Recuerdos 18

Fic Toll de Lett_kltz

Capítulo 18: Damn shameless

El tiempo pasó y el sol ya estaba en su punto más alto, iluminando cada rincón de la universidad. Mientras tanto, en otro edificio, Bill estaba sentado en su aula, algo inclinado sobre su escritorio mientras hablaba con Astrid.

— ¿Y por qué llegaste tan tarde? —preguntó ella, cruzándose de brazos con una ceja alzada.

Bill suspiró y pasó una mano por su rostro, aún sintiendo el cansancio.

— Me dormí tarde haciendo la tarea — admitió con resignación — Quería terminarla antes para no preocuparme en la mañana, pero terminé quedándome dormido sobre mis apuntes.

Astrid soltó una risa corta. 

— Eso te pasa por ser tan perfeccionista. ¿Por qué no la dejaste para después?

— Porque luego se me acumulan más cosas — respondió él con simpleza, recargando el mentón en su mano — Y ya suficiente tengo con… Bueno, con otras cosas.

Astrid lo miró con curiosidad.

— ¿Qué otras cosas?

Bill abrió la boca para responder, pero luego se detuvo y negó con la cabeza. 

— Nada importante. Solo estoy algo ocupado estos días.

Ella no insistió, pero lo miró con interés antes de cambiar de tema.

— Bueno, al menos llegaste antes de que el profesor pasara lista. ¿Ya desayunaste?

— Tomé un café de camino — dijo él encogiéndose de hombros.

— Eso no cuenta, Bill. Te vas a desmayar un día de estos.

— Estoy bien, Astrid — aseguró él con una pequeña sonrisa.

Ella chasqueó la lengua, pero antes de que pudiera responderle, sonó el timbre de salida.

— Bien, ahora vamos a la cafetería — declaró Astrid con firmeza mientras recogía sus cosas.

Bill la miró con confusión.

— ¿A la cafetería? ¿Para qué?

— Porque necesitas comer algo decente, Bill — dijo ella con los brazos cruzados — Estás más flaco de lo normal, y si sigues así, vas a desaparecer.

Bill rodó los ojos con una leve sonrisa.

— No exageres, Astrid. Estoy bien.

— No, no estás bien. Vas a ir y vas a comer algo. Y si te niegas, te obligaré — le advirtió mientras señalaba la puerta.

Sabiendo que no tenía escapatoria, Bill suspiró.

— Está bien, está bien. Pero antes quiero ir al baño. Tú ve pidiendo algo, ahora te alcanzo.

Astrid entrecerró los ojos, sospechando que intentaría escapar.

— Más te vale venir, Bill.

— Voy a ir, lo prometo — dijo él alzando las manos en señal de rendición.

Astrid asintió y se dirigió a la cafetería, mientras Bill se desviaba hacia el baño.

Salió del baño secándose las manos con tranquilidad, sin pensar en nada en particular. Los pasillos estaban extrañamente vacíos a esa hora, lo cual le pareció un poco extraño, pero no le dio mucha importancia.

Sin embargo, apenas dio unos pasos, sintió cómo alguien lo sujetaba del brazo con fuerza. Su primer pensamiento fue que era Astrid, impaciente porque tardó demasiado, pero cuando giró la cabeza, su expresión se endureció de inmediato al ver a Peyton.

Ella le sonreía, pero no con simpatía. Era una sonrisa amarga, llena de intenciones ocultas.

Bill reaccionó de inmediato, apartándose bruscamente de su agarre.

— ¿Qué quieres? — preguntó sin rodeos, cruzándose de brazos con una mirada afilada.

Peyton inclinó ligeramente la cabeza, observándolo con atención. 

— Quiero hablar contigo, Bill. De algo muy importante.

Él suspiró, ya con poca paciencia. 

— No tengo nada que hablar contigo, Peyton.

— Oh, créeme, sí lo tienes — replicó ella, con su sonrisa se ensanchándose, pero su tono seguía siendo venenoso — Voy a ir directo al grano. Ya sé toda la verdad, ¿Sabes?

Bill entrecerró los ojos.

— ¿De qué demonios hablas?

— No es tan difícil enterarse de las cosas cuando tienes los amigos correctos — respondió con fingida inocencia — Y, bueno, resulta que me enteré de algo muy interesante… Sobre tú y Tom.

