener a ese bebé porque él no tiene la culpa de tus errores.

Peyton negó con la cabeza, con una expresión desesperada.

— No, no… no puede ser.

— Lo es — confirmó Susan, con un tono grave — Y más te vale entenderlo.

La respiración de Peyton se aceleró.

— ¿Y qué va a pasar con mi carrera? ¡Con mi vida!

Leandro soltó una risa seca y sin humor.

— ¿Tu carrera? — repitió, mirándola con incredulidad — ¿Todavía crees que puedes seguir con tu vida como si nada hubiera pasado?

Peyton abrió la boca para responder, pero su padre fue más rápido.

— Todo eso se acabó. La universidad, tus planes… los arruinaste tú sola.

Susan cruzó los brazos, sin apartar la vista de su hija.

— ¿O acaso crees que puedes seguir con tu carrera después de esto? ¿Después de las drogas, de lo que hiciste?

Peyton apretó los labios, sus manos temblaban sobre las sábanas.

— Pero yo…

— Tú nada, Peyton — la interrumpió su padre — La única razón por la que seguimos aquí es porque ahora hay un bebé en todo esto. Y porque dejaste a Tom al borde de la muerte.

El rostro de Peyton perdió todo color.

— Tom… — susurró, con la voz rota — ¿Cómo está?

Leandro la miró con dureza.

— No es de tu incumbencia — dijo con rabia. 

Peyton bajó la cabeza.

— Solo dime… ¿Cómo está?

— Está estable — respondió Susan, sin suavizar su tono — Pero ¿Eso qué importa? A ti no pareció importarte cuando causaste el accidente. 

Leandro la miró fijamente.

— Si Tom sobrevive, no será gracias a ti. Será a pesar de ti.

Peyton sintió un nudo en la garganta.

— Yo…

— No. No quiero escuchar excusas — su padre la detuvo — No esperes que estemos aquí para ti como antes, no esperes que las cosas vuelvan a ser como eran.

Susan asintió, con tristeza en su expresión.

— Si te apoyamos en algo, será por ese bebé. No por ti.

Peyton sintió como si el mundo se cerrara sobre ella.

No había escapatoria.

Por otro lado, la cafetería de la universidad estaba animada, llena de estudiantes conversando y disfrutando del tiempo libre entre clases. Astrid removía su café con calma, observando distraídamente a las personas a su alrededor. A su lado, Lexi jugaba con la pajilla de su batido, sin mucho entusiasmo.

— ¿Supiste algo de Bill? — preguntó Lexi, rompiendo el silencio.

Astrid suspiró y negó con la cabeza.

— No. Nunca me llamó.

— ¿Intentaste llamarlo tú?

— Sí… pero su número ya no funciona. Como si hubiera cambiado de línea o estuviera fuera del área de servicio.

Lexi chasqueó la lengua.

— Qué lástima.

Astrid apoyó la barbilla en su mano y sonrió con suavidad.

— Tal vez más adelante encontremos una solución — dijo con confianza — No hay que deprimirnos por esto, ya veremos cómo se arreglan las cosas.

Lexi la miró con una ceja levantada.

— Eres demasiado optimista.

— Alguien tiene que serlo, ¿No? — Astrid se encogió de hombros — A veces solo hay que confiar en que todo va a salir bien.

Lexi soltó una risa leve.

— Sí… o resignarse cuando las cosas no salen como queremos.

Astrid notó el cambio en su tono y la miró con curiosidad.

— ¿Todavía piensas en él?

Lexi bajó la mirada a su batido.

— No tanto como antes — admitió — Pero, ¿Sabes? Creo que tomé la mejor decisión.

— ¿Dejarlo ir?

Lexi asintió.

— Sí. Si solo me veía como una amiga, no había nada más que hacer. No podía obligarlo a sentir algo que no sentía.

Astrid le dio un pequeño empujón con el hombro, en señal de apoyo.

— La vida es así.

Lexi sonrió.

— Sí… pero estoy segura de que alguien mejor llegará en algún momento.

— ¡Exacto! — Astrid levantó su taza como si brindara — Todo pasa por algo.

Lexi soltó una risa y chocó su batido con la taza de Astrid.

— Entonces, brindemos por lo que está por venir.

Astrid sonrió.

— Por el futuro.

La cafetería seguía llena de estudiantes, el ruido de conversaciones y risas flotando en el aire. Astrid y Lexi aún estaban en su mesa, disfrutando del descanso antes de volver a la rutina.

Lexi suspiró y dejó caer la cabeza sobre la mesa.

— Estos días están siendo un caos. Tengo demasiadas cosas que hacer.

Astrid rió, tomando un sorbo de su café.

