
«Razones en contra, instintos a favor» Fic original de Little Muse
Traducción de LaDamaDeLaOscuridad
Capítulo 8: El camino hacia el infierno…
Tom intentó tocando la puerta, pero Bill no contestó. Intento quedándose afuera pero horas después, su hermano todavía no había salido del baño, y a sabiendas de que David lo mataría si lucía cansado durante una ceremonia de premiación, desistió.
Intentar hablar con él al día siguiente tampoco funcionó, porque Bill lo evadió a toda costa, asegurándose siempre de estar cerca de un tercero e impidiendo que lo atrapara un minuto a solas.
Y apenas respondió a sus comentarios triviales, aprovechando cada oportunidad que tuvo para no mirarlo. Incluso, durante la sesión de fotos de la tarde, dudó en aproximarse o ponerle un brazo alrededor. Tom nunca lo había visto dubitativo en seguir las instrucciones del fotógrafo en vez de actuar de forma inmediata y madura.
Georg le había dado una palmada en el hombro de vez en cuando para intentar alentarle, pero el día ajetreado, el espectáculo inminente, los tipos de las cámaras siguiéndolos por todas partes otra vez y, nuevamente, la actitud de Bill estaban empezando a ponerlo con un humor de mierda.
Aunque claro, ganar le reanimó un poquito. Tanto así que se sintió con ganas de acercarse a su hermano. No quería que estuviera molestos toda la afterparty y durante el abarrotado vuelo a casa… Mucho menos en casa.
Así que cuando vio cuán emocionado se hallaba su hermano, sonriendo y hablando atropelladamente a las cámaras, se aseguró de acercarse a Georg y conversar con todos.
—Sentí que se me ponía la carne de gallina cuando anunciaron al ganador —anunció a todos los presentes y se volteó a Georg para preguntarle—: ¿Eso también te pasa?
—Por supuesto.
Y, entonces, en un momento de valentía inspirado únicamente por la adrenalina, se inclinó hacia Bill para darle un golpe suave en el hombro a fin de llamar su atención.
—¿Y a ti, Bill?
Cuando el mencionado pareció confundido, Tom perdió un poco de impulso, sin embargo, repitió su pregunta. Y se sorprendió infinitamente cuando Bill, todavía bastante exaltado, había dicho que sí, describiendo sus propias reacciones nerviosas.
Consideró aquello como una buena señal.
Tom contaba con ese entusiasmo para poder sobrellevar, al menos, una parte de las pocas semanas que pasarían en casa, para que fuera más fácil que Bill bajara sus defensas y tuvieran tiempo de hablar antes de que la rutina regresara y su hermano se enojara otra vez.
Lamentablemente, durante el camino al aeropuerto al día siguiente, Bill estaba silencioso y agotado, como todos. Ni siquiera David le presionó para que dijera más de unas pocas palabras frente a la cámara y diera todos los autógrafos que tenía ánimos de firmar.
Ahora se encuentra mirando a través de la ventana de su derecha, callado y huraño. De nuevo, Tom tiene miedo de hablar.
La cabeza de Georg aparece en la parte superior del asiento que está adelante del de Bill, y éste apoya la barbilla en su antebrazo, mirando a los gemelos.
—La azafata dice que lo único que les que dada es comida kosher. ¿Quieren intercambiar?
Los ojos de Tom viajan de Bill hacia el bajista y encoge los hombros.
—Ni he ordenado. —Hace un gesto hacia el asiento delantero—. ¿Y Gustav qué dice?
Georg niega con la cabeza.
—Nah, no quiere. Oye, Bill —alarga una de sus manos y agarra la rodilla del cantante. Bill gira hacia él—, ¿ordenaste comida?
—Sí —contesta antes de volver sus ojos a la vista exterior.
Georg le observa un segundo y le dirige una mirada significativa a Tom antes de regresar a su asiento, obviamente decidiendo que por conseguir comida decente no valía la pena desatar la ira de Bill.
Suspira. Decidido, levanta el apoyabrazos que hay entre Bill y él, y ladea el cuerpo ligeramente hacia su hermano.
—¿Estás bien?
Bill voltea.
Tom está casi seguro de que sus ojos están puestos en él, pero no puede afirmarlo por los lentes de sol, los cuales arrebata, ignorando la manera en la que los ojos de Bill se agrandan un poco por la confianza que se ha tomado.
—No —responde finalmente.
—¿Quieres hablar?
—Aquí no. —Bill aleja la mirada sin molestarse en coger sus lentes—. De todas formas, ¿qué te importa? Deberías estar feliz. Vamos a ir a casa, donde todo es normal.
Aquella es la cosa más pasiva-agresiva que Tom jamás ha escuchado.
—No seas una perra —insiste, las palabras bruscas brotando antes de que pueda pensar en censurarlas.
—No seas un cabrón —devuelve Bill viéndole de nuevo con irritación.
—No lo soy —sisea echando una rápida ojeada hacia donde David y la seguridad está al otro lado del pasillo—. Dios, estoy tan cansado de toda esta mierda.
Bill luce completamente venenoso mientras se inclina, aproximándose.
—Si tú… —empieza y Tom puede decir por el tono que la conversación rápidamente está tornándose una pelea, así que agita una mano para detenerlo.
—¿Sabes qué? —le interrumpe—. Cierra la boca y sígueme.
Molesto, se pone de pie y sale al pasillo con la esperanza de que su último comentario haya molestado lo suficiente a Bill para que le haga caso, aunque solo sea para contestarle.