El corazón de Bill dio un vuelco, pero su expresión se mantuvo firme. 

— ¿Quién te dijo eso? — en ese instante recordó que le había rogado silencio a los pocos que sabían de él y Tom, entonces alguien tuvo que decirle.

— Eso no importa.

— No me vengas con juegos, Peyton. ¿Qué diablos piensas? ¿A qué estás jugando ahora?

Ella soltó una risita burlona, cruzándose de brazos mientras miraba a Bill con evidente superioridad.

— ¿Sabes qué es lo mejor de todo esto? — dijo con falsa dulzura — Que entre ustedes nunca va a volver a pasar nada.

Bill arqueó una ceja, sin bajar la guardia.

— ¿De qué demonios hablas?

Peyton se encogió de hombros con aire despreocupado.

— Bueno, resulta que no se acuerda de ti, ¿Verdad? Eso es interesante…

Bill sintió un ardor en el pecho, pero no dejó que se reflejara en su rostro.

— ¿Y qué con eso?

— Pues que es perfecto para mí — dijo con total descaro, sonriendo con suficiencia — Porque a mí me gusta Tom. Y mírate, Bill, ¿En serio crees que él volvería a fijarse en alguien como tú? — soltó una risa entre dientes con desprecio — Qué asco.

La sangre de Bill hervía, pero no se permitiría perder la compostura frente a ella.

— Eres una maldita loca. No tienes ni idea de lo que dices.

— Oh, claro que sí — respondió con una mirada afilada — Yo solo quiero lo mejor para mí y lo mejor es Tom.

Bill cerró las manos en puños, conteniendo las ganas de arrastrarla de los pelos en ese mismo momento. 

— Qué conveniente, ¿No?

— Exacto — asintió Peyton con descaro — Y créeme, Bill, me voy a quedar con él.

Él sintió una mezcla de furia e impotencia, pero se mantuvo firme.

Peyton lo miró, disfrutando del veneno que estaba escupiendo.

—Así que mejor ni te esfuerces, cariño. Tom es mío ahora.

Bill sintió un nudo en el estómago, pero no iba a dejar que Peyton se saliera con la suya. 

— Eres una maldita manipuladora — espetó con los ojos encendidos de furia — ¿Que? ¿Vas a venir a jugar a la chica perfecta ante los ojos de Tom? ¿Te crees lista? 

Ella bufó con burla, sin borrar su sonrisa venenosa.

— No necesito jugar a nada, Bill. Tom va a estar conmigo te lo prometo. ¿Y sabes por qué? Porque le gustó. Porque soy todo lo que necesita. 

— Por favor — soltó Bill con asco — Si Tom supiera la mitad de la mierda que haces, te mandaría al carajo en un segundo. 

— Pero no lo sabe. ¿Y sabes qué es lo mejor? Que nunca lo sabrá — soltó con una sonrisa maliciosa, recorriendo a Bill con la mirada, como si lo examinara — Aunque, pensándolo bien… Hay algo más interesante — se inclinó un poco hacia él, bajando la voz con burla — Cuando Tom descubra que le han estado ocultando la verdad todo este tiempo… No solo te va a mandar al carajo a ti, sino también a esos dos idiotas con los que te juntas — se encogió de hombros con fingida inocencia y sonrió — Tranquilo, no le diré nada… Pero, quién sabe, Bill. A veces, la verdad encuentra la manera de salir a la luz por sí sola.

Bill sintió que la sangre se le congelaba al escuchar todo lo que dijo

— Eres una maldita interesada. Una zorra de mierda que solo busca lo que le conviene. No te importa Tom, solo quieres presumir lo que tienes. 

— ¿Y que si es así? A diferencia de tí, yo al menos voy a tener a Tom cerca. Tú solo eres un recuerdo borrado, una sombra de su pasado que ya no significa nada. 

— Eres patética. Si realmente te importará Tom, no lo estarías usando para tu jueguito enfermo. 

— Oh, cariño, lo que tú creas no me importa en lo absoluto. Lo único que sé es que Tom va a estar conmigo. Y tú… Bueno, tú solo sigues siendo un estorbo.

Bill solo avanzó un paso, desafiante.

— Te juro que si le haces daño… 

— ¿Me vas a golpear? — lo interrumpió con una sonrisa fingida — ¿Tan poca dignidad te queda? 

Él exhaló con furia, negando con la cabeza.