— Dímelo a mí. Faltan solo cinco meses para terminar el año y siento que no voy a sobrevivir.

— Lo sé, todo está complicándose con más tareas y trabajos. Los profesores no tienen piedad.

— Yo ya ni duermo — bromeó Astrid, revolviendo su café con desgano — Estoy en modo zombie.

— Yo igual — Lexi soltó una risa, sacudiendo la cabeza — Creo que si paso una noche más sin dormir, empezaré a ver cosas.

Ambas se rieron, compartiendo la desesperación de la vida. Lexi miró su batido y sonrió.

— Bueno, lo único bueno del día es esto — dijo, levantando su vaso — Creo que iré a pedir otro, pero con más crema esta vez.

Astrid negó con la cabeza con una sonrisa.

— Vas a terminar en coma diabético.

— Vale la pena.

Lexi se levantó y se dirigió al mostrador, mientras Astrid miraba la hora en su celular.

— Yo ya tengo que irme a clases — anunció, poniéndose de pie.

— Nos vemos luego entonces — Lexi le sonrió.

— No te empalagues con tanto batido.

— No prometo nada.

Ambas rieron y se despidieron. Astrid tomó un camino, mientras Lexi se iba por otro, con su nuevo batido en la mano, distraída mirando su celular sin prestar mucha atención a su alrededor.

Mientras tanto, al otro lado de los pasillos. Ethan se apoyaba contra una pared en el campus, con los brazos cruzados mientras escuchaba a Caleb, quien hablaba con seriedad.

— Ethan, ¿Ya abriste los ojos?

— ¿A qué te refieres?

— A Peyton — Caleb soltó un suspiro exasperado — Lo que pasó con Tom… El accidente… todo eso está mal. Pero lo peor es que ella te usó.

Ethan frunció el ceño.

— Ni me lo recuerdes… — ese día, cuando había provocado a Tom, cuando Liam se inclinó para susurrarle que ellos dos sorpresivamente eran novios. Ethan entendió todo. Solo lo uso, lo manipuló para que él haga su trabajo sucio y ella salir con las manos limpias. 

— Pues te lo voy a decir hasta que te canses — Caleb alzó un poco la voz — Solo piensa en esto: Peyton te manipuló para que tú soltaras la bomba y le dijeras toda la verdad a Tom. ¿Y qué pasó después? Se hicieron novios y ella quedó como la chica perfecta. 

Ethan apretó la mandíbula, recordando todo con claridad.

— Tienes razón… Fui un idiota.

— No eras un idiota, solo estabas cegado por ella.

Ethan cerró los ojos un momento, frustrado.

— Sí, estaba ciego. Me gustaba… creí que realmente le importaba.

— Pero no lo hizo — Caleb le dio una palmada en el hombro — Solo quiero lo mejor para ti. No dejes que te sigan manipulando.

Ethan asintió con firmeza.

— No lo haré. Ya abrí los ojos. Cuando Tom despierte o cuando regrese a la universidad, le diré todo lo que realmente paso. No puedo dejar que siga engañándonos.

— Bien dicho.

Caleb sonrió y se despidió de Ethan, dejándolo solo en el pasillo.

Ethan también camino por otro pasillo pensado en todo lo que había pasado. Realmente le molestaba y no podía quedarse así.

Lexi seguía caminando sin prestar demasiada atención a su alrededor, concentrada en su celular mientras sostenía su batido en la otra mano.

Ethan aún avanzaba por el pasillo, distraído en sus propios pensamientos, hasta que ambos chocaron de golpe en la esquina del pasillo. Lexi sintió su batido derramarse por completo sobre la ropa del chico frente a ella.

— ¡Oh, Dios! — exclamó, abriendo los ojos como platos — ¡Lo siento muchísimo!

Ethan bajó la mirada a su polera empapada de crema y batido. Lexi rápidamente intentó limpiar la mancha con la manga de su suéter, pero él la detuvo con una leve risa.

— Tranquila, está bien — dijo con calma — Tengo más poleras en mi casillero.

— ¡No fue intencional, lo juro! Iba distraída…

— Sí, me di cuenta — dijo Ethan, mirándola con atención. En un lugar lleno de personas, él nunca se había fijado en ella… Hasta ahora. Y lo curioso era que, por primera vez, alguien no intentaba llamar su atención.

Lexi sintió su mirada y se puso un poco nerviosa.

— Oye… ¿Tú estudias aquí?

Ella parpadeó, confundida.

— Eh… sí.

Ethan frunció levemente el ceño.

— Es raro. Conozco a casi todos en la universidad… pero a ti no te había visto antes.

Lexi se encogió de hombros.

