Recuerdos 3

Fic Toll de Lett_kltz

Capítulo 3: New faces

By Tom

Estuve una semana en el hospital y sinceramente, fueron unos días muy aburridos. No había mucho que hacer excepto dormir y ver televisión. Lo que hizo que esos días fueran un poco más soportables fueron las visitas de mi madre. Ella vino a verme tres veces en la semana, ya que su trabajo no le permitía pasar mucho tiempo conmigo, además de que traía a Nataly junto a ella, aún era un pequeño diablo como lo recuerdo, no había cambiado en nada, hablando hasta por los codos, incluso se hizo amiga de todas las enfermeras sin problema, esa niña si que era muy social.

Y bueno… No olvidemos a Bill, él estaba como chicle pegado a mi. No sé cómo lo hizo, pero consiguió visitarme todos los días y no me dejó ni un minuto en paz, me agobiaba demasiado.

Cuando le preguntaba si nos conocíamos antes del accidente, el muy idiota solo me decía que tendría que recordarlo por mí mismo, que con el tiempo lo haría. Me parecía una respuesta evasiva, como si estuviera ocultando algo. Pero cada vez que intentaba presionarlo para que me diera una respuesta directa, se limitaba a sonreír y decirme que tenía que tener paciencia.

Me estaba volviendo loco. ¿Quién era ese tipo y por qué parecía saber más sobre mí de lo que estaba dispuesto a admitir? Y lo peor era que, a pesar de mi frustración, no podía evitar sentir que había algo familiar en él, algo que me hacía sentir como si lo hubiera conocido antes, aunque no pudiera recordar.

Afortunadamente, eran las una de la tarde y todavía no ha venido a visitarme. No sé cómo reaccionaria de nuevo si lo hiciera, si tuviera que soportar su presencia un día más. La verdad es que no lo soporto, siempre preguntando y observándome como si fuera un especimen en un laboratorio. Me alegra que hoy haya decidido no venir, espero que se mantenga alejado de mí durante un buen rato.

Como sea, no iba a pensar más en eso y me centraría en lo que veía.

Ahora estaba atento a la televisión que tenía instalada en el cuarto, era un programa en vivo de lucha libre, el tipo de dos metros que parecía la reencarnación de Godzilla golpeaba a su contrincante, obviamente lo apoyaba a él. Por mala suerte del otro, él era pequeño y delgado… Pobre, le había tocado con un monstruo de puro músculo.

— Joder… ¡Ya tumbalo… No… Si! — me senté y levanté las manos en señal de victoria mientras cantaba algo al azar. ¡Había ganado el monstruo! — ¡Si! — cerré mis manos en un puño mientras lo agitaba de aquí y allá, sonriendo cómo si yo hubiera ganado la pelea.

El sonido de la puerta abriéndose me hizo pegar un sobresalto, dejé de moverme para sentarme mejor en mi cama. Era la enfermera, ella entró con una bandeja con comida y una sonrisa amable, por suerte no me había visto haciendo el ridículo. Dejó la bandeja en la mesa junto a mi cama y se aseguró de que todo estuviera en orden. Al final, cuando no encontró nada fuera de lo común, salió de la habitación cerrando la puerta detrás de ella.

Me quedé solo de nuevo, con la comida frente a mí. Estar encerrado aquí no era nada divertido, la comida es horrible. Pero en cuanto me den de alta, que espero que sea muy pronto, iré a un buen restaurante y me voy a atragantar de comida hasta explotar como una dinamita.

Extrañó mi hogar, y aunque mi madre siempre me mostraba videos, no era lo mismo, quiero saber si está todo como lo recuerdo. ¿Me preguntó si todo cambio radicalmente en estos dos años? ¿Que estará de moda ahora? ¿Que me perdí? Mis estudios en la universidad… Supongo que los retomaré en unos meses o menos, no pienso quedarme sin estudiar y tener una carrera asegurada.

Solté todos esos pensamientos y me lleve la bandeja a mi regazo para poder comer. Aunque fue asquerosa, era lo unico que podía llevarme a la boca.