— No necesito ensuciarme las manos contigo. Pero te advierto algo, Peyton… Si sigues jodiendo a Tom te juro que te haré la vida imposible. 

Ella se acercó un poco más sin, perder la sonrisa. 

— Awww, qué tierno. Pero créeme, Bill, no vas a poder hacer nada. Porque Tom ya no es tuyo. Y nunca volverá a serlo. 

Bill sintió como la rabia lo consumía, pero en lugar de seguir con su jueguito, simplemente la fulminó con la mirada antes de girarse para irse. 

— Disfruta tu doble cara mientras dure — y con eso, se alejo, dejándola con su sonrisa altanera. 

Quería despejar su mente y todas las emociones que lo cargaban, así que decidió ir al patio a respirar un poco de aire. 

Cuando llegó se apoyo en un árbol, respirando hondo mientras aún intentaba calmar su rabia. Cerró los ojos con fuerza, tratando de no dejar que las palabras de Peyton lo afectaran aún más de lo necesario, pero era imposible. Sentía el pecho ardiendo, las manos temblorosas y una necesidad casi desesperada de golpear algo. 

Saco su teléfono del bolsillo y marco el número de Georg sin pensarlo dos veces.

— ¿Dónde estas? — preguntó en cuanto atendió. 

— Acabo de salir de mi clase — respondió Georg. 

— ¿Y Gustav? 

— Gustav también acaba de terminar. ¿Por? 

— Vengan al patio — ordenó Bill — Es importante. 

— ¿Paso algo? 

— Solo vengan — colgó antes de que Georg pudiera insistir más y se pasó las manos por la cara con frustración. 

Unos minutos después, Georg y Gustav aparecieron sonriendo y en plena conversación sobre algo sin importancia. Pero en cuanto vieron la cara de Bill, la sonrisa se les borro de inmediato. 

— ¿Que mierda paso? — pregunto Gustav, frunciendo el ceño. 

— Tienes cara de querer matar a alguien — añadió Georg, cruzándose de brazos. 

Bill apretó la mandíbula antes de hablar.

— Me encontré con esa bruja. 

— ¿Qué? — Georg y Gustav exclamaron al mismo tiempo, sus expresiones pasando del asombro a la indignación en un segundo. 

— Esa maldita zorra, ¿Que te dijo? — soltó Gustav con rabia. 

— Seguro vino a joder — añadió Georg con los ojos entrecerrados. 

Bill bufó con ironía.

— Obvio. Vino a «hablar» conmigo sobre Tom. Dice que ya sabe todo. 

— ¿Qué? — preguntó Georg confundido.

— Sabe que Tom y yo tuvimos un pasado— explicó Bill con los dientes apretados — No sé quién se lo dijo, pero lo sabe. Y no solo eso, también dejo claro que se lo quiere quedar. 

— ¡Esa perra desgraciada! — explotó Gustav — ¿Pero quién coño se cree? 

— ¡Pero si es una maldita manipuladora! — se quejo Georg — No puede simplemente decidir quedarse con Tom como si fuera un trofeo. 

— Eso no es todo. Me dijo en mi cara que le alegra que Tom no me recuerde. Que soy un estorbo y que nunca volverá a pasar nada entre nosotros. 

— Hija de puta… — murmuró Georg pasándose una mano por la cara. 

— ¡Es que la mato! — bufó Gustav — ¡Juro que la mato! 

— Cálmense, porque si alguien va a matarla, sere yo — Soltó Bill con furia — Lo que me preocupa es quién carajos le contó — soltó cruzándose de brazos mientras miraba a Georg y Gustav con el ceño fruncido.

Georg suspiró y negó con la cabeza. 

— No tengo idea, pero tú les dijiste a esos idiotas que cerraran el pico, ¿No?

— Sí, se los dije — afirmó Bill con frustración — Pero parece que alguien decidió hacerse el bocón de todas formas.

Gustav chasqueó la lengua y se cruzó de brazos.

— Esa maldita zorra tiene sus tácticas de espionaje o de averiguación, no me sorprendería que haya sacado la información a su manera.

— Y lo peor — continuó Bill, con la mandíbula tensa — Es que me dijo que cuando Tom se entere de la verdad, no nos va a perdonar. Nos llamó idiotas por ocultárselo.

Georg parpadeó un par de veces, asimilando lo que Bill acababa de decir, y de repente, explotó.

