Administración: Este fic se encontraba publicado en Slasheaven, como todas las obras de LaDamaDeLaOscuridad. Por la caída de esa página, la hemos rescatado en nuestros archivos. La obra original del inglés, pertenece a Little Muse, quien dio los permisos correspondientes a la traductora. Disfruten de la lectura.

«Razones en contra, instintos a favor» Fic original de Little Muse
Traducción de LaDamaDeLaOscuridad
Capítulo 1: Mañana
“Vivir es como amar:
toda la razón se opone,
pero todo el instinto está a favor”
(Samuel Butler)
Tom puede recordar cada vez que le ha hecho daño a Bill.
Lamentablemente, son numerosas ocasiones que varían en grado y abarcan varios años.
Una vez en el colegio, un año o dos antes de que se formara Devilish, unos cuantos de los chicos populares llamaron “mariquita” a Bill en la cafetería. En ese tiempo, Tom ni siquiera conocía el significado de la palabra, pero sabía lo suficiente como para tacharlo de insulto, lo suficiente para saber que estaba mal reírse con el resto. Pero lo había hecho. Y su hermano había pasado la siguiente hora en el baño, suponía que llorando, y no por el motivo que los otros pensaban.
Bill no le habló una semana luego de eso.
Cuando tenían once, sin querer había cortado a su hermano con una cuerda de guitarra que se había soltado por estar intentando encordarla por primera vez sin que Gordon le estuviera supervisando. Al instante, una línea roja se había marcado en la frente de Bill. Esa vez lo hizo llorar por una razón distinta. Había sido un accidente, sin embargo, de todas maneras se sintió como una mierda por buen tiempo.
Apenas habían cumplido siete años cuando pasaron su primera navidad sin sus dos padres. A pesar de la alegría forzada de su mamá y sus malos intentos de hacerle reír o sonreír, Tom había estado callado y malhumorado la mayor parte del día. Cuando Bill se acercó después de que todos los regalos fueron abiertos, se sentó a su lado en la cama mirándole, y simplemente dijo: “Yo también lo extraño”.
Porque Bill no tenía que preguntar qué pasaba.
Tom no se acuerda con exactitud cuál fue su respuesta, pero sabe que se hallaba molesto, que necesitaba descargarse con alguien y que Bill estaba ahí. Terminó culpando a su gemelo de la ausencia de su padre, eso sí lo recuerda. Bill no había llorado, sino que abrazó mientras él gimoteaba.
La primera vez que Bill le besó tenían diecisiete. Fue algo que no había visto venir (aunque, probablemente, debería haberlo hecho), y lo empujó con rudeza, sin decir nada, lo cual ahora piensa con seguridad que fue peor que si hubiera gritado, o si le hubiera dicho que era repugnante o preguntado qué mierda estaba pensando.
En vez de eso, observó unos ojos oscuros y acuosos devolviéndole la mirada. Como el silencio siguió, Bill se levantó y se marchó de la habitación de hotel sin decir palabra.
Tenían dieciocho antes de que nuevamente pasara.
La primera vez que había follado a Bill… que le había hecho el amor, torpe y sin experiencia de estar con alguien del mismo sexo, le había hecho daño. De nuevo, fue sin querer, pero su corazón se encogió al escuchar a Bill susurrar debajo de él, sentir que se tensaba incómodo alrededor de su sexo.
Y le insistió que siguiera, y todo acabó en uno de los orgasmos más sobrecogedores que había experimentado, a pesar de las lágrimas de su gemelo, e incluso meses después, acordarse de la experiencia le hace avergonzarse.
Tom se acuerda de todas esas veces con igual claridad y, en ocasiones, parece que ha estado haciéndole daño a Bill desde que puede recordar, y tal vez, desde antes. Mierda, quizá hasta le pateó en la cara cuando estaban en el vientre (Bill siempre había tenido problemas de los límites personales).
Y está a punto de hacerle daño de nuevo.
Bill suspira en su sueño, dejando escapar de sus labios entreabiertos su cálido aliento que lo rodea por tener el rostro a solo unos centímetros. Cuando tirita, tira del edredón y lo jala imposiblemente más cerca suyo, alzando la mano para apartar un mechón de cabello negro de su frente. Sus narices se están tocando.
Tom sigue mirándole fijamente.
—Estás haciéndolo otra vez —dice Bill soñoliento y sin abrir los ojos.
Las palabras, después de una hora de silencio, le impresionan un poco, pero no se sobresalta o inhala con brusquedad. Está acostumbrado a lo intuitivo que es Bill cuando se trata de él y viceversa. Después de años de que su hermano responda en voz alta lo que está pensando o, de vez en cuando, despertarse del mismo sueño, todo eso se ha tornado casi rutinario.
Aunque trata de no dar las cosas por sentadas por el miedo de que dios se las tome con él, si es que existe un dios, al cual, probablemente, ya ha irritado lo suficiente y no hace falta mucho para ponerlo al límite.
—Sí —es toda la respuesta que da. Se ha vuelto un hábito el quedarse despierto y preocupado mirando dormir a Bill. Es mucho mejor preocuparse en su cuarto a solas, a pesar de que el objeto de su inquietud esté entre sus brazos. Ver a su hermano en paz es algo no frecuente y le relaja. Es algo que no puede hacer en el bus.
Bill parpadea unas cuantas veces abriendo los ojos para ver a Tom. Sus narices todavía están tocándose, no ha apartado.
—¿Qué pasa? —pregunta poniendo su mano con manicure en su mejilla. Tom hace lo mismo suponiendo que deben verse como reflejos en un espejo.
—Nada —le asegura luego de que está seguro de que ha hecho una pausa lo suficientemente larga para que Bill le crea.
Bill atrapa su labio inferior al instante sin ni siquiera tener que inclinarse para hacerlo.
—Mentiroso —dice juguetón después de liberarlo. No añade más. Tom sabe que Bill sabe que no debe presionar; hacerlo es la manera más segura que acabe callándose—. ¿Me lo dirás mañana, entonces? —pregunta Bill con un bostezo, cerrando los ojos y acomodándose contra él.
¿Tom había dicho eso en voz alta? No puede recodarlo. Posiblemente no.
—Sí —acepta a regañadientes, porque es egoísta y no puede dejar ir a Bill ahora mismo. Sería una conversación más fácil sin hallarse tan cerca de su hermano como es viable.
Bill se mueve debajo de su mentón dejando su cabello en su cara, pero sin fastidiarlo. Huele a productos para el pelo y a cabeza de su gemelo. Tom se pone de espalda y pone una mano en la nuca de Bill, quien maúlla en respuesta, dormido nuevamente.
Suspira.
Será mañana, entonces.
Continúa…
Gracias por la visita.