«Genial» pensé mientras picaba el pollo y me lo llevaba a la boca con la esperanza de que ahora si tuviera sabor, pero nada. Me lo trague a fuerzas y suspire mientras me llevaba una mano a la frente. Suponía que la sopa estaría igual, aunque la gelatina se veía prometedora, pero seguramente le debía faltar azúcar, jodida mierda.

Pero mi hambre era más grande en estos instantes, tal vez si pienso que sabe bien logré engañar a mi cerebro… ¿No?

— Okey Tom, tu puedes, es mejor que comer brócoli, supongo — mastique rapido y me lo trague a horcadas — Que asco… — no podía mantener la mirada en el plato porque por alguna razón, sentía que lo iba a vomitar.

Pase así unos minutos antes de acostumbrarme al sabor, bueno mejor dicho; nada de sabor. Pero con esfuerzo y dedicación, logré terminar todo el plato.

Ahora estaba aburrido entre estás cuatro paredes. Mhm… ahora que lo recuerdo, las enfermeras me habían dicho que había una azotea por si quería ir un día, donde muchos pacientes iban a pasar el rato; pero nunca me había animado a ir. Tal vez ahora que estoy sin nadie alrededor vigilándome como un alcón pueda ir y respirar aire fresco, limpiar mi mente, ver las calles de Berlín, todo.

Me pare de la cama, poniendo mis pies en la fría cerámica, ya podía caminar un poco mejor, al principio fue difícil, mis piernas flaqueaban, pero ahora ya no era tan desastroso como antes. Solo parecía un bebé aprendiendo a dar sus primeros pasos.

Me ayude de las paredes y abrí la puerta de mi habitación mirando a los alrededores, pero no había nadie, seguí caminando hasta llegar a un elevador, porque que flojera tener que usar las escaleras.

Una vez estuve adentro presione el botón «Az» ya que esa indicación también me la habían dado las enfermeras.

Espere unos minutos y finalmente las puertas del elevador se abrieron, me sorprendió bastante ver a muchos pacientes ahí. La azotea era amplia, casi como un parque: habían banquetas y comedores con sombrillas dónde algunos tomaban sus refrescos y hablaban, incluso había pasto sintético para hacer el ambiente más agradable.

Por una extraña razón, al dar un paso fuera, sentí todo a mi alrededor dando vueltas, como si estuviera en esos malditos juegos de feria que tanto odio. No… no quería desmayarme en frente de todos estos desconocidos y pasar vergüenza, seguí dando pasos cortos, fingiendo normalidad, pero me balanceaba de un lado a otro como si fuera un borracho.

Mierda.

Me sentí caer, pero alguien me detuvo, mire hacia mi brazo que estaba sostenido por otro para mantenerme en equilibrio, me di la vuelta para ver quién era.

— Cuidado… — dijo ella, sonríendo — Tonto, se ve que todavía no estás bien, no deberías estar caminando.

— ¿Tonto? — la volví a mirar con seriedad, frunciendo el ceño, no la había visto bien, era un chica que parecía de mi edad, rubia y de ojos azules. Suspiré.

— Una silla de ruedas es lo que necesitas si vas a estar por ahí caminando al punto de desmayarte — me miró con severidad, como si tuviera algún control sobre mí. ¿Quien se creía ella, mi madre?

Rodé los ojos.

— No es tu problema — solté una risita seca, caminando hacia un comedor cercano. Con esto, esperaba dar la conversación por finalizada, que lo entendiera.

Pero no, ella volvió a hablar, como si no viera mi cara de fastidio, que por cierto, era muy obvia.

— Entonces le dire a alguna enfermera que te traiga unas muletas — volvió a caminar a mi lado, pero yo solo mantuve mi mirada al frente, como si no existiera y fuera un ruido de fondo — Por cierto, ¿Sabes cómo usarlas?

— Inepta, no actúes como si me conocieras, vete — me detuve en seco, mirándola con seriedad, me recordaba a Bill pero más insistente.