— ¡Juro que la voy a arrastrar de las greñas! — rugió Georg, completamente descontrolado — ¡De ese cabello teñido rubio falso que tiene la muy desgraciada! ¡SE VA A ENTERAR!

Sin pensarlo dos veces, dio media vuelta y empezó a caminar a toda prisa, con los puños cerrados y la mandíbula apretada.

— ¡Georg, para! — gritó Gustav, corriendo detrás de él.

— ¡No hagas nada! — Bill también se lanzó tras él — ¡No puedes hacer esto en plena universidad! ¡No vale la pena! 

—¡No me importa! ¡Esa zorra se merece una buena lección! — Georg no reducía la velocidad, sino que iba más rápido, buscando desesperadamente por los pasillos.

— ¡Tienes que calmarte! — Gustav intentó agarrarlo del brazo, pero Georg se zafó de un tirón.

— ¡No me jodas, Gustav! ¡Nos tomó semanas asegurarnos de que nadie abriera la boca y ahora resulta que esa perra lo sabe TODO!

— ¡Lo sé, lo sé! Pero no puedes hacer un escándalo aquí.

— ¡ME VALE UN CARAJO!

Los estudiantes que pasaban los miraban raro, algunos incluso se apartaban para evitar el drama.

— ¡Georg, piensa con la cabeza! — gritó Bill, esquivando a un grupo de chicas que los miraban cuchicheando — ¡Si le armas un show, Peyton va a tener más razones para jodernos!

— ¡Déjenme en paz, yo solo quiero darle una maldita advertencia!

— ¿Advertencia? ¡La quieres matar! — Gustav casi se tropieza por la velocidad con la que corrían.

— ¡Sí! ¡Y qué!

— ¡Georg, no seas tonto! —Bill trató de bloquearle el camino, pero él lo esquivó como si fuera un defensa en pleno partido de fútbol — ¡Mierda!

— ¡Se los juro, como la vea…! — Georg apretó los dientes y giró por otro pasillo.

— ¡Dios mío, vamos a morir aquí! — se quejó Gustav, jadeando mientras seguían corriendo.

Todos los que estaban en la universidad ya estaban viendo el espectáculo. Algunos incluso sacaban sus celulares, esperando que terminara en un escándalo.

— ¡GEORG, ESTAMOS HACIENDO EL RIDÍCULO! — gritó Bill.

— ¡YA LO SÉ, PERO NO ME IMPORTA!

— ¡A mí sí, joder!

Finalmente, Gustav logró darle un tirón fuerte a la mochila de Georg, haciéndolo tambalear.

— ¡DÉJAME!

— ¡CÁLMATE! — Gustav lo agarró con ambas manos — ¡No puedes hacer esto aquí!

Georg respiraba fuerte, con las fosas nasales abiertas como un toro listo para embestir. Bill también llegó y le puso una mano en el hombro.

— Escúchame, Georg — dijo Bill, con voz seria — Nos está viendo medio campus. Si haces una locura, Peyton gana.

Georg seguía respirando fuerte, su mirada llena de rabia.

— Siéntate. Respira. Planeamos algo mejor — insistió Bill, apretando su hombro.

— Sí, no queremos que nos expulsen por una idiotez — agregó Gustav.

Georg miró a su alrededor y vio la cantidad de ojos sobre ellos. Los cuchicheos. Los celulares grabando.

— Maldita perra… — masculló, todavía furioso, pero soltando un suspiro tembloroso.

— Ya lo sé… — dijo Bill, asintiendo.

— Lo arreglaremos — susurró Gustav.

Georg cerró los ojos un momento antes de soltar un resoplido.

— Bien… Pero juro que no va a salirse con la suya — todavía respiraba agitado, pero al menos ya no parecía un toro a punto de embestir. Bill y Gustav se quedaron con él un rato más, esperando a que terminara de calmarse.

Después de unos largos minutos la universidad estaba casi vacía. Solo quedaban ellos y algunas luces encendidas en los pasillos. Era tarde.

— Bueno, ya que Georg se tranquilizó, vámonos a buscar a Tom — dijo Bill, metiendo las manos en los bolsillos.

— Sí, a ver si no anda de idiota por ahí — murmuró Gustav, rodando los ojos.

Los tres comenzaron a caminar por los pasillos, pero de repente, una voz detrás de ellos los hizo detenerse.

