«Razones en contra, instintos a favor» Fic original de Little Muse

Traducción de LaDamaDeLaOscuridad

Capítulo 7: Cannes

—Soy yo —empieza a decir Georg después de abrir la puerta de la habitación de Tom sin tocar—, ¿o las fans francesas son las peores?

Sin sobresaltarse, Tom levanta la vista de su computadora por un segundo.

—Eres tú —contesta, más para molestar a Georg que por creer que sea verdad—. Todas están locas.

—Hombre, tus seguidoras son las peores —le recuerda, frustrado. Patea la puerta para cerrarla y va a la cama a trancos hasta quedar echado al lado del otro chico—. Quéjate conmigo.

—No lo estoy haciendo. —Los ojos de Tom todavía revisan sus mails—. No muerdo de la mano que me da de comer.

Georg suelta un suspiro dramático. Como Tom le ignora, lo hace de nuevo y menea la cabeza.

—Bueno, al menos es mejor que estar en París.

—Ese es espíritu. —Sale de su cuenta y cierra su computadora con cuidado, levantándose y bajando el cierre de su sudadera—. Primero tengo que bañarme si quieres comer.

—Nah, no es por eso que estoy aquí —responde Georg—. De todas formas, no creo que Saki nos deje salir del edificio. David ha mandado a decir que pidamos servicio a la habitación.

—Oh, las fans no son tan rabiosas para tomar esa medida.

—Hay cientos.

Tom suspira.

—Ordena algún tipo de carne para mí—pide en su camino al baño.

—Hey, espera un minuto —le llama Georg. El de rastas asoma la cabeza por la puerta después de prender las luces—. Te dije que quería hablar contigo.

Tom sonríe, pero cuando el rostro del bajista permanece serio, su sonrisa se desvanece.

—¿Por qué?

—Porque estoy cansado de que nadie diga algo acerca de esta mierda.

Respira profundamente. Al parecer, está por darse aquella misma conversación, solo que con alguien diferente y en un hotel diferente.

—Mira, llamamos a Andreas por un motivo…

—¿Tú llamaste a Andreas? —interrumpe—. Él me dijo que fue Gustav.

—Gustav llamó —coincide Georg—, aunque fue mi idea. Pensé que funcionaría, y tal vez funcionó por un tiempo o algo así, sin embargo y si es posible, ahora están peor que antes. Al menos cuando no se hablaban, no tenía que escucharlos pelear todo el tiempo. Lo que menos que podrían hacer es discutir sobre el problema que tienen, cualquiera que sea.

—No existe tal problema —replica.

Se rasca la nuca tratando de mirarle a los ojos a su amigo. Sus palabras no han sido precisamente una mentira.

—Hemos hablado y resuelto todo. Bill está molesto por la situación en general. —Levanta la cabeza, repentinamente cansado—. ¿Por qué todos vienen a fastidiarme a mí con esto?

Su hermano es quien sigue perpetuando todo el asunto.

Blanquea los ojos al saber la respuesta por anticipado: Bill es al que todos engríen, esa es la razón.

—Porque tú eres el más accesible.

—¡Todos lo tratan con delicadeza, justo como si fuera a romperse! —grita—. Yo no…

—Whoa, cálmate. —Georg se levanta, haciendo gestos en el aire para aplacarle. Tom cierra la boca—. No quería pelear.

—¿Solo entrometerte?

—Todo lo que voy a decir es que esto está afectando la banda.

Entrecierra los ojos.

—¿David te ha mandado?

—Por dios, Tom, no. —Georg luce ofendido—. Ustedes son mis amigos, disculpa la preocupación.

—Pues Bill y yo estamos bien. —Es despectivo y lo sabe; esa es su intención.

Incluso sin quererlo, Georg no está siendo una ayuda. Si algo está logrando, es enojarlo, y preferiría no estar molesto por la presencia de más personas de las necesarias. Cada vez que Bill está en un mismo sitio, está al borde. No necesita más de eso.

—¿Sabes qué? Voy a irme —dice Georg—. Necesitas tranquilizarte. —Va hacia la puerta.

—Oye —dice un poco sorprendido cuando el bajista gira para enfrentarlo, y suspira—. Lo siento. No quiero enfurecerme también contigo.

—¿Y sí quieres estar molesto con Bill?

Eso no era a lo que se refería, y está por negarlo cuando se detiene, porque, en el fondo, es algo que vale la pena considerarlo como posible.

&

Esa misma tarde, cuando ha tocado la puerta de Bill y está parado nerviosamente en el corredor, se da cuenta de que nunca antes se ha sentido tan poco bienvenido. Nunca había sentido pavor de ir a ver a su gemelo, y eso no le gusta en lo mínimo. Cuando eran chicos, a pesar de que generalmente Bill era el que recurría a él, siempre sabía que éste lo que quería cerca.

Ahora, no está seguro de eso, y está empezando a preocuparse de que realmente hayan jodido las cosas.

Debía de haber permanecido solo como un hermano.

Una mucama maniobra con cuidado su chirriante carrito a su alrededor dándole un asentimiento y, de repente, se siente un idiota, esperando como si fuera uno de sus perdedores que tocan cincuenta veces una puerta antes de aceptar que no van a recibir una respuesta.