— Que mal carácter tienes — ella solo bufo divertida y volví a rodar los ojos — Y no soy inepta, mi nombre es Peyton.

Me crucé de brazos, viendola con diversión, moviendo mi piercing con mi labio, la diferencia de altura no era tanta.

— ¿Te felicito? — mire a mis alrededores, antes de sentarme en el asiento, suspirando pesadamente.

— Oye no se quien te sientas pero todos somos iguales aquí — se sentó frente a mi, ya tenía otro problema con el que lidiar, me había librado de Bill y ahora aparecía está tonta.

— Como sea — hice un ademán con mi mano, restándole importancia a sus palabras.

Ella me miró expectante, como si esperara que le siguiera la conversación, pero al ver que no lo hice, se aclaro la garganta y volvió a abrir la boca.

— ¿Y tú cómo te llamas? — se sentó cómodamente y apoyó los codos en la mesa, inclinándose hacia adelante con Interés.

— Qué te importa — me recosté en mi asiento, mirando a otro lado.

— ¡Vamos! Yo te dije mi nombre… No es justo — frunció el ceño y me rei, negando levemente.

— ¿Acaso te lo pedí? — ahora mismo no tenía ganas de socializar con nadie, para eso había venido; para distraerme. Pero llegó ella y arruinó mis planes.

— Me lo debés, hice que no cayeras al piso y quedar como un tonto — la mire por el rabillo del ojo, antes de mirarla a los ojos de nuevo.

Después de todo, solo iba a decirle mi nombre, ya no íbamos a volver a vernos después de hoy ¿No?

¿Que de malo puede ser que le diga mi nombre?

— Tom… — dije de mala gana, mirando mi regazo y jugueteando con mis dedos — Tú no pareces una paciente de este hospital — volví a hablar sin mirarla.

— Amm… Bueno, yo solo venía de visita, mi padre está en este hospital y he venido a verlo.

— ¿Y que haces aquí entonces?

– Él se quedó dormido y decidí venir a distraerme aquí un rato, luego te ayude y aquí estamos… Pero dime, ¿Cómo llegaste tú aquí?

— Eres un preguntona de primera — me queje, arrugando mi nariz con desagrado.

— Perdón, solo quería conocerte un poco, ni siquiera agradeciste que te ayude…

— Desperté de un coma de dos años hace una semana, punto — mi boca se torció hacia un lado con una leve sonrisa que ella devolvió.

— Oh… Supongo que todo debe ser muy raro para tí ¿No? — hablo con un hilo de voz, con pena.

— Algo así… después de todo, no está mal.

— Oye ¿Quieres ir por un café? En la planta baja del hospital hay una cafetería y podríamos hablar más. Si quieres, claro… — Me quedé callado sin saber que responder, pero no me negué, asentí y los dos nos levantamos de nuestros asientos, caminando hacia el ascensor. Ella me ayudó un poco a caminar y rodeé mi brazo sobre su hombro para equilibrarme mejor.

Las primeras impresiones no siempre son lo que parecen ¿No? Ahora se me hacía un poco menos desagradable.

Al llegar, me dijo que vaya a sentarme, que ella vendría con nuestros cafés y una galletas. Asenti y bueno, ya me encontraba aquí sentado y sumido en mis pensamientos, cuando ella se sentó frente a mi. El lugar era cerrado y no había tanto aire como arriba, era agradable.

— Toma… — me dió mi café y puso las galletas en medio de la mesa, le agradecí mientras tomábamos pequeños sorbos antes de romper el silencio.

— Mhm… ¿Cuántos años tienes? — me miró curiosa, dándole otro sorbo a su café.

— Eh… Haciendo cálculos, tengo veintidós — me lleve una galleta a la boca, ella tomo una también — ¿Y tú? — pregunté, mirándola de arriba abajo, tal vez un año menor yo, supongo.

Se quedó con la galleta en la boca antes de responderme.

— Veintiuno.