— ¡Hola, chicos! — el tono era dulce y amistoso.

Pero ellos sabían perfectamente a quién pertenecía. Lentamente, los tres se giraron, y por instinto, Bill y Gustav agarraron a Georg de los hombros, listos para contenerlo, porque ahí estaba Peyton.

Sonriente. Como si nada.

— Vaya, qué casualidad encontrarlos aquí — dijo con fingida sorpresa, acercándose con una sonrisa engreída — Justo estaba pensando en ustedes.

Bill la fulminó con la mirada.

— Qué raro, nosotros no pensamos en ti para nada.

— Ay, qué grosero — se quejó, llevándose una mano al pecho — ¿Así tratas a las damas, Bill?

— ¿Dama tú? ni en sueños — soltó Georg entre dientes, pero Bill y Gustav lo apretaron más fuerte.

— ¿Qué carajos quieres, Peyton? — preguntó Gustav con fastidio.

— ¿Yo? Nada en especial. Solo pasar el rato. ¡Digo, qué seriedad! Se ven muy tensos, chicos — ladeó la cabeza, mirándolos con diversión — ¿Les pasa algo?

Bill sintió que la rabia le subía por la garganta. 

— Sabes bien lo que nos pasa, no te hagas la tonta.

— ¿Yo? — puso cara de inocencia — No sé de qué hablas.

Georg apretó los puños y trató de avanzar, pero Bill y Gustav lo retuvieron.

— ¿Por qué mejor no se relajan? — continuó con su sonrisa burlona — No entiendo por qué están tan a la defensiva conmigo.

— Porque eres una víbora de lo peor — espetó Georg, todavía con furia en los ojos.

Peyton se echó a reír.

— ¡Ay, Georg! Qué rudo. Me encanta cuando los hombres tienen carácter — dijo con tono burlón, guiñándole un ojo.

—Juro que si no me estuvieran agarrando, ya te habría metido la cabeza en el inodoro —gruñó, tratando de soltarse.

Peyton rió más fuerte.

— Qué agresivos… No sabía que tenían ese lado salvaje.

— ¡Lárgate de una vez! — exclamó Gustav, ya cansado de la escena — No te queremos cerca.

Peyton ya había dado unos pasos para alejarse, pero de repente, su expresión cambio por completo. Su sonrisa burlona desapareció y fue reemplazada por una frialdad. 

— En realidad no me voy a ir sin antes decirles algo — dijo girándose de nuevo hacia ellos con una mirada afilada — Como le dije a Bill. Ya se toda la verdad — volvió a sonreír — Lo importante aquí es que ustedes no van a arruinar mis planes. 

Gustavo soltó una risa incrédula.

— Eres una maldita lunática. 

— Soy lista — corrigió — Ustedes fueron los que empezaron a tratarme mal. Yo solo les estoy siguiendo el juego. Y adivinen que… Voy a ganar — se tomó su tiempo para mirar a cada uno de ellos, pero cuando sus ojos se posaron en Bill, su sonrisa se volvió aún más cruel — Especialmente a tí — dijo con una voz goteando veneno — Debe ser frustrante ¿No? Saber que Tom ni siquiera te recuerda. 

— Cállate — masculló Bill, sintiendo más rabia. 

— Seguro ahora se siente más aliviado de no recordar nada de su patético pasado contigo. 

— Cállate. 

— Que asco que haya tenido que estar con alguien como tú. 

— ¡Cállate! 

— Porque vamos, mírate — soltó con desdén — Eres la persona más aburrida y patética que he visto ¿De verdad crees que Tom volverá a enamorarse de tí? 

— ¡Cállate maldita perra! 

Peyton rió, disfrutando cada segundo de la desesperación y furia de Bill. 

— Ay, pobrecito Bill — dijo con falsa compasión — No sé que es más triste: que sigas creyendo que Tom alguna vez te amo o que pienses que todavía tienes una oportunidad con él. 

— ¡Te voy a arrastrar por los pelos, maldita! — gritó, lanzándose hacia ella con los puños apretados. Pero antes de que pudiera siquiera rozarla, Georg reaccionó y lo agarro por la cintura, inmovilizándolo en el aire — ¡Suéltame! — chilló, pataleando como un loco. 

— ¡No, cálmate! — gruñó Georg, esforzándose por sostenerlo mientras Bill se debatía con furia. 

