«Razones en contra, instintos a favor» Fic original de Little Muse

Traducción de LaDamaDeLaOscuridad

Capítulo 6: Allein (o Pretender seguir adelante)

Cuando Tom sale de la ducha horas después (mucho más limpio, mucho más sobrio y ni de cerca satisfecho) no se halla realmente sorprendido de encontrar a su hermano sentado al borde de la cama con las manos puestas en su regazo.

Se congela en la puerta del baño dejando que la toalla con la que estaba secándose las rastas caiga al suelo.

Bill no voltea a verle.

—¿No deberías estar durmiendo? —finalmente pregunta sintiendo temor en las entrañas. No hay manera de que su gemelo no sepa lo que ha hecho. Demonios, la habitación todavía huele a sexo.

—¿Tú no deberías estar durmiendo? —contesta Bill. Ni siquiera suena molesto. Simplemente… diminuto.

Tom suspira apoyándose contra el marco.

—¿Qué haces en mi habitación? —pide saber con cuidado.

Bill encoge los hombros.

—Quería hablar.

—¿Y no podía esperar hasta mañana?

—Tenemos que regresar al bus.

—Estar en el bus no te detuvo antes. —Recibe una mirada casi exasperada.

—Dije que quería hablar, no pelear.

Ahora Tom es el que alza los hombros sin moverse de su sitio.

—Entonces habla.

—Está bien. —Bill deja baja los ojos hasta sus manos.

Tom nota que aún tiene puesta ropa de calle, muy lejos de estar preparado para ir a la cama.

Y se pregunta si ha estado esperando a que termine sus actividades, sentado en el cuarto adjunto aguardando a que la chica se vaya, o si fue a verle sin pensar en eso. Ninguna posibilidad le asombraría.

—Lo que hablamos la última vez —empieza Bill haciéndole tensar ya que recuerda lo que dijo—, cuando tú…

Tom quiere facilitar el “diste fin a lo que teníamos”, pero tiene el presentimiento de que su hermano lo encontraría más fastidioso que útil.

—No creas que no sé que estabas tratando de que me vaya por mi propia cuenta. —De nuevo, Bill eleva la mirada—. Te conozco demasiado bien.

A lo ciego, lanza su toalla hacia el baño sin importarle una mierda donde haya aterrizado.

—¿Y ahora eso qué importa?

—Estaba molesto contigo porque no lo dijiste antes —explica Bill—, así que me fui. Al igual que tú, no quería hablar del tema.

Como no sigue, Tom dice: —¿Y ahora sí quieres?

Bill asiente.

—Nunca me señalaste la razón.

Tom corre una cansada mano por su cara.

Por la santísima mierda, es demasiado tarde para esto. Tienen que abordar el bus a las 7 de la mañana.

—No debería tener que hacerlo —contesta y Bill pestañea.

—Si no querías nada de lo que teníamos, ¿por qué me dejaste empezarlo? —pregunta con un tono suplicante.

Bill no está provocándole, acusándolo y buscando discutir. Quiere saber.

—Nunca dije que no quise.

—Pero así es.

—No quiero quererlo —le corrige Tom antes de soltar una risa seca—. Estoy harto de quererlo. Estoy harto de preocuparme por ser atrapados. Estoy harto de preocuparme de que tú no te preocupes por lo que que podría pasar si nos atrapan. Estoy harto de estar arruinando tu vida.

No ha planeado ser tan sincero. Repentinamente, se detiene con toda su elocuencia de paseo. Le hace un gesto a Bill, interrumpiéndole antes de que pueda reclamar su última afirmación.

—Y que tú quieras conversar al respecto, o que al menos desees hablarme, o tocarme, lo vuelve más difícil. Así que, ¿podemos evitarlo?

Recibe de su hermano una fija y larga mirada, más de lo que es socialmente aceptable, provocando que se mueva nerviosamente viéndose los pies.

—¿Esto es lo que realmente quieres?

Levanta los ojos. No puede decir que sí, pero asiente mordiéndose el labio.

Bill también asiente y se pone de pie.

—Así será, entonces.

Tom deja que se vaya, observando cómo va hacia su habitación y cierra la puerta con cuidado, sin estar seguro de ser capaz de detenerlo, incluso si lo intentase.

Después de eso, las cosas empeoran.

&

Tom nunca pensó que extrañaría la tristeza, la mirada desgarradora en los ojos de Bill cada vez que se topaba con los suyos, pero debía admitir que estaba cansándose.

Porque Bill se encontraba enfadado de nuevo. Y no era la clase de enfado en la que lo esquiva, porque técnicamente habían quedado en hacerse cargo del problema. Era la clase de enfado donde está listo para gritarle (y, de vez en cuando, a los otros también) por cualquier posible entretiempo.

Y está cansado de eso, al punto en el que se halla listo para responder los gritos cada ocasión que su hermano comienza a lanzar mierda a diestra y siniestra (y, a veces, cuando no lo hace). Ha pasado una semana. Al menos debería tratar de aparentar que las cosas están normales. No considera que sea demasiado pedir, aunque quizá, Bill está molesto con él por pretender que todo va bien.

