
«Razones en contra, instintos a favor» Fic original de Little Muse
Traducción de LaDamaDeLaOscuridad
Capítulo 4: Narcisismo en A menor
De Narciso y Eco
Érase una vez, Zeus, el rey de los dioses, después de descender de los cielos para causar estragos en una mujer mortal, se vio perseguido por su esposa, Hera, en un ataque de celos. En su prisa por huir y esconderse de ella, le dijo a una ninfa, Eco, que la engañase en su nombre. Ella obedeció, pero fracasó. Como castigo, Hera la maldijo robándose su voz y dejándola tristemente solo capaz de repetir las palabras de los demás.
Años después, cuando Eco se enamoró de un hermoso joven, no podía declarar su afecto, sus insinuaciones siendo siempre desdeñadas. Este hombre era Narciso, el más bello de todos los mortales, a quien únicamente le importaba él mismo. Desconociendo eso, Eco lo siguió al bosque un día. Al escuchar unos pasos siguiéndolo entre los árboles, Narciso dijo: “¿Hay alguien ahí?”
“¡Aquí, aquí!”, fue todo lo que la podre Eco pudo responder.
Siguiendo su camino, Narciso llegó a un río y se arrodilló en su rivera, sin saber que silenciosamente Eco le había seguido. Al inclinarse para tocar el agua, Narciso vio su propio reflejo por primera vez. Incapaz de dejar de verse su hermoso rostro, se sentó maravillado ahí año atrás año hasta que, finalmente, se tumbó a la orilla del río a morir.
Solo cuando murmuró “Adiós, adiós” a su reflejo, Eco fue capaz de decir “Adiós” en despedida. Donde murió el joven, brotó la preciosa flor narciso. Y Eco siguió a la muerte a su amor.
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Su madre jamás había sido de las que les contaba un cuento para hacerlos dormir cuando eran niños, generalmente les entonó canciones de cuna y nada más, pero Tom recuerda el raro placer de escuchar a su abuela las veces que pasaron la noche con en su casa. A su abuela le gustaba sacar inspiración de mitos famosos y cuentos de hadas, en ocasiones mezclándolas o inventándose sus propios finales, y solo a veces relatándolos con la misma exactitud como se las habían contado a ella.
Tom siempre había sentido preferencia por los hermanos Grimm en comparación a las horribles versiones de las viejas historias de Disney. Cenicienta era mucho mejor si la hermanastra se cortaba los pies para forzar a que la zapatilla de cristal le entre.
Sin embargo, Bill… A él siempre le habían gustado los cuentos más románticos, en especial el de Narciso y Eco. Tom pensaba que era porque, a veces, cuando su abuela les contaba la historia, Narciso tenía una hermana gemela, y era a ella a quien confundía con su reflejo y de quien se enamoraba.
Formar las conexiones era fácil.
Después, cuando comenzaron a vivir más y más seguido en la carretera, a veces su tutor le hacía pensar en eso en un intento de introducir un poco de cultura en su educación. Temas en los que las escuelas normales no se enfocaban como filosofía o psicología, pero aún apegándose al alemán en esas áreas.
Todavía se estremece si Friedrich Nietzsche es mencionado. Y Freud. Jodido loco. Recuerda que Freud propuso que la homosexualidad era una fase común en la infancia, pero que, en esencia, era narcisismo.
Podía imaginar con facilidad todo el festín que Freud tendría con ellos.
Ahora Tom siempre piensa en Narciso y Freud cuando que se pregunta exactamente qué está mal con su hermano y él.
Él es Narciso y Bill su hermoso reflejo.
Desde el instante en el que su hermano le besó, ha estado aterrorizado de perderse igual de fácil, tal vez incluso antes de eso. Aterrorizado de que vaya a morir porque no puede quitarle la vista de encima a Bill.
El alarido más cerca que tiene en la cabeza cualquier momento que se halla próximo, el deseo agobiante que lo tiene ansiando arrastrarse dentro Bill, bajo su piel y vivir allí de tal manera que nunca más tengan que estar separados… Si se dejara llevar, sería su fin.