— ¡Déjame romperle la cara! 

— ¡Bill, basta! — dijo Gustav poniéndose al frente para bloquear su camino si llegaba a soltarse. 

Pero ella no se quedó callada. 

— Mira que desesperado estas — se burlo, dando un paso adelante — ¿Te duele tanto la verdad? 

— ¡Vas a ver cuando te agarre, maldita zorra! — soltó, forcejeando aún más fuerte, pero Georg no lo dejo ir. 

— ¡Cállate de una maldita vez, Peyton! — gritó Georg ya harto de la situación. 

Peyton se limito a sonreír, dándoles una mirada de burla.

— Nos vemos, chicos. 

Dicho eso, se giro y se alejo tranquilamente, como si nada hubiera pasado. 

Bill todavía intento soltarse, pero Georg lo apretó más fuerte. 

— Déjala Bill, tú mismo dijiste que no valía la pena.

— ¡Ya, vale! Está bien… Estoy bien — dijo ahora un poco más calmado. 

Georg lo soltó lentamente, aún desconfiado de que intentara lanzarse detrás de Peyton de nuevo. Gustav lo observó con los brazos cruzados, esperando a ver si realmente se había calmado.

— ¿Seguro? — preguntó Georg, todavía con la respiración agitada después de la escena.

— Sí… — murmuró Bill, sacudiendo la cabeza — No voy a armar más escándalos… Por ahora.

Georg resopló y Gustav negó con la cabeza.

— Bueno, más te vale — dijo Gustav, relajando los hombros — No queremos tener que sacarte de la cárcel por intento de homicidio.

Bill soltó una risa seca. 

— No prometo nada.

Georg suspiró, dándole una palmada en la espalda antes de girarse hacia los pasillos.

— Vámonos, tenemos que encontrar a Tom antes de que la bruja esa lo haga.

Los tres comenzaron a caminar, recorriendo la universidad con la mirada, buscando al pelinegro entre los estudiantes que aún quedaban por ahí. No tardaron mucho en localizarlo.

Tom estaba saliendo por las puertas principales con un montón de hojas en las manos, claramente concentrado en ellas mientras fruncía el ceño. Parecía estar repasando mentalmente lo que había aprendido en clase, completamente ajeno a todo lo demás.

— ¡Ahí está! — exclamó Gustav, señalándolo.

Rápidamente se acercaron a él.

— ¡Tom! — lo llamó Bill, logrando que levantara la cabeza.

Tom parpadeó al verlos y luego esbozó una sonrisa ladeada.

— ¿Qué pasa? —preguntó. 

— ¿Qué traes ahí? — preguntó Georg, mirando las hojas que llevaba.

— Notas, ejercicios, la condenada tortura de la economía — respondió Tom, haciendo una mueca — Apenas y entendí la mitad de lo que el profesor explicó, así que estaba tratando de recordar antes de que se me olvide todo.

Bill y los demás intercambiaron miradas. No querían que Peyton se le apareciera de la nada, así que decidieron actuar rápido.

— Vamos a tu casa — soltó Bill de inmediato.

Tom los miró con una ceja levantada. 

— ¿Así, sin preguntar ni nada?

— Sí — dijo Georg, quitándole unas hojas para que no se le cayeran — Ya vámonos.

— Pero…

— No hay peros — lo interrumpió Gustav, comenzando a caminar hacia la salida.

Tom los miró sin entender nada, pero al final solo se encogió de hombros y sacó su teléfono.

— Está bien, está bien, llamaré a mi mamá — marcó rápidamente y, en cuestión de segundos, Simone atendió con su tono dulce y animado.

— ¡Hola, cariño! ¿Ya saliste de la universidad?

— Sí, mamá. Los chicos van a venir conmigo, ¿Está bien?

— ¡Por supuesto! — respondió con entusiasmo — Voy a poner más platos en la mesa.

— Gracias, ma. Nos vemos en un rato — colgó y miró a los chicos — Listo, tenemos cena asegurada.

Georg y Gustav alzaron los pulgares en señal de victoria, mientras Bill solo suspiraba, aliviado de que al menos Peyton no podría acercarse a Tom.