De cualquier forma, sus nervios han comenzado a crisparse.

—No, David sugirió ayer que lo hiciera —anunció Bill ante su comentario de que su maquillaje se correría si se lo ponía mucho antes del show. Su gemelo estaba todo vestido, con el cabello peinado por algún motivo que no podía ver.

Ante esa respuesta, entrecierra los ojos, inquisitivo.

—Sesión de fotos hoy —añadió Bill, a modo de explicación, al ver su expresión.

Tom jala de su gorra un poco, mirando a Georg dejar su bajo a un lado y sentarse con él en el sillón.

—Diviértete —dice simplemente, casi sintiéndose mal por la felicidad de tener toda la tarde libre de la presencia de su hermano. Bill no debe sentirse muy impaciente por ir a esa sesión de fotos.

Y se siente mal, por lo menos hasta que escucha: —Tú también diviértete.

Le clava los ojos, y siente que Georg se ha apartado, como si quisiera irse antes de que algo comience, pero no cree que pueda dejar ahora que su gemelo se salga con la suya.

—¿Perdón?

—Le dije a David que lo confirmara. Tú y yo tenemos que ir, esta tarde.

—¿Y cuándo yo le he dicho a David que estaba de acuerdo? —exige saber.

Gustav está sentado al frente, a un costado de donde Bill se encuentra de pie con una mano en la cadera y una expresión de malhumor. Su hermano le dirige un vistazo al hombre de la televisión que ha ido a grabarles.

Tom lo ignora a propósito. Le importa mierda.

—Ya hemos quedado —dice Bill como si fuera una excusa. Y supone que para David lo sería, pero no para él—. Y tenemos que encargarnos.

—Bill, no pienso hacer nada —Tom niega moviendo la cabeza—. A diferencia de ti, no prometí que lo haría.

No puede identificar el sentimiento que le invade. Le gustaría creer que Bill no puede estar sorprendido, pero su hermano piensa distinto acerca de estas cosas.

—¿Eres estúpido? —le escucha grita.

Siente como Georg se mueve de nuevo.

—¿Qué? —dice. No está de ánimos para una pelea así. Quiere que Bill tenga una oportunidad de enmendar su comentario, aunque sea solo por el bien de sus compañeros de banda.

—Acepté hacer esa sesión —reitera Bill luciendo fuera de sí—. Es importante para toda la banda.

Tom piensa que su hermano debe esperar que la última parte de su oración marque la diferencia, que lo convenza, pero, ¿dónde estaba toda la banda cuando accedió? No puede evitar sentir pena por él.

—¿Crees que lo haría por mí mismo?

Decidiste por ti mismo, quiere decir Tom.

—¿Por qué debería tomarme fotos para ti? —pregunta.

Bill ahora luce muy peligroso y Gustav, quien usualmente es difícil de alterar, ha comenzado a mirarse incómodo.

—¿Por qué por mí, hijo de puta? —grita Bill—. ¡No es solo para mí!

—Tú fuiste el que accedió —contesta Tom. No va a gritar. Sabe que va a irritar más al otro si no lo hace, y si antes no tenía ganas de una pelea, ahora es todo lo contrario.

—¿Eres estúpido? —repite, y Gustav parece que quiere decir algo, pero antes de que pueda, Bill continúa—: Si en el futuro confirmo una entrevista para TV, ¿crees que también voy a hacerlo por mi propio beneficio?

—No puedes confirmar cosas sin mí —dice Tom, porque, en teoría, siempre ha sido así. Si empieza a rendirse ante las tendencias de diva de su gemelo, no habría nadie quien se le opondría y no va a empezar ahora.

Bill le mira indignadamente con los brazos cruzados. Y Tom entiende esa mirada. La ha recibido muchas veces. Es la mirada “simplemente no puedes entenderlo”. Con sinceridad, su hermano no puede entender por qué es tan importante. Y Tom, con sinceridad, no le importa.

—No voy a hacerlo —dice con un poco más de firmeza en la voz.

—Entonces, qué, ¿voy a ir solo?

Le mira nuevamente, porque ha sonado distinto. Derrotado. No puede estar seguro si es que Bill sigue hablando de la sesión de fotos.

—Quizá… debas preguntas la próxima vez —sugiere Gustav con timidez.

Tom sostiene los ojos de su gemelo, viéndole reaccionar ante eso. Bill traga saliva con cuidado y asiente, rompiendo el contacto visual y volteando hacia la puerta.

—Como quieras —dice agarrando su chaqueta de una silla cercana y encaminándose hacia la salida—. Estaré de vuelta para la revisión de sonido.

Cierra la puerta y Tom hace una mueca por un segundo.

—Está cansado —le asegura Gustav echándole una ojeada a Georg para que le apoye. El bajista solo encoge los hombros.

—Sí —contesta, sin estar seguro.

Continúa… 

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por LaDamaDeLaOscuridad

Traductora del Fandom

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