Cuando escucha que su gemelo también se levanta, se inclina sobre Gustav que está durmiendo y le hace gestos para que regrese a su lugar.
—¡Ahora mismo no! Dios.
No es que esté precisamente sorprendido de que su hermano no sea un miembro de “el club de las alturas”, pero no hace falta ser un genio para darse cuenta de que es un poco extraño que dos personas desaparezcan juntas camino al baño.
Se vuelve, y sacudiendo la cabeza todo el transcurso de su asiento al baño, abre la puerta del segundo cubículo y cierra poniendo “ocupado”.
Para cuando apenas dos minutos después oye un tímido golpe en la puerta, ha tenido suficiente tiempo para enfadarse todavía más.
Sabe que no ha habido tiempo para que sea cualquier otro pasajero, así que abre y jala a Bill del brazo, haciéndolo entrar y empujándolo contra la puerta una vez que la ha cerrado
—¿Por qué no me dices qué carajo quieres de mí? —exclama atreviéndose a expresarse un poco más alto por estar en una zona clausurada.
Espera que Bill grite, probablemente que llore. Que le culpe y haga mohines. Lo que no espera es que avance un paso, se pegue a él y presione sus labios en un beso.
Lo que ha hecho, supone Tom, técnicamente es la respuesta a su pregunta, por lo cual no va a culparse demasiado por ser incapaz de no devolver el beso.
Porque todo se ha ido cimentando desde hace un mes y era lógico que en algún momento le explotara en la cara.
Solo puede resistirse mientras Bill dé pasos hacia delante y él tenga espacio para retroceder, sin embargo, eventualmente siempre quedará sin más lugar, acorralado. Y cederá. Cederá hasta que el día en el que Bill también esté de acuerdo en retroceder, en dejar de avanzar.
Lo cual, aparentemente, no es hoy.
Desliza una mano por el cabello de Bill y enreda sus dedos, tirando de la cintura para acercarlo, e irrumpiendo en su boca sin asomo de buscar un permiso que sabe que no necesita.
Los brazos de su hermano están envolviendo su cuello, presionando un muslo entre sus piernas, y dios, Tom necesitaba esto.
De pronto, siente que puede respirar nuevamente.
—Fóllame —susurra Bill contra su boca, arqueándose contra él y otra vez juntando sus labios.
Y Tom es tan estúpido que, invadido por la lujuria y por la enorme liberación de tensión, no protesta. No hace caso al hecho de que está en el baño de un avión, no tiene lubricante a mano y que con sus compañeros de banda y todo el equipo se hallan afuera.
Pero antes de que pueda pensar en apartar a empujones a Bill o bajarse los pantalones, escucha un “¿Tom?” seguido por un suave toque en la puerta.
Bill se congela contra él, sus labios todavía en contacto, y sus ojos se abren y se encuentran con miedo.
Tom está temeroso de hacer algo, de que Georg se percate de que su gemelo está con él o no poder evitar gemir si presiona su erección un poco contra Bill si hace un movimiento.
Se fuerza a sí mismo a respirar para poder hablar con regularidad.
—¿Sí?
—¿Viste a Bill levantarse?
La voz de Georg se escucha amortiguada por la puerta, lo cual provoca que tenga que encorvarse un poco para oírle, haciendo una mueca cuando Bill jadea al acercarse a él para lograrlo.
La boca de su hermano está justo contra su pulso, su respiración agitada y tentadoramente contra su cuello.
—Ya nos han traído la comida.
—Sí, lo… —Se interrumpe cuando Bill se mueve de nuevo, intentando separarse unos centímetros y solo consiguiendo frotar su pierna contra su sexo. Tom le dispara una mirada, y Bill luce avergonzado—. Creo que también fue al baño.
—¿Sabes a cuál?
—¡Ni idea, mierda! —Georg está molestándolo y no puede aguantar por más tiempo y en silencio la posición en la que se encuentra—. Vete a sentar, no es que vaya a irse a algún sitio lejano.
Hay un silencio y luego: —Está bien, maldición.
No se relaja hasta que escucha los pasos de Georg alejándose y respira profundamente, aliviado y poniendo su nariz en la mejilla de Bill. Siente que su hermano tiembla y lo observa voltear hacia él, sus bocas casi rozándose de nuevo.
—Hablaremos cuando estemos en casa —dice al fin. Bill duda pero acaba asintiendo—. Ve tú primero —añade indicando con los ojos la puerta. Como su gemelo se queda quieto, hace un gesto brusco evidenciando sus pantalones abultados—. Necesito un minuto.
La mano de Bill viaja hacia la manija y Tom decide que va a vengarse de la mirada petulante que está recibiendo en cuanto tenga la libertad de hacerlo.
Una vez que está solo, deja que su cabeza caiga contra la puerta, los recuerdos de cuando estaba a fuera de la habitación de Bill golpeándole. Pensó que había dejado las cosas en claro. Ahora va a ser muy difícil reparar lo que ha hecho.
Mierda.
Cuando regresa a su asiento luego de varios minutos y pensamientos sobre su abuela y estadísticas de fútbol, Georg le ve como si quisiera una explicación y hasta Gustav le observa con curiosidad aun con los audífonos bien puestos en sus orejas.
Tom blanquea los ojos y cae al lado de Bill, bajando el apoyabrazos con intención de que actúe como barrera. La cabeza de Georg aparece de nuevo sobre el asiento con una ceja arqueada y Tom le mira.
—¿Qué? ¿Uno no puede orinar en paz?
Continúa…
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