Se dice a sí mismo que es por el propio bien de su gemelo. Y que es verdad, también lo piensa. De hecho, constantemente. Al apartarse está devolviéndole a Bill su vida… Devolviendo la parte que puede devolver.
Pero está tan asustado. Está asustado todo el tiempo y se da cuenta con rapidez que al apartarse no hace que sus sentimientos se desvanezcan, solo lo deja sin Bill.
Pero le dará a su hermano ese pedacito de normalidad incluso si termina matándole.
Y tal vez sí le esté matando.
—¿Qué haces?
La cabeza de Bill se incorpora, sus dedos deslizándose en las cuerdas que había estado tocando. Tom le mira desde la puerta del cuarto multimedia con la mano todavía puesta en el interruptor.
—Solo… pasando el rato —contesta obviamente sobresaltado. Con timidez levanta la guitarra de su regazo y la coloca cautelosamente sobre el sillón, el lugar donde debió encontrarla—. Lo siento.
—No, es… —Tom sacude la cabeza y voltea para cerrar la puerta. Los chicos se encuentran aún dormidos en sus literas. Había escuchado las notas al azar en su camino de regreso al baño—. Quiero decir que no importa, está bien.
Técnicamente, Georg y los encargados son los únicos con permiso para tocar sus instrumentos, pero nunca ha sido capaz de negarle nada a Bill.
—Estás… uh… —Tom hace un gesto hacia su hermano que se ha quedado congelado en el sitio, paseando la mirada entre la guitarra y él—. Estabas haciéndolo mal, eso es todo.
De buen humor, Bill blanquea los ojos, y Tom siente un pequeño alivio por primera vez en semanas. Gracias a dios porque existe Andi. Cualquier cosa que haya hecho.
—Eres tan malo como Gustav —dice Bill.
Tom sonríe rascándose la parte superior de la cabeza donde sus rastas están amontonadas. Puede escuchar al baterista sentado en el piano regañándole con un “¡esa ubicación de dedos, hombre, mejórala!”
Da unos pasos llegando al sitio donde está el cantante.
—Sí, pero en esto tus dedos sí importan. —Con un movimiento suave, hace que Bill le haga espacio y se sienta detrás de él, una pierna cada lado—. O ni siquiera serás capaz de hacer bien un sonido.
Había actuado sin realmente pensarlo, pero cuando rodea a su gemelo para posicionar la guitarra en la posición correcta, le siente tensarse y piensa de inmediato que, tal vez, esta está lejos de ser su mejor idea. Pero es un paso hacia delante: actuar normal de nuevo.
Aun si lo mata.
Así que agarra los dedos de la mano derecha de Bill y los sitúa con los suyos, alzando la otra mano para ayudarle a rasguear. Tocan una vez juntos haciendo brotar una nota sombría que retumba contra las paredes.
Pone su cara al lado de la de Bill, sus mejillas casi tocándose y su mentón sobre el hombro ajeno, pero sin apoyarse en él. Gira un poco hacia su hermano rozando con su nariz el cabello negro.
—Esa es La menor —dice en un involuntario susurro.
Rodeado por sus brazos, siente que se entristece casi imperceptiblemente echándose hacia atrás.
—La menor —repite con una voz casi tan callada como la suya, si no es que más.
—Sí.
Tom permite que su mentón se apoye en el hombro de Bill, dejando su mano derecha en la guitarra y moviendo la otra para envolver la cintura de su gemelo. Se siente relajado. Pero entonces la mano de Bill también se mueve con el fin de apretarle la suya. Su agarre es fuerte, casi demasiado, como si quisiera mantenerlo ahí. Como si tuviera miedo de que vaya a abandonarlo.
Tom entrelaza sus dedos.
Tal vez Bill no sea solo su reflejo, piensa. Quizá, tan aterrorizado de ser Narciso como está él, Bill está igual de aterrorizado de ser Eco.
Continúa…
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