Salieron de la universidad y, como siempre, tomaron un taxi para ir a casa de Tom. Dentro del auto, Georg y Gustav comenzaron a hablar de cualquier cosa, desde las clases hasta una película que querían ver el fin de semana. Tom les seguía el juego, bromeando de vez en cuando, mientras Bill, aunque callado, escuchaba atento la conversación.

De vez en cuando, Tom intentaba meterlo en la charla, dándole un ligero codazo o mencionándolo en algún comentario, pero Bill solo respondía con monosílabos o asentía.

A Tom ya no le molestaba la presencia de Bill como antes. En éste tiempo, se había acostumbrado a tenerlo cerca, y aunque aún le costaba entender del todo su relación con él, casi lo veía como un amigo.

Después de un rato, llegaron a la casa de Tom. Bajaron del taxi y Tom metió la mano en su bolsillo, buscando las llaves.

— Vamos a ver… — murmuró, palpando el otro bolsillo — Espera…

Los chicos lo miraron en silencio mientras él rebuscaba cada vez con más desesperación.

— No me jodas… — Tom suspiró, revisando su mochila ahora — Creo que las olvidé.

Georg y Gustav se miraron y luego negaron con la cabeza.

— Eres un caso perdido, Tom — dijo Georg con diversión.

— Meh, qué más da — se encogió de hombros y se acercó a la puerta para tocar el timbre.

Segundos después, la puerta se abrió y apareció Nataly, con la boca llena de chocolate.

Los tres chicos la miraron y no tardaron ni un segundo en empezar a bromear.

— ¡Mira nada más este desastre! — se burló Georg.

— ¿Te bañaste en chocolate o qué? — rio Gustav.

— Se nota que te sacrificaste para salvar el mundo del chocolate, ¿Eh? — bromeó Tom, alzando una ceja.

Nataly frunció el ceño con la boca aún llena y, antes de que pudiera responder, los tres le dieron un pequeño golpecito en la cabeza al entrar.

— ¡Oigan! — se quejó ella, llevándose una mano a la cabeza.

Cuando fue el turno de Bill de entrar, Nataly dejó el chocolate a un lado y corrió a abrazarlo con fuerza.

— ¡Bill! — dijo emocionada, rodeándolo con sus brazos.

Él sonrió un poco y le dio unas palmaditas en la cabeza.

— Hola, Nataly.

Los chicos caminaron hacia la cocina, y en cuanto entraron, el increíble aroma de la comida recién hecha los envolvió. Era un olor tan delicioso que sus estómagos rugieron casi al unísono.

— Wow, huele increíble — dijo Georg, cerrando los ojos para disfrutar del aroma.

— Mi estómago acaba de hacer una ovación de pie — bromeó Gustav, frotándose la barriga.

Tom sonrió y caminó hacia la mesa, pero antes de sentarse, vio a su madre aparecer con una gran sonrisa.

— Mamá, esto huele a gloria — exclamó, mirándola con admiración.

— Hola, chicos — saludó Simone, acercándose a ellos — Justo a tiempo. Ya que están aquí, es hora de la cena.

— ¡Sí! — dijeron casi al mismo tiempo, dirigiéndose a la mesa.

Pero antes de que pudieran sentarse, Simone les levantó una ceja y puso las manos en la cintura.

— Primero se lavan las manos.

Los chicos se quedaron en silencio un segundo, mirando la mesa con deseo. Luego, casi al unísono, hicieron un sonoro:

— ¡Aaaahhh!

— ¡Vamos, mamá! — se quejó Tom, dramatizando — ¿No podemos hacer una excepción? 

— No — respondió ella con firmeza.

Los cuatro pusieron cara de derrota, pero no tardaron en reírse y se dirigieron al lavabo como niños obedientes.

Cuando volvieron y tomaron asiento, Simone empezó a traer la comida. Había preparado un gran plato de spaghetti con albóndigas y una ensalada fresca para acompañar. El queso derretido sobre la pasta y la salsa roja con especias hacía que todo se viera aún más apetitoso.

— Esto se ve increíble — dijo Bill, observando su plato.

— Como siempre, señora Kaulitz, se ha lucido — dijo Gustav con una sonrisa.

— Si algún día abre un restaurante, seré su cliente número uno — comentó Georg antes de dar el primer bocado.

Simone sonrió con ternura, viéndolos disfrutar de la comida.

— Me alegra que les guste — dijo, sirviéndose un poco también.

Continúa…

Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario 😉

por Lett_Kltz

Escritora del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!