— Ya veo… — me aclare la garganta, volviendo a dar otro sorbo al café.

Hubo un momento en silencio mientras mirabamos a nuestro alrededor. La cafeteria estaba llena de personas que esperaban noticias de sus familiares o que simplemente necesitaban un descanso.

— ¿Cuánto tiempo lleva tu papá en el hospital? — pregunté, tratando de mantener la conversación.

Ella solo bajo la mirada, suspirando con pesar.

— Desde ayer. Tuvo un accidente en casa… Se cayo por las escaleras y se fracturó el tobillo.

— Espero que se recupere pronto — ella solo asistió tranquila.

De repente, me di cuenta de que habíamos estado hablando durante más de una hora. El tiempo había pasado volando y no me había dado cuenta. Sentía como si la hubiera conocido durante años, no solo durante una hora. Charlamos de todo, desde nuestros intereses y pasatiempos hasta nuestras familias y amigos. Me contó que estudiaba arquitectura en la universidad de Humboldt, justo a la que yo iba también. Yo, por mi parte, le conté que me encantaba la música, tocar la guitarra y que antes de entrar en coma estudiaba economía en esa misma universidad. Que algún día retornaría a mis estudios.

La conversación fluía con facilidad y me sentía completamente cómodo con ella. Era como si hubiéramos encontrado un ritmo y una conexión que nos permitía hablar sin esfuerzo.

Miré el reloj colgado en la pared de la cafetería. Eran las 2:45. Mi corazón dio un brinco. «¡Mierda!», pensé. El doctor siempre pasaba a las 3 en punto para hacerme un chequeo rápido. No podía permitirme faltar.

Disimuladamente, me puse de pie, intentando no parecer demasiado apresurado. Pero antes de que pudiera dar dos pasos, ella me miró con una mezcla de curiosidad y preocupación.

— ¿Te pasa algo? — preguntó, ladeando la cabeza como si intentara descifrarme.

— Es que… — hice una pausa, no quería parecer maleducado ni cortante — Tengo que regresar a mi habitación. El doctor viene en quince minutos y… Ya voy algo justo de tiempo.

— ¿Quieres que te lleve? — dijo, con una sonrisa que parecía genuina, aunque con un dejo de picardía que me desarmó por completo ¿Que carajos estaba pasando?

— ¿En serio? No quiero molestarte.

— No es molestia. Vamos, no pareces del tipo que corre rápido — bromeó, levantándose de su asiento hasta quedar a mi lado y agarrar mi brazo.

Me reí, algo nervioso, y bueno no me quedaba otra más que aceptar. Caminamos juntos por los pasillos del hospital, y aunque tenía prisa, su presencia hacía que todo se sintiera más ligero.

— ¿Siempre te visita a esa hora? — preguntó, rompiendo el silencio mientras avanzábamos.

— Sí, es como una rutina. El doctor dice que necesita «monitorear el progreso». Ya sabes, cosas médicas.

— ¿Tan fuerte fue tu perdida de memoria?

La pregunta me tomó por sorpresa. No estaba acostumbrado a que alguien se interesara tanto.

— Nada grave, pero quedaron algunas cosas por revisar.

— Ah… — asintió lentamente, como si procesara la información — ¿Entonces eres de los que se recuperan rápido?

— Eso intento — sonreí de lado y seguimos caminando.

Cuando llegamos a mi habitación, me detuve en la puerta y la miré.

— Gracias por traerme. En serio, me salvaste.

— No hay problema — respondió, con esa sonrisa de nuevo, joder… ¿Que me está pasando? — Además, me debes un café por el favor.

Reí mientras abría la puerta.

— Eso está hecho.

Ella se quedó ahí por un momento, como si considerara si quedarse o irse. Al final, se despidió con un ligero gesto de la mano y desapareció por el pasillo. Me quedé mirándola unos segundos antes de entrar.

La alarma de mi reloj me sacó de mis pensamientos. Quedaban cinco minutos. Perfecto.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario 😉

por Lett_Kltz

Escritora del Fandom

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