— Bueno, tal vez nunca habías prestado atención — la castaña aún intentaba limpiar la mancha de batido en la camiseta de Ethan cuando él la miró con una leve sonrisa.

— No te preocupes — repitió — De verdad, tengo más poleras.

Lexi dejó de insistir y suspiró.

— Bueno… me alegra saberlo.

Ethan la observó por un momento, intrigado. Había algo en ella que capturaba su atención.

— ¿Cómo te llamas?

Lexi levantó la mirada, sorprendida por la pregunta.

— ¿Por qué?

Ethan sonrió con diversión.

— Porque quiero saber tu nombre.

Ella dudó por un segundo, pero terminó respondiendo.

— Lexi.

Ethan asintió y abrió la boca para presentarse, pero antes de que pudiera decir algo, Lexi lo interrumpió.

— Sé quién eres.

Él arqueó una ceja.

— ¿Ah, sí?

— Ethan… no sé qué esperaba, pero claro que sí & Lexi hizo un gesto con la mano — Eres conocido en toda la universidad.

Ethan rió suavemente, cruzándose de brazos.

— Bueno, me alegra saber que tengo buena reputación.

Lexi alzó una ceja.

— ¿Segura que es buena?

Ethan ladeó la cabeza, entretenido con su actitud.

— Depende de a quién le preguntes.

— Exacto.

Él la miró con aún más interés. La mayoría de las chicas con las que hablaba solían emocionarse o intentar coquetear con él, pero Lexi… Lexi simplemente no parecía impresionada.

Hubo un pequeño silencio. Ethan quería alargar la conversación, pero no quería parecer demasiado insistente.

— ¿Qué estudias? — preguntó al final.

— Fotografía.

— Interesante.

Lexi no respondió, simplemente bebió un poco más de lo que quedaba de su batido. Ethan sonrió para sí mismo.

— No eres muy habladora, ¿Verdad?

— Depende de con quién.

Ethan soltó una leve risa.

— Déjame adivinar… no te agrada mi reputación.

Lexi lo miró de reojo y encogió los hombros con indiferencia.

— No tengo una opinión al respecto.

Ethan no podía evitar el desinterés. Y, curiosamente, eso solo hacía que la encontrara más interesante.

— Me agradas, Lexi.

Ella lo miró, arqueando una ceja.

— Ni siquiera me conoces.

Ethan sonrió.

— Tal vez debería.

Lexi negó con la cabeza y se rió suavemente.

— Nos vemos, Ethan.

Se giró para seguir su camino, dejando a Ethan parado en el pasillo, observándola mientras se alejaba.

&

La voz de su padre resonaba en su cabeza con insistencia.

«Esta vez sí iré, hijo. Lo juro.»

Era su cumpleaños número 14.

Tom estaba en la entrada de su casa, con el teléfono en la mano, esperando. Sabía que su padre no vendría, sabía que era otra mentira. Pero aún así, esperó. Esperó como un idiota, como siempre lo hacía.

Las horas pasaron. La pantalla de su teléfono seguía vacía. Ningún mensaje, ninguna llamada. Nada.

Se mordió el labio con fuerza. No iba a llorar. No otra vez.

De repente, la escena cambió. Ya no estaba en la entrada de su casa, sino en una calle. Frente a él, su padre reía con su nueva familia, sosteniendo la mano de su otro hijo. Ese niño tenía todo lo que Tom nunca tuvo: amor, presencia y una familia completa.

Jörg se veía feliz, se veía realizado y Tom… Tom no era nada.

Sintió el dolor en el pecho, como si alguien le clavara un cuchillo. Quiso gritar, pero su voz no salía. Y entonces, la imagen volvió a cambiar.

Ahora ya no era su padre.

Era Bill.

Bill, de espaldas, alejándose en la oscuridad.

Tom extendió la mano, con su corazón latiendo con desesperación.

— ¡Bill!

No se giró.

— ¡BILL! — gritó, corriendo tras él, pero por más que se esforzara, la distancia entre ellos solo aumentaba.

El terror lo invadió.

No… No otra vez. No podía perderlo también.

— ¡NO ME DEJES!

La figura de Bill se detuvo por un momento. Y entonces, sin girarse, habló. Su voz fue baja, pero lo destrozó por completo.

— Tú nunca has sido suficiente.

El aire dejó los pulmones de Tom.

No, no… El dolor era insoportable, desgarrador, real. Las máquinas en su habitación comenzaron a sonar frenéticamente.

Su corazón latía con violencia, su pecho se agitaba y un sonido entrecortado escapó de sus labios.

Y entonces, sus ojos se abrieron de golpe.

Había vuelto.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario 😉

por Lett_Kltz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!