Dice un “lo siento” y se mueve aproximándose más a la puerta para no representar un obstáculo. Una vez que la mujer está fuera de su vista, deja caer la cabeza contra la madera en un sonido suave, murmurando para sí mismo con amargura.

Cuando la puerta de la habitación se abre de golpe, casi cae de bruces, tropezándose… De hecho, cae un poco encima de Bill.

—No, porque yo… —Bill está hablando por teléfono antes de tener que levantar sus dos largos brazos para equilibrar rápidamente a su gemelo—. ¿Tom?

Tom, que se había agarrado de Bill de manera igual de abrupta y desesperada, lo libera enderezándose, retrocediendo un paso y metiendo las manos en el bolsillo de su sudadera.

No pronuncia nada excepto un “disculpa”.

—Andi, te vuelvo a llamar dentro de un rato, ¿está bien? —dice Bill por teléfono, observándole mientras escucha la respuesta, la cual debe ser una afirmativa porque cierra su teléfono, dejando caer su brazo con una ceja alzada, expectante—. Es algo tarde, ¿no?

Es verdad, pero es más temprano que la última vez que Bill fue a verlo y, evidentemente, no le ha despertado, aun si su hermano tiene puestos una camiseta y un pantalón de pijama.

Intenta de no mirar una de las puntas superiores del tatuaje de estrella visible en el espacio dejado entre la camiseta y el pantalón.

Bill entorna los ojos cuando no responde.

—¿Estás nervioso? —cuestiona con curiosidad.

Tom niega con la cabeza una vez que entiende a qué se va referida la pregunta.

—No. Si ganamos, ganamos.

Bill no intenta adivinar de nuevo pero se queda quieto mirándole, obviamente queriendo saber por qué está ahí.

No había pensado en esa parte. Se queda en la entrada al cuarto por varios minutos en silencio.

—¿Vas a decir algo o te quedarás ahí, mudo? —exige saber el menor de los Kaulitz cruzando los brazos, lo cual provoca que su camiseta se levante. Tom deja que sus ojos bajen por un instante.

—¿Puedo entrar?

Su gemelo no responde de inmediato, sin embargo, acaba retrocediendo un poco. Entra y cierra la puerta tras de él.

—Pensé que no querías hablar —dice Bill con suavidad.

Tom gira.

—No quiero pelear.

Un hombro de Bill es levantado de forma indiferente.

—Entonces no pelees.

—Como tú lo haces tan fácil.

Tom rueda los ojos y cae sobre la cama, enlazando sus dedos sobre su estómago. Ya no puede ver a su hermano, pero sabe que no se ha movido y que le está contemplando con cautela.

—Solo quiero volver a la normalidad.

—Bueno, yo no —escucha.

—Vaya jodida sorpresa.

—Si has venido a burlarte de mí, puedes irte.

Levanta la cabeza haciendo casi su mentón esté contra su pecho. Bill todavía se encuentra cerca de la puerta.

—No he venido a burlarme de ti.

—Entonces, ¿a qué has venido?

—Mira. —Se levanta con rapidez, mareándose un poco por el esfuerzo—. Normales o no, quieren que las cosas mejoren.

—Está bien.

Eso es todo lo que dice Bill.

—Dime cómo hago para que así sea.

Su gemelo mueve la cabeza, incrédulo y con el ceño fruncido.

—Dios, esto es tan… tú —dice—. No es tan fácil. No puedes simplemente arreglarlo. Esta es una relación, no un problema de matemáticas.

—¡Pero al menos estoy buscando una puta solución! —En serio no había ido a discutir, pero si siquiera Bill no fuera tan exasperante—. ¡Al menos no expongo todo a todos, y actúo como si tuviera cinco malditos años!

—Ah, claro, ¡esconderlo es mucho más maduro que mostrar una jodida emoción!

—¡No quiero pensar en eso todo el tiempo!

—¡Yo no puedo evitar pensar en eso todo el tiempo!

—¡Esa no es mi culpa!

—Nunca dije que lo fuera.

—No, solo actúas como si fuera así.

—No…

—¡Oigan! —De pronto, hay un golpe al otro lado de la pared del fondo. La puerta de la habitación conjunta traquetea y ambos gemelos giran ligeramente hacia donde la voz de Gustav ha provenido—. ¿Qué carajo está pasando?

—¡Nada! —gritan, sin querer al unísono.

—Bueno, entonces bajen la voz—contesta Gustav—. ¡Están despertando a todo el mundo!

Hay silencio a los dos lados de la pared, ya que esperan a ver si el otro ha acabado. Cuando la tranquilidad continúa lo suficiente, Tom vira hacia Bill.

—Quiero a mi hermano de vuelta.

Bill le mira con los ojos igual de acuosos que la primera vez que lo besó, cuando Tom no había hecho nada más que empujarlo.

Mueve con la cabeza.

—Quiero a mi amante de vuelta —le replica, regalándole una pequeña, irónica y desanimada sonrisa—. Creo que esa es la diferencia entre nosotros.

Bill se dirige al baño, dejándolo solo y mirando el sitio, ahora vacío, en el que había estado parado.

Continúa… 

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por LaDamaDeLaOscuridad

Traductora del Fandom

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